Saturday, October 31, 2026

PALESTINA Y EL SÁHARA: EN EL CENTRO DE LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL

Por: Javier F. Miranda Prieto

La bandera de la República Saharaui y la bandera de Palestina. Los saharauis y palestinos, dos pueblos que padecen 
por décadas la ocupación militar: de la corrupta monarquía marroquí y del Estado genocida de Israel
respectivamente.

En Palestina la destrucción, las muertes y el desplazamiento forzado de poblaciones enteras han adquirido una dimensión devastadora ante los ojos impávidos del mundo. Las imágenes de Gaza, donde familias buscan a sus seres queridos entre los escombros, de niños y niñas privados de sus hogares y de personas que intentan sobrevivir sin acceso suficiente a alimentos, agua y atención médica son interpelan como seres humanos. Es decir un genocidio en toda regla. En Cisjordania, la ocupación y la violencia también condicionan la vida cotidiana.

El pueblo saharaui lleva décadas viviendo fragmentado. La retirada española de 1976 dejó pendiente la descolonización. La ocupación marroquí y la guerra infame guerra provocaron un éxodo hacia Argelia. Varias generaciones de saharauis han crecido en los campamentos próximos a Tinduf, mientras otras familias permanecen en el Sáhara Occidental bajo la opresión militar marroquí. El referéndum para el que se creó el MINURSO en 1991 nunca llegó a celebrarse.

Como vemos, hay sufrimientos que el mundo contempla cada día y otros que parecen condenados a permanecer invisibles. El pueblo palestino y el pueblo saharaui conocen esa realidad. Sus historias, sus territorios y sus circunstancias son diferentes, pero ambos comparten la amarga experiencia de la colonización, la ocupación militar, el despojo de sus recursos naturales y la lucha por el derecho a decidir su propio futuro.

          "Las organizaciones de derechos humanos 

           saharauis han documentado: represión 

           sistemática en manifestaciones, hostigamiento a 

           estudiantes y activistas de derechos humanos, 

           persecución y agresiones sexuales a mujeres" 

En los campamentos saharauis, su pueblo a construido escuelas, servicios sanitarios y estructuras comunitarias en condiciones muy difíciles. Las mujeres saharauis han desempeñado un papel fundamental. Reconocer su aporte a la causa independentista exige valorar su capacidad política y sus valientes decisiones, sin idealizar la sobrecarga que soportan ni convertir su valiente resistencia en una obligación. 

En los territorios ocupados, la defensa de la identidad saharaui y de la autodeterminación se enfrenta a restricciones de las libertades de expresión, reunión y asociación. Las organizaciones de derechos humanos han documentado: represión sistemática en manifestaciones, hostigamiento a estudiantes y activistas de derechos humanos, persecución y agresiones sexuales a mujeres. Las diversas redes y colectivos por la causa saharaui mantienen espacios de denuncia, apoyo y memoria. 

A la represión se suman las denuncias de discriminación en el acceso al empleo y las reivindicaciones de jóvenes saharauis al trabajo. La causa saharaui también habla del derecho a trabajar, a tener oportunidades y a beneficiarse de los recursos de su propia tierra.

         "En Palestina, la ocupación, los asentamientos 

           y el control territorial se entrecruzan con el peso 

           estratégico de una región como el Medio Oriente. 

           El evidente y continuado respaldo político y militar 

           de los Estados Unidos al Estado genocida de Isarael"

No se trata de establecer equivalencias entre Palestina y el Sáhara ni de enfrentar sus causas. Cada pueblo tiene su historia, sus particularidades y sus reivindicaciones. Se trata de reconocer que el derecho a vivir en libertad, conservar la identidad, habitar la propia tierra y construir un futuro digno no puede depender de los intereses de quienes ejercen el poder, de la potencia invasora: el Estado genocida de Israel y la corrupta monarquía de Marruecos respectivamente. 

El Sahara Occidental ubicado en el Magreb, al norte de África
bañadas sus costas por el Océano Atlántico y Palestina 
enclavada en Oriente Próximo, en el Mediterráneo Oriental.
Ambos territorios atravesados por los intereses de la 
geopolítica internacional

En Palestina, la ocupación, los asentamientos y el control territorial se entrecruzan con el peso estratégico de una región como el Medio Oriente. El evidente y continuado respaldo político y militar de los Estados Unidos al Estado genocida de Israel ha sido determinante. En el Sáhara Occidental, los ingentes recursos naturales, sus ricas zonas marítimas y la conocida rivalidad diplomática entre Marruecos y Argelia -aliado incondicional de la causa saharaui- condicionan las decisiones internacionales. Mientras los gobiernos negocian y calculan sus movimientos, la población soporta las consecuencias.

En 2020, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en el marco del acuerdo que condujo a la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel. Este episodio demostró cómo una negociación entre Estados puede afectar a un pueblo sin que este haya podido ejercer su derecho a decidir. El Estado español tiene, además, una responsabilidad particular respecto al Sáhara, derivada de su pasado colonial, que el paso del tiempo no debería diluir. 

             "La solidaridad con la causa palestina y saharaui, 

              debe de empezar escuchando las voces de 

              sus pueblos y acompañando sus reivindicaciones 

              sin sustituirlos. Exige reclamar protección para la 

              población civil, garantías para las personas detenidas

              e investigación de las torturas" 

En la actualidad, el valor geopolítico de Palestina y el Sáhara Occidental radica en su importancia como puntos de conflicto armado y en procesos de descolonización. Ambas regiones han sido objeto de pugnas territoriales con potencias coloniales y países vecinos. La historia compartida y la lucha por la autodeterminación son aspectos clave que resaltan la relevancia de estos territorios en el contexto internacional.

