Thursday, July 9, 2026

 

R.D. DEL CONGO: ENTRE EL ÉBOLA Y LA VIOLENCIA ARMADA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La epidemia del ébola en la RD del Congo encendió las alertas internacionales luego de que la OMS,
elevara el nivel de riesgo nacional de "alto" a "muy alto", la clasificación más grave dentro
de los parámetros epidemiológicos mundiales.

Hace unos días la Organización Mundial de la Salud OMS, alertaba al mundo de la aparición de una nueva cepa del ébola para la que no hay vacuna y que ya se ha cobrado la vida de más de 220 personas en la República Democrática del Congo RDC. También se han registrado casos en Uganda y en total se habla de casi un millar de personas que podrían estar contagiadas. Se trata del brote de ébola que ha avanzado más rápido desde que hay registros.

La Unión Africana UA ha prometido destinar 429 millones de euros para reforzar las medidas de respuesta en la región afectada por este brote, especialmente al este de la RDC. Organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras MSF aseguran trabajar “a contrarreloj” para contener la epidemia y han desplegado nuevos efectivos tanto médicos como logísticos. Solo en la provincia congoleña de Ituri, epicentro del actual brote, unos 50 trabajadores internacionales llegaran a las zonas afectadas para trabajar con unos 480 profesionales locales.

Como señala MSF en su último informe: “El hecho que el ébola haya llegado tan lejos -la cepa se ubica en Kampala, Uganda, y también en Goma y Bukavu, provincias al este del Congo, zonas que están a un par de días en coche desde el epicentro- es en sí mismo sorprendente. Esta rápida propagación significa que no se sabe cuántas personas más podrían enfermar en los próximos días”.

En una zona endémicamente infectada por enfermedades como el sarampión, el cólera y la malaria, este brote convive con una interminable violencia armada que asola el este del Congo desde hace más de tres décadas.

   “Esta violencia armada ha generado cerca

    de 7 millones de personas desplazadas internas,

   viviendo en condiciones de hacinamiento e

   insalubridad. Además, la violencia sexual es

   utilizada, tanto por las bandas rebeldes como por

   el ejército regular, como un arma de guerra”

Como sabemos, la RDC sufre una de las crisis humanitarias más graves del mundo. La región este congoleña, en especial las provincias de Kivu, cuyas capitales Goma y Bukavu, padecen décadas de un conflicto crónico impulsado por el control de sus ingentes recursos minerales estratégicos como: el coltan y el cobalto, agravado desde principios del 2025, por el recrudecimiento de las acciones terroristas del grupo rebelde M23, banda armada proveniente de las vecinas Ruanda y Uganda.

La RDC está presentando un brote del virus 
del ébola en las provincias de Ituri, Kivu Norte y 
Kivu Sur, habiéndose desplazado a la ciudad de
Kampala en Uganda, como se indica en el mapa.

Esta violencia armada ha generado cerca de 7 millones de personas desplazadas internas, viviendo en condiciones de hacinamiento e insalubridad. Además, la violencia sexual es utilizada, tanto por las bandas rebeldes como por el ejército regular, como un arma de guerra, afectando indiscriminadamente a mujeres y niñas congoleñas.   

La estratégica provincia de Ituri, ubicada al este del país y epicentro del brote, es una región remota severamente afectada por el conflicto armado. Allí, hay varios campos de personas desplazadas, algunos de gran tamaño, con importantes problemas de abastecimiento e infraestructuras. La violencia en esta región hace  que resulte muy complicado hacer llegar la ayuda necesaria para los afectados y comprometer la seguridad para los trabajadores humanitarios en el terreno. En las últimas de semanas de junio, la situación en Ituri se deterioró aún más por los enfrentamientos entre grupos armados y el aumento de ataques contra la población civil y comunidades de desplazados.

   “La región este de la RDC es una de las

    regiones más frágiles del mundo, ya al límite,

   devastada por la violencia armada, el desplazamiento

   masivo de personas y los continuos ataques

   de las milicias irregulares a infraestructuras clave

   como hospitales y escuelas”

Organizaciones humanitarias y agencias de las NN.UU llevan meses alertando de asesinatos, saqueos y bloqueos de carreteras que dificultan el acceso a amplias zonas de la provincia y comprometen tanto el suministro de ayuda como la seguridad del personal sobre el terreno. El coordinador de UNICEF en la RDC, Ricardo Pires, exige en su último comunicado: “Pedimos que se garantice el acceso a la ayuda humanitaria, que se respete y que se permita, porque es lo que está establecido en el derecho internacional humanitario”.

Alrededor de 1,300 civiles murieron y más de medio millón
fueron desplazados, en el 2025, debido a los diversos 
conflictos armados que viene padeciendo la RDC 
en las últimas tres décadas.

