Wednesday, June 3, 2026

 

DE YIBUTI A MALI:

 ¿LA DISPUTA NEOCOLONIAL?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El retiro de los soldados y las bases militares francesas de Mali, instaladas hace más de una década,
bajo el pretexto de combatir a los yihadistas, sirvió para reemplazarlos por las milicias
de los contratistas rusos. Produciéndose un relevo de hegemonías.


El pasado 11 de abril, Ismail Omar Guelleh fue electo presidente de Yibuti, un país de poco más de 23 mil kilómetros cuadrados que, pese a su reducida extensión territorial, concentra en su suelo bases militares de diversas potencias: Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Italia y Japón. A ello se suman los proyectos de países de la Península Arábica, como Arabia Saudita, que buscan instalar nuevas infraestructuras militares, atraídos por la densidad geoestratégica de este importante enclave africano.

El pequeño Yibuti se sitúa al oeste del estrecho de Bad Al-Mandeb, una angosta franja marítima que enlaza el Golfo de Adén con el Mar Rojo y que constituye uno de los corredores más sensibles para el comercio mundial. En la orilla opuesta se ubica Yemen, donde la organización política-militar Ansar Allah -popularmente conocida como hutíes- ha confrontado las políticas expansionistas y genocidas de países como Israel y Estados Unidos.

En este marco, la elección de Guelleh no resulta sorprendente, aunque en cualquier otro contexto suscitaría mayores cuestionamientos. Guelleh llegó al poder en 1999 y, con las elecciones de este año, consolida su quinta reelección, inaugurando así un sexto mandato. A sus 78 años, enfrentó a un solo rival y obtuvo más del 97% de los votos, cifra que contrasta con las críticas internas a su proyecto autoritario. No obstante, su permanencia en el poder solo se sostiene por el respaldo de las potencias occidentales, que privilegian la estabilidad que garantiza sus intereses.

  “La alianza con fuerzas rusas fue

   concebida como una estrategia viable,

   en parte inspirada en la experiencia

   vivida en la República Centroafricana,

   donde se había logrado una reducción

   considerable de la violencia criminal”

De este modo, mientras algunos gobiernos autoritarios prolongan su permanencia en el poder sin mayores sanciones porque se subordinan a los deseos de las grandes potencias, otros son severamente cuestionados y sancionados porque obstaculizan sus beneficios, como ha ocurrido en el caso de Mali. En mayo de 2021, Assimi Goita llegó al poder en Mali mediante un golpe de Estado, justificado por la inestabilidad crónica y el largo despojo colonial. Desde enero del 2013, Francia había intervenido militarmente en este país del occidente africano bajo el pretexto de combatir el terrorismo yihadista; sin embargo, ocho años después, la violencia, la injusticia y las desigualdades no solo persistían, sino que se habían intensificado. En ese contexto, el discurso de Goita se erigió como un rechazo directo a los intereses expansionistas franceses, exigiendo la retirada de sus fuerzas armadas del territorio maliense.

Mali está atravesada por las hostilidades de las milicias
independentistas tuareg por el norte y los yihadistas del
JNIM por el sur. El fracaso de la estrategia de los países
occidentales contra el terrorismo en el sahel saltó a la
vista, generando hostilidad y repulsa por parte del 
pueblo maliense.

La salida de Francia, sin embargo, no prometió una transformación inmediata. La violencia, profundamente enraizada y las desigualdades históricas que ha heredado habían fragmentado a la sociedad. Frente a este escenario, la alianza con fuerzas rusas fue concebida como una estrategia viable, en parte inspirada en la experiencia vivida en la República Centroafricana, donde se había logrado una reducción considerable de la violencia criminal. No obstante, la realidad maliense evidenció sus propias complejidades.

El intento de golpe de Estado en Mali, vivido hace algunas semanas, se inscribió en una serie de movimientos políticos similares que, en conjunto, pusieron en tensión los intereses franceses en la región. En particular, los proyectos políticos de Burkina Faso y Níger, articulados con el de Mali, incidieron directamente en el repliegue del despliegue militar francés y norteamericano, al tiempo que interrumpieron los circuitos extractivos de recursos estratégicos como el uranio en Níger, el oro en Burkina Faso y el litio en Mali.

En Mali, la lucha contra los grupos terroristas yihadistas se ha articulado con la persistente búsqueda de Francia por mantener su influencia e intereses en la región, en tensión con los vínculos que el gobierno de Goita ha establecido con Rusia, lo cual también dialoga con los intereses norteamericanos. Por ello, la asonada golpista de fines de abril no debe interpretarse como una expresión de una supuesta violencia “natural” de las sociedades africanas, sino como el resultado de relaciones históricas de dependencia y de intereses externos que encuentran en sociedades neocoloniales un terreno fértil para su reproducción.