La solidaridad con la causa palestina y saharaui, debe de empezar escuchando las voces de sus pueblos y acompañando sus reivindicaciones sin sustituirlos. Exige reclamar protección para la población civil, garantías para las personas detenidas, investigación de las torturas y respuestas claras frente a la discriminación y el despojo.

Hacer visible la causa saharaui significa ensanchar nuestra solidaridad. La empatía que despierta el sufrimiento de Palestina puede ayudarnos a comprender y acompañar a otros pueblos cuyos derechos siguen pendientes. Ninguna injusticia debería volverse invisible porque dure demasiado, porque resulte incómodo para algunas potencias o porque nos hayamos acostumbrado a ellas.

Wednesday, October 28, 2026

SENEGAL: ENTRE LA FRUSTRACIÓN Y LA MOVILIZACIÓN

Por: Javier F. Miranda Prieto

El presidente de Senegal Bassirou Diomaye Faye (izquierda) y el ex-primer ministro Ousmane Sonko (derecha), antiguos aliados convertidos hoy en irreconciliables rivales y enemigos políticos. 
Un enfrentamiento que puede derivar en una gran movilización popular sin precedentes.

Dos años después de las protestas civiles que impulsaron un cambio de gobierno, la sociedad senegalesa se prepara para volver a salir a las calles ante el retraso de la convocatoria a elecciones municipales programadas inicialmente para el próximo año.  

Senegal, el país con mayor tradición democrática del África subsahariana, vivió del 2021 al 2024 históricas movilizaciones ciudadanas que luchaban por garantizar la continuación de la democracia y forzar las elecciones que pudieran traer un cambio de gobierno y una alternancia en el poder ante las intenciones del presidente Macky Sall de intentar una ilegal y fraudulenta tercera elección. Ahora, en el 2026, con un nuevo gobierno en el poder, esa situación se puede repetir.

El país confía en celebrar elecciones locales democráticas en enero de 2027, pero el presidente actual, Bassirou Diomaye Faye, aún no las ha convocado. Los partidos políticos y la sociedad civil temen que se retrasen o se posterguen ante el temor de una victoria masiva de los partidos de la oposición. Una nueva situación de inestabilidad política podría tener un gran impacto en una región como la noroccidental africana, ya de por sí frágil y agravada por los constantes flujos migratorios hacia Europa.  

          "A lo largo de esos años a manos de las fuerzas de 

           seguridad hubo desapariciones, torturas, detenciones 

           arbitrarias y más de 85 fallecidos, según los datos 

           recopilados por organismos humanitarios instalados 

           en ese país, como Amnistía Internacional" 

Las movilizaciones populares de los últimos años consiguieron su propósito de cambiar el régimen político, aunque tuvieron un costo humano muy elevado. A lo largo de esos años a manos de las fuerzas de seguridad hubo desapariciones, torturas, detenciones arbitrarias y más de 85 fallecidos, según los datos recopilados por organismos humanitarios instalados en el país, como Amnistía Internacional. Esta brutal represión fue posible gracias al apoyo asolapado al gobierno de Sall por parte de países europeos, como Francia y España que temían un cambio del statu quo del poder colonial.

Hay que recordar que la militarizada policía senegalesa reprimió las pacíficas manifestaciones usando equipamiento anti migratorio suministrado por los gobiernos de París y Madrid, como lo denunció en su momento la agencia Al Jazeera. Esta cooperación a favor de la brutal represión contra el pueblo senegalés se enmarcaba dentro del Proyecto GAR-SI Sahel financiado por la Comisión Europea, aún en vigor.

Las elecciones generales de marzo de 2024 dieron el triunfo al Partido de los Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad PASTEF, partido liderado por el carismático y popular Ousmane Sonko, apoyado por una amplia mayoría social. Sonko se convirtió en Primer Ministro, pero no en presidente, porque se presentaron acusaciones falsas en los tribunales de la época por parte de su rival y enemigo político Macky Sall. 

         "El próximo reto son las elecciones municipales y 

          locales previstas para enero de 2027, aunque no hay

          una convocatoria oficial hasta hoy. Este retraso, unido a 

          una campaña de búsqueda de apoyos entre militantes 

          del PASTEF por parte del partido recientemente creado 

          por el presidente Faye, han generado un ambiente de 

          desconfianza y tensión entre los rivales" 

Sonko sorteó este impedimento nombrando como presidente a Bassirou Diomaye Faye, un colaborador de su absoluta confianza aunque no gozaba de su popularidad. El ambicioso programa del PASTEF, apoyado masivamente por una diáspora amplia y muy comprometida, postulaba resituar a Senegal en el ámbito económico y de desarrollo social que le correspondería por sus ingentes recursos naturales y humanos y por la ubicación geopolítica de la región. 

La sociedad civil senegalesa que llenaron las calles en 2024,
no está dispuesta ni a dejarse llevar por un presidente que le 
debe el cargo a Sonko, ni a renunciar a las reformas que
necesita el país. Los acuerdos con el FMI y la destitución
de Sonko como primer ministro están activando una
 fuerte movilización popular en todo el país.

La sociedad civil senegalesa que salió a las calles en 2024 para pedir un cambio de gobierno, no está dispuesta ni a dejarse llevar por un presidente que le debe el cargo a Sonko, el líder indiscutible de los jóvenes y de la diáspora, ni a renunciar a los cambios estructurales que necesita el país. Los acuerdos firmados con el FMI en setiembre y la destitución de Sonko como primer ministro activaron una fuerte movilización de protesta. 