La región este de la RDC es una de las regiones más frágiles del mundo, ya al límite, devastada por la violencia armada, el desplazamiento masivo de personas y los continuos ataques de las milicias irregulares a infraestructuras clave como hospitales y escuelas. Lo cual complica la gestión de la crisis. El personal médico ha huido por la violencia, porque esta zona es frecuentada por las bandas rebeldes. “Si la población afectada por el brote epidémico tiene que huir por la violencia, esto supondrá el aumento de la propagación de la enfermedad. Podría ser devastador y sería un escenario muy negativo”, es parte del llamado que hace OXFAM-África, a través de su vocero en la región, el reconocido medico congoleño Manenji Mangudu.

En la actualidad, el mundo es un lugar mucho más complejo y difícil que en periodos anteriores, con todas las crisis y guerras abiertas que tenemos: en Irán, el Asia Central, el Medio Oriente, en Europa Central, Ucrania, el Sahel, el Cuerno de África, conflictos que afectan la cadena de suministro, la logística y la capacidad de ayuda de las agencias humanitarias para llegar rápido. La RD del Congo necesita mucho más ayuda de la comunidad internacional y de las agencias de las NN.UU para poder manejar una difícil crisis que la hace convivir, el día de hoy, entre la brutal violencia armada y la emergencia sanitaria del ébola.

Tuesday, July 7, 2026

 

GAZA:

MIL DÍAS DE GENOCIDIO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El 3 de julio se cumplieron mil días del inicio del genocidio en Gaza. En este periodo Israel ha lanzado sobre la Franja
223 tonelada de explosivos y más de 73 mil personas han sido asesinadas por los bombardeos sionistas.

Mil días de genocidio. Cuatro palabras que encierran muchas décadas de un apartheid silencioso, algún conflicto como respuesta a la resistencia de un pueblo que se resiste a ser aniquilado y, sobre todo, encierra una forma de relacionarse con el mundo muy propia de quienes hoy soplan un millar de velas por cada noche que se han ido a dormir siendo planamente conscientes de que se está cometiendo una limpieza étnica con su complicidad.

En un artículo anterior, publicado en este blog, señalaba: “Nunca pensé que las víctimas del nazismo iban a ser peores criminales que los mismos nazis”. Y lo sigo pensando con absoluta firmeza. Los israelíes que están perpetrando el genocidio contra los palestinos en Gaza, luego de más mil días de ataques, son definitivamente peores criminales que .los nazis. Porque los asesinos del nazismo escondían sus atrocidades. Sus campos de concentración y exterminios no eran lugares de visitas. Ocultaban las perversidades que realizaban contra los prisioneros judíos detrás de las moles de cemento y alambre, donde torturaban, mataban y hambreaban. Mientras que hoy, los israelíes sionistas están ejecutando estos mismos crímenes a campo abierto, con miles de celulares a la vista como testigos. Los asesinatos y bombardeos que ejecutan contra los gazatíes nos llegan en tiempo real.  

En la actualidad, las autoridades palestinas cifran en más de 73 mil las personas asesinadas por el sionismo que encabeza Benjamín Netanyahu, mientras que la cifra de heridos ronda los 173,500. Los ataques de Israel han obligado a huir de sus hogares a 1,9 millones de gazatíes, alrededor del 85% de la población total de la Franja de Gaza, que en 2023 se estimaba en 2,2 millones de habitantes. Y, con el paso de los meses y los años, la ofensiva se ha ido expandiendo sin pudor ni consecuencias a otros lugares como Cisjordania y Líbano. La realidad es que el número de víctimas difícilmente se sabrá con exactitud, pero nadie duda que la cantidad de personas masacradas supere por mucho las cifras oficiales.

   “El hambre se ha convertido en una de las

    principales armas sionistas. Los bloqueos

    sistemáticos de la ayuda humanitaria desde

   el inicio del genocidio tienen como objetivo

   la inanición de la población gazatí, y lo están logrando”

En el año 2025, Francesca Albanesa, la valiente relatora de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos ocupados, advertía en base a cálculos bien documentados, que la cifra real de muertos palestinos podría rondar los 680 mil.

El 7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás, Israel desato sobre Palestina todo su potencial destructivo. Lo hizo abiertamente, sin ambages, porque más de siete décadas de deshumanización sistemática del pueblo palestino lo hicieron posible. La población de palestina está siendo exterminada. Es la única conclusión viable tras comprobar que, además de los bombardeos y los disparos cada vez más indiscriminados, Israel se está afanando en matar de hambre, sed y enfermedades a todas y todos los habitantes de Gaza. El hambre se ha convertido en una de las principales armas sionistas. Los bloqueos sistemáticos de la ayuda humanitaria desde el inicio del genocidio tienen como objetivo la inanición de la población gazatí, y lo están logrando.

Diversas organizaciones humanitarias advirtieron que, desde 
hace mil días, el bloqueo de Israel a la ayuda a Gaza está
poniendo en peligro las vidas de miles de niños gazatíes. 

