Wednesday, July 29, 2026

 LA GUERRA EN SUDÁN: MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS DE ÁFRICA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La internacionalización del conflicto sudanés está vinculada con la explotación de sus recursos naturales,
el financiamiento militar, la perpetuación de la violencia y el valor geopolítico de la región, en donde
los Emiratos Árabes Unidos EAU ocupan un papel central.

Se han cumplido tres años de la interminable guerra que se vive en Sudán entre su ejército regular y las fuerzas paramilitares, pero en realidad son décadas de un conflicto armado ininterrumpido en la Nación del valle del Nilo. El alto costo en vidas humanas, a falta de una confiable estadística oficial, es de 2,5 millones y el de desplazados supera los 15 millones. Se considera el conflicto armado más mortal del continente africano.

El origen de la reciente violencia procede del antiguo conflicto de Darfur en 2003. Los fur -la tribu principal que da nombre a la región- junto con los zaghawa y los masalit, son tribus de musulmanes -como el resto de los sudaneses- pero de etnia negra, que se rebelaron contra el gobierno del dictador Omar Hassan Al Bashir (1989-2019), acusándolo de racismo y marginación social. El tirano respondió creando la milicia llamada: janjaweed, una unidad paramilitar preparada para imponer una campaña de limpieza étnica contra la población no árabe: el resultado de esta represión fue de cientos de miles de muertos. Naciones Unidas documentó atrocidades masivas cometidas por el ejército sudanés y sus aliados paramilitares en Darfur, aunque nunca las calificó formalmente de genocidio debido a los intereses políticos y diplomáticos que tenían las grandes potencias en ese país.

El ex-presidente Al-Bashir gobernó durante su régimen autocrático en alianza con el fundamentalismo suní, aplicando la sharía (ley islámica) y el código penal islámico, que discriminaban penalmente a las minorías étnicas. En 2019 fue finalmente derrotado y el gobierno de transición aseguró que sería trasladado a la Corte Penal Internacional para ser juzgado por genocidio. Pero, al día de hoy, todavía permanece bajo arresto militar en Sudán.

  “A cambio del apoyo económico,

   el gobierno de Sudán aceptó firmar

   los Acuerdos de Abraham (pacto impuesto por

  EEUU a algunos países árabes para dirigir su política

  exterior) y establecer relaciones con Israel”

El Consejo Militar de Transición cedió el mando al general Abdel Fattah al-Burhan, un oficial sin relación con los crímenes sucedidos en Darfur; seguidamente, el presidente de facto aceptó la formación de un gobierno provisional. Cuando el economista Abdala Hamdok fue nombrado primer ministro, decidió pedir ayuda a los Estados Unidos, adquiriendo créditos millonarios del Banco Mundial y el FMI. A cambio del apoyo económico, el gobierno de Hamdok aceptó firmar los Acuerdos de Abraham (pacto impuesto por EEUU a algunos países árabes para dirigir su política exterior) y establecer relaciones con Israel. Para Donald Trump, el premier sudanés representaba la esperanza de instaurar una “verdadera democracia” en Sudán y en el Cuerno de África.

Familia sudanesa huye de Darfur. La guerra civil en Sudán 
ha provocado la mayor crisis de desplazados del mundo, con 
más de 11 millones de desplazados internos y cerca de 4,5 
millones de refugiados en países vecinos, sumando a dos 
tercios de la población en grave emergencia humanitaria.
Foto AFP.

En 2021, el general Al Burhan, presidente en funciones, da un golpe de Estado y Hamdok es destituido. En su comparecencia pública declaró: “Hemos iniciado nuestro camino hacia la libertad y la paz, pero algunos poderes políticos siguen intentando mantener el control absoluto, sin prestar atención a las amenazas políticas, económicas y sociales”. Dos años después, en junio de 2023, estalla la guerra civil, que perdura hasta ahora, entre el ejército regular sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF (según sus siglas en inglés) una aterradora milicia paramilitar formada por los antiguos janjaweed.

Desde hace tres años, el conflicto se ha extendido por todo el país, repitiéndose el mismo escenario del genocidio de 2003: la capital de la región de Darfur, El Fasher, fue asediada desde el 2024 durante 18 meses por los paramilitares árabes. Miles de civiles de etnia negra resultaron asesinados por los janjaweed en una campaña de “tierra arrasada”, una verdadera “limpieza étnica” que ha obligado al éxodo de millones de habitantes, provocando la mayor emergencia humanitaria del planeta. Cabe anotar, que al frente de estas hordas asesinas, como en la guerra de Darfur de hace trece años, se encuentra el general y ex-vicepresidente Mohamed Hamdan Dagalo, alias “Hemedti”.