El próximo reto son las elecciones municipales y locales previstas para enero de 2027, aunque no hay una convocatoria oficial hasta hoy. Este retraso, unido a una campaña de búsqueda de apoyos entre militantes del PASTEF por parte del partido recientemente creado por el presidente Faye, el KIRAAY (Patriotas Republicanos), han generado un ambiente de desconfianza y tensión entre los rivales. 

Como vemos, los próximos meses serán decisivos para el futuro de Senegal. En las próximas elecciones locales convergen muchos factores desestabilizadores que al mismo tiempo pueden ser el germen de la construcción del país que los senegaleses demandan. La creciente impopularidad del presidente Faye, el descontento ciudadano, la presión social y el papel de las instituciones y países occidentales que siguen reacios a perder el poder en ciertas regiones de África, van a ser factores fundamentales durante la campaña electoral. Un retraso de las mismas o su anulación podrían suponer la vuelta a las revueltas y movilizaciones en las calles, pero la victoria muy probable del PASTEF en la mayoría de ciudades y pueblos marcarían el inicio del cambio y un nuevo despertar del sueño de un país que aspira tercamente a adueñarse de su futuro. 

Monday, October 19, 2026

¿EL MUNDO SE DIRIGE HACIA UNA INTIFADA GLOBAL?

Por: Javier F. Miranda Prieto

Las legítimas marchas de protesta que han tenido como escenario diversas ciudades de Francia, 
son una constatación que el mundo se dirige hacia una "Intifada Global", ese movimiento popular
y juvenil de protesta contra la ilegal ocupación israelí del territorio palestino.

La violencia que se está viviendo en varias ciudades de Europa, evidencian el carácter bananero de la sociedad europea que se militariza y reprime a sus población por orden de Washington. Y para hacerlo debe de desfinanciar su Estado de Bienestar, los servicios sociales que está obligado a brindar. Como en los países de Latinoamérica, que cada vez que en las calles de Francia, Roma o Berlín arde un contenedor o se rompe una vitrina, por acción de una juventud indignada, los medios mercenarios recién descubren la violencia. Hablan de vandalismo, de radicales, de amenaza al orden democrático. Nunca la descubren cuando un gobierno elimina derechos laborales conquistados por generaciones; cuando una reforma, decidida en despachos lejanos, obliga a millones a trabajar más por menos; ni cuando sus jubilaciones se invierten en la industria de la muerte. Esa violencia no rompe vidrieras. Rompe vidas, y a eso llaman "democracia liberal", la estafa maestra del capitalismo.

Solo en los últimos 30 años, las potencias occidentales han bombardeado, invadido, financiado masacres que dejaron millones de muertos, desde Irak hasta Libia, desde el Sahel en África hasta Palestina. ¿Cuántos responsables rindieron cuentas ante algún tribunal? Ninguno. Los mismos que exigen orden en las calles de París han decretado el caos, la esclavitud (en Libia, Congo), el hambre y la muerte en decenas de países. 

      "Estamos en camino hacia una intifada global 

        -levantamiento popular palestino contra la 

        ocupación israelí-. Hoy las élites del poder 

       mundial invierten fortunas en represión, propaganda 

        y elecciones para retrasarla" 

En comparación, la violencia en las protestas populares es mínima. Es la respuesta de quienes han agotado las urnas, los reclamos de justicia y las marchas contra las interminables guerras y genocidios. La historia lo confirma con una regularidad irrefutable: ningún derecho fue concedido por la generosidad de los poderosos. Todos fueron arrancados por la presión y la violencia de los de abajo.

Mientras la periferia aprende la lección que los imperios olvidan. Los pueblos dispersos, humillados por la fuerza organizada de unos pocos, comienzan a reconocerse en una misma causa. El catalizador ha sido Gaza. Estamos en camino hacia una intifada global -levantamiento popular palestino contra la ocupación israelí-. Hoy las élites del poder mundial invierten fortunas en represión, propaganda y elecciones para retrasarla. Podrán postergarla algunos años. Pero no podrán evitarla. El polvorín se seguirá secando y la chispa hará el resto.

Saturday, October 17, 2026

RD DEL CONGO-UGANDA: ¿VECINOS Y RIVALES?

Por: Javier F. Miranda Prieto

Milicias de las Fuerzas Democráticas Aliadas ADF llevan a cabo ataques nocturnos en aldeas al Este
 de la RD del Congo. Grupo musulmán armado que ingresaron de Uganda hace más de dos décadas. 
En noviembre de 2021 los ejércitos de la República Democrática del Congo RDC y Uganda iniciaron una lucha conjunta para acabar con la milicia musulmana ugandesa de las Fuerzas Democráticas Aliadas ADF, que lleva décadas enclavada en la selva del Congo, siendo el grupo armado más sanguinario de los muchos que pululan por la región oriental congoleña. En la actualidad, aunque golpeadas, las ADF siguen fuertes y masacrando a la población congoleña con más saña aún. En ello tiene mucho más que ver los intereses económicos y políticos que sustentan a esta banda fanática, que el accionar conjunto de los ejércitos vecinos.

Las ADF son un grupo rebelde islámico fundado en los años 90 que se oponía al gobierno del dictador ugandés Yoweri Museveni -actualmente en el poder- y que viene operando desde las selvas congoleñas desde 1995. En los primeros años ocupaban parte del territorio de Benin, en la estratégica provincia de Kivu Norte, y salvo notables excepciones, mantenía una buena relación con las comunidades locales, al menos hasta el 2005. Entre 2013 y 2015 comenzaron a perpetrar terribles crímenes contra la población civil, hasta nuestros días. Más que motivos religiosos, el terror ejercido por las ADF le sirve para sobrevivir en la selva: controlando las cosechas de la zona, realizando secuestros y robos, reclutando nuevas milicias y accediendo a zonas mineras. 

