Tuesday, April 28, 2026

 MALI: ¿TAMBORES DE GOLPE DE ESTADO?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La República de Mali, inmersa desde hace años en un largo enfrentamiento con bandas yihadistas, sufrió el pasado sábado un intento de golpe de Estado. La Junta Militar de gobierno se distanció de Francia, su antigua metrópoli, 
en busca de nuevos aliados como Rusia. 

Mali vivió el pasado sábado 25 de abril, uno de los días más caóticos y violentos de los últimos años. En una acción coordinada y a gran escala, los grupos insurgentes Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM (organización yihadista) y el Frente de Liberación de Azawad (grupo armado nacionalista que revindica la autodeterminación de los tuareg), atacaron buena parte de las principales ciudades del país, bases del ejército y edificios públicos, llegando incluso a amenazar a la capital Bamako. Durante todo el sábado se sucedieron los combates en todo el país, creando un clima de confusión absoluta, que hizo remecer al gobierno de la Junta Militar que lleva más de seis años dirigiendo esta nación del occidente africano.

La región norte de Mali -la que los independentistas tuareg llaman Azawad- fue la zona más afectada. Durante la mañana, el FLA anunciaba que había tomado por completo la ciudad de Kidal, ante la retirada del ejército maliense sin combatir. A pesar de su reducido tamaño, esta ciudad tiene un enorme peso estratégico y simbólico, estando bajo control insurgente durante varios años y convertida en centro político del movimiento tuareg hasta su reconquista por parte del ejército y el grupo ruso Wagner hoy llamado Africa Corp en 2023.

Tras conocerse la toma de Kidal, todas las miradas se dirigieron a Gao, la que fuera capital del Estado autoproclamado de Azawad en el 2012 y más cerca y mejor conectada con la capital Bamako. Aunque se produjeron combates, no llego estar bajo control absoluto de JNIM y FLA, lo que habría sido un golpe demoledor para el gobierno maliense y podría haber precipitado su pérdida de control sobre todo en el norte del país.

  “Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM

  (organización yihadista) y el Frente de

  Liberación de Azawad FLA (grupo armado

  nacionalista que revindica la autodeterminación

  de los tuareg), atacaron buena parte de las

  principales ciudades del país”

Lo más grave podría haber ocurrido en la capital, produciéndose importantes combates en su área circundante. Milicias del JNIM revindicaron haber atacado la casa del presidente Assimi Goita y varias bases militares en la capital. Ya por la noche voceros del gobierno militar aseguraron que la situación estaba completamente bajo control. Excepto la norteña ciudad de Kidal, las fuerzas gubernamentales controlan ahora el resto de las ciudades de Mali. Ayer domingo, la situación parecía haber vuelto a la calma.

Vladimir Putin es el más afectado por esta asonada golpista
al ver erosionado su credibilidad como garante de seguridad
en los países africanos. Assimi Goita, presidente maliense,
se alejó de Francia, su antigua metrópoli,
para apostar por Rusia como nuevo socio estratégico.

Lo ocurrido el sábado marca un punto de inflexión en el conflicto que vive Mali desde el 2012. La alianza entre el JNIM y FLA -entre los fundamentalistas islámicos y los independentistas tuareg- formaliza y hace explícita una relación que hasta ahora había sido ambigua y en gran medida táctica, centrada en la lucha contra un enemigo común. 

Ambas organizaciones ya había cooperado en el pasado, pero nunca lo había hecho con un alto grado de coordinación y visibilidad como el demostrado en los ataques de este sábado. En 2012, cuando la rebelión tuareg logró hacerse con el control de gran parte del norte del país, los grupos yihadistas mejor organizados cooptaron buena parte de sus logros e imponiéndose en ciudades clave como Tombuctú.

  “Tras la caída de Gadafi, miles de estos

   combatientes regresaron al norte de Mali

   fuertemente armados y con experiencia militar.

  A ello se sumó la proliferación de armas

  procedentes de los arsenales libios, que se

  dispersaron por toda la región”

El origen de lo ocurrido entonces no pude entenderse sin el derrocamiento y asesinato del líder libio Muamar el Gadafi en 2011 tras la brutal intervención de la OTAN en Libia. Durante décadas, Gadafi había reclutado y financiado a los rebeldes tuareg procedentes de Mali y otros países del sahel, integrándose en sus fuerzas de seguridad. Tras ser eliminado, miles de estos combatientes regresaron al norte de Mali fuertemente armados y con experiencia militar, contribuyendo de forma decisiva al estallido de la rebelión de 2012. A ello se sumó la proliferación de armas procedentes de los arsenales libios, que se dispersaron por toda la región y fueron a parar tanto a los grupos independentistas tuareg como a organizaciones de ideología yihadista.

La región noreste de Mali, llamada Azawad por las tribus
tuareg, alberga ciudades como: Kidal, Gao y Tombuctú,
que son el escenario de luchas independentistas de este
pueblo originario. 

