Wednesday, February 11, 2026

 

SOMALIA¿EL NUEVO PROTECTORADO TURCO EN EL CUERNO DE ÁFRICA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Base militar turca en Mogadiscio, conocida como Tuksom. En las últimas décadas, las diversas actividades militares
y económicas turcas en Somalia se han intensificado y diversificado con gran rapidez. Convirtiendo a Somalia,
 en un protectorado turco en el Cuerno de África.

No es novedad el hecho de que ha comenzado la carrera por la hegemonía en África por parte de las grandes potencias, pasando a menudo desapercibidas las potencias medianas. Sin embargo, su papel es muy relevante para la configuración del continente y para su propia política exterior. Desde hace años Turquía viene ejecutando una estrategia orientada a la expansión en las zonas del Medio Oriente, Asia y África en detrimento de Europa.

El Cuerno de África es una región de enorme valor estratégico en la que las grandes y medianas potencias se han expandido, pero el caso de Somalia estaba menos disputado por la larga inestabilidad y violencia que padece desde hace décadas. Sin embargo, esto no parece haber supuesto un inconveniente para los turcos, que han demostrado poder moverse en terrenos inestables como el caso de Libia llevando a cabo una estrategia de expansión en todos los ámbitos de la política somalí.  

La noticia se publicó hace una semana pero pasó casi desapercibida, el cable señalaba que el despliegue de tres cazabombarderos F-16 por parte de Turquía en Mogadiscio capital somalí, “tenía como objetivo proteger las inversiones turcas en energía y puertos espaciales”. También se citaba una declaración turca que reafirmaba la integridad territorial de Somalia en medio del reconocimiento de Somalilandia, la provincia rebelde somalí, por parte de Israel y se comprometía a apoyar la lucha contra el terrorismo yihadista, insinuando que planea desempeñar un papel más importante en dichas misiones en territorio somalí. El medio añadió que Turquía ya cuenta con drones armados y helicópteros artillados en Mogadiscio.

                               “Ankara ha entrenado a miles de soldados

                                 somalíes, lo que representa un tercio de

                                     su ejército…además, Turquía recibe

                                      la friolera del 90% de los ingresos

                                         de Somalia por petróleo y gas”

Recordemos, que este país euro-asiático opera actualmente una gran base militar instalada en la capital somalí, mientras que empresas turcas administran tanto el aeropuerto como el principal puerto de la ciudad. Ankara también ha entrenado a miles de soldados somalíes, lo que representa aproximadamente un tercio del ejército de Somalia, tanto en Turquía como en su base de Mogadiscio, conocida como Turksom. Cabe mencionar además que, según se informa, Turquía recibirá la friolera del 90% de los ingresos de Somalia por petróleo y gas en alta mar según el acuerdo desigual firmado en 2024.

Turquía ha intensificado su presencia en África.
Entre los países africanos en los que Turquía está
aumentando su influencia, Etiopía, Libia y Somalia son los
más cruciales desde el punto de vista estratégico.

En realidad, este conjunto de hechos sugiere de forma convincente que Somalia se ha convertido en un protectorado turco de facto en pleno Cuerno de África, lo que intensifica la rivalidad entre Turquía e Israel tras el reconocimiento de Somalilandia por parte del gobierno sionista. Si bien algunos niegan la existencia de dicha rivalidad, ya que Turquía siguió permitiendo el transito del petróleo azerbaiyano por su territorio rumbo a Israel durante los bombardeos a Gaza, esto es tan deshonesto como afirmar que Rusia y la OTAN no son rivales porque Rusia aún vende parte de su petróleo y gas a los miembros europeos del bloque. No hay que confundir la amistad o enemistad entre países, con la defensa de sus propios intereses económicos.

Tras aclarar este importante detalle, es posible que el despliegue de los famosos F-16 de Turquía en Mogadiscio forme parte de sus preparativos para una campaña militar contra Somalilandia, alineada con Israel, cuyo yacimiento de petróleo y gas en alta mar Ankara considera suyo tras su acuerdo con Mogadiscio. Para evitar malentendidos, dicha campaña podría no ser inminente ni inevitable, pero el mes pasado se evaluó que la naciente “OTAN islámica” -proyecto de alianza militar en desarrollo formado por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía- podría pronto poner la mira en Somalilandia.   

                             “Somalia se ha convertido en un protectorado

                                  turco de facto en pleno Cuerno de África,

                                       lo que intensifica la rivalidad entre

                                   Turquía e Israel tras el reconocimiento

                           de Somalilandia por parte del gobierno sionista”

La idea principal es que la alianza de Turquía con Somalia podría combinarse con la alianza, supuestamente planeada, de Arabia Saudita con Somalia y Egipto, así como con la alianza firmada en setiembre pasado con Pakistán, que también es aliado de Turquía y firmó su propio pacto de seguridad con Somalia el año pasado, para crear una alianza contra Israel. Como se sabe, los cinco países islámicos están en desacuerdo con Israel por diversas razones, por lo que comparten el interés político de ayudar a Somalia a reconquistar Somalilandia para asestar un golpe simbólico al estado judío por estos medios.

Estados unidos es consciente de todo esto, sobre todo porque sigue siendo el principal socio antiterrorista de Somalia, a pesar de los duros comentarios de Trump sobre este país y su población. Sin embargo, aún no ha reaccionado a esta emergente alianza anti-Somalilandia ni al despliegue de los aviones F-16 de Turquía a Somalia. Esto sugiere una aprobación tácita (al menos por el momento), lo que podría generar un dilema de seguridad entre la “OTAN islámica” y Etiopía, un país sin litoral, cuyo líder busca diversificar su independencia de Yibuti para acceder al mar.

