Saturday, February 21, 2026

 SUDÁN: PARA ENTENDER UNA GUERRA INTERMINABLE

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La interminable guerra de Sudán: Casi tres años de un conflicto olvidado pero con raíces históricas, marcada por la violencia religiosa, el caudillismo militar y la codicia de las potencias por sus recursos petroleros y mineros.

A fines de la década pasada, la paz y la democracia parecieron aumentar sus posibilidades en ciertas partes de África. El ejemplo más destacado fue lo que se vivió en Sudán, en donde un movimiento popular contribuyo a la caída de la larga dictadura de Omar Hasan Al Bashir (1989-2019), tras treinta años en el poder. Hoy sin embargo, el país está fracturado y constituye el escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo según las Naciones Unidas.

En abril de 2019, tras meses de numerosas protestas populares contra el gobierno autoritario de Al Bashir, el ejército sudanés, liderado por el general Addel Fattah Al Burhan, depuso al dictador y estableció un Consejo Militar Transitorio. Luego se creó un Consejo Supremo conformado por civiles y militares con el objetivo de convocar a comicios libres y democráticos. Un nuevo golpe militar en octubre de 2021 puso en cuestión la participación de los civiles en el Consejo, que se convirtió en plenamente militar. Esta maniobra no dejó de tener una fuerte reacción popular en las calles, las cuales fueron duramente reprimidas.

LOS CONTENDIENTES:

En abril de 2023, estalló un fuerte conflicto armado, que perdura hasta hoy, originado por la pugna por del control del país entre antiguos aliados: el ejército regular sudanés, las Fuerzas Armadas de Sudán – SAF y el grupo paramilitar las Fuerzas de Apoyo Rápido RFS dirigidas por Mohamed Hamdan Dagalo conocido como Hemetti. Las temibles RFS son los herederos de la milicia irregular janjaweed creadas por el ex-dictador durante la guerra del Darfur (2003-2020), conflicto étnico-racial localizado en el oeste de Sudán entre población árabe y grupos originarios negros.

                            “Ambos contendientes, apoyados por milicias

                        locales, tratan de mantener estructuras estatales

                      en territorios controlados: las SAF en Puerto Sudán

                                       y las RFS en el occidente sudanés”

En la actualidad, ambos contendientes, apoyados por milicias locales, tratan de mantener estructuras estatales en los territorios que controlan: el ejército sudanés o las SAF en la parte oriental del país, especialmente en el estratégico Puerto de Sudán y los mercenarios de las RFS en la parte occidental. Al mismo tiempo, tanto las SAF como las RFS son responsables de masacres contra la población civil considerada hostil sobre bases étnicas, como es el caso de aquellos no identificados como árabes en las regiones de Darfur y Kurdufán al oste de Sudán. La última de dichas matanzas, calificada de genocida, ha tenido lugar durante el asedio y ocupación a la ciudad de El Fasher por las RFS, donde se calcula que han sido asesinados y desaparecidos cientos de miles de civiles.

EL ORIGEN:

La guerra ha formado parte de la historia política de Sudán desde su independencia en 1956. Desde la primera guerra civil sudanesa (1955-1972) entre la población musulmana del norte y los cristianos y animistas del sur, ya se planteaba como solución la independencia del sur del país, que se produjo en la llamada segunda guerra civil sudanesa (1985-2005) y que propicio la creación de Sudán del Sur en el año 2011.

Áreas controladas por el ejército de SAF (rosado), zonas
dominadas por los rebeldes de las RFS (gris) y diversos 
grupos contrarios al gobierno (otros colores).

Dos años más tarde estalló otra guerra en Darfur, en la que se enfrentaron milicias surgidas de poblaciones agrícolas con las milicias jajaweed procedentes de poblaciones mayoritariamente ganaderas y apoyadas por el mismo gobierno sudanés.

Una de las claves de estos conflictos ha sido la integración forzosa de diferentes poblaciones y regiones en un orden profundamente jerárquico y desigual. El predominio de una élite arabizada de la capital, Jartum, y la ausencia de políticas de redistribución del poder y la riqueza han generado profundos agravios, interpretados a menudo en clave étnica y aprovechados por elites alternativas.

                        “El predominio de una élite arabizada de la capital

                      y la ausencia de políticas de redistribución del poder

                         y de la riqueza han generado profundos agravios

                                 interpretados a menudo en clave étnica”

La fragmentación y la segmentación alcanzan a los mismos grupos que ocupan el poder, como vemos actualmente. También el Sudan del Sur el movimiento independentista se fracturó muy pronto entre el Ejército Popular de Liberación de Sudán SPLA y una facción de este, el SPLA de Oposición.