  “Francia había intervenido militarmente

   en Mali bajo el pretexto de combatir

   el terrorismo yihadista; sin embargo,

   ocho años después, la violencia, la injusticia y

   las desigualdades no solo persistían,

   sino que se habían intensificado”

Recordemos que el 25 de abril, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM (milicias yihadistas aliadas de Al Qaeda) y el Frente de Liberación de Azawad FLA (independentistas tuareg) lanzaron ataques coordinados en varias ciudades de Mali. Este episodio invita a problematizar, al menos, dos procesos fundamentales:

En primer lugar, la posible asociación entre grupos terroristas como el JNIM y fuerzas separatistas como el FLA con Francia, la antigua potencia colonial de la región. Desde antes de los ataques, Goita había acusado a Francia de respaldar a estos actores; y aunque los rebeldes tuareg han mantenido históricamente una lucha contra el poder colonial francés, las alianzas, en contexto de disputa geopolítica, son profundamente cambiantes.

En segundo lugar, la articulación entre fuerzas dispares como el JNIM y el FLA, plantea interrogantes sobre la naturaleza se estas convergencias: si bien la vinculación de un movimiento separatista con un grupo afiliado a Al Qaeda -que ha incrementado la letalidad en sus ataques en la región- resulta problemática, también evidencia que la violencia estructural y el despojo continuo contra las poblaciones tuareg y arabizadas del norte no pueden resolverse únicamente mediante un relevo en la competencia hegemónica (antes Francia ahora Rusia), sino que exigen cuestionar las lógicas mismas de su reproducción (subdesarrollo, marginación social, saqueo de sus recursos) es decir, afrontar con determinación la actual disputa neocolonial.     

Tuesday, May 26, 2026

 

CUMBRE CHINA – RUSIA: ¿HACIA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El líder chino Xi Jinping ha protagonizado en el último mes sendas cumbres bilaterales con las que señala
el lugar central que quiere para su país en la nueva geometría multipolar y el nuevo
orden mundial que trata de diseñar.

La escena de la cumbre en Pekín tuvo la fidelidad de una ceremonia antigua y la frialdad de una advertencia moderna. Xi Jinping recibió a Vladimir Putin en el Gran salón del pueblo no como se recibe a un socio ocasional, sino como se administra una señal al mundo. La política internacional, cuando quiere decir algo importante, rara vez lo dice con comunicados. Lo dice con tiempos, con gestos, con reiteraciones y de eso sabe mucho la milenaria diplomacia china.

Putin llegó a Pekín pocos días después de la visita de Donald Trump. Xi sentado en el centro geométrico de esa coreografía, mostró lo esencial. Pekín puede hablar con Washington, pero no se subordina a Washington; puede negociar con Estados Unidos, pero su arquitectura estratégica mira hacia Euroasia. La cumbre de mayo no fundó la unión chino-rusa. Hizo algo más decisivo: la normalizó como uno de los hechos estructurales del nuevo orden.

Xi y Putin acordaron extender el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, firmado en el 2001. Este tratado es la viga legal sobre la que ambos países construyeron una relación que superó la vieja desconfianza sino-soviética, la fuerte rivalidad comunista del siglo XX y el trauma ruso de haber dejado de ser el centro del mundo socialista.

 “China obtiene energía con descuento,

  acceso preferencial a recursos estratégicos,

  un socio nuclear capaz de obligar a

  Washington a dividir su atención,

  y una Rusia que mantiene ocupada

  a Europa mientras China consolida su

  primacía industrial, tecnológica y naval en Asia”

Con la renovación de este histórico tratado, la ganancia rusa es evidente. Rusia obtiene mercados, oxígeno financiero, respaldo diplomático y profundidad asiática. Después de Ucrania, Moscú desplazó a Europa, y China se convirtió en su principal comprador, su prestamista indirecto, su proveedor tecnológico posible y su escudo político incondicional. La agencia Reuters señalaba que China es, por amplio margen, el mayor socio comercial de Rusia y el principal comprador de su crudo.

Pero la ganancia china es menos ruidosa pero más profunda. Pekín obtiene energía con descuento, acceso preferencial a recursos estratégicos, un socio nuclear capaz de obligar a Washington a dividir su atención, y una Rusia que mantiene ocupada a Europa mientras China consolida su primacía industrial, tecnológica y naval en Asia. La relación es asimétrica, sí, pero no débil, precisamente porque la asimetría favorece a China, y Pekín puede administrarla sin desesperación.

El segundo dato es político. Ambos líderes firmaron una declaración sobre la formación de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales. Aquí está el corazón conceptual de la reunión. China y Rusia no se presentan como una alianza agresiva, sino como una corrección histórica. Su argumento es simple y poderoso: el mundo unipolar posterior a 1991 fue una anomalía; Estados Unidos confundió victoria con derecho permanente de mando; el sistema internacional debe regresar a una pluralidad de centros de poder.  Cuando Xi y Putin advierten contra la “ley de la jungla”, no están haciendo una reflexión moral abstracta. Están acusando directamente a Washington de haber transformado las reglas en instrumentos, las alianzas en cercos y el derecho internacional en un idioma usado selectivamente.