    “Históricamente, el propósito de la política

     exterior de Abu Dabi ha sido erradicar la democracia

    como tipo de régimen imperante en las naciones

    islámicas. La doctrina de la diplomacia emiratí

   se ha basado en el suministro de armamento

    y respaldo político a líderes autoritarios”

Las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF de Hemedti se han establecido en el oeste de Sudán, mientras el ejército regular mantiene su control en el resto del país y la capital Jartum. El origen del armamento de las fuerzas paramilitares es oscuro: se afirma que reciben apoyo principalmente de los Emiratos Árabes Unidos EAU y de Rusia a través del Africa Corp, aunque Moscú está comprometida en apoyar de manera más directa al ejército sudanés tras la firma de un acuerdo que le permite usar la base naval de la estratégica ciudad Port Sudan, a orillas del Mar Rojo.

Históricamente, el propósito de la política exterior de Abu Dabi ha sido erradicar la democracia como tipo de régimen imperante en las naciones islámicas. La doctrina de la diplomacia emiratí se ha basado en el suministro de armamento y respaldo político a líderes autoritarios: el apoyo al golpe de Estado en Egipto, el padrinazgo al ejército del mariscal Jalifa Hafter en Libia o sus alianzas con regímenes tiránicos como los de Arabia Saudita o Baréin.

La antigua guerra en Darfur
que empezó en 2003, tuvo
el mismo escenario del actual
conflicto sudanés, que viene
asolando al país desde hace
tres años. 

En ese marco, es habitual el desvío de armamento emiratí a Darfur y a las fuerzas de los sanguinarios paramilitares del RSF. Se envía por vía área rumbo a Libia o Chad, y desde allí es dirigido por rutas terrestres con destino a los campamentos de las Fuerzas de Apoyo Rápido. En un último artículo en The Guardian se afirmaba que se han descubierto material bélico británico que, según Naciones Unidas, podría a verse vendido a los EAU, violando la normativa internacional sobre la exportación de recursos militares que pueden ser utilizados en contra de los derechos humanitarios.

Al general Hemedti, comandante de los janjaweed, se le considera una de las personas más ricas de Sudán. Participo en el genocidio de Darfur hasta su fin en el 2014, por su actividad militar el propio dictador Al-Bashir lo recompensó con varias minas de oro. Con el tiempo, Hemedti tomaría personalmente el control de los yacimientos auríferos de Jebel Amir, en Darfur. Desde entonces, el general sátrapa ha creado una empresa familiar, Al Janaid, especializada en exportar el mineral precioso. El contrabando a Emiratos Árabes Unidos es el principal recurso para financiar la guerra y pagar el elevado costo del armamento moderno.

   “Entidades políticas como Somalilandia

    (la provincia rebelde de Somalia), nacida

    a la sombra de Israel, ofrecen sus bases

    navales a Estados Unidos para contener a China

    en su condición de socio comercial estratégico”

Por otro lado, Sudán ve a Rusia como un socio más confiable; prueba de ello es que, en varias ocasiones, el Kremlin ha vetado en la ONU resoluciones que amenazaban su soberanía nacional. La relación con los Estados Unidos es más coyuntural: la firma de Acuerdo de Abraham en el 2020, se realizó a cambio de eliminar a Sudán de la lista negra del terrorismo. De hecho Jartum, se enfrenta (como aliado o rival) a una de las principales potencias de la Coalición Abrahámica: los EAU.

El control marítimo del Mar Rojo, crucial para el comercio entre Asia y Europa, está ampliando el conflicto sudanés a una fase global. La guerra en Sudán va más allá de las fronteras de África. Entidades políticas como Somalilandia (la provincia rebelde de Somalia), nacida a la sombra de Israel, ofrecen sus bases navales a Estados Unidos para contener a China en su condición de socio comercial estratégico. Arabia Saudita líder de la nueva Coalición Islámica -integrada por Turquía, Pakistán, Argelia y Egipto-, ha declarado ser un contrapeso al eje abrahámico, acusándolo de provocar inestabilidad con su agresiva política regional. Por su parte, ellos los culpan de no haber sabido contener el yihadismo radical.

Los países firmantes del Acuerdo de Abraham pretenden reordenar las relaciones militares y económicas a la vez que intentan expandir la normalización de lazos entre los países árabes e Israel. Sus miembros han proyectado el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa IMEC, un eje terrestre y marítimo con el que uniría India y Grecia a través de la Península Arábica, pasando por Tel Aviv. Su trazado perjudicaría los intereses comerciales tanto de Egipto como de Turquía y, aunque Arabia Saudita firmó el pacto original del IMEC, el rechazo social a las relaciones con Israel es total.

Como vemos, la larga guerra en Sudán ha desbordado las fronteras africanas a través de redes financieras, complejos mecanismos comerciales de oro, rutas de contrabando de armas provenientes de potencias globales y regionales e injerencias geopolíticas de Oriente Medio y Europa, transformando un enfrentamiento interno en un peligroso foco de tensión internacional.

