"HABÍA UNA VEZ UN REY....."
Con esta popular frase se suelen empezar los cuentos infantiles, aquellas historias fabuladas que tienen como protagonistas a valientes monarcas de mágicos reinos, que llevan a sus jóvenes lectores, hacia un mundo de historias fantásticas y aleccionadoras. Pero lamentablemente, en esta ocasión nos remitimos a un personaje escabroso que no tuvo nada de valiente o mágico, que se convirtió en uno de los gobernantes africanos más despóticos y corruptos de la historia reciente del continente.
Nuestro personaje es Jean Bédel Bokassa, militar golpista que se hizo del poder en la República Centroafricana RCA en octubre de 1,966 y que de buenas a primera se coronó Emperador en ese empobrecido país africano, convirtiéndolo nominalmente en el Imperio Centroafricano, dando inicio así a una caricaturesca historia de represión y oscurantismo, que tuvo como su principal cómplice y mentor a la civilizada y democrática República francesa.
El grotesco episodio de la entronización del autodenominado Emperador Bokassa I, resultó de gran utilidad para desnudar ante la comunidad internacional la naturaleza del neocolonialismo francés implantado en tierras africanas. Toda la retórica empleada por París, para tratar de convencer sobre las nuevas relaciones que se iniciaban entre la antigua metrópoli europea y sus viejas colonias africanas, se convirtió gracias a este triste y patético capítulo vivido por los centroafricanos, en una grave denuncia del nuevo y brutal colonialismo galo que se empezaba a implementar en África.
"Bokassa había acrecentado con sangre su
lealtad a Francia. De joven se enroló al
ejército francés, combatiendo en Indochina
-Vietnan, Laos y Camboya- matando a asiáticos
que luchaban por su liberación. En fin, para Francia
era un hombre de fiar"
La independencia concedida por Francia a la República Centroafricana en 1960 fue una formalidad. Desde entonces y hasta hoy todos los que detentaron el poder en Bangui, capital del país, fueron más leales a París que al pueblo centroafricano. Francia continuaba dictando la conducta política de la RCA como en el pasado colonial. Si algo cambió fueron las relaciones económicas, pero para peor, porque la explotación de sus recursos naturales -minerales, petróleo- por parte de las transnacionales francesas se incrementaron exponencialmente desde su independencia.
Pero continuemos con la historia, en 1,966 era presidente de la RCA David Dacko, obviamente un hombre impuesto por la antigua metrópoli, el Jefe del Estado Mayor de Ejército centroafricano y primo de Dacko, era el coronel Jean Bédel Bokassa, quien derroca al presidente en enero de ese año. Bokassa había acrecentado con sangre su lealtad a Francia. De joven se enroló al ejército francés, combatiendo en Indochina -Vietnan, Laos y Camboya- matando a asiáticos que luchaban por su liberación. En fin era un hombre de fiar.
Durante su gobierno, Bokassa fue un megalómano, un dictador que abusaba con crueldad de su pueblo, sin contar las serias sospechas de sus monstruosas prácticas de canibalismo. En 1,972 se autoproclamó Presidente Vitalicio, en 1,974 se designó pomposamente Mariscal de Campo y en diciembre de 1,977, en una farsa que asombró al mundo, se coronó Emperador. Pero si alguien conocía muy bien de todos los horrores que cometía Bokassa, ese era el propio presidente francés Valery Giscard D'Estaing, y por la misma profunda dependencia que sufría la RCA con relación a Francia, hubiese bastado un empeño firme del gobierno de París para poner fin a los desmanes y crueldades del tirano africano. Pero Francia tenía sus propios planes para proteger al dictador.
"El grotesco episodio de la coronación del
Emperador Bokassa I, desnudó la naturaleza
real del neocolonialismo francés instalado
en tierras africanas"
El bufonesco acto de coronación de Bokassa I fue una ceremonia copiada al estilo napoleónico pero en versión farsesca. Como era de esperarse, las principales Casas Reales europeas se negaron a asistir. Pero lo que no fue una comedia, fueron los ingentes recursos públicos que sirvieron para financiar estos onerosos gastos: fueron más de 28 millones de dólares lo que el Estado centroafricano, uno de los más pobres del mundo, desembolsó para este despropósito. Solo la capa de terciopelo rojo de 12 metros de largo, costó 2 millones de dólares, el equivalente a todo el presupuesto anual del sector educación de aquella época.