  “China y Rusia saben que, si Washington

   logra construir un sistema defensivo

  que reduzca la eficiencia disuasiva de sus

  arsenales, el equilibrio estratégico se altera”

Esa es la dimensión más importante de la cumbre. No se trata solo de comercio, ni de gas, ni de protocolos. Se trata de legitimidad. China y Rusia buscan disputar el relato fundador de un nuevo orden mundial. Frente a la idea occidental de un “orden basado en reglas”, plantean la idea de un orden basado en soberanía, no intervención, equilibrio entre grandes potencias y centralidad formal de las Naciones Unidas. La paradoja es evidente, Rusia se defiende de la expansión de la OTAN, China presiona sobre Taiwán y el Mar de China Meridional. Ambas potencias han encontrado una narrativa eficaz para buena parte del Sur Global, cansado de sanciones, dobles estándares y guerras presentadas como inevitables correcciones democráticas. La multipolaridad china-rusa no pretende un mundo más pacífico, promete un mundo menos obediente.

El gigante ruso, la superpoblada china y la emergente 
potencia hindú, son piezas clave de un nuevo orden
mundial. Pero para India, el fin de la unipolaridad
norteamericana puede ser deseable si amplia su
autonomía, pero sería inaceptable si genera una
hegemonía china en Eurasia.

El tercer dato es militar-estratégico. Xi y Putin criticaron el proyecto norteamericano “Golden Dome” (Cúpula Dorada) -ambicioso sistema antimisil para proteger el territorio estadounidense-, presentándolo como una amenaza a la estabilidad estratégica. También señalaron el deterioro del régimen de control nuclear. China y Rusia saben que, si Washington logra construir un sistema defensivo que reduzca la eficiencia disuasiva de sus arsenales, el equilibrio estratégico se altera. Por eso su respuesta no es solo diplomática: es una advertencia sobre la futura carrera de armamentos.

Además, en este tablero geo-estratégico entra Cora del Norte, no como apéndice exótico, sino como pieza incómoda y útil. Pyongyang ha encontrado en la guerra de Ucrania una oportunidad histórica para salir de su aislamiento relativo. Su cooperación militar con Rusia le permite obtener dinero, experiencia de combate, tecnología, legitimidad y respaldo diplomático. Para Moscú, Corea del Norte ofrece munición, tropas, presión sobre los aliados asiáticos de Washington y una forma de demostrar que el frente contra occidente no termina en Europa. Para Pekín el asunto es más ambiguo: China no quiere perder influencia sobre Kim Jong Un, pero tampoco le desagrada que Corea del Norte mantenga ocupados a Japón, Cora del Sur y Estados Unidos. El resultado es una geometría triangular imperfecta, no hay bloque monolítico China-Rusia-Corea del Norte, pero sí una convergencia de intereses suficientemente peligrosa.

  “China y Rusia han encontrado una

  fórmula eficaz: no necesitan dominar

  juntos el mundo, les alcanza, por ahora,

 impedir que Washington vuelva a

 dominarlo solo”

Por otro lado, India una potencia emergente, observa la configuración de este nuevo orden con una mezcla de incomodidad y oportunidad. Nueva Deli también apuesta por un mundo multipolar; lo que no quiere es un Asia organizada alrededor de China. Ahí reside la diferencia esencial. Para India, el fin de la unipolaridad estadounidense puede ser deseable si amplía su autonomía, pero sería inaceptable si genera una hegemonía china en Eurasia. Rusia fue durante décadas un socio privilegiado de India, proveedor de armas y contrapeso diplomático. Pero una Rusia demasiado dependiente de China deja de ser contrapeso y empieza a ser problema. Por eso India no romperá con Moscú, pero acelerará su multi-alineamiento: seguirá en el BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái, mientras profundiza lazos con Estados Unidos, Francia, Japón y Australia.

Como vemos, el mundo que emerge es más fragmentado, más propenso a mal entendidos y escaladas. Japón se rearma con determinación, Corea del Sur profundiza alianzas de seguridad, India equilibra con cautela calculada, Estados Unidos redistribuye recursos entre dos océanos y la economía global se divide en corredores rivales. La historia del siglo XXI se está escribiendo en estos ejes pragmáticos, mientras otros debaten principios abstractos. El tablero ha cambiado. El juego con sus riesgos y oportunidades, apenas comienza.

La unipolaridad no terminó con una declaración, ni con una foto, ni con una cumbre. Terminó lentamente. Lo que hizo la cumbre Xi – Putin fue ponerle forma visible a ese final. El nuevo orden mundial no será necesariamente más justo, ni más estable. Puede ser más fragmentado, más transaccional, más armado y más cínico. Pero será menos occidental en su centro de gravedad. Y en esa mutación, China y Rusia han encontrado una fórmula eficaz: no necesitan dominar juntos el mundo, les alcanza, por ahora, impedir que Washington vuelva a dominarlo solo.