Para intentar salvar la situación caótica que ella misma había contribuido a crear, Francia intervino militarmente en Mali en 2013 -a través de la operación Serval y posteriormente Barkhane- logrando ciertos éxitos en la expulsión de los grupos de los principales núcleos urbanos. Sin embargo, ni eliminó su capacidad de actuación ni resolvió las causas profundas del conflicto, lo que contribuyó a aumentar entre la población maliense el resentimiento hacia la antigua potencia colonizadora y su presencia en el país.   

Este sentimiento anti-francés ayudó a generar el marco discursivo perfecto para el triunfo del golpe de Estado en 2020. La Junta Militar que gobierna Mali desde entonces, convirtió la ruptura con Francia y la salida de sus tropas en su principal eje político y mediático, apostando por la colaboración con Rusia y el uso del grupo Wagner para combatir a los insurgentes -no solo el JNIM, sino también el Estado Islámico del Gran Sahara- estos han recrudecido sus ataques en los últimos años, y el gobierno maliense sigue sin tener un control efectivo sobre gran parte de su territorio, especialmente en el norte.

A su vez, tras años de incumplimiento y envalentonado por la toma de la estratégica ciudad de Kidal, el gobierno anunció la suspensión efectiva de los Acuerdos de Argel de 2015, que prometían, entre otros aspectos, una mayor descentralización política y una mayor inversión económica en el norte. Esto habría contribuido de forma esencial en la renovada cooperación entre el JNIM y el FLA. Sin embargo, esta sigue respondiendo a una lógica pragmática, manteniendo objetivos divergentes a largo plazo. En el corto, con la ofensiva del sábado los independentistas del FLA, consiguen recuperar protagonismo y control territorial, mientras los yihadistas del JNIM refuerzan su legitimidad local ante la ausencia del Estado en estos territorios.

  “Con la tentativa de golpe, los independentistas

  del FLA, consiguen recuperar protagonismo

  y control territorial, mientras los yihadistas

  del JNIM refuerzan su legitimidad local

  ante la ausencia del Estado en estos territorios”

A nivel internacional, el más afectado por esta asonada golpista es Rusia, quien había convertido a Mali en uno de sus pilares de su estrategia africana. Con el revés militar del ejército maliense, Moscú ve erosionada su credibilidad como garante de seguridad entre los países africanos, cuestionando la eficacia de un modelo de seguridad basado principalmente en el blindaje de las elites y la protección de la infraestructura esencial a cambio concesiones sobre los recursos naturales.

En sus últimas declaraciones, el Ministerio de Exteriores de Rusia aseguraron que: “la información preliminar sugiere que las fuerzas de seguridad occidentales pueden haber estado involucradas en el entrenamiento a las milicias golpistas”. Esa acusación no es nueva y hace unos días los gobiernos de Mali y Níger sugirieron que países vecinos habrían patrocinado acciones terroristas en sus territorios. Puede ser cierto o no, pero ello no esconde el hecho de que grupos como JNIM se nutren especialmente de la dejadez del Estado en las zonas rurales, y que organizaciones como FLA aglutinen reivindicaciones históricas de grupos históricamente marginados por el gobierno central como los tuareg.

Así, lo ocurrido el último sábado no solo evidencia la fragilidad del control estatal en el norte de Malí, sino también la capacidad de adaptación de unos actores armados que, lejos de debilitarse, parece reconfigurar sus alianzas en función de la evolución del conflicto. Todo ello apunta a una nueva fase de inestabilidad en la que los hechos del sábado difícilmente puedan interpretarse como un episodio aislado, sino como parte de una dinámica que amenaza con agudizarse en los próximos meses.  

Saturday, April 25, 2026

 

LA GUERRA EN EL GOLFO Y EL ECLIPSE DE LA CRISIS EN SUDÁN

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Los bombardeos norteamericanos sobre Irán están cambiando la guerra en Sudán. El largo conflicto sudanés,
que ya lleva tres años, ha visto alterado el equilibrio de fuerzas de ambos bandos 
por la guerra en el Golfo Pérsico.

Tras seis semanas de escalada de violencia de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en el Golfo Pérsico, Pakistán negoció a principios de abril un frágil alto el fuego de dos semanas, que fue coronado con la celebración, la semana pasada, de estériles conversaciones de paz en Islamabad.

Pero con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmando que Tel Aviv tiene el “dedo en el gatillo” para reanudar la guerra en cualquier momento, y el presidente Donald Trump, advirtiendo de consecuencias devastadoras si fracasan las negociaciones, la región del Golfo sigue en vilo.

Como vemos, no hay un guión definido para este conflicto, que se está desarrollando en tiempo real como un enfrentamiento impredecible con repercusiones estratégicas en todo el suroeste de Asia y el norte de África, incluyendo Sudán, donde una cruenta guerra civil, con más de tres años de vigencia, ha devastado las instituciones estatales, desplazado a millones de personas y destrozado las frágiles esperanzas de una paz interna.