El último informe de Médicos Sin Frontera MSF, pone datos a la catástrofe: más del 25% de las criaturas menores de cinco años y de las mujeres embarazadas sufren desnutrición aguda. La carencia de alimentos se ceba especialmente con las personas más débiles. En los dos primeros años del genocidio, hasta octubre de 2025, la ONU ha registrado 151 muertes de niñas y niños por desnutrición.

   “La “Masacre de la Harina” fue uno de los

    episodios más funestos de estos mil días de

    limpieza étnica, con más de 110 asesinados,

   cuando trataban de alcanzar algo de harina

   de un convoy de abastecimiento, siendo recibidos

   con metralla por parte de los soldados israelíes”

Quienes no fallecen por falta de alimentos son tiroteados mientras acuden desesperadamente para recoger algo con lo que llenar sus estómagos y los de sus familias. La “Masacre de la Harina” fue uno de los episodios más funestos de estos mil días de limpieza étnica, con más de 110 asesinados en la madrugada del 29 de febrero de 2024 cuando trataban de alcanzar algo de harina de un convoy de abastecimiento en el norte de Gaza, siendo recibidos con metralla por parte de los soldados israelíes.

La sed, la desnutrición y las paupérrimas condiciones de vida son un caldo de cultivo para infecciones y enfermedades de todo tipo. La destrucción de los centros sanitarios y el bloqueo de los suministros médicos culminan la operación. En cifras de la ONU, desde enero hasta abril de 2026 se registraron más de 70 mil casos de enfermedades relacionadas con las malas condiciones sanitarias en los campamentos en Gaza; y más del 80% de estos campamentos de desplazados presentan plagas visibles e infecciones de la piel como sarna, piojos y chinches. Todas estas afecciones van deteriorando la salud de la población y pueden ser responsables directas de muchas muertes, según señala MSF.

La región oriental de Egipto, el Sinaí, limita con Gaza. 
Esto le ha otorgado un importante papel en el conflicto de  
Israel contra Palestina, ya que controla uno de los dos 
principales pasos fronterizos para civiles: el paso de Rafah. 

La humanidad lleva mil días viendo un genocidio ante sus ojos; es innegable que sabemos lo que está ocurriendo. Evidentemente, la responsabilidad de la ciudadanía no puede equipararse en ningún caso a la que tienen quienes ocupan puestos con capacidad de decisión -Estados Unidos, Israel, algunos países europeos y árabes y la OTAN- que son los verdaderos culpables de que todo esto siga ocurriendo.

La Republica de Sudáfrica abrió un camino de oposición simbólica al genocidio que algunos Estados como España, han ido siguiendo. Su querella contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia por delitos de genocidio supuso un cierto despertar internacional que, de nuevo, no se ha traducido en nada contundente más allá de lo discursivo.

“En mil días, todo el Norte Global –quienes son

los únicos que pueden detener esta masacre-

han aceptado, protegido y promovido un exterminio

retrasmitido en directo, confirmando que

comparten esa mentalidad”

Cuando mejor se ha podido detectar la descarada impunidad con la que actúa el Estado de Israel ha sido durante los supuestos acuerdos de alto el fuego alcanzados. El primero, el 15 de enero de 2025, no impidió al sionismo asesinar con francotiradores a tres palestinos solo cinco días de firmar la tregua. Este acuerdo se terminó el 18 de marzo, cuando Israel decidió romperlo unilateralmente con un bombardeo sorpresa sobre Gaza que se cobró más de 400 vidas, más de la mitad de las cuales eran mujeres, niños y niñas palestinas.

Meses después, en octubre, Donald Trump anunció un plan para terminar con “la guerra”. Si bien entró en vigor el día 9, Israel no ha dejado de asesinar impunemente a la población civil en ningún momento. De hecho, desde esa fecha se han reportado más de 750 víctimas mortales a manos del sionismo, además de múltiples bombardeos.

En mil días, el proyecto genocida sionista ha ofrecido una infinidad de pruebas que demuestran hasta dónde es capaz de llegar la mentalidad expansionista y colonialista. En mil días, todo el Norte Global -que desgraciadamente, son quienes tienen la capacidad de detener esta masacre- ha aceptado, protegido y promovido un exterminio retrasmitido en directo, confirmando que comparte esa mentalidad. Lo que ocurre en Gaza es solo un adelanto de lo que ocurrirá en otros lugares del mundo cuando el declive de la hegemonía occidental y el colapso climático vayan provocando crisis cada vez más agudas.

Thursday, July 2, 2026

 

PATRICIO LUMUMBA 

SÍMBOLO SILENTE DE ESTE MUNDIAL

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El símbolo silente del futbol congoleño
encarnado en la figura de su héroe más
inmortal: Patricio Lumumba, quien 
acompaño a su selección hasta su 
último partido del mundial
.