Tuesday, July 21, 2026

 RECORDANDO A LUMUMBA:

LA INDEPENDENCIA, UN PROCESO INCONCLUSO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Una imagen icónica de las artes gráficas actuales es el perfil del líder congoleño Patricio Lumumba por su activa
resistencia anticolonial. Su presencia en pósteres de estilo pop-art, en muestras de arte vectorial reivindicativo
o en performances urbanos, se han convertido en viralidad digital.

El Pasado 2 de julio se conmemoró 101 años del natalicio del líder congoleño Patricio Lumumba, el dirigente que convirtió la independencia de su país en un proyecto de soberanía real. Su asesinato, a los 35 años de edad, marcó los límites que el colonialismo estaba dispuesto a imponer a los procesos de emancipación africanos.  

La icónica figura de Lumumba, se hizo más conocida en la última edición de la Copa Mundial de Futbol FIFA 2026, a través de la performance artística “Lumumba Vea” (Lumumba Vive) ejecutada en cada una de las presentaciones de la selección de futbol de la RD del Congo por el activista congoleño Michel Kuka Mboladinga. A partir de este hecho casi anecdótico, mucha gente recién se ha interesado en conocer más sobre este importante personaje de la historia reciente de África.

Patricio Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en el entonces Congo Belga, una de las colonias más violentas que produjo el imperialismo europeo en África. Bajo la dominación belga, millones de congoleños fueron sometidos a un régimen de trabajo forzado, despojo territorial, segregación social y terror cuya historia permanece relativamente ausente de los relatos de la historia occidental. Fue en ese contexto donde comenzó a formarse un dirigente político que entendió que la independencia no era el reemplazo de una bandera por otra.

     “Mientras el rey Balbuino de Bélgica celebraba

       la supuesta “era civilizadora” del colonialismo,

      Lumumba tomó la palabra para recordar los

      trabajos forzados, las humillaciones cotidianas,

      la violencia sistemática y el racismo que había

      estructurado la dominación colonial”

Autodidacta, lector voraz y extraordinario orador, Lumumba emergió durante la década de 1950 como una de las principales figuras del nacionalismo congoleño. En 1958 fundó el Movimiento Nacional Congoleño, una organización que rechazaba las divisiones étnicas promovidas por el colonialismo y promovía la construcción de un Estado verdaderamente soberano. Su apuesta era profundamente panafricanista, Lumumba creía que la emancipación del Congo solo tendría sentido como parte de la liberación de todo el continente africano.

La RD del Congo ubicada en el centro-oeste africano, limita
con nueve países, denotando su gran valor geopolítico y 
estratégico. Además, posee ingentes reservas de minerales
críticos como: cobalto, coltan, cobre, litio, tantalio, valorados
en billones de dólares

Cuando el Congo obtuvo su independencia el 30 de junio de 1960, Lumumba se convirtió en el Primer Ministro del nuevo Estado, asumiendo la presidencia Joseph Kasa-Vubu. Aunque el sistema distribuía las funciones entre ambas autoridades, fue Lumumba quien encarnó el proyecto de una soberanía plena sobre el país y sus recursos naturales. El mismo día de la asunción del cargo, Lumumba protagonizo uno de los discursos más importantes del siglo XX. Mientras el rey Balbuino de Bélgica celebraba la supuesta “era civilizadora” del colonialismo, él tomó la palabra para recordar los trabajos forzados, las humillaciones cotidianas, la violencia sistemática, la explotación de las riquezas naturales y el racismo que había estructurado la dominación colonial.

Ese discurso alteró mucho más que el protocolo de una ceremonia oficial. Desafió la narrativa con la que las antiguas metrópolis buscaban administrar el proceso de descolonización. El problema no era únicamente que el Congo se independizara, el problema era que un dirigente africano reclamara ejercer plenamente la soberanía sobre uno de los territorios más ricos del planeta, dueño de inmensos recursos minerales estratégicos para la economía mundial.    

    “El 17 de enero de 1961 Lumumba fue trasladado

     a Katanga junto con tres colaboradores. Allí los

     detenidos fueron torturados y ejecutados esa

     misma noche por un pelotón de fusilamiento

     con participación decisiva de autoridades belgas

     y del régimen secesionista katangués”

La respuesta fue inmediata. Tras una profunda crisis institucional, el presidente Kaza-Vubu anunció su destitución, decisión que Lumumba desconoció por considerarla inconstitucional. Pocos días después, el coronel Joseph Desiré Mobutu tomó el poder mediante un golpe de Estado. Lumumba fue puesto bajo arresto, intentó reorganizar la resistencia desde el este del país, pero fue capturado por las tropas golpistas. El 17 de enero de 1961 fue trasladado a Katanga junto con tres colaboradores. Allí los detenidos fueron torturados y ejecutados esa misma noche por un pelotón de fusilamiento con participación decisiva de autoridades belgas y del régimen secesionista katangués. Sus cuerpos fueron luego destruidos para borrar las huellas del crimen. Lumumba tenía apenas 35 años.  En el 2022 Bélgica restituyó a su familia el único resto conservado de su cuerpo, un diente que había sido retirado por un policía belga tras el intento de hacer desaparecer completamente sus restos.

