PALESTINA Y EL SÁHARA: EN EL CENTRO DE LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL
En Palestina la destrucción, las muertes y el desplazamiento forzado de poblaciones enteras han adquirido una dimensión devastadora ante los ojos impávidos del mundo. Las imágenes de Gaza, donde familias buscan a sus seres queridos entre los escombros, de niños y niñas privados de sus hogares y de personas que intentan sobrevivir sin acceso suficiente a alimentos, agua y atención médica son interpelan como seres humanos. Es decir un genocidio en toda regla. En Cisjordania, la ocupación y la violencia también condicionan la vida cotidiana.
El pueblo saharaui lleva décadas viviendo fragmentado. La retirada española de 1976 dejó pendiente la descolonización. La ocupación marroquí y la guerra infame guerra provocaron un éxodo hacia Argelia. Varias generaciones de saharauis han crecido en los campamentos próximos a Tinduf, mientras otras familias permanecen en el Sáhara Occidental bajo la opresión militar marroquí. El referéndum para el que se creó el MINURSO en 1991 nunca llegó a celebrarse.
Como vemos, hay sufrimientos que el mundo contempla cada día y otros que parecen condenados a permanecer invisibles. El pueblo palestino y el pueblo saharaui conocen esa realidad. Sus historias, sus territorios y sus circunstancias son diferentes, pero ambos comparten la amarga experiencia de la colonización, la ocupación militar, el despojo de sus recursos naturales y la lucha por el derecho a decidir su propio futuro.
"Las organizaciones de derechos humanos
saharauis han documentado: represión
sistemática en manifestaciones, hostigamiento a
estudiantes y activistas de derechos humanos,
persecución y agresiones sexuales a mujeres"
En los campamentos saharauis, su pueblo a construido escuelas, servicios sanitarios y estructuras comunitarias en condiciones muy difíciles. Las mujeres saharauis han desempeñado un papel fundamental. Reconocer su aporte a la causa independentista exige valorar su capacidad política y sus valientes decisiones, sin idealizar la sobrecarga que soportan ni convertir su valiente resistencia en una obligación.
En los territorios ocupados, la defensa de la identidad saharaui y de la autodeterminación se enfrenta a restricciones de las libertades de expresión, reunión y asociación. Las organizaciones de derechos humanos han documentado: represión sistemática en manifestaciones, hostigamiento a estudiantes y activistas de derechos humanos, persecución y agresiones sexuales a mujeres. Las diversas redes y colectivos por la causa saharaui mantienen espacios de denuncia, apoyo y memoria.
A la represión se suman las denuncias de discriminación en el acceso al empleo y las reivindicaciones de jóvenes saharauis al trabajo. La causa saharaui también habla del derecho a trabajar, a tener oportunidades y a beneficiarse de los recursos de su propia tierra.
"En Palestina, la ocupación, los asentamientos
y el control territorial se entrecruzan con el peso
estratégico de una región como el Medio Oriente.
El evidente y continuado respaldo político y militar
de los Estados Unidos al Estado genocida de Isarael"
No se trata de establecer equivalencias entre Palestina y el Sáhara ni de enfrentar sus causas. Cada pueblo tiene su historia, sus particularidades y sus reivindicaciones. Se trata de reconocer que el derecho a vivir en libertad, conservar la identidad, habitar la propia tierra y construir un futuro digno no puede depender de los intereses de quienes ejercen el poder, de la potencia invasora: el Estado genocida de Israel y la corrupta monarquía de Marruecos respectivamente.
En Palestina, la ocupación, los asentamientos y el control territorial se entrecruzan con el peso estratégico de una región como el Medio Oriente. El evidente y continuado respaldo político y militar de los Estados Unidos al Estado genocida de Israel ha sido determinante. En el Sáhara Occidental, los ingentes recursos naturales, sus ricas zonas marítimas y la conocida rivalidad diplomática entre Marruecos y Argelia -aliado incondicional de la causa saharaui- condicionan las decisiones internacionales. Mientras los gobiernos negocian y calculan sus movimientos, la población soporta las consecuencias.
En 2020, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en el marco del acuerdo que condujo a la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel. Este episodio demostró cómo una negociación entre Estados puede afectar a un pueblo sin que este haya podido ejercer su derecho a decidir. El Estado español tiene, además, una responsabilidad particular respecto al Sáhara, derivada de su pasado colonial, que el paso del tiempo no debería diluir.
"La solidaridad con la causa palestina y saharaui,
debe de empezar escuchando las voces de
sus pueblos y acompañando sus reivindicaciones
sin sustituirlos. Exige reclamar protección para la
población civil, garantías para las personas detenidas
e investigación de las torturas"
En la actualidad, el valor geopolítico de Palestina y el Sáhara Occidental radica en su importancia como puntos de conflicto armado y en procesos de descolonización. Ambas regiones han sido objeto de pugnas territoriales con potencias coloniales y países vecinos. La historia compartida y la lucha por la autodeterminación son aspectos clave que resaltan la relevancia de estos territorios en el contexto internacional.
La solidaridad con la causa palestina y saharaui, debe de empezar escuchando las voces de sus pueblos y acompañando sus reivindicaciones sin sustituirlos. Exige reclamar protección para la población civil, garantías para las personas detenidas, investigación de las torturas y respuestas claras frente a la discriminación y el despojo.
Hacer visible la causa saharaui significa ensanchar nuestra solidaridad. La empatía que despierta el sufrimiento de Palestina puede ayudarnos a comprender y acompañar a otros pueblos cuyos derechos siguen pendientes. Ninguna injusticia debería volverse invisible porque dure demasiado, porque resulte incómodo para algunas potencias o porque nos hayamos acostumbrado a ellas.

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