En el estadio de Guadalajara, una hora antes de que la selección de futbol de la República Democrática del Congo RDC saliera a la cancha contra Colombia, un hombre ocupó su lugar tras el banquillo congoleño, y no se movió más. Un ritual que repitió durante todas las presentaciones de la selección congoleña. Saco y corbata roja, camisa amarilla y pantalón azul, los colores de la bandera de la RDC, brazo derecho en alto con firmeza sepulcral, inmóvil durante todo el partido, mirando al horizonte, a su patria.

Este peculiar personaje se llama Michel Kuka Mboladinga, pero en redes y en las tribunas se le conoce como “LUMUMBA VEA” (Lumumba Vive). Solo rompe la quietud para hacer un gesto preciso, repetido en cada partido: se tapa la boca con una mano y se lleva dos dedos de la otra a la sien, imitando una pistola. África transita por su espíritu. Es la reconstrucción corporal de un asesinato: el de Patricio Lumumba, primer ministro congoleño asesinado en enero de 1961, apenas siete meses después de haber proclamado la independencia de su país frente al propio rey de Bélgica.

La FIFA, que había estado dándole cámara como curiosidad folclórica del mundial, dejó de transmitir su imagen justo cuando hizo ese gesto. No es un detalle menor: lo que el cuerpo de Mboladinga pone en escena no solo es un  homenaje a un héroe lejano, sino una protesta deliberada, dirigida también al silencio internacional sobre el conflicto que hoy sigue desangrando al este del Congo, un conflicto silencioso para prensa mundial, que desde los años noventa acumula más de seis millones de muertos sin que el mundo le preste demasiada atención. Es decir, como todo conflicto en África es ignorado por la comunidad internacional.

  “Con las independencias las banderas cambiaron,

   los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron,

   la cartografía se modificó. Pero ese cambio de bandera

   y de autoridades significaba verdaderamente una

   liberación real”

¿Por qué, más de sesenta años después, alguien elige encarnar a Lumumba en una tribuna durante el mundial de futbol, lejos de Kinshasa y lejos también de cualquier conmemoración oficial? La pregunta no es anecdótica. Que esa figura histórica y ese peculiar gesto sigan circulando como símbolo de lo popular dice algo sobre lo que ese asesinato dejo pendiente, y sobre lo históricamente irresuelto que sigue estando casi setenta años después.

UN POCO DE HISTORIA 

Entre 1945 y 1975, decena de territorios coloniales en Asia y África dejaron de serlo, al menos desde lo formal. El año 1960 concentró una cifra particularmente alta: diecisiete países africanos alcanzaron la independencia, tantos que se lo recuerda como el “año de África”. Las banderas cambiaron, los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron, aparecieron nuevos nombres, la cartografía se había modificado. Pero la pregunta que atravesaba el pensamiento anticolonial de la época y que aún sigue viva era si ese cambio de bandera y de autoridades significaba realmente una liberación real. Esa distinción entre independencia formal y liberación real es el puente que permite pasar de lo general a lo particular, de lo formar y ceremonial a lo auténtico y cotidiano. Porque si hay un caso en que esa distinción se jugó de manera trágica y veloz, fue el del Congo.

Actualmente las ciudades congoleñas de Goma y Kisangani, 
productoras de minerales, ubicadas cerca a sus vecinos Ruanda
y Uganda, son escenarios de una brutal violencia armada, 
promovidas por bandas provenientes de estos países.

EL CONGO UN TÍPICO PAÍS COLONIAL:

Pocas colonias condensan tanta violencia como el Congo belga. Bajo el régimen personal del rey Leopoldo II, a fines del siglo XIX, el territorio fue sometido a un sistema de explotación del caucho que causo la muerte de millones de personas, por trabajos forzados, mutilaciones punitivas y hambrunas inducidas. Esa brutalidad fundacional no desapareció con la administración estatal belga posterior: se transformó, se volvió más burocrático, hubo mayor control, es decir, el sistema de explotación se perfeccionó. Pero lo que continuaba fue un patrón de extracción de recursos (caucho primero, minerales estratégicos después) como el centro de la relación colonial.

  “El cobalto y otros minerales estratégicos

   del Congo eran codiciados tanto por las

   potencias occidentales como por la Unión Soviética,

  y ningún actor internacional estaba dispuesto a

  observar con indiferencia quién controlaría

  esos recursos una vez que Bélgica se retirara”

Esa riqueza minera fue, precisamente, lo que convirtió al Congo en un tablero caliente durante la Guerra Fría sobre todo al momento de su independencia. El cobalto y otros minerales estratégicos del Congo eran codiciados tanto por las potencias occidentales como por la Unión Soviética, y ningún actor internacional estaba dispuesto a observar con indiferencia quién controlaría esos recursos una vez que Bélgica se retirara.