Friday, May 22, 2026

 ¿HACIA LA “SAHELIZACIÓN” DEL GOLFO DE GUINEA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Soldados de Burkina Faso en la carretera Gorgadji, en el sahel. El avance yihadista hacia el Golfo de Guinea
desde el sahel tiene lugar en un contexto de degradación de la seguridad en la región, 
la aparición del Grupo Wagner y la expansión del crimen organizado. 

Se sabe que la región del sahel es una extensa franja semidesértica que atraviesa todo el continente africano desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo, albergando a más de diez países: comenzando con Senegal al oeste, hasta Eritrea y Yibuti al este. Esta extensa zona se ha convertido, en la última década, en el epicentro del terrorismo yihadista global.

Tanto la violencia armada como el crimen organizado, se están expandiendo peligrosamente desde el sahel hacia los países costeros del Golfo de Guinea. Esta peligrosa convergencia, denominada “sahelización” del Golfo de Guinea, avanza aceleradamente comprometiendo la seguridad de la región y el equilibrio geopolítico del continente.

La expansión del yihadismo desde el sahel hacia las costas atlánticas africanas ya no es una simple teoría ni una amenaza contenida en informes de inteligencia. Es una terrible realidad que está reconfigurando el equilibrio estratégico de África occidental y que comienza a preocupar a regiones próximas del continente.

“los grupos sahelianos priorizan el

 control de corredores logísticos,

 mercados ilícitos y espacios rurales

 abandonados por el Estado antes que

 la ocupación formal de grandes ciudades”

La llamada sahelización del Golfo de Guinea comprende una zona africana que concentra más del 50% de las muertes por terrorismo en el mundo, superando ampliamente a la zona del Oriente Próximo. Distintos estudios coinciden que el deterioro del sahel no puede analizarse únicamente como un problema regional africano.

El Golfo de Guinea ha adquirido una relevancia dentro de la 
seguridad del África occidental. La violencia yihadista se ha
desplazado del sahel hacia los Estados costeros del Golfo,
en las costas del Atlántico.

Burkina Faso, epicentro de esta crisis, acumula por sí sola cerca del 20% de las víctimas mortales globales vinculadas al terrorismo yihadista. La ONU estima además que más de 2 millones de personas han sido desplazadas únicamente dentro del territorio burkinés debido a la violencia insurgente.

El avance del yihadismo hacia el sur responde también a una lógica económica y estratégica mucho más sofisticada de lo que tradicionalmente se había interpretado. Organizaciones como el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM, vinculada a Al Qaeda, han demostrado una enorme capacidad de adaptación territorial. A diferencia del modelo territorial rígido que caracterizó al Estado Islámico de Siria e Irak, los grupos sahelianos priorizan el control de corredores logísticos, mercados ilícitos y espacios rurales abandonados por el Estado antes que la ocupación formal de grandes ciudades.

“Human Rights Watch sostiene que

 se están reeditando los abusos contra

 la población civil, que durante años fueron

 perpetrados por los soldados franceses,

 y que ahora los siguen cometiendo las

 milicias de los contratistas rusos”

En este contexto, los llamados Complejos Transfronterizos (áreas donde convergen múltiples fronteras estatales), se han convertido en uno de los principales enclaves estratégicos de la insurgencia yihadista. Estas zonas compartidas entre Benín, Burkina Faso y Níger están evolucionando de simples regiones de tránsito a auténticos santuarios operativos.

Además, el fenómeno de violencia se produce en paralelo a una creciente descomposición institucional del sahel. Mali, Burkina Faso y Níger han roto progresivamente sus vínculos militares con Francia y otros socios occidentales tras la aparición de sucesivas Juntas Militares con fuerte discurso soberanista y panafricano. La expulsión de fuerzas europeas como la operación Barkhane o la misión Takuba, que no sirvieron de mucho en su lucha contrainsurgente, están siendo parcialmente cubiertas por el Africa Grup ruso, heredero directo del antiguo Grupo Wagner.   

Sin embargo, varios informes de Human Rights Watch sostienen que se están reeditando los abusos contra la población civil, que durante años fueron perpetrados por los soldados franceses, y que ahora los siguen cometiendo las milicias de los contratistas rusos. Masacres como las registradas en Moura (Mali) o Barsalogho (Burkina Faso) han contribuido a alimentar el resentimiento local y han facilitado indirectamente el reclutamiento yihadista.

La situación resulta especialmente delicada en Benín y Togo. Ambos países eran considerados hasta hace pocos años modelos de estabilidad relativa dentro de África occidental. No obstante, la insurgencia ha conseguido explotar las facturas históricas entre los gobiernos centrales y las regiones septentrionales, tradicionalmente más pobres y menos desarrolladas.