La pequeña Yibuti puede considerarse parte de este bloque debido a sus recientes acuerdos portuarios con Arabia Saudita y Egipto, mientras Eritrea y Sudán ya son aliados de Egipto, que también tiene tropas en Somalia con el pretexto de combatir el terrorismo. El resultado final es el surgimiento de una alianza regional contra Somalilandia, cuya posible reconquista por parte de Somalia, llevaría a este bloque a controlar la única ruta alternativa de Etiopía al mar, lo que podría llevar a su posterior subordinación. Con ello estaríamos confirmando la existencia de Somalia como protectorado turco de facto en pleno Cuerno de África.

Monday, February 9, 2026

 

LA CUENCA DEL LAGO CHAD:               

LA YIHAD LLEGÓ PARA QUEDARSE

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El ejército chadiano sostuvo en el mes de enero un enfrentamiento armado con miembros de la banda Boko Haram. 
En los últimos años África está siendo víctima de un crecimiento de grupos terroristas.
Hay una zona como es la cuenca del lago Chad, que sin que se le preste demasiada 
atención está siendo devastada.

África es hoy un escenario de inmensos contrastes, marcados por destacados avances -datos macroeconómicos, crecimiento demográfico e inmensas infraestructuras-, pero también por significativos retrocesos, donde la conflictividad y la violencia -las amenazas más persistentes- adquieren un dramático protagonismo, especialmente en las regiones del sahel occidental, el Magreb, el centro de África, el Cuerno Africano, Mozambique y la Cuenca del Lago Chad.

En estas zonas africanas, las duras condiciones de vida; la falta de expectativas, en especial en la juventud; la pobreza endémica y la crisis de estabilidad, han generado un terreno fértil para la proliferación de conflictos armados, el crimen organizado y en especial el terrorismo de carácter yihadista, generando un triángulo pernicioso que socaba la convivencia, la seguridad y el desarrollo africano.

Aunque una parte significativa de la atención internacional se centra actualmente en las acciones yihadistas en el sahel central y su posible extensión hacia el sur, la cuenca del lago Chad, una vasta área que abarca el noreste de Nigeria, la región de Diffa en la República de Níger, el extremo norte de Camerún y una parte del oeste de Chad, se está convirtiendo, peligrosamente, en un foco de violencia fundamentalista.

En esta zona, las dos facciones del movimiento yihadista, a menudo designado como Boko Haram, siguen causando graves estragos. Uno de estos dos grupos, la Provincia del África Occidental del Estado Islámico ISWAP, ocupó el primer lugar entre las llamadas “provincias” del estado Islámico en todo el mundo, tanto en el número de ataques revindicados (445) como en víctimas (1552) durante el año 2025. Durante este mismo periodo, el Estado Islámico de la Provincia del Sahel ISSP, la otra facción de la banda fundamentalista, se atribuyó “solo” 40 ataques y 535 muertos. En estas primeras semanas de 2026, los yihadistas de la cuenca del Chad han emprendido un esfuerzo renovado contra objetivos militares especialmente en Nigeria y Camerún. La situación se ha vuelto tan grave, que el pasado 8 de enero, el gobernador del estado nigeriano de Borno, la región de Nigeria más afectada por las dos facciones de Boko Haram, anunció que las autoridades y el ejército estaban perdiendo terreno.  Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿Qué está sucediendo en la cuenca del lago Chad?, ¿Qué explica la nueva oleada de atentados contra los militares? y ¿Qué dice estas acciones sobre la evolución de la insurgencia yihadista en la región?

                “Las duras condiciones de vida; la falta de expectativas,

                      en especial de la juventud y la pobreza endémica

                  han generado un terreno fértil para la proliferación

                                del terrorismo de carácter yihadista”

La insurgencia en la cuenca del lago Chad estalló en 2009, cuando los seguidores de un predicador salafista de línea dura, Mohammad Yusut, funda la banda armada Boko Haram, iniciando un levantamiento fundamentalista en varias ciudades del noreste de Nigeria. Aunque el levantamiento fue reprimido y el propio Yusut fue ejecutado por la policía nigeriana, sus seguidores se reorganizaron con cierto apoyo y asesoramiento de Al Qaeda, bajo el liderazgo de Abubakar Shekau, transformándose en una organización terrorista urbana. Después de ser expulsada de las ciudades, la banda se reasento en áreas rurales iniciando una guerra de guerrillas que finalmente se extendió a las zonas fronterizas de los países vecinos (Níger, Camerún y Chad), por toda la cuenca del Chad, donde Yusut había cultivado un grupo de seguidores.  Hasta el 2015, este movimiento yihadista experimentó una espectacular expansión militar, expulsando al ejército nigeriano de varias ciudades del noreste.

Ese mismo año, con la esperanza de recibir ayuda y tratando de apaciguar las disidencias internas, Shekau jura lealtad al “Califa” del Estado Islámico, convirtiéndose en ISWAP. Sin embargo, a partir de 2018, el ejército nigeriano comienza a contraatacar, apoyado por una empresa militar privada sudafricana y por los Estados vecinos, que coordinaron con Nigeria para establecer una coalición militar. Dando inicio a un proceso de avances y retrocesos tanto en las acciones de la banda yihadista como en la ejecutoria de los ejércitos de la zona. Las pugnas y divisiones internas del grupo terrorista y los cambios de gobierno tanto en Nigeria como en los países que conforman la cuenca del lago Chad, debilitaron las estrategias militares y el éxito de las acciones armadas en ambos bandos.