Como vemos, un fenómeno que contribuye a la violencia de los conflictos sociales, aquí y en muchos lugares de África, es la existencia de milicias locales armadas de distinto perfil que participan en coaliciones con las fuerzas del Gobierno o contra las mismas. Líderes políticos en el gobierno y en la oposición, alimentan a grupos armados paralelos a los ejércitos y a las policías nacionales, formados por jóvenes que no encuentran proyectos vitales y económicos alternativos.  

LOS RECURSOS NATURALES: 

La extracción y comercialización de recursos naturales (petróleo, oro y otros minerales) en mercados internacionales constituyen un elemento clave del mantenimiento de esta larga guerra, aunque esta actividad extractiva también se ha visto afectada por la misma. Las áreas de producción de petróleo están en la región atravesadas por las fronteras con Sudán del Sur y se transporta a través de oleoductos hasta Puerto Sudán. El destino de este petróleo incluye los mercados de Malasia, China, Italia, Singapur y Alemania.

                            “A pesar de sus riquezas petroleras y mineras,

                            el Índice de Desarrollo Humano IDH de Sudán

                                 es de los más bajos del mundo, ocupando

                                             el puesto 176 de 193 países”

El principal actor local beneficiario del petróleo es el gobierno, junto con las grandes operadoras extranjeras, que son de capital indio, chino, malasio y sudanés. Pero en el caso del oro, extraído a través de minería artesanal, no solo las SAF sino también las RFS lucran con su venta, mayoritariamente a los Emiratos Árabes Unidos EAU.

A pesar de la riqueza mineral e hidhocarburífera, el Índice de Desarrollo Humano IDH de Sudán es de los más bajos del mundo, ocupando el puesto 176 de 193 países. Lejos de ser una paradoja, la abundancia de recursos que adquieren su valor a través de la exportación contribuye al empobrecimiento de la mayoría de la población y a la precarización de sus condiciones de vida, por la injusta distribución de sus ingresos por exportación. A su vez, esta situación de debilidad social, proporciona un caldo de cultivo fructífero para los grupos armados en conflicto.

LA GEOPOLÍTICA DE LA GUERRA:

En Sudán se llevan a cabo guerras subsidiarias donde los contendientes de otros conflictos se enfrentan indirectamente apoyando a uno u a otro de los bandos. El gobierno sursudanés del SPLA parece estar apoyando a los paramilitares del RFS, que ha llegado a enfrentarse directamente con la milicias opositoras del SPLA IO. Ello ha impedido un acuerdo entre todas las partes para que el ejército de Sudán del Sur garantice la neutralidad del área petrolera de Hegling.

Personas que huyeron del campamento de Zamzam después
que cayera en manos de los paramilitares del RFS, esperan
recibir comida luego que fueron reubicadas en Darfur.

El gobierno de Etiopía también ha intervenido en este interminable conflicto armado, financiando a las guerrillas contra el gobierno, al que acusa de haber apoyado a las autoridades insurgentes en la guerra contra la región etíope de Tigray (2020-2022).

El principal apoyo tanto diplomático como militar de las SAF de Sudán es el gobierno de Egipto, que actualmente mantiene una tensión regional con el de Etiopía por la construcción de la Gran Presa de Renacimiento en el curso alto del Nilo. Otros gobiernos de la región como los de Chad, República Centroafricana, el Ejército Nacional Libio, Kenia, Uganda y el ya mencionado de Etiopía han facilitado la llegada de armas a las milicias mercenarias de las RFS e incluso tropas y entrenamiento militar.                   

Uno de los actores externos más relevante son los Emiratos Árabes Unidos, que importan la mayor parte del oro sudanés y son el principal proveedor de armas al RFS. Por su parte, Irán, Qatar, Arabia Saudita y Turquía sean posicionados a favor del gobierno sudanés, aunque estos dos últimos de manera menos explícita, y tratando de convertirse también en facilitadores de un posible acuerdo de paz.

                           “En Sudán se llevan a cabo guerras subsidiarias

                                donde los contendientes de otros conflictos

                                    se enfrentan indirectamente apoyando

                                              a uno u a otro de los bandos”

Por último, las grandes potencias están presentes en la guerra de Sudán con posicionamientos menos unívocos. Mientras Putin apoya oficialmente a Puerto Sudán (actualmente en manos del ejército regular sudanés SAF), también lo hace a grupos alineados con RFS en las zonas de producción de oro. Por su parte, Ucrania también apoya a las SAF en su conflicto con estos grupos. La misma paradoja se da con China, que al tiempo en que se manifiesta a favor del gobierno sudanés, produce las armas que llegan a las RFS.