La amistad de Bokassa y el gobierno francés se sustentaba en los importantes intereses económicos y estratégicos que tenía Francia en el país africano. El caso del uranio es revelador, su extracción estaba en manos de una empresa suiza, que fue desplazada de este negocio por indicación del gobierno galo. A través de un Consorcio de energía atómica francesa, dirigida por un familiar del presidente francés, se negoció con la RCA acuerdos de explotación de uranio con la compañía Urca, donde la familia Giscard D´Estaing, tenía una importante cantidad de acciones.
El díscolo Emperador justificó el cambio de régimen político republicano a una monarquía constitucional argumentando que al crear una monarquía ayudaría al país a desmarcarse del resto del continente y a obtener el respeto del mundo. A pesar de los evidentes rasgos despóticos y dictatoriales del régimen de Bokassa, Francia siempre continuó apoyando a su aliado. En mayo de 1,978 Amnistía Internacional denunció el asesinato de un centenar de escolares, quienes venían manifestándose en las calles de Banguí exigiendo el aumento del presupuesto para la educación pública y la reducción del pasaje escolar, legítimas reivindicaciones que fueron reprimidas salvajemente por la policía militarizada del régimen.
El idilio entre un presidente elegido democráticamente y un tirano despótico empezó a enfriarse, la prensa francesa se fue volviendo cada vez más crítica de esta cercana relación, particularmente después que se revelara que el emperador Bokassa asiduamente daba diamantes como regalo a la familia del presidente Giscard en retribución a sus favores políticos. Al escandalo de los diamantes se añadió la masacre de los escolares en Bangui.
"Bokassa fue el reflejo deformado y caricaturesco
de la civilización occidental. Mientras pudo ocultar
las manchas de sangre de su larga cola de armiño,
el tirano pudo seguir conviviendo con Francia
como su socio, amigo y cómplice"
A estas alturas de su gobierno, el impresentable Emperador resultaba incomodo a Francia, las atrocidades de Bokassa la asociaban con el gobierno galo, y más aún estando a dos años de una elección presidencial, Giscard D'Estaing necesitaba desembarazarse de su incomodo aliado.
A principios de 1,980 la farsa llegaba a su fin, el Emperador del Imperio Centroafricano Bokassa I era derrocado con apoyo de la aviación francesa. Luego de trece años de dictadura, Bokassa fue acusado de genocidio y canibalismo. Luego de huir a Costa de Marfil y vivir exiliado en París, en 1,986 vuelve a Bangui. Fue arrestado y juzgado por asesinato, corrupción y traición. El Tribunal Republicano condenó a muerte al ex-Emperador, pero la sentencia fue conmutada a cadena perpetua, la cual se redujo posteriormente a 20 años de prisión.
En los cuentos infantiles los reyes suelen morir en el campo de batalla luchando por su reino y por su honor, pero Bokassa que tenía más de bufón que de rey, murió solo y olvidado en una cama de hospital el 3 de noviembre de 1,996, hace treinta años, luego de varios ataques cerebrales, enfermo del corazón y de los riñones. Su socio y mentor, el presidente Giscard D´Estaing perdió abrumadoramente las elecciones presidenciales de 1,981 a manos del candidato socialista Francois Mitterrand. Pero en esta historia la que perdió más fue la empobrecida República Centroafricana que siguió su destino fatal: depender política y económicamente de su antigua metrópoli europea.
Bokassa fue el reflejo deformado y caricaturesco de la civilización occidental. Mientras pudo ocultar las manchas de sangre de su larga cola de armiño, el tirano pudo seguir conviviendo con Francia como su socio, amigo y cómplice, pero cuando lo grotesco perdió toda gracia, la potencia europea le dio la espalda, olvidando que para el mundo, ambos personajes fueron siempre los verdaderos verdugos del pueblo centroafricano.



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