Solía ser el sexto lago más grande del mundo. Pero ahora el 
lago compartido por Chad, Níger, Nigeria y Camerún es
como un collage inmenso de charcas y zonas desérticas.

El notable aumento de la actividad yihadista que comenzó en abril de 2025 en la cuenca del Chad se debe casi y exclusivamente a las acciones del ISWAP, la facción alineada con el estado Islámico. Los mismos grupos terroristas han circulado amplia información de sus operaciones armadas, destacando saqueos de pueblos, ataques armados y asesinatos selectivos. Lo que distingue a la actual ola de ataques yihadistas no es solo el gran volumen de acciones armadas  revindicados por ISWAP, sino el hecho de que muchas de estas acciones se han dirigido contra posiciones militares y objetivos estratégicos, muchos de ellos bastantes impactantes.

                               “La cuenca del lago Chad, una vasta área que abarca

                             el noreste de Nigeria, la región de Diffa en la República

                                 de Níger, el extremo norte de Camerún y una parte

                            del oeste de Chad, se está convirtiendo, peligrosamente,

                                           en un foco de violencia fundamentalista”

Este resurgimiento de atentados terroristas se debe a una variedad de factores, tanto del propio ISWAP como de la respuesta de Nigeria y de los demás estados de la cuenca del Chad. En primer lugar, esta situación es intrínseca a la naturaleza de la guerra de guerrillas: los guerrilleros o milicianos yihadistas se suelen esconder, esperan, se agrupan, se adaptan a la postura de los ejércitos estatales, probando nuevas estrategias y tácticas. Dominan los espacios conquistados. Controlando importantes áreas rurales, aprovechándose de su población y de su economía para obtener impuestos, suministros y mano de obra. Además, ISWAP ha mantenido conexiones con el Estado Islámico, que anteriormente habían demostrado ser cruciales para ayudarlo a mejorar su desempeño militar.

Existen razones convincentes para creer que el Estado Islámico ha sido clave en el asesoramiento para las innovaciones tácticas y el uso de tecnología militar de avanzada. La utilización por parte de las bandas yihadistas de instrumentos de visión nocturna y de drones artillados que sirven para lanzar explosivos contra campamentos militares de los ejércitos combinados de los países de la cuenca del Chad, son indicativos del avance y el reforzamiento de posiciones de estas bandas armadas.

Por otro lado, los ejércitos de los países de la cuenca del Chad, se han visto sacudidos por descoordinaciones y debilitamiento en la respuesta militar ante las acciones yihadistas. Las autoridades nigerianas, en las últimas semanas, han estado transfiriendo, algunos de sus activos militares del noreste, escenario del conflicto, a otros lugares, para enfrentar otros problemas de seguridad, especialmente en el noroeste, donde el bandidaje, el secuestro y el conflicto entre agricultores y pastores se combinan para degradar las condiciones de seguridad.

                             “La creciente inquietud y malestar en la cooperación

                                  entre los estados de la cuenca del lago Chad no

                                  está ayudando. Esta situación conflictiva entre

                                   los estados de la región, podrían infringir un

                                   grave daño a la moral del ejército nigeriano” 

Adicionalmente, la creciente inquietud y malestar en la cooperación entre los estados de la cuenca del lago Chad no está ayudando. En particular, el golpe de estado en Níger y el rechazo inicial del recién elegido presidente nigeriano Bola Tinubu contra la junta nigerina crearon una ruptura que dura hasta hoy entre Niamey y Abuja. A pesar de varios esfuerzos para mejorar las relaciones entre los dos países, a partir de este año, el líder de la Junta nigerina seguía acusando a Nigeria de organizar reuniones en Abuja con potencias occidentales hostiles y  elementos yihadistas para conspirar contra Níger.

La cuenca del lago Chad, una región del sahel golpeada por 
la seguía y la violencia yihadista, podría convertirse en
un territorio de éxodo masivo de migrantes.


Asimismo, las relaciones de Nigeria con Chad han sido menos estables desde la muerte del presidente chadiano Idriss Déby: su sucesor e hijo no ha ocultado su frustración por el manejo de Nigeria de la crisis con Boko Haram y parece contento en centrarse solo en el propio territorio chadiano. Solo Camerún parece comprometido en ayudar a Nigeria a afrontar la crisis de violencia armada. Esta situación conflictiva entre los estados de la región, podría infringir un grave daño a la moral del ejército nigeriano y a la estrategia anti-subversiva diseñada para combatir a estas bandas armadas.

La evolución de la situación en la región del lago Chad va depender de muchos factores. Parece que Nigeria ha consolidado nuevamente su capacidad aérea, en especial en el estado de Borno. Sin embargo, el problema sigue siendo la postura fundamentalmente defensiva de Nigeria, incluso cuando los ataques aéreos pueden infligir graves daños a las huestes yihadistas, no desafían el dominio territorial mantenidas por las huestes fundamentalistas en importantes áreas rurales, incluyendo el estado de Borno. Esta debilidad del ejército regular podría generar una consolidación territorial de las milicias del ISWAP, con el agravante de crear una posible tercera provincia autónoma, bajo el control de la banda armada,  en el mismo estado de Borno.

