Saturday, April 25, 2026

 

LA GUERRA EN EL GOLFO Y EL ECLIPSE DE LA CRISIS EN SUDÁN

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Los bombardeos norteamericanos sobre Irán están cambiando la guerra en Sudán. El largo conflicto sudanés,
que ya lleva tres años, ha visto alterado el equilibrio de fuerzas de ambos bandos 
por la guerra en el Golfo Pérsico.

Tras seis semanas de escalada de violencia de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en el Golfo Pérsico, Pakistán negoció a principios de abril un frágil alto el fuego de dos semanas, que fue coronado con la celebración, la semana pasada, de estériles conversaciones de paz en Islamabad.

Pero con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmando que Tel Aviv tiene el “dedo en el gatillo” para reanudar la guerra en cualquier momento, y el presidente Donald Trump, advirtiendo de consecuencias devastadoras si fracasan las negociaciones, la región del Golfo sigue en vilo.

Como vemos, no hay un guión definido para este conflicto, que se está desarrollando en tiempo real como un enfrentamiento impredecible con repercusiones estratégicas en todo el suroeste de Asia y el norte de África, incluyendo Sudán, donde una cruenta guerra civil, con más de tres años de vigencia, ha devastado las instituciones estatales, desplazado a millones de personas y destrozado las frágiles esperanzas de una paz interna.

Entender por qué un conflicto lejano como el del Golfo Pérsico, es importante para Sudán no es intuitivo, sino esencial. Desde la distracción diplomática hasta las alianzas regionales cambiantes y las crisis económicas, la guerra de los Estados Unidos y su socio sionista contra Irán está redefiniendo los incentivos y las limitaciones que habían moldeado el proceso político de Sudán y sus perspectivas de paz.

   “En el año 2011, por ejemplo, cuando

    la atención mundial se centró en las

    revueltas de la Primavera Árabe en Egipto,

   Túnez y Libia, la atención diplomática sobre

   Darfur se desvaneció temporalmente y

   la violencia resurgió con fuerza”

El frágil proceso de paz en Sudán nunca estuvo aislado de la influencia externa. Durante los últimos dos años, las presiones diplomáticas de Estados Unidos, los Estados del Golfo, las potencias europeas y los enviados de la ONU han sido fundamentales para mantener vivas las conversaciones para el alto el fuego y conservar, al menos, la apariencia de negociaciones entre las partes beligerantes sudanesas.


Pero el estallido de los ataques norteamericanos e israelíes contra Irán, junto con la contundente represalia de Teherán, significa que el marquen de maniobra estratégico de Washington es cada vez más limitado. Las principales capitales de la zona están redirigiendo su atención diplomática hacia la prevención de la escalada regional, la gestión de las alianzas militares y la desescalada de los intercambio transfronterizos de misiles.

Cuando las grandes potencias se ven absorbidas por crisis más inmediatas, la atención hacia otros conflictos decae y la influencia se atrofia.

   “No hay un guión definido para

    este conflicto en Irán, que se está

   desarrollando en tiempo real

  como un enfrentamiento impredecible

  con repercusiones estratégicas en todo el

  suroeste de Asia y el norte de África,

  incluyendo Sudán”

Las negociaciones de paz en Sudán depende de esa influencia: la presión de las sanciones, los incentivos para la retirada de las tropas y la amenaza del aislamiento diplomática. Cuando la atención mundial se fragmenta, los actores del conflicto -el ejército regular sudanés y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF- suelen endurecer su postura en lugar de transigir.

La onda expansiva de las bombas arrojadas sobre Irán, también
se siente en la guerra de Sudán, a través de las nuevas alianzas, 
 y renovados factores geopolíticos que se generan en su entorno.

En el año 2011, por ejemplo, cuando la atención mundial se centró en las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto, Túnez y Libia, la atención diplomática sobre Darfur se desvaneció temporalmente y la violencia resurgió con fuerza. La negligencia de las grandes potencias permitió que los conflictos locales se agravaran y que los esfuerzos de mediación internacional se estancaran. La lección es clara: los conflictos periféricos -que se dan fuera de la órbita de las grandes potencias- se vuelven más y no menos, volátiles cuando la atención mundial está puesta en otra parte.