En enero de 1961 Lumumba fue detenido, torturado, vejado
y asesinado brutalmente. Se ha confirmado la complicidad
de autoridades belgas, agentes de la CIA, milicias armadas
katanguesas y militares congoleños en la planificación y 
ejecución de este infame crimen
.

Décadas de investigación demostraron la responsabilidad de autoridades belgas en este macabro asesinato y revelaron también el rol desempeñado por la CIA norteamericana durante el proceso que condujo a su eliminación. La muerte de Lumumba fue una advertencia dirigida al conjunto del mundo en desarrollo, lo que se conoce hoy como el Sur Global. La independencia política y económica de un Estado tiene límites cuando amenaza la arquitectura internacional heredada del colonialismo. La eliminación física de Lumumba abrió el camino para décadas de inestabilidad, autoritarismo y saqueo de los recursos congoleños, cuyas consecuencias siguen marcando la historia de la actual RD del Congo.

Con el paso del tiempo, Lumumba dejó de pertenecer exclusivamente a la historia congoleña. Su figura pasó a integrar el gran repertorio político del panafricanismo junto a Kwame Nkrumah de Ghana, Juliuss Nyrere de Tanzania, Amilcar Cabral de Guinea Bissau o Thomas Sankara de Burkina Faso, entre otros. No porque todos compartieran las mismas estrategias, sino porque entendieron que el colonialismo no terminaba con la independencia formal. Persistía bajo nuevas forma de dependencia económica, subordinación política y jerarquización racial.

     “Recordar a Lumumba no significa convertirlo

       en una figura intocable, significa reconocer que

       buena parte de las discusiones contemporáneas

       sobre soberanía, justicia social, dignidad, reparación

      histórica y autodeterminación de los pueblos ya estaban

      presentes en su pensamiento hace más de seis décadas”

Hoy, cuando el saqueo de los recursos naturales o el extractivismo continúa definiendo el destino de buena parte del continente africano y las disputas por minerales críticos vuelven a colocar al Congo en el centro de la competencia global, el pensamiento y la trayectoria de Lumumba recupera una actualidad incómoda. Sus palabras siguen interpelando a un sistema internacional donde las asimetrías entre Norte y Sur permanecen vigentes bajo otros lenguajes y otros mecanismos.

Recordar a Lumumba no significa convertirlo en una figura intocable, significa reconocer que buena parte de las discusiones contemporáneas sobre soberanía, justicia social, dignidad, reparación histórica y autodeterminación de los pueblos ya estaban presentes en su pensamiento hace más de seis décadas. Por eso Patricio Lumumba continúa siendo una de las voces imprescindibles para comprender la historia africana y, al mismo tiempo, para leer críticamente el presente. Su vida recuerda que la descolonización e independencia de un Estado nunca fue un acontecimiento cerrado, es un proceso todavía inconcluso.    

Monday, July 20, 2026

 EL SÁHARA OCCIDENTAL:  

“LA ODISEA” SAHARAUI

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La larga y heroica lucha del pueblo saharaui por su independencia, se enfrenta hoy a una nueva agresión.
El rodaje de la película "La Odisea" se realizó en históricos lugares del sáhara occidental, bajo el permiso
de la potencia ocupante: la corrupta monarquía marroquí.

El estreno mundial de La Odisea, la nueva película del director norteamericano Christopher Nolan y una de las producciones cinematográficas más esperadas de la temporada, ha despertado la expectativa de la crítica y del público, pero también de voces discordantes. La más reciente, la del reconocido Festival Internacional de Cine del Sáhara FiSahara, que ha pedido explícitamente el boicot en taquilla ya que entienden que la película “contribuye al expolio del Sáhara Occidental, legitima la ocupación ilegal por parte de Marruecos y contribuye a la represión del pueblo saharaui”.

La crítica del festival se basa en el hecho que Nolan rodó parte del filme “en el Sáhara ocupado por la monarquía marroquí, con permisos de la potencia ocupante e ignorando a su legítimo dueño: el pueblo saharaui”. En la nota de prensa difundida la semana pasada por los organizadores del FiSahara, detallan que la ciudad de Dajla, ubicada en el Sáhara Occidental en la que se encuentra la Duna Blanca que utilizó Nolan como locación para su película, es escenario desde hace medio siglo “de torturas, detenciones arbitrarias, robo de tierras, expulsiones forzosas, limpieza étnica y toda suerte de violaciones de derechos humanos de la población saharaui por parte del ejército de Marruecos”. Para el Festival, se trata de un escenario que Marruecos “reconvierte, con acciones como la llevada a cabo por Nolan, en un gran escaparate que utiliza Marruecos para normalizar su ocupación del territorio”.