“La relativa calma ghanesa no responde

 necesariamente a una inmunidad

 estructural, sino a una utilidad estratégica.

 El norte del país funciona como una

 retaguardia logística discreta para redes

 criminales y grupos insurgentes yihadistas”

Este fenómeno afecta particularmente a las comunidades fulani o peul, presentes en toda la franja saheliana y frecuentemente atrapadas entre las acusaciones gubernamentales de colaboración con el terrorismo y la presión de los propios grupos yihadistas.

Aunque la piratería en el Golfo de Guinea ha descendido 
de los años 2019-2021, observadores en la región advierten
que las redes criminales vinculadas al terrorismo podrían
intentar aprovecharse nuevamente de la inseguridad
que campea en los Estados del Golfo.

El deterioro ha sido visible sobre el territorio. Benín ha reforzado en los últimos años la operación militar “Mirador”, desplegando miles de efectivos en el norte del país, mientras Togo ha incrementado la militarización de la región de Savanes tras la declaración del Estado de emergencia en todo el país.

El caso de Ghana merece una atención especial dentro de la región del Golfo de Guinea. La relativa calma ghanesa no responde necesariamente a una inmunidad estructural, sino a una utilidad estratégica. El norte del país funciona actualmente como una retaguardia logística discreta para redes criminales y grupos insurgentes yihadistas.

Observadores de la zona señalan que en ciudades fronterizas ghanesas proliferan mercados clandestinos vinculados al contrabando de combustible, motocicletas y ganado robado utilizados por actores armados procedentes del sahel. A todo ello se suma la creciente convergencia entre terrorismo yihadista y crimen organizado transnacional.

En la actualidad, el Golfo de Guinea constituye uno de los principales corredores globales del narcotráfico hacia Europa. Informes recientes de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito UNOCD estima que una parte significativa de la cocaína latinoamericana destinada al mercado europeo transita por África occidental antes de alcanzar puertos mediterráneos.

“El deterioro de la seguridad del

 Golfo de Guinea tiene implicancias

 estratégicas directas en toda esta

 parte del continente. No solo por su

 proximidad geográfica al sahel, sino

 porque son una ruta migratoria hacia Europa”

Este tráfico ilícito proporciona a los grupos armados nuevas vías de financiamiento, protección local y acceso a redes logísticas internacionales. Esta violencia armada que sacude al Golfo de Guinea, también afecta las rutas marítimas de su entorno.  

Aunque la piratería en el Golfo de Guinea ha descendido respecto a los picos registrados entre 2019 y 2021 gracias al aumento de patrullas regionales, organismos especializados advierten de que las redes criminales vinculadas al terrorismo podrían intentar aprovecharse nuevamente de la inseguridad marítima. La posible conexión entre insurgencia yihadista, contrabando y piratería preocupa a toda la costa atlántica africana.

El deterioro de la seguridad del Golfo de Guinea tiene implicancias estratégicas directas en toda esta parte del continente. No solo por su proximidad geográfica al sahel, sino porque las rutas migratorias hacia Europa, los tráficos ilícitos y la infinidad de amenazas terminan proyectándose tanto sobre la costa atlántica africana como sobre la europea.

Como vemos, la llamada “sahelización” de la costa atlántica africana, no describe únicamente una expansión geográfica del terrorismo yihadista, sino la consolidación progresiva de un peligroso corredor territorial donde convergen insurgencia armada, economías ilícitas, fragilidad estatal y competencia geopolítica internacional.

Monday, May 18, 2026

 EL BRINDIS DE LOS PODEROSOS DEL MUNDO

Por: Javier F. Miranda Prieto

El brindis entre los dos lideres más
influyentes del mundo, puede verse como
el inicio de una nueva era de las relaciones
internacionales o el fin de una hegemonía
decadente. El imperio que presumía mandar
en el mundo, ahora ruega que le compren
soja, terneras o aviones. Mientras que
China adquiere una posición de fuerza
que apenas algunos años parecía
impensable.








¿Estamos ante el inicio de una nueva era en el mundo? Mientras algunos ven una alianza estratégica, otros ven el inicio de un cambio radical en la economía global. El fin de una economía en decadencia o el surgimiento de una nueva relación dominante.

Hay algo profundamente revelador en esta Cumbre mundial que terminó el pasado viernes 15 de mayo en Pekín. Durante años, la política norteamericana hacia China se construyó sobre una mezcla de arrogancia imperial y fantasía económica. La idea era simple: sancionar, presionar, amenazar y contener a China hasta frenar su ascenso. Nada de ello ocurrió.

Las restricciones tecnológicas impuestas por Washington aceleraron la apuesta china por la autosuficiencia industrial. Los aranceles dispararon tensiones globales, sí, pero también perjudicaron a sectores estadounidenses enteros. Y mientras Trump alimentaba discursos patrióticos para recuperar la hegemonía, China seguía ampliando un  influencia en Asía, África y América Latina.

