LA GUERRA EN EL GOLFO Y EL ECLIPSE DE LA CRISIS EN SUDÁN
Tras seis semanas de escalada de violencia de la guerra entre
Estados Unidos e Israel contra Irán en el Golfo Pérsico, Pakistán negoció a
principios de abril un frágil alto el fuego de dos semanas, que fue coronado
con la celebración, la semana pasada, de estériles conversaciones de paz en
Islamabad.
Pero con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu,
afirmando que Tel Aviv tiene el “dedo en el gatillo” para reanudar la guerra en
cualquier momento, y el presidente Donald Trump, advirtiendo de consecuencias
devastadoras si fracasan las negociaciones, la región del Golfo sigue en vilo.
Como vemos, no hay un guión definido para este conflicto, que
se está desarrollando en tiempo real como un enfrentamiento impredecible con
repercusiones estratégicas en todo el suroeste de Asia y el norte de África,
incluyendo Sudán, donde una cruenta guerra civil, con más de tres años de
vigencia, ha devastado las instituciones estatales, desplazado a millones de
personas y destrozado las frágiles esperanzas de una paz interna.
Entender por qué un conflicto lejano como el del Golfo
Pérsico, es importante para Sudán no es intuitivo, sino esencial. Desde la
distracción diplomática hasta las alianzas regionales cambiantes y las crisis
económicas, la guerra de los Estados Unidos y su socio sionista contra Irán
está redefiniendo los incentivos y las limitaciones que habían moldeado el
proceso político de Sudán y sus perspectivas de paz.
“En el año 2011, por ejemplo, cuando
la atención mundial se centró en las
revueltas de la Primavera Árabe en Egipto,
Túnez y Libia, la atención diplomática sobre
Darfur se desvaneció temporalmente y
la violencia resurgió con fuerza”
El frágil proceso de paz en Sudán nunca estuvo aislado de la
influencia externa. Durante los últimos dos años, las presiones diplomáticas de
Estados Unidos, los Estados del Golfo, las potencias europeas y los enviados de
la ONU han sido fundamentales para mantener vivas las conversaciones para el
alto el fuego y conservar, al menos, la apariencia de negociaciones entre las
partes beligerantes sudanesas.
Pero el estallido de los ataques norteamericanos e israelíes
contra Irán, junto con la contundente represalia de Teherán, significa que el
marquen de maniobra estratégico de Washington es cada vez más limitado. Las principales
capitales de la zona están redirigiendo su atención diplomática hacia la
prevención de la escalada regional, la gestión de las alianzas militares y la
desescalada de los intercambio transfronterizos de misiles.
Cuando las grandes potencias se ven absorbidas por crisis más
inmediatas, la atención hacia otros conflictos decae y la influencia se
atrofia.
“No hay un guión definido para
este conflicto en Irán, que se está
desarrollando en tiempo real
como un enfrentamiento impredecible
con repercusiones estratégicas en todo el
suroeste de Asia y el norte de África,
incluyendo Sudán”
Las negociaciones de paz en Sudán depende de esa influencia:
la presión de las sanciones, los incentivos para la retirada de las tropas y la
amenaza del aislamiento diplomática. Cuando la atención mundial se fragmenta,
los actores del conflicto -el ejército regular sudanés y los paramilitares de
las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF- suelen endurecer su postura en lugar de
transigir.
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| La onda expansiva de las bombas arrojadas sobre Irán, también se siente en la guerra de Sudán, a través de las nuevas alianzas, y renovados factores geopolíticos que se generan en su entorno. |
En el año 2011, por ejemplo, cuando la atención mundial se centró en las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto, Túnez y Libia, la atención diplomática sobre Darfur se desvaneció temporalmente y la violencia resurgió con fuerza. La negligencia de las grandes potencias permitió que los conflictos locales se agravaran y que los esfuerzos de mediación internacional se estancaran. La lección es clara: los conflictos periféricos -que se dan fuera de la órbita de las grandes potencias- se vuelven más y no menos, volátiles cuando la atención mundial está puesta en otra parte.