Entender por qué un conflicto lejano como el del Golfo Pérsico, es importante para Sudán no es intuitivo, sino esencial. Desde la distracción diplomática hasta las alianzas regionales cambiantes y las crisis económicas, la guerra de los Estados Unidos y su socio sionista contra Irán está redefiniendo los incentivos y las limitaciones que habían moldeado el proceso político de Sudán y sus perspectivas de paz.

   “En el año 2011, por ejemplo, cuando

    la atención mundial se centró en las

    revueltas de la Primavera Árabe en Egipto,

   Túnez y Libia, la atención diplomática sobre

   Darfur se desvaneció temporalmente y

   la violencia resurgió con fuerza”

El frágil proceso de paz en Sudán nunca estuvo aislado de la influencia externa. Durante los últimos dos años, las presiones diplomáticas de Estados Unidos, los Estados del Golfo, las potencias europeas y los enviados de la ONU han sido fundamentales para mantener vivas las conversaciones para el alto el fuego y conservar, al menos, la apariencia de negociaciones entre las partes beligerantes sudanesas.


Pero el estallido de los ataques norteamericanos e israelíes contra Irán, junto con la contundente represalia de Teherán, significa que el marquen de maniobra estratégico de Washington es cada vez más limitado. Las principales capitales de la zona están redirigiendo su atención diplomática hacia la prevención de la escalada regional, la gestión de las alianzas militares y la desescalada de los intercambio transfronterizos de misiles.

Cuando las grandes potencias se ven absorbidas por crisis más inmediatas, la atención hacia otros conflictos decae y la influencia se atrofia.

   “No hay un guión definido para

    este conflicto en Irán, que se está

   desarrollando en tiempo real

  como un enfrentamiento impredecible

  con repercusiones estratégicas en todo el

  suroeste de Asia y el norte de África,

  incluyendo Sudán”

Las negociaciones de paz en Sudán depende de esa influencia: la presión de las sanciones, los incentivos para la retirada de las tropas y la amenaza del aislamiento diplomática. Cuando la atención mundial se fragmenta, los actores del conflicto -el ejército regular sudanés y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF- suelen endurecer su postura en lugar de transigir.

La onda expansiva de las bombas arrojadas sobre Irán, también
se siente en la guerra de Sudán, a través de las nuevas alianzas, 
 y renovados factores geopolíticos que se generan en su entorno.

En el año 2011, por ejemplo, cuando la atención mundial se centró en las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto, Túnez y Libia, la atención diplomática sobre Darfur se desvaneció temporalmente y la violencia resurgió con fuerza. La negligencia de las grandes potencias permitió que los conflictos locales se agravaran y que los esfuerzos de mediación internacional se estancaran. La lección es clara: los conflictos periféricos -que se dan fuera de la órbita de las grandes potencias- se vuelven más y no menos, volátiles cuando la atención mundial está puesta en otra parte.

Sudán se enfrenta hoy al mismo riesgo. A medida que los responsables políticos norteamericanos se centran en la gestión de las crisis regionales (Medio Oriente, Golfo Pérsico, Irán), la presión sobre las facciones beligerantes de Sudán disminuyen. Este retraso no sólo frena el proceso de paz, sino que también modifica los incentivos para la negociación sobre el terreno.

   “La lección es clara: los conflictos periféricos

    -que se dan fuera de la órbita de las grandes

    potencias- se vuelven más y no menos,

   volátiles cuando la atención mundial

   está puesta en otra parte”

La geografía estratégica de Sudán lo expone a otra forma de vulnerabilidad. Su litoral en el Mar Rojo y el control sobre el Puerto de Sudán lo sitúan en uno de los putos de estrangulamiento marítimos más importante del mundo. Hasta un 15% del comercio mundial transita por el corredor del Canal de Suez, una ruta cuya estabilidad es crucial para los mercados mundiales de petróleo. Cualquier interrupción en esta zona tiene repercusiones en todo el mundo.

Tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra, crece la preocupación por la seguridad marítima y energética, ya que las monarquías del Golfo siguen estando directamente en la línea de fuego. Cuando las grandes potencias dan prioridad a la seguridad a lo largo de rutas marítimas críticas, su cálculo de compromiso cambia.

La cruenta guerra civil que padece Sudán, desde hace tres años,
ha desplazado a millones de personas, generando una crisis
humanitaria sin precedentes.

Sudán podría así dejar de ser un conflicto en la sombra y convertirse en un activo estratégico o en un lastre. Los actores externos que antes financiaban iniciativas de paz o proyectos de reconstrucción podrían centrarse ahora en garantizar que Port Sudan permanezca abierto, seguro y al margen de la influencia de sus rivales.

Este cambio de enfoque tendría consecuencias reales para la política interna de Sudán. Si las potencias externas ven a Sudán a través del prisma de la seguridad marítima, sus objetivos políticos pasan de la transición democrática a la priorización de la estabilidad comercial y marítima. Los actores de la sociedad civil y los defensores de la paz podrían verse marginados en favor de intereses geopolíticos y económicos.