                                  “La continuación de esta “guerra civil” yihadista,

                                tendrá un alto costo para ambos grupos disidentes.

                           Sin embargo, si una facción prevaleciera o se alcanzara

                                un acuerdo entre ellas, el peligro para los estados

                                       del lago Chad aumentaría enormemente”

Entre otras incertidumbres importantes, la evolución de la relación de las facciones de Boko Haram, y la preeminencia del ISWAP es, sin duda, un factor clave, dado que estas ramas yihadistas son más hábiles para destruirse mutuamente que el ejército. La continuación de esta “guerra civil” yihadista, tendrá un alto costo para ambos grupos disidentes. Sin embargo, si una facción prevaleciera o se alcanzara un acuerdo entre ellas, el peligro para los estados del lago Chad aumentaría enormemente.

Otro factor preocupante, es la proliferación de otros grupos de milicianos islámicos en Nigeria. Esto incluye al establecido Ansaru, una filial de Al Qaeda que tiene una presencia discreta en el centro nigeriano; los misteriosos Lakurawa, que han mudado de Mali a los estados de Nigeria de Sokoto y Kebbi y que algunos observadores asocian con una rama radical de Al Qaeda y Darusalam, un grupo independiente ubicado en la frontera de la República de Benín. La información sobre estos grupos es escasa y a menudo contradictoria, lo que en sí mismo constituye una realidad preocupante.

En cualquier caso, tanto ISWAP como las otras facciones de Boko Haram, parecen haberse arraigado en las zonas rurales del noreste nigeriano, transformándose, según los estudiosos del tema, en sociedades egocéntricas, es decir, que administran su propio territorio y su propia economía. Gracias al estado Islámico, estos grupos han logrado la capacidad de recuperarse y adaptarse a los cambios en la estrategia y en las tácticas del ejército nigeriano. Lo cierto es que a medida que continúe evolucionando, la yihad en la cuenca del lago Chad llegó para quedarse.   

Saturday, January 31, 2026

UGANDA: UN CASO DE “GERONTOCRACIA” Y ESTABILIDAD COLONIAL

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El pasado 15 de enero, los resultados electorales para presidente en Uganda, se recibieron sin sorpresa alguna.
Yoweri Museveni el eterno presidente de 81 años, logró su cuestionado séptimo mandato, prolongando sus casi 40 años consecutivos en el poder. Ejemplo nocivo de una gerontocracia colonial. 

Uganda está atravesado por el extractivismo petrolero, la militarización de la política y una democracia sin alternancia real. Las últimas elecciones revelaron que el conflicto en Uganda no es solo político, sino histórico: soberanía o subordinación.

Yoweri Museveni encarna, tras casi cuatro décadas en el poder, una paradoja africana: garante de estabilidad para el orden político regional y, al mismo tiempo, símbolo de una gerontocracia que gobierna un país joven, con conflictos sociales irresueltos escondidos detrás de una falsa estabilidad económica sustentada por negocios relacionados con el expolio de sus recursos naturales. Se sabe, que occidente a sus cómplices regionales, los ayuda para mantener esta estabilidad, muchas veces se habla de la “trampa de la deuda china” pero poco de las cadenas que aprietan a los pueblos, a través del FMI y el Banco Mundial donde las potencias occidentales tienen sus negocios.

El viejo Museveni gobierna Uganda desde 1986. Cuando llegó al poder, la Guerra fría ordenaba el mundo, el apartheid seguía en pie en Sudáfrica y buena parte del continente africano buscaba reconstruirse tras décadas de dictaduras y guerras civiles. Luego del gobierno instable y corrupto de Milton Obote (1966-1980), le siguió el régimen de terror del caricaturesco Iddi Amin Dada (1971-1979), y para terminar en la dictadura de los hermanos Basilio y Tito Okello (1984-1986). En ese contexto, Museveni se presentó entonces, como un líder de unidad nacional, un restaurador del orden tras el caos.  Durante años fue leído como parte de la generación que había logrado estabilizar Estados frágiles. Hoy, casi cuarenta años después, su figura se  ha transformado en otra cosa: en el rostro de una gerontocracia que gobierna un país joven con las herramientas del miedo y la coacción.

Uganda tiene una de las poblaciones más jóvenes del continente: más del 75% de sus habitantes es menor de 30 años. Hablamos entonces de una generación que no vivió la cruenta guerra civil que Museveni utiliza como legitimación histórica. Pero que si vive, en cambio, una época en donde el desempleo estructural, la informalidad, la represión policial y un sistema político que no ofrece alternancia real, es la moneda corriente en estos días. En ese choque entre un poder que administra el pasado y una sociedad que exige futuro, se juega el núcleo del conflicto ugandés.

                          “Museveni, durante años fue leído como

                                        parte de la generación que había

                                     logrado estabilizar Estados frágiles.

                                Hoy, cuarenta años después, su figura es 

                            el rostro de una gerontocracia que gobierna

                                un país joven con las herramientas del

                                                 miedo y la coacción”

Las elecciones del pasado 15 de enero cristalizaron esa tensión. La controlada Comisión Electoral declaró vencedor a Museveni con más del 70% de los votos frente al opositor Bobi Wine, popular músico convertido en líder político y símbolo de la ruptura generacional. Wine denunció que el proceso fraudulento había sido “una operación militar con papeletas de votación”, una frase que recorrió el país como síntesis de la experiencia social de los comicios.