Las consecuencias del accionar de esta banda criminal han sido espantosas: entre el 2014 y la actualidad más de 12,750 civiles han sido asesinados, registrándose 2,577 heridos y 3,196 personas desaparecidas en el mismo periodo, información proporcionada por el Centro de Estudios por la Paz y los Derechos Humanos CEPADHO que dirige el periodista congoleño Daniel Michombero.   

        "Luego de siete años del inicio de la operación Shujaa, 

         no es arriesgado señalar que Uganda no ha buscado 

         la destrucción de las ADF, sino alejarlas de sus fronteras, 

         con el evidente interés de acosar a su vecino congoleño"

En noviembre de 2019 los gobiernos de Kinshasa y Kampala dieron inicio a la Operación Shujaa ("Valientes" según lengua suajili), acción conjunta de ambos ejércitos para acabar con este sanguinario grupo armado. Pero esta operación, hasta la actualidad, no ha conseguido sus objetivos. En la parte positiva está la seguridad que han logrado implantar en algunas zonas de Uganda, eliminando y capturando a líderes de rango menor. Pero las ADF se han extendido a otros territorios y provincias del Congo, aliándose con otros grupos armados de la zona, en especial en la provincia de Benin, quedando la población de la zona desprotegida. Es por ello, que luego de siete años del inicio de la operación Shujaa, no es arriesgado señalar que Uganda no ha buscado la destrucción de las ADF, sino alejarlas de sus fronteras, con el evidente interés de acosar a su vecino congoleño. 

Mapa comparativo del accionar de las milicias de las ADF en
la frontera de Uganda y la RD del Congo. Se advierte la menor
presencia de la banda armada en territorio ugandés en los 
últimos años, en desmedro del suelo congoleño.

Acabar con las ADF no es tarea fácil pese a, o gracias, al reducido número de sus efectivos, unos miles de milicianos. Estos "asesinos silenciosos", como los califica los Cascos Azules de la ONU, que evitan los choques directos con fuerzas superiores, se mueven rápidamente en grupos pequeños en un amplio territorio que los favorece. Es por ello, que para acabar con este ejército irregular es necesario un amplísimo despliegue de fuerzas en grandes extensiones y que se mantengan por mucho tiempo, para proteger a la población civil y para evitar los habituales retornos de los milicianos a posiciones de las que huyeron.

Y todo ello, visto desde el lado ugandés, ¿para qué? Las ADF siembran el terror y masacran principalmente a la población congoleña y son contadas las acciones en territorio de Uganda, mientras del lado congoleño sus crímenes son casi diarios y han costado miles de vidas. Según la opinión de observadores en la zona, Kampala ha utilizado la Operación Shujaa para expulsar a esta milicia rebelde de su territorio. Si se comparan los territorios ocupados por las ADF en los primeros años de la operación militar conjunta y la actualidad, se comprueba que la expulsión de esta milicia rebelde de territorio ugandés se ha conseguido en su mayor parte.

         "Estos operativos militares conjuntos han servido 

          a Uganda para tomar posiciones y control de territorios 

          del Este del Congo y aumentar su poder en la explosiva 

          como rica región congoleña de Los Grandes Lagos, jugando 

          a todas las bandas y debilitando a su vecino y aliado, 

          el ejército congoleño"

Un aspecto importante de la ejecución de la Operación Shujaa, que ha beneficiado principalmente a Uganda es la creación de una amplia red de infraestructura vial construida entre ambas fronteras. Estas carreteras tienen un especial valor para los ugandeses, que tiene en la RD Congo a uno de sus principales clientes, un comercio (470 millones de dólares en el 2024) que unas nuevas vías en buen estado conseguirían aumentar. Pero las exportaciones de Uganda también están relacionadas con el Congo como fuente de materias primas, las más de la veces mediante el contrabando.

El régimen de Kampala declaró en 2025 unas exportaciones de 62 toneladas de oro pero ninguna producción, señalando a la provincia congoleña de Iturri como origen de ese oro que sale ilegalmente hacia Uganda. Además, el mercado ugandés de madera también es ilegal, se alimenta en su mayor parte de las talas ilegales congoleñas, con madera de gran calidad, la mayor parte de esta extracción se realiza en territorio controlado por las ADF, lo que convierte a la milicia en un competidor. 

Como vemos, hasta la fecha la Operación Shajaa solo ha tenido un impacto positivo real en las zonas cercanas a la frontera ugandesa; un balance que podría confirmar que Uganda está más interesada en proyectar su poder y proteger sus intereses económicos y estratégicos que en proteger a la población civil de la región fronteriza. Estos operativos militares conjuntos han servido a Uganda para tomar posiciones y control de territorios ubicados al  Este del Congo y aumentar su poder en la explosiva como rica región congoleña de Los Grandes Lagos, jugando a todas las bandas y debilitando a su vecino y aliado, el ejército congoleño.

            "El ejército congoleño, con soldados mal pagados, 

             oficiales corruptos que se quedan muchas veces 

             con sus salarios, altos mandos que en Kinshasa 

             actúan al margen de la dura realidad de los campos 

             de batalla, enfrentando al poderoso ejército de milicianos

             del M23, poco hace frente a las ADF y el propio ejército 

             ugandés"

Además de todo ello, el ejército ugandés, que muchas veces actúa por su cuenta en las operaciones contra las ADF, también ha ocupado, por iniciativa propia, y al margen de lo que el gobierno congoleño pueda decidir, vastos territorios del Congo que controla como propios. El ejército de Uganda se ha desplegado lejos de la frontera común y se está estableciendo en ciudades congoleñas importantes como Benin, Butembo y Bunia, y están interviniendo en regiones estratégicas como Mahagi, donde no existe amenaza terrorista, sin dar explicaciones claras sobre su presencia. 