   “Como vemos, el conflicto entre

    Estados Unidos e Irán es, por lo tanto,

    algo más que un foco de tensión regional.

   Supone una grave amenaza para la frágil

   arquitectura política y de seguridad en Sudán”

Mientras tanto, las potencias regionales -las monarquías del Golfo-que se sienten amenazadas por las posturas defensivas de Irán podrían reajustar aún más sus alianzas. Los Estados del Golfo, que llevan tiempo involucrados en alianzas con fracciones sudanesas, podrían o bien intensificar su compromiso militar contra Irán, o bien retirarse para proteger sus intereses más cercanos a casa. En cualquiera de los dos escenarios, se reorientarían los apoyos externos que han contribuido a configurar y a limitar la guerra en Sudán. 

Esa reorientación no traería la paz por defecto. Traería consigo una competencia por la influencia oportunista, lo que alimentaria una mayor fragmentación si las diversas facciones sudanesas se alinearan con patrocinadores externos rivales.

Como vemos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán es, por lo tanto, algo más que un foco de tensión regional. Supone una grave amenaza para la frágil arquitectura política y de seguridad en Sudán. Una campaña de duración indefinida, planteada por Trump como algo que requiere una atención sostenida -acompañada de contraataques iraníes en todo el Golfo-, reduce la atención mundial sobre otras crisis, reconfigura los incentivos externos y exacerba las presiones económicas que benefician a las economías de guerra frente a la paz.

El futuro de Sudán no se definirá con misiles sobre Teherán o drones sobre el Golfo. Pero los cambios estratégicos desencadenados por esos enfrentamientos -una menor influencia diplomática, prioridades geopolíticas redefinidas y perturbaciones económicas desestabilizadoras- marcaran el contexto en el que evolucionen el proceso de guerra o la paz de Sudán.

Friday, April 3, 2026

 EL SAHEL: HACIA UNA SALIDA POLÍTICA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La franja semidesértica que caracteriza al sahel africano, es el escenario de las acciones armadas de la banda yihadista
JNIM afiliada a Al-Qaeda, grupo que fusiona el yihadismo, el crimen organizado y la extracción
y administración de sus ingentes recursos naturales.

En el norte del África subsahariana y el sur del desierto del Sahara encontramos una región conocida como el sahel. Se trata de una franja de tierra semidesértica que se extiende desde la costa atlántica hasta el Mar Rojo, donde viven más de 400 millones de personas -la población más joven del mundo- albergando hasta diez países y donde la vida se hace cada vez más complicada.

La zona occidental de la franja está hoy muy afectada por seguías y hambrunas, golpes de Estado, la expansión de milicias yihadistas y una férrea competencia extractivista global. Nuevos actores clave como, Rusia, China, Emiratos Árabes Unidos o Turquía desplazan a las viejas potencias coloniales como Francia. Bajo esta realidad miles de personas huyen de la violencia y se unen a las rutas migratorias buscando mejores condiciones de vida: son las mismas que hoy duermen en las calles de las principales ciudades europeas.

En todo este contexto, desde hace más de una década, diversas organizaciones armadas han sembrado de violencia y muerte esta región africana. De estas milicias fanáticas sobresale el llamado: Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes JNIM, la organización más fuerte, que ha llegado a poner a la ciudad de Bamako -capital de Mali- bajo un asedio constante. Pero, ¿Cómo se explica el auge del yihadismo y en especial del grupo JNIM en el sahel? Normalmente la respuesta se reduce a un problema de fanatismo y falta de seguridad. Pero su crecimiento exponencial es, ante todo, el síntoma de un colapso estructural: la herencia del colonialismo que nunca terminó, la competencia internacional por los recursos y el abandono de poblaciones enteras, en especial de los jóvenes. El JNIM ha convertido esta crisis de violencia en un negocio, fusionando yihadismo, crimen organizado y administración local.

   “Se trata de un sistema combinado

    de violencia, negocio y control

    social de poblaciones”

La expansión del yihadismo y en especial del JNIM, liderado por Iyad Ag Ghaly, no puede entenderse solo como un problema de seguridad sino como consecuencia de la competencia -internacional- por los recursos naturales y por el abandono estructural de amplias poblaciones. Esta filial de Al Qaeda fundada en Mali el 1 de marzo de 2017 tras la fusión de varios grupos armados, ha logrado consolidarse como una de las principales bandas salafistas -salafismo: rama ultra-ortodoxa del islam- de la región, especialmente en Mali y Burkina Faso, pero extendiendo también su presencia hacia los países del Golfo de Guinea. Más que una insurgencia yihadista clásica, opera como una organización criminal transnacional. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Parte de ese crecimiento se remonta a la desestabilización regional provocada por la invasión de Libia en el 2011, por parte de las potencias occidentales, que dejó al país colapsado, abriendo las puertas a la circulación masiva de armas hacia el sahel y alimentando el mercado negro que abastece a estos grupos. Las revueltas y el golpe de Estado en Mali de 2012 aceleraron el proceso: milicias rebeldes se apropiaron de arsenales estatales, controlaron rutas comerciales y disputaron enclaves mineros. Grupos nacionalistas como el Movimiento de Liberación de Azawad MNLA -independentistas tuareg- hicieron entender a la población que ante el abandono no quedaba más opción que la lucha armada. Este espacio sería tomado más adelante por el JNIM.