Ante esta afrenta al pueblo saharaui cabría preguntarse: ¿Apoyarías a una película realizada en un asentamiento de colonos israelíes en territorio de Palestina contra la voluntad del pueblo palestino y con los permisos del gobierno genocida de Ntanyahu? Nolan ha tenido más de un año para conocer la historia de la ciudad de Dajla, lugar donde decidió rodar su película, un pueblo rural desde donde tuvieron que huir cientos de familias saharauis en 1975 bajo los bombardeos de fosforo blanco provenientes de la aviación marroquí.

    “La película fue rodada en la ciudad de Dajla, ocupada

     militarmente por la monarquía de Marruecos, con permisos

     de la potencia agresora e ignorando a su legítimo dueño:

     el pueblo saharaui”

LA ODISEA SAHARAUI DURA MÁS DE CINCUENTA AÑOS:

A pesar que el Sáhara Occidental está catalogado formalmente como un territorio “no autónomo” por las Naciones Unidas, hace más de cincuenta años está bajo ocupación marroquí y aun no se producido la esperada descolonización del territorio. Hablar de la historia del Sáhara Occidental es hablar de un pueblo, el saharaui, que lleva años luchando por el derecho a la autodeterminación y sufriendo los abusos sistemáticos por parte del régimen corrupto y represivo de Marruecos.

Entre las luchas de liberación, la causa más invisible a ojos
del mundo es sin duda la del Sáhara Occidental, territorio
ubicado en la costa noroeste de África, ocupado y sometido
a una dictadura colonial por el reino de Marruecos.
Sin embargo, los vientos están cambiando.

Hasta 1975 el Sáhara Occidental estuvo bajo la ocupación de España, y se le consideraba al territorio como la provincia 53, con capital en El Aaiún. Tras la muerte de Franco, el pueblo saharaui se alzó contra la corona española y se intensificaron las reivindicaciones por la independencia, que se habían iniciado a principio de los años setenta.

Si bien España adquirió el compromiso de la celebración de un referéndum de autodeterminación, esto nunca se llegó a producir: Marruecos en aquel momento bajo el liderazgo del rey Hasan II, padre del actual monarca Mohamed VI; y Mauritania (gobernada por la dictadura de Moktar Ould Daddah un aliado de Marruecos), aprovecharon la ocasión para hacerse con el territorio saharaui y reivindicarlo como propio. El 6 de noviembre de 1975 tuvo lugar lo que se conoce como la Marcha Verde. En ella, más de 300 mil marroquíes llegaron a territorio saharaui para ocuparlo de manera ilegal.

   “La situación actual en lo que Marruecos

     insiste en llamar sus “provincias del sur”

    es delicada, con una persecución sistemática

    a las voces disidentes y una represión violenta

    al pueblo saharaui”

Al día de hoy,  el gobierno de España sigue sin asumir las responsabilidades que tenía para con la población saharaui. Ahora que se van a desclasificar documentos gubernamentales del Estado español, quizás se pueda saber cuál fue la magnitud de lo que sucedió durante la Marcha Verde y cuál fue o cuál tendría que haber sido el papel del Gobierno español en aquel momento: en 2017, la CIA desclasificó algunas informaciones que cuestionan la postura del Rey emérito Juan Carlos I. Supuestamente, la monarquía española habría facilitado la entrada del ejército marroquí a los territorios saharauis.

El Festival Internacional de Cine del Sáhara
Occidental FiSahara, mantiene una campaña de 
boicot contra la película "La Odisea", por no 
reconocer los derechos soberanos del pueblo 
saharaui.

Unos días después de la Marcha Verde, el 14 de noviembre de 1975, los gobiernos de Marruecos, Mauritania y España firmaron los Acuerdos de Madrid: en el documento firmado se contemplaba la realización de un referéndum sobre la determinación del territorio saharaui, pero una vez más, nunca se llevó a cabo. La retirada de España del Sáhara occidental se produjo unos meses más tarde, el 2 de febrero de 1976, Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Rio de Oro) proclamó la República Árabe Saharaui Democrática RASD.

Mauritania se retiró de suelo saharaui en 1979, luego de la caída de la dictadura de Ould Daddah; lo que fue aprovechado por Marruecos para anexionarse esa parte del territorio. Si bien en 1979 la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas por el Referéndum del Sáhara Occidental) se estableció en el Sáhara Occidental con el firme compromiso de realizar el ansiado referéndum, este todavía no se ha celebrado.

La situación actual en lo que Marruecos insiste en llamar sus “provincias del sur” es delicada, con una persecución sistemática a las voces disidentes y una represión violenta al pueblo saharaui. Según su estatus político, el Sáhara Occidental ha sido reconocido por la Unión Africana, pero no por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde Francia, miembro permanente del Consejo y país con derecho a veto, dificulta sistemáticamente todas las resoluciones a favor del pueblo saharaui. Las razones de la aptitud de los galos son fáciles de comprender: Marruecos es su socio prioritario en esta región de África.