En este contexto, Bobi Wine no es un simple opositor. Es un símbolo generacional. Un músico nacido en los barrios pobres de Kampala, convertido en dirigente político y que expresa una ruptura cultural con la elite militar que gobierna desde los años ochenta. No viene de los cuarteles ni de la vieja política: viene de la calle, de la música popular, del lenguaje cotidiano de los jóvenes. Por eso el Estado no lo trata como un adversario, sino como una amenaza sistémica.

Uganda a pesar de ser un país sin salida al mar, es un 
territorio estratégico, limitando con seis países del 
centro y oriente africano y por sus reservas petroleras.

Pero Uganda no puede leerse solo desde las urnas o desde la competencia política. Lo que ocurre en Kampala es inseparable de su rol geopolítico regional, de su economía dependiente y de su lugar en el mapa del poder global. Este país del oriente africano, suele ser presentado como una isla de calma en una región donde el conflicto parece regla. 

Cuando Somali vuelve arder, cuando el este del Congo se hunde en una violencia interminable o cuando Sudán se sigue fragmentando en guerras superpuestas, Kampala aparece como el punto fijo del mapa, como el país que resiste, como el ejemplo de estabilidad. Pero esa estabilidad no es un estado natural ni una conquista social profunda. Es una estabilidad colonial, un contrato político. Y como todo contrato desigual, tiene imposiciones, clausulas invisibles.

Uganda ofrece a sus protectores, previsibilidad, cooperación militar y apertura al capital extranjero. A cambio recibe indulgencia diplomática, tolerancia frente a la represión interna y una narrativa internacional que la protege del aislamiento. El problema es que esa estabilidad está pensada para el tablero regional y para los socios externos, no para la gran masa de su población. La vida real de la mayoría de los ugandeses transcurre lejos de los discursos sobre orden. Su lucha diaria es contra: el desempleo juvenil, la informalidad estructural, el endeudamiento doméstico, la falta de servicios mínimos y un sistema político represivo que se ha ido cerrando sobre sí mismo.     

Uganda carga con una herencia colonial que nunca fue desarmada. La independencia de 1962 no colonizo esa arquitectura de dependencia: la heredó. Cambiaron los administradores no la lógica. Y cuando Museveni llegó al poder en 1986, el relato de la “reconstrucción nacional” se montó sobre una promesa ambigua: estabilidad interna a cambio de integración disciplinada al orden global. Entiéndase, seguir las órdenes de las potencias occidentales: Estados Unidos, la antigua metrópoli (Reino Unido) y los miembros de la UE.

En África oriental, estabilidad y seguridad se confunden. Uganda no es solo un país, es una plataforma militar regional. Durante años aportó miles de soldados ugandeses a las misiones militares africanas en Somalia y se transformó en una pieza clave del sistema de control territorial frente a las insurgencias y colapsos estatales.

                        “Lo que ocurre en Kampala es inseparable

                            de su rol geopolítico regional. Cuando Somali

                                vuelve arder, cuando el este del Congo se

                                  hunde en una violencia interminable o

                                   cuando Sudán se sigue fragmentando,

                              Kampala aparece como el país que resiste,

                                        como el ejemplo de estabilidad”

En la última década, Uganda se convirtió en una plataforma de lanzamiento de movimientos guerrilleros, apoyados por los Estados Unidos o sus aliados, en Sudán, Ruanda o la RD del Congo. La militarización del régimen ugandés fue parte integral de la política exterior de los EE.UU. Tanto la Casa Blanca como el Reino Unido apoyaron la expansión, crecimiento y equipamiento del ejército de Uganda, convirtiéndolo en el partido político y en el único sustento del régimen de Museveni.

Años después, con el despertar del yihadismo en la región del oriente africano, Uganda se convirtió en pieza clave para la defensa de los intereses occidentales en esta parte de África, esta vez contra el terrorismo integrista de Al Shabab en Somalia y sus repercusiones en Kenia, Etiopía o Eritrea.

Como vemos, Uganda no es un caso aislado, es un espejo del colonialismo contemporáneo. Ya no se gobierna con administradores coloniales, sino con élites locales integradas al sistema local de seguridad y extracción. Ya no se domina con banderas extranjeras, sino con deuda, cooperación militar, infraestructura para exportar y una narrativa internacional que premia el sometimiento por encima de la justicia social.

                               “Uganda ofrece a sus protectores,

                                    previsibilidad, cooperación militar y

                                         apertura al capital extranjero.

                               A cambio recibe indulgencia diplomática,

                                 tolerancia frente a la represión interna

                                       y una narrativa internacional que

                                             la protege del aislamiento” 

La pregunta central no es si Museveni ganó o si Beni Wine resiste. Es qué tipo de país produce este contrato, este tipo de relación colonial: un Estado que sirve al orden regional externo y una juventud que a la que se le exige paciencia como si la paciencia fuera política pública.

Uganda puede seguir pareciendo estable por un tiempo. Pero la estabilidad construida contra la mayoría social es frágil y colonial. Se sostiene mientras el miedo sea más fuerte que la esperanza. Y el problema para cualquier gerontocracia es que la esperanza, cuando se vuelve generacional, no se desactiva con discursos vacíos ni con fusiles.  

Thursday, January 29, 2026

 

EL CONGO, RUANDA Y EL TIRANO CONSENTIDO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El mítico Salón Oval de la Casa Blanca, ha sido varias veces escenario de las conversaciones entre Donald Trump y
el dictador ruandés Paul Kagame, evidenciando las estrechas relaciones
entre Washington y el tirano consentido de occidente.