La semana pasada el magnate republicano apareció en Pekín acompañado por una procesión de multimillonarios estadounidenses sentados junto a Trump, como si fuera una delegación empresarial paralela. Una imagen brutal pero muy reveladora. Porque demuestra hasta qué punto el capitalismo norteamericano depende ya del mercado chino incluso mientras su discurso político intenta demonizarlo. Lo cual demuestra evidentemente: debilidad.

Mientras tanto, sobre la mesa de la Cumbre siguieron acumulándose diversos conflictos enormes. Taiwán. Las restricciones tecnológicas. Las tierras raras. El Control industrial. Y, por supuesto, Irán.

Washington necesita que Pekín ayude a desbloquear el Estrecho de Ormuz y rebaje la tensión regional después de la intervención militar estadounidenses que solo ha servido para aumentar la inestabilidad global. China, que mantiene una posición crítica con la guerra impulsada por Estados Unidos, se encuentra ahora en situación de negociar desde una posición de fuerza.

“Las restricciones tecnológicas impuestas

  por Washington aceleraron la apuesta China

 por la autosuficiencia industrial.

 Los aranceles dispararon tensiones globales,

 sí, pero también perjudicaron a sectores

 estadounidenses enteros”

Xi fue claro respecto a Taiwán: “Sí se maneja mal la solución, ambos países podrían entrar en fricción o incluso en un conflicto armado”. No es una amenaza teatral, como las que escenifica Trump. Es un aviso serio. Porqué el equilibrio mundial está cambiando. Y ya no basta con portaaviones, sanciones y declaraciones o ruedas de prensa agresivas para imponer soluciones.

Estados Unidos sigue teniendo el mayor aparato militar del planeta. Pero cada vez le cuesta más convertir esa fuerza en autoridad política o económica. Irak, Afganistán, Ucrania, Irán. La lista de guerras interminables y operaciones fallidas empieza a parecer un catálogo del agotamiento imperial. De un agotamiento e inestabilidad originada por estados Unidos.

Y mientras Washington insiste en competir desde la confrontación permanente, China juega otra partida. Más fría. Más paciente. Más eficaz. Trump viajó a Pekín intentando vender fortaleza. Lo que terminó mostrando fue debilidad y necesidad. Mucha necesidad.

Porque cuando el presidente norteamericano pasa de amenazar a China a decir que “será totalmente recíproco” y que los grandes empresarios estadounidenses están allí “para presentar sus respetos”, lo que se está viendo no es diplomacia entre iguales, sino sumisión.

Es el viejo imperio descubriendo que ya no puede ordenar el mundo a gritos, y que para sobrevivir debe someterse a un nuevo liderazgo, a un nuevo orden mundial, a una nueva hegemonía.

Friday, May 15, 2026

 LA CUMBRE CHINA–ESTADOS UNIDOS  O EL JUEGO DEL TOMA-Y-DACA

Por: Javier F. Miranda Prieto

Hace un año, Trump hablaba de doblegar a China. Esta semana el presidente norteamericano
aterriza en Pekín sonriendo, llamando "amigo cordial" a Xi Jinping y buscando buenos
negocios para salvar a su maltrecha economía.

La mítica plaza de Tiananmen en Pekín, será uno de los escenarios de la cumbre entre los dos líderes más poderosos del mundo, en uno de los encuentros políticos más importante de los últimos años.

El 14 y 15 de mayo el presidente de Estados Unidos Donald Trump y el mandatario de China Xi Jinping, se encontraran en la capital china en el marco de una agenda muy nutrida, que tiene como principal finalidad destrabar varios temas de la agenda global: Irán y el Estrecho de Ormuz, Taiwán y el apoyo que le puede brindar Washington a la provincia rebelde china, el tema sobre el comercio y aranceles y un asunto fundamental como la tecnología, la exportación de chips y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Trump está interesado en la influencia que puede tener China en Irán, para que presione a los ayatolás para la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz. Un tema muy sensible también para la propia China, ya que para Pekín le es vital el petróleo que pasa por esa vía marítima.

Por otra parte, China busca que Trump renuncie al apoyo militar y diplomático que la Casa Blanca le presta a Taiwán en relación a su anhelo de independencia total de Pekín, pero el gobierno de Taype teme que el presidente norteamericano use ese tema para negociar con el mandatario chino la compra de productos agrícolas estadounidenses y de aviones Boeing de fabricación norteamericana y con ello tratar de paliar la grave crisis económica que le está causando la guerra en el Medio Oriente.