Sudán se enfrenta hoy al mismo riesgo. A medida que los responsables políticos norteamericanos se centran en la gestión de las crisis regionales (Medio Oriente, Golfo Pérsico, Irán), la presión sobre las facciones beligerantes de Sudán disminuyen. Este retraso no sólo frena el proceso de paz, sino que también modifica los incentivos para la negociación sobre el terreno.

   “La lección es clara: los conflictos periféricos

    -que se dan fuera de la órbita de las grandes

    potencias- se vuelven más y no menos,

   volátiles cuando la atención mundial

   está puesta en otra parte”

La geografía estratégica de Sudán lo expone a otra forma de vulnerabilidad. Su litoral en el Mar Rojo y el control sobre el Puerto de Sudán lo sitúan en uno de los putos de estrangulamiento marítimos más importante del mundo. Hasta un 15% del comercio mundial transita por el corredor del Canal de Suez, una ruta cuya estabilidad es crucial para los mercados mundiales de petróleo. Cualquier interrupción en esta zona tiene repercusiones en todo el mundo.

Tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra, crece la preocupación por la seguridad marítima y energética, ya que las monarquías del Golfo siguen estando directamente en la línea de fuego. Cuando las grandes potencias dan prioridad a la seguridad a lo largo de rutas marítimas críticas, su cálculo de compromiso cambia.

La cruenta guerra civil que padece Sudán, desde hace tres años,
ha desplazado a millones de personas, generando una crisis
humanitaria sin precedentes.

Sudán podría así dejar de ser un conflicto en la sombra y convertirse en un activo estratégico o en un lastre. Los actores externos que antes financiaban iniciativas de paz o proyectos de reconstrucción podrían centrarse ahora en garantizar que Port Sudan permanezca abierto, seguro y al margen de la influencia de sus rivales.

Este cambio de enfoque tendría consecuencias reales para la política interna de Sudán. Si las potencias externas ven a Sudán a través del prisma de la seguridad marítima, sus objetivos políticos pasan de la transición democrática a la priorización de la estabilidad comercial y marítima. Los actores de la sociedad civil y los defensores de la paz podrían verse marginados en favor de intereses geopolíticos y económicos.

   “Como vemos, el conflicto entre

    Estados Unidos e Irán es, por lo tanto,

    algo más que un foco de tensión regional.

   Supone una grave amenaza para la frágil

   arquitectura política y de seguridad en Sudán”

Mientras tanto, las potencias regionales -las monarquías del Golfo-que se sienten amenazadas por las posturas defensivas de Irán podrían reajustar aún más sus alianzas. Los Estados del Golfo, que llevan tiempo involucrados en alianzas con fracciones sudanesas, podrían o bien intensificar su compromiso militar contra Irán, o bien retirarse para proteger sus intereses más cercanos a casa. En cualquiera de los dos escenarios, se reorientarían los apoyos externos que han contribuido a configurar y a limitar la guerra en Sudán. 

Esa reorientación no traería la paz por defecto. Traería consigo una competencia por la influencia oportunista, lo que alimentaria una mayor fragmentación si las diversas facciones sudanesas se alinearan con patrocinadores externos rivales.

Como vemos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán es, por lo tanto, algo más que un foco de tensión regional. Supone una grave amenaza para la frágil arquitectura política y de seguridad en Sudán. Una campaña de duración indefinida, planteada por Trump como algo que requiere una atención sostenida -acompañada de contraataques iraníes en todo el Golfo-, reduce la atención mundial sobre otras crisis, reconfigura los incentivos externos y exacerba las presiones económicas que benefician a las economías de guerra frente a la paz.

El futuro de Sudán no se definirá con misiles sobre Teherán o drones sobre el Golfo. Pero los cambios estratégicos desencadenados por esos enfrentamientos -una menor influencia diplomática, prioridades geopolíticas redefinidas y perturbaciones económicas desestabilizadoras- marcaran el contexto en el que evolucionen el proceso de guerra o la paz de Sudán.

No comments:

Post a Comment