Wednesday, July 15, 2026

 SUDÁFRICA:

DE LA “NACIÓN ARCOÍRIS” AL ODIO XENÓFOBO 

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Migrantes ilegales de Malawi hacen cola en el centro de acogida en el puerto sudafricano de Durban. Una fuerte ola
de xenofobia incendia Sudáfrica con asesinatos, viviendas destruidas y miles de desplazados.
(Foto agencia A.P)

La transición de Sudáfrica del oprobioso régimen del apartheid hacia el ideal de una “Nación arcoíris” inclusiva, democrática y tolerante como lo soñara Nelson Mandela, en la actualidad enfrenta grandes desafíos. Las tensiones económicas y sociales y las marcadas diferencias de clase han provocado el surgimiento de brotes de violencia xenófoba, convirtiendo a migrantes de los propios países africanos en sus principales víctimas.

El concepto primigenio de la “Nación arcoíris” lo diseño el gran Mabida para celebrar la diversidad cultural, racial y lingüística del país, buscando dejar atrás siglos de segregación institucionalizada. Sin embargo, décadas después, amplios sectores de la población negra siguen sufriendo exclusión económica y falta de servicios básicos, en un escenario donde las desigualdades estructurales heredades del régimen segregacionista nunca fueron eliminadas de raíz.

Las fuertes imágenes registradas las últimas semanas en la cosmopolita Johannesburgo, la capital Pretoria, el puerto de Durban y en la histórica ciudad de Soweto, resultan difíciles de conciliar con ese legado político que forjó Mandela. Miles de manifestantes han salido a las calles exigiendo la expulsión inmediata de inmigrantes africanos; barrios enteros han sufrido ataques organizados; comercios pertenecientes a extranjeros han sido saqueados; familias completas han abandonado precipitadamente sus viviendas por temor a ser asesinadas y varios gobiernos africanos se han visto obligados a organizar operaciones de evacuación para sus ciudadanos.

   “Sudáfrica sigue siendo una de las economías

    más desarrolladas del continente africano,

   también es una de las sociedades más desiguales

   del mundo. La liberación económica aplicada en

   Sudáfrica desde finales de los años noventa permitió

   mantener la estabilidad económica, pero

   no redujo significativamente la desigualdad”

Esta violencia xenofóbica constituye la expresión más dramática de un proceso de deterioro que lleva años incubándose. Detrás de las agresiones se encuentra una sociedad profundamente frustrada por el desempleo, la miseria, la corrupción política y la percepción cada vez más extendida de que la transición democrática no consiguió transformar las estructuras económicas y sociales heredadas del apartheid.

Desde hace más de un siglo las minas, los campos de cultivo
y la construcción en Sudáfrica han dependido del trabajo de
migrantes procedentes de Mozambique, Lesoto, Zimbabue,
Malawi, Botsuana y Esuatini. Por lo tanto, la inmigración 
desde estos países vecinos no es un fenómeno reciente, sino
uno de los elementos centrales del desarrollo económico
de esta nación del África austral. 

Si bien Sudáfrica sigue siendo una de las economías más desarrolladas del continente africano, también es una de las sociedades más desiguales del mundo. Según el Banco Mundial, la liberación económica aplicada en Sudáfrica desde finales de los años noventa permitió mantener la estabilidad económica, pero no redujo significativamente la desigualdad. Paradójicamente, ese mismo modelo económico continúa ejerciendo una poderosa atracción sobre millones de ciudadanos del África austral. Desde hace más de un siglo, las minas sudafricanas, la agricultura comercial, la construcción y el sector informal han dependido del trabajo de migrantes procedentes de Mozambique, Lesoto, Zimbabue, Malawi, Botsuana o Esuatini (la antigua Suazilandia). La migración regional no constituye, por tanto, un fenómeno reciente, sino uno de los elementos centrales del desarrollo económico sudafricano.     

Tras la instauración de la democracia en 1994, esa dinámica migratoria se intensificó. La relativa estabilidad institucional de Sudáfrica, unida al deterioro económico y político registrado en varios países vecinos, convirtió al territorio sudafricano en el principal destino para millones de africanos que buscaban nuevas oportunidades laborales. Las estadísticas oficiales estiman que aproximadamente tres millones de extranjeros residen actualmente en territorio sudafricano, equivalentes alrededor del cuatro o cinco por ciento de la población nacional.

   “No existe evidencia empírica que permita

    atribuir a los inmigrantes la responsabilidad

   de la crisis económica del país. Por el contrario,

  consideraran que los extranjeros han terminado

  convirtiéndose en un “conveniente chivo expiatorio”

  sobre el que se proyectan frustraciones generadas

  por problemas estructurales”

Durante años, esta inmigración fue considerada una consecuencia natural de la integración impulsada tras el fin del apartheid. Sin embargo, a medida que el crecimiento económico comenzó a desacelerarse y las dificultades sociales se agravaron, una parte creciente de la opinión pública empezó a identificar, erróneamente, a los inmigrantes como responsables directos del desempleo, del aumento de la delincuencia y del deterioro de los servicios públicos.