Desde el 2014 hasta hoy más de 12,750 civiles congoleños
han sido asesinados, registrándose 2,577 heridos, 3,196
personas desaparecidas y 2 millones de desplazados internos
en el mismo periodo.

Estos avances militares y económicos de los Ugandeses sobre territorio congolés, refuerzan su posición contra Ruanda, otro vecino importante y expansionista de la zona, que financió, armó y lanzó al M23 -grupo armado que controla el Este congoleño- contra la RD Congo tras el inicio de la Operación Shujaa, y ésta amplió a los territorios de actuación del ejército ugandés en el Congo tras la caída en poder del M23 de las importantes ciudades congoleñas de Bukavu y Goma, en una espiral de enfrentamiento entre ambos países a través de un tercero, el pueblo congoleño. 

Por otra parte, el ejército congoleño, con soldados mal pagados, oficiales corruptos que se quedan muchas veces con sus salarios, altos mandos que en Kinshasa actúan al margen de la dura realidad de los campos de batalla, enfrentando al poderoso ejército de milicianos del M23 y con decenas de focos de violencia que enfrentar en el Este del país y más allá, poco puede hacer y poco hace frente a las ADF y el propio ejército ugandés.

          "Con la Operación Shujaa se ha creado un nuevo 

            avispero en el Este congoleño en el que las ADF están 

            más dispersas y son más difíciles de controlar y 

            las fuerzas ugandesas se expanden por territorio 

            congoleño, desafiando Uganda a los poderes regionales 

            con sus avances militares y económicos"

Con lo señalado líneas arriba, queda claro que Uganda no tiene ningún interés real en proteger a la población civil o en acabar con las milicias de la ADF sino proteger sus intereses económicos, sus vías de contrabando de oro y madera robados en el Congo y las infraestructuras que favorecen el comercio con sus vecinos, alejando a esas milicias y a otros grupos armados de sus intereses. Muy al contrario, con la Operación Shujaa se ha creado un nuevo avispero en el Este congoleño en el que las ADF están más dispersas y son más difíciles de controlar -lo que sufre el pueblo congoleño cada día-, nuevas milicias atacan al ejército del Congo -apoyadas por el ugandés-, y las fuerzas ugandesas se expanden por territorio congoleño, desafiando Uganda a los poderes regionales con sus avances militares y económicos.

A todo esto, el ejército congoleño puede hacer poco más que defenderse y contemplar los avances de su socio, vecino y rival que lo debilita continuamente con apoyos a sus enemigos.

Wednesday, October 14, 2026

ELECCIONES EN ISRAEL: ¿CAMBIARÁ ALGO?

Por: Javier F. Miranda Prieto

Las elecciones generales en Israel se dan en un ambiente de polarización política, ante la figura del genocida
Netanyahu. Pero un posible recambio de gobierno no supondrá un avance significativo en la lucha
por la causa del pueblo de Palestina.

Cada vez que se acercan elecciones para renovar el Knéset -parlamento unicameral israelí- buena parte del mundo parece contener la respiración. Se multiplican los análisis sobre las encuestas, las coaliciones posibles, la posibilidad de la caída de Netanyahu -quien ha gobernado 16 años-, y las posibilidades que aparezca una alternativa más moderada, centrista o incluso de una supuesta izquierda. Y, una vez más, se mira a las elecciones como si de sus urnas pudiera salir un futuro diferente para Palestina.

La verdad, es que para los palestinos esas elecciones les importa bastante menos de lo que parece deberían importarles. No porque todos los gobiernos sean exactamente iguales ni porque sus diferencias no puedan tener consecuencias concretas sobre sus vidas. Las tienen. Pero hay algo mucho más profundo que permanece cuando cambian los gobiernos y los nombres de los ministros. La experiencia histórica nos ha enseñado que el proyecto de colonización y sometimiento territorial de Palestina no comenzó con Netanyahu y tampoco terminará cuando Netanyahu desaparezca.

A veces parece que se ha olvidado quién llevó a cabo la Nakba -o "catástrofe" palestina, marcada por el éxodo forzoso de palestinos tras la creación del Estado de Israel en 1948-. No fue la extrema derecha israelí que hoy escandaliza a algunos gobiernos occidentales. El poder político que dirigió el nuevo Estado de Israel en 1948 estaba encabezado por David Ben-Gurión, el principal líder del sionismo laborista. Bajo aquel poder se produjo la expulsión masiva de palestinos, la destrucción y despoblación de centenares de localidades y la transformación de la mayoría del pueblo palestinos en refugiados.

      "Pero desmontan una idea que reaparece una y otra vez:

       que la violencia contra el pueblo palestino pertenece

       exclusivamente a la derecha israelí y que bastaría un

       cambio electoral para modificar una estructura de represión

       construida mucho antes que Netanyahu"

Tampoco la infame colonización de los territorios ocupados desde 1967 nació con el Likud -el todopoderoso partido de Netanyahu-. Los primeros asentamientos fueron establecidos bajo gobiernos laboristas. En abril de 1996 gobernaba Shimon Peres cuando Israel lanzó la operación Uvas de la Ira contra Líbano. El 18 de abril, la artillería israelí alcanzó el recinto de Naciones Unidas en Qana, donde más de 800 civiles libaneses habían buscado refugio, al rededor de un centenar de personas fueron asesinadas. En octubre de 2000 gobernaba Ehud Barak, el laborista de tendencia más progresista, cuando la policía israelí mató a trece ciudadanos palestinos durante las protestas que acompañaron el comienzo de la segunda Intifada -valiente levantamiento popular contra la ocupación israelí en Cisjordania (1987-1993, 200-2003).