En ese contexto se proclamó la independencia, el 30 de junio de 1960. Patricio Lumumba, primer ministro del nuevo Estado, pronunció un discurso que todavía resuena: frente al rey Balbuino, que había elogiado la “obra civilizadora” de Bélgica, Lumumba describió sin eufemismos las vejaciones del periodo colonial como el trabajo forzado, la segregación cotidiana, los castigos por una mirada o una palabra fuera de lugar. Fue un gesto de ruptura simbólica inmediata, y también una sentencia: a partir de ese discurso, Lumumba quedó marcado como una amenaza para quienes esperaban una transición ordenada, es decir, que no tocara los intereses coloniales.

Lo que siguió fue extraordinariamente rápido. En cuestión de semanas, el ejército se amotinó, la provincia minera de Katanga proclamó su secesión con apoyo belga, y Lumumba se vio obligado a recorrer capitales del mundo buscando apoyo internacional para sostener la unidad y la soberanía de su país, incluyendo un pedido de ayuda a la Unión Soviética que terminó de sellar su suerte ante Washington. A mediados de setiembre de 1960, apenas dos meses y medio de asumir el cargo, fue destituido por un golpe orquestado por el ejército y la CIA. Lumumba fue arrestado, trasladado a la hostil provincia de Katanga, torturado y finalmente asesinado el 17 de enero de 1961, junto con dos de sus compañeros.

   “Un conflicto en el este del Congo que ya

    lleva más de seis millones de muertos desde

   los años noventa, que involucra a sus vecinos

   Ruanda y Uganda, deseosos de robar y

   exportar sus reservas estratégicas de minerales.

   Un largo conflicto que ha generado millones de

   refugiados y desplazados y que rara vez ocupa

   portadas, mucho menos transmisiones de la FIFA”

Décadas de investigación, incluida una comisión parlamentaria belga que en 2001 reconoció la “responsabilidad moral” de Bélgica en el crimen, confirmaron la participación de oficiales belgas y la implicación directa de la CIA, que había recibido la orden de eliminarlo del propio presidente norteamericano Dwight Eisenhower.

Patricio Lumumba fue el primer ministro del Congo recién 
independizado, estuvo en el poder solo 10 semanas, pero 
fueron suficiente para marcar la historia de esta nación del
centro africano. Lumumba fue hecho prisionero por bandas 
de separatistas de Katanga y mercenarios belgas por ordenes
de la CIA, quienes lo ejecutaron en enero de 1961. 

LUMUMBA Y EL MUNDIAL: 

Pero volvamos al Mundial FIFA 2026. Michel Kuka Mboladinga no necesita un discurso académico para saber que algo de ese asesinato sigue abierto. Su gesto el tapar la boca, simular la pistola en la sien, no es un simple recuerdo histórico congelado en 1961: es, explícitamente, una protesta sobre el presente, sobre un conflicto en el este del Congo que ya lleva más de seis millones de muertos desde los años noventa, que involucra a sus vecinos Ruanda y Uganda, deseosos de robar y exportar sus reservas estratégicas de minerales. Un largo conflicto armado que ha generado millones de refugiados y desplazados y que rara vez ocupa portadas, mucho menos transmisiones de la FIFA.

Por eso ese personaje inmóvil, silente, vestido con los colores de la bandera congoleña, no es solamente un homenaje nostálgico. Es una forma de memoria que se rehúsa a dejar el caso cerrado en los archivos de una comisión parlamentaria belga o en la bibliografía especializada y que a la actualidad incomoda a la propia FIFA tan amiga de las grandes potencias y que por eso dejó de visualizarlo.

Mientras las independencias sin transformación real sigan  teniendo vigencia en cualquier rincón del mundo postcolonial, seguiremos esperando la llegada de nuevos Lumumba, y seguirá teniendo sentido que alguien, en medio de la tribuna, elija ponerse de pie, inmóvil, y encarnar con el cuerpo lo que el Congo todavía le debe a Lumumba, y lo que el mundo todavía le debe al Congo.     

Thursday, June 25, 2026

 LA PENÍNSULA DEL SINAÍ: ESTRATÉGICA Y VIOLENTA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La Península del Sinaí es el puente terrestre entre África y Asia. Una región estratégica como violenta ubicada entre el
Mar Rojo y el Mar Mediterráneo. Posesión egipcia muy próxima a Gaza, Israel, Jordania y Arabia Saudita,
centros neurálgicos del Medio Oriente. 

El terrorismo global se está constituyendo en una de las mayores amenazas de los últimos años. La inestabilidad y vulnerabilidad que representa ha afectado la dinámica de las relaciones internacionales al establecer la seguridad como su principal pilar. No obstante, algunas de las medidas anti-terroristas, adoptadas en diversas partes del mundo, parecen olvidar el respeto a los más elementales derechos de las personas, permitiendo la violación de los derechos de ciertas personas bajo el pretexto de salvaguardar los de otras. Uno de estos lugares que padece esta contradicción es la estratégica Península del Sinaí ubicada al este de Egipto, donde las ambiciones de Abdelfatah al-Sisi, presidente egipcio, y la confluencia de intereses de varias potencias conducen a unas cuestionables políticas.