El dictador Paul Kagame de Ruanda, ha sabido explotar el complejo de culpa que tiene la comunidad internacional, por no haber evitado a tiempo, el genocidio de 1994 contra los tutsis para obtener el apoyo y la financiación a su régimen, que en la actualidad viene ocupando impunemente la región oriental de la República Democrática del Congo de la mano de los paramilitares del M 23.

Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu, capitales de las provincias de Kivu norte y sur respectivamente, fueron tomadas a sangre y fuego por las hordas asesinas de las milicias del Movimiento 23 de Marzo -M23- ejercito mercenario que responde a órdenes de la vecina Ruanda. Fue la última acción expansionista que padece, desde hace más de 30 años, este gigante país del centro africano. La retórica oficial ruandesa para invadir a su vecino está en el miedo a una posible invasión hutu desde territorio congolés y que provoque un segundo genocidio, pero la realidad es el interés económico por los minerales presentes en la región oriental del Congo (las dos provincias de Kivu).

Ruanda no tiene recursos minerales propios, pero el subsuelo congoleño tiene los minerales más valiosos del mundo como: oro, cobalto, diamantes y, sobre todo, dos terceras partes del coltán que hay en el planeta. Estos son vitales para la transición energética, especialmente para las baterías eléctricas, teléfonos móviles y se calcula que todos los minerales del Congo equivalen al valor de la economía de los Estados Unidos.

Este conflicto asimétrico entre Ruanda y el Congo no es nuevo. Ya en 1996, el gobierno de Kagame invadió junto con su compañero de aventuras, Uganda, el este del país vecino en lo que se consideró la Primera Guerra del Congo. El dictador ruandés acusaba a Mobutu Sese SeKo, el otrora aliado de Francia y tirano congoleño, de dar cobijo a los milicianos hutus que habían dirigido el genocidio en Ruanda contra la minoría tutsi dos años antes y que acabaron con la vida de más de 800 ml personas y decidió apoyar al guerrillero Laurent-Desiré kabila.

Estos ayudaron a la resistencia congoleña a derrocar a Mobutu y vencer, pero en 1998, poco más de un año después, Kabila, ya como presidente, decide desprenderse de la influencia de Ruanda y Uganda y acabó provocando una nueva rebelión que derivó en la Segunda Guerra del Congo (1998-2002), la más mortal que duraría cuatro años y que involucró a nueve países africanos.

                       “Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu,

                                  fueron tomadas a sangre y fuego por las

                                   hordas asesinas de las milicias del M23,

                                       ejercito mercenario que responde a

                                              órdenes de la vecina Ruanda”    

Tras la paz, la tensión y la violencia ha continuado con la aparición del autodenominado M23, que surgió de las críticas por la falta de integración de los tutsis en el ejército congoleño liderado por el presidente Joseph Kabila, hijo del primero. En 2012 consiguieron hacerse con Goma, pero la retirada de los más de 270 millones de dólares en ayuda internacional al gobierno de Kabila hizo que se forzara un acuerdo tácito para dejar de financiar al M23, que acabó derrotado.

Nueve años después, el M23 resurgió de sus cenizas en 2021 tras las diferencias con Félix Tshisekedi, el actual mandatario congoleño, y ya desde el 2023 se rumoreaba que la banda armada podría hacerse con Goma. Desde hace un año ya han vuelto a conseguirlo y ya controlan Kivu Norte, un extenso territorio y la provincia de Kivu Sur, una zona igual de grande.

La retórica oficial ruandesa para invadir reiteradamente a su vecino está en el miedo a que se reedite la violencia inter-étnica en su territorio, pero como señalábamos líneas arriba, la realidad es el interés económico por los recursos minerales que posee la RD del Congo.

Aun así, si miramos el mapa, llama la atención que un país como Ruanda con un tamaño menor a Bélgica y una población de apenas 15 millones de personas pueda invadir sin contestación una región rica en minerales en un país con más de 100 millones de habitantes y una superficie total que suma a todos los países de Europa occidental.

Las estratégicas provincias de Kivu Norte y Sur, son grandes
productoras de minerales para la transición energética.

Para poder entenderlo hay que comprender el poder geopolítico que Kagame ha sabido granjearse. El dictador ruandés ha logrado explotar la culpa de la comunidad internacional por no evitar el genocidio de 1994 contra la población tutsi, para obtener todo el apoyo y ayuda financiera, comercial y diplomática a su régimen. Durante más de 30 años en el poder, Kagame logró estabilizar económica y políticamente su país, a costa de sus inocultables ambiciones autoritarias y expansionistas. Paul Kagame, quiso poner fin al genocidio que sufrieron los ruandeses reescribiendo la historia desde la perspectiva del vencedor, imponiendo a su pueblo un régimen represivo y autoritario a cambio de una aparente estabilidad. 

                                  “La retórica oficial ruandesa para invadir

                                        a su vecino está en el miedo a una posible

                                         invasión hutu desde territorio congolés,

                                         pero la realidad es el interés económico

                                        por los minerales presentes en la región

                                                            oriental del Congo”

El 40% del presupuesto anual del gobierno ruandés viene de los cerca 1,300 millones de dólares de ayuda al desarrollo que recibe de sus socios internacionales, principalmente de los Estados Unidos, que aporta 174 millones, casi tres veces más que Japón y Alemania. Francia también es un socio vital tras retomar relaciones diplomáticas en 2019 y dar en seis años 500 millones de dólares en ayuda al desarrollo, así como Reino Unido, que más allá de los casi 40 millones de dólares anuales, ha tenido una estrecha relación bajo gobiernos conservadores que han legitimado al país africano como un lugar seguro con su acuerdo para expatriar inmigrantes irregulares.