No son episodios idénticos. Pero desmontan una idea que reaparece una y otra vez: que la violencia contra el pueblo palestino pertenece exclusivamente a la derecha israelí y que bastaría un cambio electoral para modificar una estructura de represión construida mucho antes que Netanyahu.

En las campañas electorales israelíes, factores como: experiencia en las fuerzas armadas, en inteligencia estratégica o capacidad para enfrentarse al enemigo se convierten en argumentos de legitimidad política. Convirtiendo habilidades tácticas y éxitos en operaciones militares en credenciales electorales. En buena parte del electorado israelí es bien visto: la experiencia represiva que pueda ejercer el candidato contra la población palestina, es decir, esa imagen de fuerza puede proporcionarle respaldo electoral.

     "Cuando hablan de "seguridad", escuchamos los 

       aviones sobre Gaza. Cuando exhiben su "experiencia 

      militar", recordamos Rafah. Cuando prometen "mano 

      dura", sabemos quienes estarán dejado de esa mano. 

      Todos los candidatos israelíes, saben que la demostración 

      de fuerza puede convertirse allí en capital electoral"

En el corazón del conflicto entre palestinos e israelíes yace
una disputa en torno a tierras y fronteras. La causa de
Palestina es una reivindicación por su territorio: desde
el río Jordán hasta el Mar Mediterráneo.

Pero también existe una gran responsabilidad de la sociedad civil que no podemos olvidar. Existen en la población de Israel sectores que se oponen a determinadas guerras y políticas contra los palestinos. Pero los gobiernos tampoco aparecen de la nada. Alguien los elige. Los candidatos conocen a su electorado y construyen sus campañas al rededor de aquello que creen que puede proporcionarles votos.

Si bombardear Gaza, atacar Líbano, destruir ciudades en Irán, presumir de un historial militar o prometer todavía más violencia contra los palestinos puede utilizarse como credencial política, tenemos derecho ha preguntarnos por qué quienes aspiran ha gobernar consideran que esa demostración de fuerza puede ser premiada en las urnas.

Pero nosotros sabemos la verdad de ese lenguaje. Cuando hablan de "seguridad", escuchamos los aviones sobre Gaza. Cuando exhiben su "experiencia militar", recordamos Rafah. Cuando prometen "mano dura", sabemos quienes estarán dejado de esa mano. Todos los candidatos israelíes, saben que la demostración de fuerza puede convertirse allí en capital electoral. Los palestinos pagan demasiadas veces esa competición electoral con su propia sangre.

       "Los palestinos no son el decorado en estas 

        elecciones. No son cifras con las que un general 

        pueda construir su futuro político. Mientras en 

        Israel cuentan sus votos, los palestinos seguirán 

        contando sus muertos" 

Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿Por qué el futuro de los palestinos tendría que depender de las elecciones en Israel? ¿Y por qué quienes disponen de capacidad económica, política y diplomática para presionar a Israel convierten su propia responsabilidad en una espera permanente? La libertad de los palestinos no puede quedar suspendida entre dos esferas: que la sociedad israelí vote de otra manera y que los gobiernos que sostienen a Israel decidan algún día dejar de hacerlo. Por eso estoy seguro que no habrá ningún cambio luego de estas elecciones.

Los palestinos no son el decorado en estas elecciones. No son cifras con las que un general pueda construir su futuro político. Mientras en Israel cuentan sus votos, los palestinos seguirán contando sus muertos. Mientras el mundo mira hacia las próximas elecciones israelíes buscando allí una respuesta, el pueblo palestino seguirá haciendo lo que ha hecho generación tras generación: permanecer, organizarse, resistir y luchar por su liberación y su retorno: desde el río hasta el mar.

Monday, October 12, 2026

NEVI PILLAY: NOBEL DE LA PAZ 2026, DIGNA REIVINDICACIÓN DE UN ILUSTRE GALARDÓN

Por: Javier F. Miranda Prieto

Como una necesaria reivindicación, luego del escandalo internacional que ocasionó el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a la cuestionada política conservadora venezolana María Corina Machado, este año el Comité Nobel de Noruega confirió este ilustre galardón a la jurista y académica sudafricana de origen hindú Navi Pillay, "por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional", como lo anunciara el pasado viernes el presidente de la institución noruega, Jorgen Watne Frydnes, que se ha referido a ella como "una de las grandes defensoras de los principios jurídicos internacionales y de los derechos humanos de nuestra época". 

Antes que nada, hay que recordar, que la galardonada jurista sudafricana sucede, en el podio del Nobel, a un cuestionado y rastrero personaje como María Corina Machado, una elección que vino rodeada de polémica, ante la catadura moral de esta representante de la ultra derecha latinoamericana. La Machado en un gesto controvertido e indigno, le entregó a Donald Trump su medalla del Nobel de la Paz 2025 poco después que Estados Unidos secuestrara y encarcelara al presidente venezolano Nicolás Maduro. La decisión de Machado recibió amplias críticas de la clase política noruega y llevó al Instituto Nobel a declarar que el premio es inseparable del ganador e intransferible y que un laureado no puede compartirlo con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado. Trump, que en la actualidad, libra una guerra contra Irán y defiende, igual que Machado, el brutal genocidio que Israel perpetra en Gaza, lleva tiempo anhelando el premio y ha afirmado repetidamente que lo merece. 