La convulsa historia marcada por las guerras en el Sinaí, así como la secular marginación posterior por parte de Egipto han fomentado el auge del terrorismo yihadista en esta región. La violencia presente en esta estratégica zona es una de las principales amenazas al gobierno de al-Sisi, que afecta tanto la seguridad nacional como la estabilidad internacional.

EL FACTOR ESTRATÉGICO:

El gran valor estratégico y geopolítico de la península del Sinaí radica en su posición de puente intercontinental entre África y Asia, su control sobre el Canal de Suez -vital para el comercio mundial- y su carácter de zona de amortiguamiento militar entre Egipto, Palestina (Gaza) e Israel.

  “Su subsuelo posee un gran potencial

   en hidrocarburos. Sin embargo, la marginación

   histórica de sus habitantes locales ha creado

   focos de inestabilidad y descontento entre

  el segmento más joven de su población lo

  que ha generado en los últimos años,

  el reclutamiento voluntario de jóvenes

  egipcios en las diversas bandas yihadistas”

Para describir el valor estratégico de esta zona que une el Magreb y el Cercano Oriente, habría que describir cuatro pilares fundamentales:

Punto de Cruce Global:

Conecta el Mar Rojo con el Mar Mediterráneo a través del Canal de Suez, el paso marino más corto entre Europa y Asia, lo que lo convierte en un punto crítico para la economía mundial y el comercio de hidrocarburos.

Zona de Seguridad:

Es un territorio clave para la estabilidad regional. El Tratado de Paz de Camp David de 1979, que devolvió esta península a manos de Egipto, luego que Israel se lo arrebatara en la Guerra de los Seis Días en 1967, dividió la península en zonas desmilitarizadas para separar a Egipto de Israel, incorporando fuerzas internacionales de pacificación. A pesar de este control internacional, Egipto desde entonces ve mellada su soberanía.

General Abdelfatah al-Sisi, presidente egipcio, es una pieza
clave de la geopolítica norteamericana en el Medio Oriente.
Él y las Fuerzas Armadas, el principal partido político
del país, conducen la nación, desde hace trece años, con
mano dura y represiva, convirtiendo la Península del Sinaí 
en un escenario de guerra.

Frontera de Gaza e Israel:

La porción noreste de la península, el paso de Rafah, funciona como el punto fronterizo y la zona tapón inmediata con la Franja de Gaza, en territorio palestino, lo que le otorga un papel central en la crisis humanitaria que padece la población civil palestina y en las tratativas de negociación en el Oriente Próximo.

Recursos y Desequilibrio Interno:

Su subsuelo posee un gran potencial en hidrocarburos. Sin embargo, la marginación histórica de sus habitantes locales ha creado focos de inestabilidad y descontento entre el segmento más joven de su población lo que ha generado en los últimos años, el reclutamiento voluntario de jóvenes egipcios en las diversas bandas yihadistas que amenazan la seguridad nacional.

  “Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el 2008,

    la presencia del movimiento islamista se consolidó

   en Egipto, tejiendo redes de solidaridad islamista.

   El Sinaí se convirtió en un refugio para los terroristas,

   lo que intensifico la polarización de la población.

  Grupos yihadistas y salafistas vieron una oportunidad

  en la Península del Sinaí”

EL FACTOR YIHADISTA:

El gobierno egipcio, desde el fin de la ocupación de Israel de la península del Sinaí, marginó y excluyó a la población originaria, como los beduinos, de la economía formal, vendiendo sus tierras y repartiendo trabajo y créditos entre la población egipcia del valle del Nilo, acabando así con las fuentes de ingresos tradicionales y forzándolos a recurrir a actividades informales, como el contrabando. El negocio del contrabando entre la vecina Gaza y la península ayudó a fortalecer las relaciones ya existentes entre los dos pueblos, y el conflicto Palestino-Israelí así como el contacto con Hamas, la organización política-militar que gobernaba la Franja, ayudaron a radicalizar a los beduinos de esta región, que ya sentían gran enemistad hacia el gobierno egipcio debido a la marginación y discriminación a la que habían sido sometidos.

La Península del Sinaí limita por su frontera noreste con el 
sur de la Franja de Gaza, Palestina. Sus aperturas y cierres
entre ambas fronteras por el paso de Rafah, el único 
autorizado con Gaza, han sido interminables, desde
el inicio del genocidio que Israel viene perpetrando
en la Franja.
 

Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el 2008, la presencia del movimiento islamista se consolidó en Egipto, tejiendo redes de solidaridad islamista. El Sinaí se convirtió en un refugio para los terroristas, lo que intensificó la polarización de la población. Grupos yihadistas y salafistas vieron una oportunidad en la Península del Sinaí, ya que Israel debía de evitar a toda costa violar la soberanía egipcia, Egipto solo podía tener un número reducido de fuerzas armadas en muchas zonas en virtud de los acuerdos de 1979, aumentando los ataques a Israel desde Egipto. A causa de la experiencia compartida de una gran parte de la población beduina con salafistas y yihadistas, especialmente en las cárceles egipcias tras la serie de ataques terroristas de 2013 y 2014, un importante número de beduinos se radicalizó.

La principal organización terrorista islámica que campea en esta región, es la auto-nominada Wilayat Sinaí (Provincia del Sinaí) rama local del Estado Islámico, que en el 2014 juró lealtad al ISIS. Esta organización salafista implementó ataques violentos contra la población civil y contra bases del ejército egipcio, así como asesinatos selectivos y acciones de gran magnitud como el derribo de un avión con pasajeros rusos en el 2015.

A partir de estas acciones terroristas, el Sinaí se convirtió en escenario de una brutal y prolongada “guerra sucia” entre el Estado egipcio y diversos grupos yihadistas. Las masivas operaciones militares gubernamentales, como la “Operación Sinaí” -en 2018 fuerzas de seguridad egipcias destruyeron 437 campamentos asesinando a más 140 terroristas-. Operación antisubversiva que provocó severas consecuencias humanitarias para la población civil: demoliciones de viviendas, detenciones indiscriminadas, escases de alimentos y el desplazamiento forzado de miles de personas, todo bajo un estricto cerco informativo que veda el acceso al periodismo.

Como hemos señalado, la influencia de los grupos yihadistas provenientes del exterior, pero, sobre todo, el trato discriminatorio hacia la población beduina, al excluirlos de todo desarrollo económico y social, así como la reacción y el trato otorgado a la población local por parte del gobierno egipcio, han alimentado la espiral de violencia terrorista en esta región. Una región estratégica como violenta.

Saturday, June 13, 2026

 SUDÁN DEL SUR: EL REGRESO A LAS ARMAS

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Milicianos armados del Ejército Blanco de la etnia nuer, seguidores del ex vicepresidente Riek Machar, uno de los
caudillos de la interminable guerra civil que se vive, desde el 2013, en Sudán del Sur. El país más joven del mundo
y el más frágil ubicado en el corazón de África.

Sudán del Sur se desliza nuevamente hacia una guerra civil, como consecuencia directa de la decisión del presidente Salvar Kirr Mayardit de abandonar el acuerdo de paz de 2018, desmantelar el gobierno de unidad nacional y optar por una estrategia militar contra sus rivales. La detención del vice-presidente Rieck Machar, ocurrida a principios de año, posteriormente acusado de traición, actuó  como detonante inmediato de una nueva insurgencia.

Este episodio reactivo tensiones étnicas profundas entre las comunidades dinka y nuer, nunca plenamente resueltas desde la guerra civil anterior, y devolvió al país a una lógica de confrontación identitaria.

Sudán del Sur es el país más joven del mundo y, al mismo tiempo, uno de los más frágiles, situado en el corazón del África subsahariana. Se define como una identidad multiétnica, multicultural y multirreligiosa, donde conviven decenas de grupos étnicos y lenguas, además del inglés como idioma oficial. Esta diversidad, lejos de ser un factor de cohesión, ha sido históricamente instrumentalizada en clave política y militar.

Hasta el 2011, año de su independencia, Sudán del Sur formaba parte de la Republica de Sudán, dentro del antiguo condominio anglo-egipcio. Las diferencias estructurales entre el norte (árabe y musulmán) y el sur (africano negro, cristiano y animista) generaron tensiones persistentes que desembocaron en dos guerras civiles tras la independencia de Sudán en 1956.

  “El país ha vivido ciclos recurrentes

   de violencia, tras el enfrentamiento del

   presidente Salva Riir (de la etnia dinka) y

   su segundo Riek Mashar (de la etnia nuer)

  que derivó en una guerra civil marcada

  por masacres, desplazamientos masivos y

  fractura institucional”

El acuerdo de paz de 2005 abrió la puerta al referéndum de autodeterminación, que culminó en el 2011 con la independencia de Sudán del Sur, respaldada por casi el 99% de la población. Sin embargo, la construcción del nuevo Estado quedó rápidamente atrapada en rivalidades internas.

Sudán del Sur se desprendió de la República de Sudán en el
2011, luego de dos largas guerras civiles. País petrolero sin
salida al mar, por lo que depende, de los oleoductos y 
puertos ubicados en su vecino Sudán, para exportar
sus recursos petrolíferos.