Todo ese dinero le ha servido, al tirano consentido de occidente, para limpiar su imagen bajo la propaganda Visit Rwanda, el lema turístico que se puede ver en todo el mundo como: en las mangas de los equipos de futbol como el Paris Saint-Germain, el Arsenal y otros. El ejecutivo ruandés ha sabido posesionar a Kigali, la capital ruandesa, como la sede de eventos internacionales y ha llegado a acuerdos con la NBA para acoger las finales de la máxima competición continental de baloncesto africano, el Congreso Anual de la FIFA o el Mundial de Ciclismo en Ruta.

                                        “Tampoco es descabellado pensar

                                            que Kagame acabe controlando con

                                              el M23 las regiones estratégicas de

                                                 Kivu Norte y Sur de facto, como

                                                  Rusia ha hecho en localidades

                                         del Dombás o Israel con los territorios  

                                                          ocupados en Palestina”

Ahora, todo ello podría estar en jaque. El Ministro de Exteriores británico, el laborista David Lammy, ha avisado a Kagame que podría perder los mil millones de dólares de ayuda al desarrollo si no deja de apoyar a la banda armada de mercenarios M23. Eso ya ocurrió en el 2012, pero esta vez Kagame se considera en una posición más fuerte.

El presidente ruandés ha calculado que en esta oportunidad no le darán la espalda. La influencia, el discurso y los planes esbozados por Donald Trump para África, parece que lo han convencido. Trump ha criticado al gobierno congoleño lanzando bulos sobre que Kinshasa ha enviado a sus presos comunes a Estados Unidos como inmigrantes irregulares. Además, el Acuerdo de Paz y Prosperidad auspiciado por Trump, que involucran a Runda y el Congo, tiene un sesgo evidente a favor de su aliado ruandés. Kagame puede haber valorado que Trump, amigo de las grandes empresas tecnológicas, podría preferir asegurarse los minerales con el control de Ruanda y Uganda y no del Congo, tema que no se define en el mencionado Acuerdo, y  obviando con ello la integridad territorial congoleña.

Sea como fuere, de los socios internacionales dependerá el futuro escenario regional. La posibilidad de una Tercera Guerra del Congo con participación continental no se puede descartar, aunque es difícil pensar en un ataque coordinado contra el ejército de Ruanda. Así pues, tampoco es descabellado pensar que Kagame acabe controlando con el M23 las regiones estratégicas de Kivu Norte y Sur de facto, como Rusia ha hecho en localidades del Dombás o Israel con los territorios ocupados en Palestina.

Aun así, la retirada del financiamiento internacional a Ruanda, luego de un año de la invasión -y por lo tanto a sus aliados del M23, como ocurrió en el 2012- sigue siendo poco probable, pero no es de descartar que Kagame, con apoyo norteamericano, use su poder para acordar un alto al fuego que le dé amplias concesiones sobre las zonas mineras a cambio de un repliegue militar estratégico. Como vemos, las opciones están abiertas y más aún, sabiendo que Kagame sigue siendo el tirano consentido de occidente.  

Tuesday, January 27, 2026

 TRUMP EN ÁFRICA: ¿ESTRATEGIA O EXTORSIÓN?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Donald Trump está convencido que cambiará las relaciones de Estados Unidos y África.
La nueva centralidad que goza África en el escenario mundial, requerirá adaptarse
a la nueva política que emprenderá la Casa Blanca en el continente.

En medio de un comienzo de año turbulento -Venezuela, Groenlandia, Irán- y el surgimiento de la “Doctrina Donroe”, los responsables políticos mundiales se están ajustando a un Estados Unidos cada vez más enérgico e intervencionista, decidido a imponer sus reglas.

Esta doctrina forma parte de la Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU. para 2026 como un “corolario de Trump” a la Doctrina Monroe del siglo XIX, cuyo objetivo era afirmar el dominio geopolítico norteamericano en todo el hemisferio occidental. Sin duda, sus implicancias tendrán repercusiones globales. África no es la excepción, a pesar de que solo aparece en tres párrafos de la estrategia.

Este momento representa un regreso a la competencia entre grandes potencias, con Washington y Pekín como los polos principales. África no es ajena a estas rivalidades. El continente arrastra las cicatrices de los conflictos por poderes y la competencia colonial de la Guerra Fría, y corre el riesgo de convertirse nuevamente en un escenario de competencia por sus recursos, mercados y posiciones geoestratégicas. A esto se suma el enfoque cada vez más evasivo de los EE.UU respecto al multilateralismo. Al interactuar selectivamente con las instituciones internacionales o eludirlas, Estados Unidos está erosionando la credibilidad de la arquitectura global. El mensaje subyacente es claro: la fuerza es la razón, y las instituciones que limitan la acción estatal norteamericana son prescindibles.