Diversas organizaciones de derechos humanos y estudiosos de la realidad sudafricana, sostienen que no existe evidencia empírica que permita atribuir a los inmigrantes la responsabilidad de la crisis económica del país. Por el contrario, consideraran que los extranjeros han terminado convirtiéndose en un “conveniente chivo expiatorio” sobre el que se proyectan frustraciones generadas por problemas estructurales cuya responsabilidad corresponde, principalmente, al prolongado fracaso de las políticas públicas y a la incapacidad del sistema económico para generar empleo y servicios básicos suficientes.

Las explosiones periódicas de violencia contra inmigrantes africanos no constituyen un fenómeno nuevo en Sudáfrica. Desde el fin del apartheid, el país ha registrado sucesivas oleadas de ataques xenófobos, especialmente en 2008, 2015, 2019 y nuevamente durante este año. Sin embargo, diversos especialistas consideran que la actual crisis presenta un rasgo diferencial respecto de las anteriores: la creciente institucionalización del discurso antiinmigrante y la aparición de organizaciones capaces de transformar el malestar social en un movimiento político permanente.

   “Durante esas semanas se sucedieron

    los desalojos forzados, las amenazas contra

   familias inmigrantes, el cierre de pequeños

  comercios y ataques contra barrios enteros

  ocupados mayoritariamente por extranjeros”

El episodio más dramático de esta nueva ola de violencia comenzó durante el mes de abril de este año. A partir de ese mes, diversos grupos antiinmigración iniciaron campañas públicas exigiendo que todos los extranjeros en situación irregular abandonaran el país antes del 30 de junio. Aunque dicho ultimátum careciera completamente de sustento jurídico, logró generar un clima de terror que provoco el desplazamiento de decenas de miles de personas incluso antes de expirar el plazo fijado por sus promotores.

Nueva ola de protestas de sudafricanos contra inmigrantes en
Johannesburgo, donde grupo de vecinos incendiaron casas
de ciudadanos de Nigeria. En los últimos días se han repetido
los saqueos en propiedades de migrantes africanos

Durante esas semanas se sucedieron los desalojos forzados, las amenazas contra familias inmigrantes, el cierre de pequeños comercios y ataques contra barrios enteros ocupados mayoritariamente por extranjeros. Numerosos propietarios expulsaron preventivamente a  sus inquilinos africanos por temor a represalias, mientras miles de personas comenzaron a concentrarse en centros temporales de acogida organizados por las representaciones diplomáticas de sus respectivos países.

Ante el riesgo de una escalada mayor, varios gobiernos africanos han organizado operaciones especiales de evacuación. Nigeria, Ghana, Malawi, Mozambique y Zimbabue coordinan vuelos especiales y convoyes terrestres para facilitar el retorno voluntario de miles de ciudadanos que ya no consideran seguro permanecer en territorio sudafricano. Otros Estados como: Kenia y Lesoto han emitido advertencias recomendando a sus nacionales extremar las medidas de seguridad o abandonar temporalmente el país.

Treinta y dos años después de que Nelson Mandela proclamara que Sudáfrica volvía ocupar su lugar “en el seno de la humanidad”, la mayor potencia económica del continente se encuentra ante una disyuntiva histórica. Pude optar por reconstruir el proyecto democrático e inclusivo que inspiró el nacimiento de la “Nación arcoíris” o permitir que la frustración económica, el nacionalismo excluyente y la erosión institucional transformen la esperanza del pos-apartheid en un régimen de confrontación entre los más vulnerables, a través del odio xenófobo.

La resolución de ese dilema no determinará únicamente el futuro de Sudáfrica. También condicionará la credibilidad del proyecto panafricano y el papel que la principal economía africana aspire a desempeñar en un continente cada vez más interdependiente y sometido a profunda presiones demográficas, económicas y geopolíticas.

Thursday, July 9, 2026

 

R.D. DEL CONGO: ENTRE EL ÉBOLA Y LA VIOLENCIA ARMADA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La epidemia del ébola en la RD del Congo encendió las alertas internacionales luego de que la OMS,
elevara el nivel de riesgo nacional de "alto" a "muy alto", la clasificación más grave dentro
de los parámetros epidemiológicos mundiales.

Hace unos días la Organización Mundial de la Salud OMS, alertaba al mundo de la aparición de una nueva cepa del ébola para la que no hay vacuna y que ya se ha cobrado la vida de más de 220 personas en la República Democrática del Congo RDC. También se han registrado casos en Uganda y en total se habla de casi un millar de personas que podrían estar contagiadas. Se trata del brote de ébola que ha avanzado más rápido desde que hay registros.

La Unión Africana UA ha prometido destinar 429 millones de euros para reforzar las medidas de respuesta en la región afectada por este brote, especialmente al este de la RDC. Organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras MSF aseguran trabajar “a contrarreloj” para contener la epidemia y han desplegado nuevos efectivos tanto médicos como logísticos. Solo en la provincia congoleña de Ituri, epicentro del actual brote, unos 50 trabajadores internacionales llegaran a las zonas afectadas para trabajar con unos 480 profesionales locales.