Desde su fundación el JNIM aseguró fuentes ilegales de ingresos estables y diversos para la organización: aunque el tráfico de cocaína ha perdido peso, los secuestros de extranjeros y empresarios llegaron a reportar hasta 30 millones de euros en 2021, y la imposición interesada del zakat -obligación religiosa por la que das una parte de tu riqueza a los necesitados-, se convirtió en impuesto obligatorio para comerciantes y ganaderos.

   “El JNIM ha sabido acoger

    demandas sociales urgentes y

   ofrecer respuestas allí donde

   el Estado ha desaparecido”

El contrabando, el cobro de peajes y el control de minas “artesanales” de oro también suponen ingentes ingresos para la banda yihadista. Solo en Burkina Faso operan hasta dos mil yacimientos clandestinos de oro. Las rápidas emboscadas de convoyes en carreteras mediante motos, lanzacohetes y armas ligeras no solo les aportan beneficios, sino que genera pérdidas económicas importantísimas para los gobiernos de la zona. Además, la capacidad de estas organizaciones para insertarse en la economía financiera urbana, mediante la complicidad de empresarios y redes bancarias, financia la guerra y reordena las economías rurales bajo su tutela. Se trata de un sistema combinado de violencia, negocio y control social de poblaciones.

La región del sahel se ha consolidado como el epicentro mundial
del terrorismo yihadista, en países como: Níger, Mali, B Faso,
Chad, la inestabilidad y la pobreza, han permitido la 
aparición de grupos como el JNIM.

Los países que conforman la Alianza de Estados del Sahel AES -Mali, Burkina Faso y Níger- han acusado repetidamente a Francia de estar financiando indirectamente al grupo yihadista mediante rescates millonarios, armamento y apoyo logístico. Si bien no es un hecho fácil de demostrar, es cierto que aumentar las capacidades del grupo podría beneficiar a las corporaciones francesas ahora debilitadas.

Francia depende en gran medida de la energía nuclear para sostener su sistema eléctrico. Durante años extrajo de Níger entre el 10% y 30% del uranio que alimenta sus centrales, pero las nuevas juntas militares -nacionalistas y panafricanistas- la han expulsado de la región. En este contexto, la inestabilidad puede convertirse en una ventaja: abarata costos y facilita acuerdos informales entre empresas francesas y actores armados locales, al tiempo que debilita a gobiernos hostiles a sus intereses. No es la primera vez que una corporación francesa hace alianzas con grupos yihadistas: la empresa Lafarge estuvo transfiriendo millones de dólares al ISIS en Siria y se trataron como “aliados estratégicos”.

   "La expansión del JNIM, no puede

    entenderse sólo como un problema

   de seguridad sino como consecuencia

   de la competencia internacional por

   los recursos y el abandono estructural

   de amplias poblaciones”

También países como Emiratos Árabes Unidos -envuelto en el comercio ilegal de diamantes y oro por toda África- ha pagado al JNIM rescates millonarios para salvar a jeques y empresarios del oro, lo que podría responder a su nueva estrategia exterior -junto a Israel- para constituir un “eje secesionista” bajo sus intereses estratégicos en lugares como Somalia, Sudán o Yemen.

La expansión del yihadismo y del JNIM en la región del sahel, no pude explicase solo por el uso de las armas, ni puede concebirse únicamente como un conflicto militar, sino como un problema profundamente político tras décadas de expolio y abandono. Estas organizaciones están llenando ese vacío.

  "El resultado es una organización que

    desborda la etiqueta de grupo terrorista.

    Opera como una empresa político-criminal

    con capacidad de capitalizar la crisis crónica

    del sahel para su propio beneficio”

Tras sus independencias formales buena parte del sahel mantuvo los marcos jurídicos y administrativos coloniales que siguieron desviando recursos naturales hacia corporaciones extranjeras. En Mali se aseguró la ausencia de soberanía económica y su consecuente dependencia de Paris, mientras la regulación restrictiva de tierras y pastoreo favoreció a corporaciones agrícolas y mineras que hasta hoy concentran los beneficios. El resultado persiste hasta nuestros días: dependencia estructural hacia organismos humanitarios y ausencia casi total de servicios básicos en todos los países de la región.