“Con la mira puesta en las elecciones

  legislativas del mes de noviembre,

 Trump busca afanosamente que China

 lo ayude a fortalecer su mercado interno,

 golpeado por la guerra en Irán”

De la misma manera, Trump podría reducirle los aranceles a China a cambio de nuevos acuerdos comerciales con sectores industriales norteamericanos de alta tecnología. Hay que recordar que de las 74 tecnologías de impacto global, China domina y tiene el monopolio de 66 de estas. Por eso Trump quiere lograr que Pekín limite su expansión en la exportación de chips, donde Estados Unidos lidera el mercado en el mundo y si es posible, frenar la expansión de China en el desarrollo de la inteligencia artificial, un ámbito de alta competitividad entre ambas potencias.

Con la mira puesta en las elecciones legislativas del mes de noviembre, Trump busca afanosamente que China lo ayude a fortalecer su mercado interno, golpeado por la guerra en Irán y por la subida de los precios del petróleo y sus derivados. Xi Jinping sabe que tiene la llave para torcer ese revés económico sufrido por Estados Unidos, pero a cambio va intentar lograr muchas concesiones por parte de Trump para seguir fortaleciendo su posición casi hegemónica en el mundo.   

Hace un año, Trump hablaba de doblegar a China. Ahora el presidente norteamericano aterriza en Pekín sonriendo, llamando “amigo” a Xi Jinping y viajando rodeado de Elon Musk y otros CEOs de la industria tecnológica para pedir negocios. Así termina la guerra comercial y militar que Trump vendió como una cruzada patriótica: con Estados Unidos debilitado tras el desastre en Irán, necesitando que China ayude incluso a reabrir el Estrecho de Ormuz y salvar la estabilidad económica global.

“China busca que Trump renuncie

  al apoyo militar y diplomático que la

 Casa Blanca le presta a Taiwán en relación

 a su anhelo de independencia total de Pekín”

Mientras Washington buscaba frenar a Pekín con aranceles y amenazas, China reforzó su poder industrial y tecnológico. El imperio que presumía de mandar en el mundo, ahora ruega que le compren soja, ternera y aviones Boeing. Y Xi lo recibe desde una posición de fuerza que hace apenas unos años parecía impensable.

Como vemos, la cumbre de Pekín se ha convertido, más que en un dialogo de alta política internacional, en un común y ventajoso juego del Toma-Y-Daca.

Saturday, May 9, 2026

 KENIA: ¿UNA NUEVA COLONIA DE FRANCIA EN ÁFRICA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

"Adiós Francia", dice un cartel sostenido por manifestantes en protestas realizadas en varias capitales africanas, 
evidenciando el repudio y el sentimiento anti-francés por largas décadas de 
dominio neo-colonial.

Tras ser expulsada de sus antiguas colonias, Francia intenta ahora afianzar, en nuevos países, las mismas prácticas neocoloniales que provocaron su rechazo en el sahel africano. Ante la serie de fracasos de la política gala en países de África, muchos de ellos, como: Mali, Níger y Burkina Faso, optaron por un desarrollo más soberano y panafricanista, pero ahora Emmanuel Macron ha puesto su mirada en otra nación del continente.

Se trata de Kenia, nación del oriente africano, con la que Paris ha firmado un reciente acuerdo de  defensa y a la que el propio presidente francés tiene previsto visitar a partir del próximo lunes 11 de mayo. Sin embargo, el contenido y la estructura de la asociación reproducen la misma lógica neocolonial de antiguas alianzas de Francia, que le han llevado al fracaso en otros países del continente.

Desde principios de la década de 2020, la posición de Francia en varias de sus antiguas colonias africanas se debilitó notablemente. Los cambio de gobierno en Mali, Níger y Burkina Faso dieron lugar a la llegada de nuevos líderes que se apoyaron en el sentimiento anticolonial y exigieron la retirada de las tropas y bases militares francesas. Pronto se escucharon demandas similares en Senegal, Chad y Costa de Marfil. Kenia, antigua colonia inglesa, pareció durante mucho tiempo una excepción. A diferencia de los países del África occidental, se posicionó como un socio confiable del bloque euro-atlántico en materia de seguridad. Nairobi, en particular, encabezó la misión policial internacional en Haití respaldada por Estados Unidos y se unió a la operación militar estadounidense en el Mar Rojo contra los hutíes de Yemen. 

“Tras la expulsión de Francia de

 varios países del sahel, París

 perdió todo un perímetro regional en el

 que se sustentaba su infraestructura militar.

 En los últimos años, Francia simplemente no

 ha tenido un apoyo de tal magnitud en África”

Justamente, en este contexto, Francia firmó con Kenia un acuerdo de defensa que prevé, entre otras cosas, el despliegue de 800 militares francesas en la estratégica ciudad portuaria de Mombasa para realizar ejercicios conjuntos. La Cumbre África-Francia, que se realizará en Nairobi la próxima semana, debería de dar un impulso adicional a la cooperación.