        "Navi Pillay nació en el seno de una familia de 

         origen étnico tamil-indio, durante el oprobioso 

         régimen del apartheid, en la ciudad de Durban, 

         Sudáfrica, convirtiéndose en una abogada pionera 

         en el ámbito jurídico en la defensa de los 

         derechos humanos" 

Pero volvamos a la buena noticia de este año, Navanethem "Navi" Pillay, de 85 años, fue jueza de la Corte Penal Internacional CPI y presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. También se desempeñó como Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas ACNUDH y presidió de 2021 a 2025 la Comisión Internacional de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, que incluyó el año pasado que Israel había cometido genocidio en la Franja de Gaz. En la actualidad, es magistrada de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el caso en que la Junta Militar de Myanmar está acusada de genocidio.

En 1994 se produce el genocidio en Ruanda, uno de los mayores
crímenes ocurridos en África. La comunidad internacional a
través del Tribunal Internacional para Ruanda, quiso
reivindicarse ante la pasividad y falta de intervención 
inmediata  demostrada durante esta matanza. 

Navi Pillay nació en el seno de una familia de origen étnico tamil-indio, durante el oprobioso régimen del apartheid, en la ciudad de Durban, Sudáfrica, convirtiéndose en una abogada pionera en el ámbito jurídico en la defensa de los derechos humanos, teniendo que enfrentarse a un sistema de discriminación estructural de segregación y exclusión. Este hilo conductor que va desde sus primeros trabajos en defensa de los activistas anti-apartheid hasta su labor como jueza en los casos internacionales más importantes de nuestro tiempo, la ha convertido en una de las juristas y académicas internacionales más respetadas en el mundo de hoy.

Con este reivindicativo galardón, el Comité Nobel ha querido lanzar un mensaje en tiempos de turbulencias. En una época de violencia, entre los que se incluyen más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo, el derecho internacional ya no es solo un complemento de la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta. Y, sin embargo, el derecho internacional se encuentra sometido a una presión tremenda y sus instituciones están siendo objeto de ataques. Observamos un giro hacia la política del poder y la fuerza, como la demostrada por personajes como Donald Trump, Benjamin Nethanyahu o Vladimir Putin. Cada vez que la fuerza se impone al derecho, se socava la estabilidad, la confianza y la coexistencia pacífica.

        "La historia ha demostrado que un mundo 

         que funciona sin el imperio de la ley es injusto, 

         imprudente e inhumano. Los jueces, aquellos 

        que custodian la delgada línea roja entre 

        el orden y el caos, merecen, por tanto nuestro

        reconocimiento"

Este año el Comité Nobel Noruego había recibido 287 candidaturas para el premio de este año. Entre los que se encontraban la Estación Espacial internacional, los equipos de emergencia humanitaria destacados en Sudán, los defensores de los derechos de los niños en Ucrania y dos de los principales tribunales internacionales.

La historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el imperio de la ley es injusto, imprudente e inhumano. Los jueces, aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos, merecen, por tanto nuestro reconocimiento. Pero hoy, cuando esos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son objeto de ataques, necesitamos personas con valentía, visión y determinación, cualidades que la magistrada Navi Pillay demuestra en su labor como jueza. 

Thursday, October 8, 2026

 ETIOPÍA  HA  VUELTO  A  LA  GUERRA

Por: Javier F. Miranda Prieto

Combatientes del Frente Popular de Liberación de Tigray, en Hawzen, al norte de Etiopía. Cuatro años después
del acuerdo de Pretoria, el ejército federal y las milicias rebeldes se enfrentan en la región de Tigray y en la capital etíope. Foto: Ben Curtis Agencia AP.

Nadie puede afirmar que el regreso a la guerra en la región de Tigray en el norte de Etiopía es una sorpresa, pero no es menos horrible. Las atrocidades que se vivieron en la guerra en Tigray (2020-2022) son demasiado recientes para olvidarlas: la muerte estimada de 600 mil personas, las masacres en Axum y Adigrat, los incesantes ataques con drones contra escuelas, hospitales e industrias, la violencia y agresión sexual a más de 120 mil niñas y mujeres y las desgarradoras consecuencias de la hambruna, que todavía se padece.

En la actualidad, enfrentarse a un nuevo conflicto armado más amplio, a penas cuatro años después de la firma del acuerdo de Pretoria, es catastrófico, y esta vez, amenaza con cruzarse con la metástasis que significa la guerra civil sudanesa. 

El pasado jueves 3 de octubre, el conflicto que se había abierto con varios grupos rebeldes unidos bajo la bandera opositora de la llamada Alianza por la Supervivencia de las Fuerzas Populares de Etiopía, que tiene como fin derrocar al gobierno de Abiy Ahmed, va tomando un cariz de guerra civil prolongada. Hasta el momento las acciones armadas habían ocurrido en le norte del país, pero el jueves se escucharon explosiones en la misma capital Adís Abeba.

       "Ambas partes -el ejército federal de Etiopía y 

        la Alianza opositora dirigida por el Frente de Liberación 

        de Tigray- están tratando de pintar al otro como el agresor,

        y cómo esto se intensifica en el volátil teatro del norte de

        Etiopía, que limita parcialmente con Eritrea y Sudán"

Mientras tanto, el ejecutivo de Ahmed se apresuró a culpar a enemigos externos: expulsó del país a 10 diplomáticos de la vecina Eritrea y a otro diplomático egipcio, a su vez, Egipto contestó haciendo lo propio con diplomáticos etíopes en El Cairo. El domingo pasado, los presidentes de los cuatro países rivales del gobierno etíope de Ahmed se reunieron en la capital egipcia precisamente para definir que hacer con el regreso de esta guerra. Allí estaban Abdelfatha Al-Sisi por Egipto, Issaias Affwerki por Eritrea, Abdelfatha Al-Burhan de Sudán y Hassan Sheikh Mohamud por Somalia.