Sudán se enfrenta hoy al mismo riesgo. A medida que los
responsables políticos norteamericanos se centran en la gestión de las crisis
regionales (Medio Oriente, Golfo Pérsico, Irán), la presión sobre las facciones
beligerantes de Sudán disminuyen. Este retraso no sólo frena el proceso de paz,
sino que también modifica los incentivos para la negociación sobre el terreno.
“La lección es clara: los conflictos
periféricos
-que se dan fuera de la órbita de las grandes
potencias- se vuelven más y no menos,
volátiles cuando la atención mundial
está puesta en otra parte”
La geografía estratégica de Sudán lo expone a otra forma de
vulnerabilidad. Su litoral en el Mar Rojo y el control sobre el Puerto de Sudán
lo sitúan en uno de los putos de estrangulamiento marítimos más importante del
mundo. Hasta un 15% del comercio mundial transita por el corredor del Canal de
Suez, una ruta cuya estabilidad es crucial para los mercados mundiales de
petróleo. Cualquier interrupción en esta zona tiene repercusiones en todo el
mundo.
Tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e
Irán para poner fin a la guerra, crece la preocupación por la seguridad
marítima y energética, ya que las monarquías del Golfo siguen estando
directamente en la línea de fuego. Cuando las grandes potencias dan prioridad a
la seguridad a lo largo de rutas marítimas críticas, su cálculo de compromiso
cambia.
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| La cruenta guerra civil que padece Sudán, desde hace tres años, ha desplazado a millones de personas, generando una crisis humanitaria sin precedentes. |
Sudán podría así dejar de ser un conflicto en la sombra y convertirse
en un activo estratégico o en un lastre. Los actores externos que antes
financiaban iniciativas de paz o proyectos de reconstrucción podrían centrarse
ahora en garantizar que Port Sudan permanezca abierto, seguro y al margen de la
influencia de sus rivales.
Este cambio de enfoque tendría consecuencias reales para la
política interna de Sudán. Si las potencias externas ven a Sudán a través del
prisma de la seguridad marítima, sus objetivos políticos pasan de la transición
democrática a la priorización de la estabilidad comercial y marítima. Los
actores de la sociedad civil y los defensores de la paz podrían verse
marginados en favor de intereses geopolíticos y económicos.
“Como vemos, el conflicto entre
Estados Unidos e Irán es, por lo tanto,
algo más que un foco de tensión regional.
Supone una grave amenaza para la frágil
arquitectura política y de seguridad en
Sudán”
Mientras tanto, las potencias regionales -las monarquías del
Golfo-que se sienten amenazadas por las posturas defensivas de Irán podrían
reajustar aún más sus alianzas. Los Estados del Golfo, que llevan tiempo
involucrados en alianzas con fracciones sudanesas, podrían o bien intensificar
su compromiso militar contra Irán, o bien retirarse para proteger sus intereses
más cercanos a casa. En cualquiera de los dos escenarios, se reorientarían los
apoyos externos que han contribuido a configurar y a limitar la guerra en
Sudán.
Esa reorientación no traería la paz por defecto. Traería
consigo una competencia por la influencia oportunista, lo que alimentaria una
mayor fragmentación si las diversas facciones sudanesas se alinearan con
patrocinadores externos rivales.
Como vemos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán es, por
lo tanto, algo más que un foco de tensión regional. Supone una grave amenaza
para la frágil arquitectura política y de seguridad en Sudán. Una campaña de
duración indefinida, planteada por Trump como algo que requiere una atención
sostenida -acompañada de contraataques iraníes en todo el Golfo-, reduce la
atención mundial sobre otras crisis, reconfigura los incentivos externos y
exacerba las presiones económicas que benefician a las economías de guerra
frente a la paz.
El futuro de Sudán no se definirá con misiles sobre Teherán o
drones sobre el Golfo. Pero los cambios estratégicos desencadenados por esos
enfrentamientos -una menor influencia diplomática, prioridades geopolíticas
redefinidas y perturbaciones económicas desestabilizadoras- marcaran el
contexto en el que evolucionen el proceso de guerra o la paz de Sudán.



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