En un contexto desolador como el descrito, el JNIM y otras organizaciones armadas han sabido insertarse en las redes sociales con un discurso político multiétnico, logrando, al menos en parte, vincular algunas estructuras políticas, económicas y religiosas con su ideología y sus propias estructuras. Además el JNIM ha sabido acoger demandas sociales urgentes y ofrecer respuestas allí donde el Estado ha desaparecido. Se presenta como mediador y garante de estabilidad, aunque respalda esa autoridad con la amenaza permanente del castigo. Juega con el palo y después la zanahoria.

El resultado es una organización que desborda la etiqueta de grupo terrorista. Opera como una empresa político-criminal con capacidad de capitalizar la crisis crónica del sahel para su propio beneficio. Para el JNIM y las otras bandas yihadistas, su fortaleza no depende solo de las armas, sino de la incapacidad de los Estados para revertir décadas de abandono y exclusión. Mientras los gobiernos del sahel no construyan alternativas radicales que ofrezcan soberanía, justicia y dignidad a su población, como tratan de edificar los nuevos líderes soberanistas de los países de la AES, el JNIM y cualquier otra organización fundamentalista seguirá creciendo y siendo capaz de imponer su sentido común: generar sus propias alternativas y mantener el control mediante la violencia armada.

Saturday, March 28, 2026

 LA GUERRA EN IRÁN Y EL DESTINO DE SUDÁN

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Hace tres semanas, el ejército sudanés informó el derribo de un avión emiratí que llevaba a mercenarios
 internacionales. Fue el último episodio de una larga lista de acciones militares que involucran a los Emiratos Árabes Unidos, como cómplices y aliados de los mercenarios de las RSF.

La guerra totalmente injustificada iniciada hace un mes, por Estados Unidos e Israel contra Irán, le ha dado a Sudán una ventaja en su propia batalla por la soberanía, en medio de una absurda como cruenta guerra civil que viene padeciendo el país africano desde hace casi tres años.

Donald Trump parece que no reflexionó bien al iniciar esta aventura bélica contra el Estado persa. No es que lo haga nunca, pero se le está acabando el tiempo para justificar la guerra contra Irán. ¿Estaba Irán al borde de fabricar armas nucleares o misiles balísticos, o de atacar a Israel? Tres cuartas partes de la población norteamericana no lo saben ni les importa. Pero no son los únicos que estarán furiosos por el alza vertiginosa del precio de la gasolina y los productos de primera necesidad, el electorado ultra-conservador con toda seguridad está sufriendo ante una inminente derrota aplastante en las elecciones de noviembre de mitad de mandato.

Otra consecuencia que no había previsto Trump, es haber ayudado al pueblo sudanés que sufre de una fuerte hambruna. Los sudaneses sufren mucho, al igual que los gazatíes, pero su número es mucho mayor. La población total es de 52 millones de personas, y según la Agencia de la ONU para los Refugiados, 13 millones se han visto obligados a huir de sus hogares. Aproximadamente, 4,5 millones son refugiados en países vecinos, y unos 8,6 millones son desplazados internos. Un millón de refugiados de países vecinos ya vivían en Sudán antes del inicio de la guerra civil.

    “¿Estaba Irán al borde de fabricar

       armas nucleares o misiles balísticos,

       o de atacar a Israel? Tres cuartas

      partes de la población norteamericana

      no lo saben ni les importa”

Por otra parte, hace dos semanas se presentó en la Cámara de Representantes y en el Senado norteamericano la Ley de Defensa de Sudán, con el objetivo de reducir la venta de armas estadounidenses a los Emiratos Árabes Unidos EAU hasta que demuestren que ya no están armando a su milicia títere, la banda de mercenarios agrupados en las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF, identificadas como árabes, que están cometiendo genocidio contra la población de Darfur, al occidente de Sudán, proveniente de etnias africanas.

Las temibles RSF también han estado saqueando y traficando grandes cantidades de oro sudanés a los EAU. Su comandante, Mohamed Hamdan Dagolo, también conocido como “Hemedti”, se ha enriquecido enormemente gracias a esta guerra y a la amistad con los emiratíes.

En Verde los aliados del gobierno sudanés. En Rojo aliados
de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF y en Negro milicias 
yihadistas. Además de algunas naciones africanas, el único
aliado internacional de las RSF son los EAU.

El otro contendiente en este conflicto sudanés, el general Abdel Fattah Al-Burhan, comandante del ejército nacional de Sudán, las Fuerzas Armadas Sudanesas, tiene una gran responsabilidad en el origen de la guerra y en los crímenes cometidos por sus propias tropas. Sin embargo, a pesar de sus imperfecciones, ahora representa a la soberanía sudanesa y a la supervivencia del Estado sudanés. Si el Estado sudanés sobrevive, el pueblo sudanés sobrevivirá, y con suerte, logrará que el Estado responda a sus necesidades.

Si las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF ganan, Sudán se convertirá de facto en una colonia de los Emiratos Árabes Unidos y los Estados Unidos. Si se declara un alto el fuego y cada una de las dos fuerzas controla territorio, el resultado casi con toda seguridad será la segunda partición de Sudán, y el territorio conquistado por las RSF se transformará en una posesión emiratí-norteamericana.