Desde el 2013, el país ha vivido ciclos recurrentes de violencia, tras el enfrentamiento del presidente Salva Riir (de la etnia dinka) y su segundo Riek Machar (de la etnia nuer) que derivó en una guerra civil marcada por masacres, desplazamientos masivos y fractura institucional. El acuerdo de paz del 2018 logró contener temporalmente el conflicto, pero no resolvió sus causas profundas.

La dimensión humanitaria ha sido devastadora y estructural, especialmente para la población infantil. Ya en el 2020, antes de la pandemia, organismos internacionales alertaban que más de un millón de niños habían huido del país. La combinación de guerra, extrema pobreza y fenómenos climáticos adversos (seguías e inundaciones) ha consolidado un escenario de inseguridad alimentaria crónica.

  “El recrudecimiento de la violencia,

   iniciada a fines del año pasado en Jonglei,

  ha evolucionado hacia un conflicto más

  estructurado, con fuerzas leales a Machar y

  milicias aliadas como el Ejército Blanco,

  quienes han capturado posiciones clave,

  mientras el gobierno ha respondido con

  ofensivas apoyadas por el ejército regular”

Por otro lado, el colapso económico del país ha acelerado esta deriva de emergencia humanitaria, especialmente tras la irrupción en 2024 del oleoducto Petrodar en la vecina Sudán, que redujo los ingresos estatales en aproximadamente un 70%. Sudán del Sur es productor de petróleo, pero depende de las altas tarifas por el uso de los oleoductos y puertos ubicados en la República de Sudán, indispensables para exportar sus recursos petrolíferos. Este golpe debilitó gravemente al Estado, incapaz de sostener su red clientelar, provocando deserciones militares, pérdida de cohesión en las fuerzas armadas y la consolidación de una economía de guerra basada en el saqueo y el control territorial de recursos.

Salva Kiir y Reik Machar (de izq. a der.), los dos caudillos 
que protagonizan la guerra en Sudán del Sur desde hace 13
años. Un conflicto que adquirió fuertes tintes étnicos entre 
los dinkas y nuers y que derivó en una pugna por el control
y los ingresos de los recursos petroleros. 

El recrudecimiento de la violencia, iniciada a fines del año pasado en Jonglei (uno de los Estados más martirizados, ubicado en la región del Alto Nilo), ha evolucionado hacia un conflicto más estructurado, con fuerzas leales a Machar y milicias aliadas como el Ejército Blanco, quienes han capturado posiciones clave, mientras el gobierno ha respondido con ofensivas apoyadas por el ejército regular. El contexto está marcado por una retórica étnica extrema y ataques indiscriminados contra civiles, elevando significativamente el número de víctimas entre la población civil.

Ambos bandos, sin embargo, presentan debilidades estructurales, lo que apunta a un escenario de conflicto prolongado. El gobierno carece de recursos y cohesión interna suficiente para imponerse, mientras que la oposición depende de milicias locales fragmentadas y volátiles, guiadas más por intereses comunitarios que por una estrategia política y militar coherente.

  “Sudán del Sur se perfila como escenario

   de una guerra olvidada pero estratégicamente

  relevante, donde el colapso estatal, las tensiones

  étnicas y la interacción con conflictos regionales

  pueden generar un foco de inestabilidad duradera

  en el África del Este”

A estas alturas de la guerra, el riesgo más preocupante es la regionalización del conflicto, ya que Sudán del Sur podría relacionarse progresiva y peligrosamente con la guerra en el vecino Sudán. Las conexiones entre Juba y las milicias paramilitares del Frente de Apoyo Rápido RSF, junto con posibles apoyos indirectos del ejército sudanés a fracciones opositoras como el Ejército Blanco, convierten regiones como el Alto Nilo en potenciales zonas de convergencia de ambos conflictos, ampliando el teatro de operaciones en África Oriental.

Como hemos señalado, la crisis humanitaria está alcanzando niveles críticos, con más de 10 millones de personas necesitando asistencia en lo que va del 2026, con más de 2,8 millones de desplazados internos y 2,4 millones de refugiados. Estos nuevos combates han provocado cientos de miles de desplazados adicionales, en un contexto en donde los países vecinos (Sudán, Etiopía y RCA) están saturados o son inestables, lo que incrementa el riesgo de flujos migratorios hacia el norte de África y Europa.

Geopolíticamente, Sudán del Sur se perfila como escenario de una guerra olvidada pero estratégicamente relevante, donde el colapso estatal, las tensiones étnicas y la interacción con conflictos regionales pueden generar un foco de inestabilidad duradera en el África del Este.

Hoy, Sudán del Sur sigue atrapado en una paradoja estructural: un país rico en recursos, especialmente petróleo, pero incapaz de construir instituciones estables. La fragilidad del Estado, la dependencia de redes clientelares y la instrumentalización de la identidad étnica continúan alimentando un ciclo de violencia que, en 2026, vuelve a intensificarse a través de la peligrosa opción del regreso a las armas.