                   “Esta doctrina forma parte de la Estrategia 

         de Seguridad Nacional como un “corolario de Trump” 

            a la Doctrina Monroe del siglo XIX, cuyo objetivo

           era afirmar el dominio geopolítico norteamericano 

                          en todo el hemisferio occidental”

En este perverso orden emergente, los fuertes imponen las reglas y los débiles asumen las consecuencias. Para los Estados africanos, con un poder y una influencia limitada -aunque con distintos grados-, existen motivos de preocupación. Se requiere agilidad estratégica, destreza diplomática y una evaluación clara de los intereses nacionales.

La mayoría de los países africanos simplemente no pueden seguir el juego de las grandes potencias de antaño, ni de la que actualmente defiende Washington. Por consiguiente, muchos seguirán siendo meros cumplidores de las nuevas reglas, a medida que la política exterior norteamericana abandone toda pretensión.

Las implicancias más perniciosas podrían contrarrestarse si los Estados africanos se unen para aprovechar su influencia colectiva. Sin embargo, es igualmente probable que se produzca una mayor fragmentación, ya que los países podrían priorizar acuerdos comerciales y de seguridad en represalia por el accionar de actores externos.

En una época de pérdida de confianza en el sistema político y financiero global, la política económica se ha enmarcado cada vez más desde una perspectiva de seguridad nacional. Este cambio comenzó durante el primer mandato de Donald Trump, se aceleró con la pandemia del Covid-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania, y continúo bajo la administración de Joe Biden.

                      “El principal interés económico de

                          Estados Unidos será asegurar

                   cadenas de valor de minerales cruciales

           (cobalto, coltán, litio, cobre, tierras raras y grafito)

                          en la carrera contra China por 

                            dominar industrias futuras”

Ahora bajo el liderazgo de un empoderado Donald Trump, la agenda de desglobalización y de reducción de riesgos se ha acelerado en lo que el Financial Times describe como un retorno del “imperialismo de los recursos”.

Trump desde su primera gestión trato de acercarse a África.
Ahora las reuniones con mandatarios de la región 
responderán a una estrategia de sometimiento
y extorsión.

Inevitablemente, África emerge como un escenario estratégico debido a su capacidad de suministro. El principal interés económico de Estados Unidos será asegurar cadenas de valor de minerales cruciales -cobalto, coltán, litio, cobre, tierras raras y grafito- en la carrera contra China por dominar industrias futuras como los semiconductores, los vehículos eléctricos y las baterías. Aunque el énfasis retorico de Trump sigue centrado en la recuperación de los combustibles fósiles del siglo XIX -petróleo, carbón y gas- para el dominio energético estadounidense, la rivalidad industrial subyacente con China es prospectiva (mirando el futuro). Pekín ya lidera las tecnologías de energía limpia y el procesamiento de minerales, lo que obliga a Washington a centrarse menos en el liderazgo climático y más en el control de los insumos.

                     “África arrastra las cicatrices de los

                   conflictos por poderes y la competencia

                  colonial de la Guerra Fría, corriendo el

                    riesgo de convertirse en escenario de

                    pugnas y conflictos por sus recursos,

                  mercados y posiciones geoestratégicas”

Esta lógica determinará la intervención económica de los EE.UU. Probablemente se centrará en las zonas ricas en recursos minerales -desde la RD del Congo y Zambia hasta Namibia, Mozambique y Guinea-, en lugar de una interacción comercial más amplia.

Los procesos de paz, muy numerosos y fallidos en el continente africano, podrían reflejar cada vez más acuerdos bilaterales de intercambio de intereses, en los que la paz se intercambia por acceso político o recursos, en lugar de acuerdos con fundamento institucional, que trate de solucionar los orígenes del conflicto. Los acuerdos con la RD del Congo y Ruanda revelan la estrategia que probablemente se utilizará en otros escenarios de violencia.

Finalmente, el resurgimiento de la actividad terrorista islámica en diversas partes de África, ofrece un tercer punto de entrada para las intervenciones de seguridad norteamericana. Si bien la Estrategia de Seguridad Nacional advierte contra los compromisos a largo plazo, las frecuentes amenazas islamistas permiten intervenciones rápidas que podrían derivar en el incremento de la violencia armada, pero también en una mayor influencia geopolítica y económica. 

Los recientes ataques aéreos estadounidenses contra Nigeria bajo el pretexto de la lucha a favor de la población cristiana en la región del noroeste del país ilustran el enfoque que Washington puede utilizar: selectivo, de corto plazo, inopinado y en contra de los marcos de paz y seguridad regional e internacional.

                      “Como se ve, podría haber muchas

                 desventajas para ciertos Estados africanos, 

               ya que las reglas del juego solo responderían

             a los intereses y objetivos de los Estados Unidos”

Como se ve, podría haber muchas desventajas para ciertos Estados africanos,  ya que las reglas del juego solo responden a los intereses y objetivos de los Estados Unidos. Los gobiernos africanos dispuestos a ceder probablemente serían recompensados con acuerdos económicos, pero abdicando de sus derechos patrimoniales y territoriales, cediendo su soberanía y sus prioridades nacionales. Con el agravante de perder apoyo interno, distanciándose de otros socios de larga data y debilitando aún más el orden internacional basado en normas.

Para los Estados africanos en particular, esto significa poner en peligro la agenda colectiva de paz, seguridad y desarrollo del continente, que sólo puede lograrse mediante una integración regional más equitativa y equilibrada.

Para impulsar la integración de África ante las dificultades geopolíticas que soplan desde Washington, sus líderes deben unirse en pos de una visión común. De lo contrario, la historia que todos conocemos, podría repetirse.