    “Ley de Defensa de Sudán, tiene el objetivo

     de reducir la venta de armas estadounidenses

     a los EAU hasta que demuestren que ya no

     están armando a su milicia títere, la banda

    de mercenarios agrupados en las Fuerzas

    de Apoyo Rápido RSF”

La aprobación de la Ley de Apoyo a Sudán es un reto enorme, sobre todo teniendo en cuenta los negocios que tienen la familia Trump con los EAU, pero quizás sea nuestra única esperanza de detener el flujo de armar estadounidenses hacia las RSF a través de los Emiratos Árabes Unidos. Aun si se aprueba, la legislación contiene cláusulas que permitirían a Trump y a quienes tienen influencia sobre él ignorarla en nombre de la seguridad nacional.

En las últimas semanas, el presidente Trump quizás haya hecho mucho más por los sudaneses que lo que jamás hubiera podido lograr con esa ley, al iniciar una guerra contra Irán. Irán respondió lanzando misiles contra los países del Golfo con bases militares norteamericanas, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, donde la mayoría de los vuelos permanecen suspendidos.

    “Los paramilitares de las RSF tomaron

      el control total de Darfur y llegaron

     a filmarse a sí mismos cometiendo

     atrocidades con orgullo, para horror

     del mundo exterior”

“Cuanto más tiempo permanezcan suspendidos los vuelos en los EAU, mejor para nosotros”, declaró Ahmed Kaballo, periodista sudanés y editor de Sudanese Sovereign Media. “No hay reabastecimiento para los asesinos de las RSF. Es increíble”. ¿Cuánto tiempo necesita el ejército nacional de Sudán? En abril de 2025, las Fuerzas Armadas Sudanesas SAF y sus aliados recuperaron el control del palacio presidencial en el centro de la capital Jatum, junto con todos los ministerios y oficinas públicas que lo rodeaban.

Más tarde en ese mismo año, los paramilitares de las RSF tomaron el control total de Darfur y llegaron a filmarse a sí mismos cometiendo atrocidades con orgullo, para horror del mundo exterior.

Sin embargo, hace tres semanas WarFronts, el portal de análisis internacional, informó que el 20 de marzo, el ejército nacional sudanés liberó las ciudades de Dilling y Dadugli en Kordofán del Sur, brindando alivio a la población atrapada allí y logrando sus mayores victorias desde que reconquistaron la capital un año antes.

Si las indispensables líneas de suministro de las RSF permanecen cortadas durante mucho más tiempo, el ejército nacional podría poner fin a esta horrible guerra en Sudán. Como vemos, las retaliaciones iraníes contra las monarquías del Golfo, los oscuros negocios de la familia Trump con los EAU y una ley presentada oportunistamente, estarían jugando a favor de diseñar un mejor destino para Sudán.

Wednesday, March 25, 2026

 IRÁN: LA SOMBRA DE LA GUERRA SOBRE ÁFRICA 

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Desde el inicio del conflicto armado en Irán, los países africanos no solo llamaron al cese de las hostilidades, sino que
advirtieron de las graves consecuencias que esta guerra podría traer para el continente, 
sobre todo en materia económica y alimentaria. 

El actual conflicto armado que se vive en Irán, puede parecer lejano, pero está generando una fuerte volatilidad global y conmociones geopolíticas mucho más allá del Medio Oriente. Una región afectada por este conflicto son los países del África. Comercio alterado, costos del transporte en alza, amistades en riesgo y alianzas en constante cambio: la sombra de los ataques aéreos de la alianza norteamericana-sionista contra Irán ya tiene un impacto devastador sobre la población africana.

La semana pasada Bloomberg, la agencia de noticias económicas, informaba que el gobierno de Kenia vivía pendiente del desplazamiento de un barco lleno de gasolina. Este país africano no dispone de reservas de combustible, y debe de importar la gasolina para hacer funcionar su economía. El 76% de su suministro proviene de los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Kuwait, cuya producción y distribución de petróleo y gasolina se ha visto afectada por la guerra en Irán. El país del África oriental, que hace menos de dos años se enfrentó a disturbios después de un plan de ajuste del gobierno, intuye que la inflación energética aumentará el descontento en las calles. Kenia, no está sola: en el resto del continente africano, los países que ya tenían una situación financiera delicada por el aumento de pagos de la deuda ahora deben de afrontar un golpe que sacudirá toda su economía.

Los equilibrios en las declaraciones de los países están a la altura de la gravedad de la situación: Sudáfrica, Kenia, Nigeria y la Unión Africana, tienen un tono más neutral, mencionan el derecho internacional, las normas de la guerra y los riesgos para la seguridad internacional. Marruecos se ha mostrado más solidario con los países del Golfo, mientras que Chad y los países de la Alianza del Sahel -Burkina Faso, Mali y Níger- no ocultan su simpatía con Irán. En un continente con pocas refinerías, muchos países dependen de las importaciones de gasolina, incluso aquellos que producen petróleo. El bloqueo del Estrecho de Ormúz, por donde circula el 20% de las exportaciones petroleras del mundo, implica que el petróleo crudo sea más caro y esto se traslada a los costes de la gasolina importada -a los que hay que sumar el coste del transporte-. En total el continente africano gastó 92,700 millones de dólares en importar gasolina en el 2024.