Etiopía ha vuelto a la guerra en la rebelde provincia de Tigray,
pero en un contexto más complejo de inestabilidad en el
país y en el resto de naciones del Cuerno de África.

Los cuatro líderes lanzaron un mensaje de calma pidiendo desescalar las tensiones, pero a la vez fue una muestra de fuerza, incluyendo en su declaración final que los países costeros del Cuerno de África, son los que deberían tener el control de sus territorios y de sus costas, en un claro mensaje a la ambición de Ahmed para que Etiopía tenga su anhelado acceso al mar vía Somalilandia, la provincia rebelde de Somalia. Este lunes, la muestra de fuerza la hizo el ejército etíope al retomar el control de la ciudad de Mekele capital de la provincia de Tigray, epicentro de la guerra iniciada hace seis años.

Como vemos, la niebla de la guerra es inmensa, y con la situación en el terreno tan fluida, mucho sigue siendo desconocido. Ambas partes -el ejército federal de Etiopía y la Alianza opositora dirigida por el Frente de Liberación de Tigray- están tratando de pintar al otro como el agresor, y cómo esto se intensifica en el volátil teatro del norte de Etiopía, que limita parcialmente con Eritrea y Sudán, la situación se vuelve de gran preocupación. 

        "Pero en Sudán -país que vive tres años una 

         cruenta guerra civil- y ahora en Etiopía, la Unión 

         Africana y las capitales extranjeras han fallado 

         repetidamente en controlar a las fuerzas beligerantes 

         y a sus patrocinadores extranjeros"

Como se recuerda, la guerra en Etiopía, centrada en la provincia rebelde de Tigray, tiene raíces profundas en la estructura política etíope y en el federalismo étnico instaurado en los años noventa, que otorgó autonomía a las regiones pero también consolidó organizaciones armadas y rivalidades históricas. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray TPLF gobernó Etiopía durante tres décadas hasta 2018, cuando Abiy Ahmed asumió como primer ministro y buscó centralizar el poder, marginando al TPLF y a los otros grupos étnicos, provocando tensiones que desembocaron en la guerra de Tigray en noviembre del 2020 hasta la firma del acuerdo de Pretoria en mayo del 2022.

Ataques indiscriminados contra civiles, ejecuciones de 
inocentes y más de 1,6 millón de desplazados, son 
algunos de los nefastos indicadores que ha dejado la guerra 
en Etiopía. Foto del Programa Mundial de Alimentos PMA.

Ahora, la comunidad internacional, o lo que queda de ella, ha respondido instando al dialogo y a que prevalezcan las cabezas más frías. Pero en Sudán -país que vive tres años una cruenta guerra civil- y ahora en Etiopía, la Unión Africana y las capitales extranjeras han fallado repetidamente en controlar a las fuerzas beligerantes y a sus patrocinadores extranjeros. Pretoria ha difundido precipitadamente un documento de cese de hostilidades, un puñado de párrafos vagos que no logran abordar las acusas fundamentales de la guerra. Esta semana un grupo de embajadas emitieron declaraciones condenatorias y la de Estados Unidos ofreció un apoyo completo a Abiy, pero cualquier proyecto de intervención real sigue siendo escaso. 

Lo que debe quedar claro, es que esta guerra del 2026 no es la del 2020, porqué este conflicto en cascada etíope ocurre con Sudán y el Mar Rojo en llamas. Durante los dos últimos años, los temores de un renovado conflicto tigrano-etíope-eritreo se han centrado en su convergencia con la inestabilidad más amplia en el Cuerno de África, con la guerra civil internacionalizada en Sudán y las potencias regionales enfrentadas del Golfo y Medio Oriente respaldando a sus protagonistas. 

         "Hoy en día, varias guerras están en marcha a la vez, 

          con una gran cantidad de patronos, ningún mediador 

          capaz de ponerle fin y unos márgenes muy delgados 

          entre el conflicto de Etiopía y otros que se desarrollan 

          en la región"

Desde fines de 2025, Etiopía se ha movido más directamente hacia el apoyo a las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF, las milicias mercenarias sudanesas, con quienes comparte el mismo pagador emiratí, albergando un campamento financiado por los Emiratos Árabes Unidos, cerca de la frontera sudanesa. Al mismo tiempo, un aliado del ejército sudanés, Egipto, ha buscado agresivamente el cerco de Etiopía por disputas sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope GER y la cuenca de agua del Nilo, forjando vínculos más estrechos con Eritrea y en menor medida con Somalia y Yibuti.

Aunque este conflicto está íntimamente moldeado por causas etíopes, puede asumir rápidamente las características intratables que han dominado la guerra en Sudán. Los patronos externos complicarían aun más el campo de batalla, haciendo que un acuerdo negociado sea más difícil de alcanzar y una escalada militar más fácil de mantener. Con los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita enfrentándose a través del Mar Rojo y el Golfo de Adén, un nuevo conflicto ofrece más espacio en la guerra de Etiopía. Aún así, es pronto, y queda por ver como la guerra en Sudán influye en la situación de Etiopía, pero la perspectiva de una cadena de conflictos que se extiende desde Chad hasta la frontera de Yibuti es estremecedora.

Si esto se convierte en un conflicto más amplio, y los augurios son sombríos, no seguirá el guion de 2020. Entonces, la guerra estaba ampliamente contenida dentro de las fronteras de Etiopía. Hoy en día, varias guerras están en marcha a la vez, con una gran cantidad de patronos, ningún mediador capaz de ponerle fin y unos márgenes muy delgados entre el conflicto de Etiopía y otros que se desarrollan en la región. Pero, con la memoria de los horrores del 2020-2022 y los que ocurren en el vecino Sudán, Etiopía ha vuelto a la guerra.