Como señala MSF en su último informe: “El hecho que el ébola haya llegado tan lejos -la cepa se ubica en Kampala, Uganda, y también en Goma y Bukavu, provincias al este del Congo, zonas que están a un par de días en coche desde el epicentro- es en sí mismo sorprendente. Esta rápida propagación significa que no se sabe cuántas personas más podrían enfermar en los próximos días”.

En una zona endémicamente infectada por enfermedades como el sarampión, el cólera y la malaria, este brote convive con una interminable violencia armada que asola el este del Congo desde hace más de tres décadas.

   “Esta violencia armada ha generado cerca

    de 7 millones de personas desplazadas internas,

   viviendo en condiciones de hacinamiento e

   insalubridad. Además, la violencia sexual es

   utilizada, tanto por las bandas rebeldes como por

   el ejército regular, como un arma de guerra”

Como sabemos, la RDC sufre una de las crisis humanitarias más graves del mundo. La región este congoleña, en especial las provincias de Kivu, cuyas capitales Goma y Bukavu, padecen décadas de un conflicto crónico impulsado por el control de sus ingentes recursos minerales estratégicos como: el coltan y el cobalto, agravado desde principios del 2025, por el recrudecimiento de las acciones terroristas del grupo rebelde M23, banda armada proveniente de las vecinas Ruanda y Uganda.

La RDC está presentando un brote del virus 
del ébola en las provincias de Ituri, Kivu Norte y 
Kivu Sur, habiéndose desplazado a la ciudad de
Kampala en Uganda, como se indica en el mapa.

Esta violencia armada ha generado cerca de 7 millones de personas desplazadas internas, viviendo en condiciones de hacinamiento e insalubridad. Además, la violencia sexual es utilizada, tanto por las bandas rebeldes como por el ejército regular, como un arma de guerra, afectando indiscriminadamente a mujeres y niñas congoleñas.   

La estratégica provincia de Ituri, ubicada al este del país y epicentro del brote, es una región remota severamente afectada por el conflicto armado. Allí, hay varios campos de personas desplazadas, algunos de gran tamaño, con importantes problemas de abastecimiento e infraestructuras. La violencia en esta región hace  que resulte muy complicado hacer llegar la ayuda necesaria para los afectados y comprometer la seguridad para los trabajadores humanitarios en el terreno. En las últimas de semanas de junio, la situación en Ituri se deterioró aún más por los enfrentamientos entre grupos armados y el aumento de ataques contra la población civil y comunidades de desplazados.

   “La región este de la RDC es una de las

    regiones más frágiles del mundo, ya al límite,

   devastada por la violencia armada, el desplazamiento

   masivo de personas y los continuos ataques

   de las milicias irregulares a infraestructuras clave

   como hospitales y escuelas”

Organizaciones humanitarias y agencias de las NN.UU llevan meses alertando de asesinatos, saqueos y bloqueos de carreteras que dificultan el acceso a amplias zonas de la provincia y comprometen tanto el suministro de ayuda como la seguridad del personal sobre el terreno. El coordinador de UNICEF en la RDC, Ricardo Pires, exige en su último comunicado: “Pedimos que se garantice el acceso a la ayuda humanitaria, que se respete y que se permita, porque es lo que está establecido en el derecho internacional humanitario”.

Alrededor de 1,300 civiles murieron y más de medio millón
fueron desplazados, en el 2025, debido a los diversos 
conflictos armados que viene padeciendo la RDC 
en las últimas tres décadas.

La región este de la RDC es una de las regiones más frágiles del mundo, ya al límite, devastada por la violencia armada, el desplazamiento masivo de personas y los continuos ataques de las milicias irregulares a infraestructuras clave como hospitales y escuelas. Lo cual complica la gestión de la crisis. El personal médico ha huido por la violencia, porque esta zona es frecuentada por las bandas rebeldes. “Si la población afectada por el brote epidémico tiene que huir por la violencia, esto supondrá el aumento de la propagación de la enfermedad. Podría ser devastador y sería un escenario muy negativo”, es parte del llamado que hace OXFAM-África, a través de su vocero en la región, el reconocido medico congoleño Manenji Mangudu.

En la actualidad, el mundo es un lugar mucho más complejo y difícil que en periodos anteriores, con todas las crisis y guerras abiertas que tenemos: en Irán, el Asia Central, el Medio Oriente, en Europa Central, Ucrania, el Sahel, el Cuerno de África, conflictos que afectan la cadena de suministro, la logística y la capacidad de ayuda de las agencias humanitarias para llegar rápido. La RD del Congo necesita mucho más ayuda de la comunidad internacional y de las agencias de las NN.UU para poder manejar una difícil crisis que la hace convivir, el día de hoy, entre la brutal violencia armada y la emergencia sanitaria del ébola.