      “La sombra de los ataques aéreos

       de la alianza norteamericana-sionista

      contra Irán ya tiene un impacto

      devastador sobre la población africana

Los brutales ataques de los Estados Unidos e Israel a Irán, unido a la respuesta de este último atacando a varios de sus vecinos del Golfo, al generado inquietud en el Cuerno de África. Etiopía ya está sufriendo la escasez de combustible: un 97% es producido por Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Este país africano, en medio de un programa de ajuste del FMI desde julio de 2024, ve el aumento de la factura de las importaciones de gasolina como una amenaza existencial tras una durísima devaluación: de los 57 birr (moneda etíope) por dólar en julio 2024 hasta los 155 birr por dólar en la actualidad. La crisis del combustible en Etiopía ya está afectando a su frágil industria, y los efectos podrían extenderse a medida que continúen los combates. Los países vecinos, que ya lidian con desplazamientos de personas y crisis de alimentos como la seguía en Somalia, corren el riesgo de sufrir un aumento de la inflación, lo que convierte esto quizás en el peor periodo de su historia económica reciente.

El Estrecho de Bad El-Mandeb punto de entrada al Mar Rojo,
en las costas del Cuerno de África, transita más del 12% del
comercio mundial. Esta zona ya estuvo en el punto de mira 
de los hutíes de Yemen, aliados de Irán, durante el
genocidio en Gaza. 

En la región del Cuerno de África, también se halla el Estrecho de Bab el-Mandeb, punto de entrada al Mar Rojo y que, al igual que el Estrecho de Ormúz, es una arteria determinante del comercio global, por donde transita más del 12% del comercio mundial. Históricamente, los países de la región lo han utilizado para ganarse el favor y atraer las inversiones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Qatar, pero ahora algunos empiezan a verlo como un riesgo: preocupa que Irán pueda ampliar sus operaciones contra los intereses norteamericanos en el Cuerno de África. Yibuti, por ejemplo, alberga una importante base militar en su territorio, y Somalilandia fue recientemente reconocida por Israel. Además, Somalia es el país con una situación financiera más delicada, a raíz de la caída de su ayuda exterior. Este país ya se alineado con Arabia Saudita, navegando la rivalidad reciente entre Riad y Abu Dabi.

    “En los últimos años se ha generado una

     división económica entre “dos Áfricas”

    a partir de sus principales exportaciones.

    Hay una parte de África que tiene como primera

    exportación el oro, y se ve beneficiada por el

    aumento reciente de este. La otra, exportadora

    de petróleo crudo, llevaba una temporada

    sufriendo precios bajos”

En los últimos años se ha generado una división económica entre “dos Áfricas” a partir de sus principales exportaciones. Hay una parte de África que tiene como primera exportación el oro, y se ve beneficiada por el aumento reciente de este. La otra, exportadora de petróleo crudo, llevaba una temporada sufriendo precios bajos. La reducción de las exportaciones de grandes productores como Kuwait, Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos generará una oportunidad para los vendedores de petróleo africanos como: Angola, Nigeria, Libia, Guinea Ecuatorial o Chad entre otros.

El anuncio de Qatar del bloqueo de sus exportaciones de gas natural licuado puede abrir oportunidades a productores como Mozambique y Senegal, que podrían vender su producción a precios más elevados. Pero esta situación favorable podría resultar efímera: el petróleo crudo cotiza por encima de los 87 dólares por barril, muy por encima del umbral presupuestario angoleño de 61 dólares por barril. El petróleo representa más del 90% de los ingresos por exportación, pero Angola importa la mayoría de sus bienes, por lo que está expuesta a la inflación global de precios de otros productos. En esa encrucijada se encuentran la mayoría de países africanos: los que ganen por un lado -mayores ingresos por exportación- tendrán que gastarlo en otro -importaciones más caras-.

Por otro lado, el freno a las exportaciones de urea -un tipo de fertilizante- a través del Estrecho de Ormúz y el aumento del precio del gas -una materia prima fundamental para la producción de fertilizantes- constituyen otro peligro para África: el 30% de los fertilizantes pasan por el estrecho. La producción local de alimentos como el arroz y el trigo -que no suele ser suficiente para alimentar a toda la población- se debe complementar con importaciones del exterior que llegan con mayores precios. Como vemos, los gobiernos africanos, acuciados por los pagos de deuda, deberán hacer equilibrios para frenar el aumento de los precios de los productos básicos de alimentos. Esta guerra que se libra en el Medio Oriente no es una guerra de los africanos, pero la sombra de este conflicto viene acechando sobre su territorio.