El presidente Emmanuel Macron y el keniano William Ruto 
no solo los une una amistad personal sino también el deseo
de convertir a Kenia en una nueva colonia de Francia. El 11
 y 12 de mayo se reunirán en Nairobi en la "Cumbre África
Forward", bajo la consigna de la defensa de los intereses
económicos, comerciales y geopolíticos de Francia
en África

Según los informes, París ya ha ofrecido acuerdos comerciales, inversiones y nuevos pactos de colaboración a los invitados al evento, mientras que Macron, en un gesto de evidente cálculo político, ha invitado al presidente de Kenia, el conservador William Ruto, a la Cumbre del G 7 en Francia.

En este contexto, para París las relaciones y la cooperación con esta nación africana resultan interesantes por varias razones:

Tras la expulsión de Francia de varios países del sahel, París perdió todo un perímetro regional en el que se sustentaba su infraestructura militar, incluyendo bases, misiones de instrucción y programas de capacitación a soldados. En los últimos años, Francia simplemente no ha tenido un apoyo alternativo de tal magnitud en África.

“Francia le ofrece a Kenia un paquete

 de “protección + dinero + visibilidad

 internacional”, y para Ruto, quien enfrenta

 una grave crisis interna y oleadas de

 protestas populares, esta es una propuesta

 bastante atractiva”

Además, también influyen consideraciones políticas, motivadas por el aumento de los sentimientos anti-franceses en la región. En el África occidental francófona, la retórica en contra de todo lo relacionado con Francia se ha convertido en un factor de legitimación interna de los nuevos regímenes. Es imposible volver a allí en el marco anterior, ya que cualquier paso que diera Francia se consideraría automáticamente una manifestación de prácticas neocoloniales. Por lo tanto, la lógica de la “puesta a cero”, es decir, la búsqueda de un socio fuera de la deuda colonial, es una necesidad estructural, vital para su sobrevivencia en el continente.

Kenia está ubicada en la costa del este africano. La geografía
keniana juega un papel clave en la geopolítica del continente.
Se sitúa en un punto importante en el Océano Índico, en la
encrucijada de rutas comerciales globales y muy cerca
a los estratégicos Mar Rojo y Golfo de Adén.

La geografía de Kenia, también juega un papel clave. Este país africano está ubicado en un punto estratégicamente importante en el Océano Indico, en la encrucijada de rutas comerciales globales y muy cerca del Mar Rojo. Francia le ofrece a Kenia un paquete de “protección + dinero + visibilidad internacional”, y para Ruto, quien enfrenta una grave crisis interna y oleadas de protestas populares, por su receta económica neoliberal, esta es una propuesta bastante atractiva.

Las iniciativas de París ya han provocado una ola de indignación, que reproducen antiguas prácticas neocoloniales. Los legisladores kenianos han expresado su preocupación por la soberanía nacional, señalando que el acuerdo de defensa otorga a las tropas francesas inmunidad frente a los tribunales de justicia kenianos. Lo cual, resulta especialmente polémico tras el sonado asesinato de una mujer keniana en 2012, a quien se vio rodeada de militares británicos antes de aparecer torturada y muerta, en este caso dichos agresores eludieron cualquier castigo.

“A pesar de los esfuerzos de Francia,

las intenciones de París de afianzarse

en Kenia podrían terminar fracasando

estrepitosamente. El entorno competitivo

en Kenia es más denso que en el sahel”

Como vemos, Francia no está preparada ni dispuesta a tratar con sus antiguas colonias africanas en igualdad de condiciones, a pesar de que Kenia nunca fue colonia francesa. El acuerdo con Kenia, en esencia, reproduce la misma lógica que finalmente se derrumbó en el sahel: ayuda militar a cambio de acceso político, inmunidad del contingente militar extranjero frente a la jurisdicción local y distribución asimétrica de los beneficios.

A pesar de estos esfuerzos de Francia, las intenciones de París de afianzarse en Kenia podrían terminar fracasando estrepitosamente. El entorno competitivo en Kenia es más denso que en el sahel. Si en Mali o Níger, Francia era el líder indiscutible de la presencia occidental, en Nairobi se integra a una arquitectura anglosajona ya existente y mucho más desarrollada. Francia no podrá arraigarse en Kenia de manera sostenible como lo hizo en su momento en los países del sahel.

Otra limitación se refiere al propio presidente francés y sus perspectivas futuras. El horizonte político del propio Macron es corto, su segundo mandato termina en 2027, y no hay garantías de que su sucesor, especialmente si se trata de una figura del sector de la derecha o de la llamada izquierda insumisa, esté dispuesto en invertir esfuerzos en el proyecto de África oriental.

Además, en la propia Kenia, el entorno social para la presencia de Francia es hostil. La situación internar del impopular presidente Ruto dista mucho de ser estable. Cualquier protesta importante en Nairobi con consignas anti-francesas puede convertir muy rápidamente el acuerdo en una carga política, y aquí el escenario del sahel se repite ya a nivel retórico, sin necesidad de golpes militares.