Washington ha intentado jugar un papel relevante en los intentos de acabar con el conflicto liderando la iniciativa Quad, planteada en setiembre de 2025 por Estados Unidos, Arabia Saudita, Egipto y los EAU con una ruta para la paz sin mayores efectos. Lo que sí está teniendo consecuencias devastadoras para millones de refugiados es la drástica y perversa reducción de ayuda humanitaria realizada por la administración Trump.

Como vemos, las causas y dinámicas del interminable conflicto en Sudán son complejas, y no se derivan directamente de las estrategias y enfrentamientos entre las grandes y medianas potencias. Pero actores tanto locales como extranjeros tratan de sacar provecho de una situación donde millones de personas sufren violaciones sistemáticas de sus derechos. Los múltiples actores internos y externos dificultan enormemente el éxito relativo de los avances alcanzados.

El actual contexto belicista internacional, como la actitud y el discurso militarista de Trump, por el cual insta por la reducción del poder de las instituciones de seguridad colectivas, el multilateralismo y en donde se cuestionan principios básicos de derecho internacional en torno a la soberanía y los derechos humanos, contribuye de manera decisiva al mantenimiento de conflictos devastadores, como la interminable guerra en Sudán.     


Wednesday, February 18, 2026

 

ETIOPÍA–ERITREA:

SUENAN TAMBORES DE GUERRA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Etiopía y Eritrea ubicados en el estratégico Cuerno de África, son escenarios de pugnas fronterizas y de acuerdos de
paz incompletos que pueden generar otro conflicto armado en un contexto regional cada vez más tenso.
Los sonidos de tambores de guerra pueden seguir asolando la zona.

Como un espectro que regresa del pasado, el sonido de los tambores de guerra vuelve a recorrer la región etíope de Tigray en plena frontera con Eritrea. Según diversas informaciones, el conflicto que asolo el norte de Etiopía entre 2020 y 2022, causó más de 600 mil víctimas mortales, dos millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares, miles de mujeres y niñas fueron violadas y la infraestructura civil quedó completamente devastada.

A poco más de tres años de firmarse el acuerdo de paz y cuando la población de Tigray apenas empieza a recuperarse del trauma colectivo generado por la guerra, un nuevo conflicto armada parece estar tomando forma. Los actores son en gran parte los mismos, pero las lealtades, los equilibrios regionales y los intereses en juego han cambiado sustancialmente. Sin embargo, en el fondo también se encuentran de nuevo las tensiones entre centralismo y federalismo étnico, las ambiciones de los contendientes y un contexto regional cada vez más tenso.

A fines de enero, las fuerzas del Frente Popular de Tigray TPLF y el ejército etíope se enfrentaron en distintos combates en varias zonas de la región de Tigray. Estos se concentraron con especial intensidad en torno a la localidad de Tselemt, situada en la parte occidental, junto a la frontera con la región de Amahra. Los enfrentamientos hicieron temer que se tratara del inicio de una guerra a gran escala, con la aerolínea nacional etíope suspendiendo sus vuelos hacia Tigray y los organismos internacionales llamando a la desescalada. Sin embargo, las aguas parecieron volver a su cauce, manteniendo a la población de este territorio en una calma tensa.

                                “A poco más de tres años de firmarse

                             el acuerdo de paz y cuando la población

                        de Tigray empieza a recuperarse del trauma

                          generado por la guerra, un nuevo conflicto

                               armada parece estar tomando forma”

Tanto las Naciones Unidas como la Unión Africana coincidieron en sus respectivas comparecencias y comunicados en exigir a ambos contendientes el respeto y cumplimiento del Acuerdo de Cese de Hostilidades firmado en la ciudad sudafricana de Pretoria en noviembre de 2022, y que consideraran que debe ser el marco para la resolución de disputas. A pesar de ello, no es solo su incumplimiento lo que podría crear las condiciones para la guerra, sino que es precisamente este y, especialmente, todo lo que dejó de resolver, una de las cusas principales de su posible estallido.

Etiopía no oculta su interés de obtener un puerto marítimo,
objetivo de gran valor geopolítico, y por el que está dispuesto
ha recuperar sus antiguas posesiones en Eritrea.

Aunque el acuerdo logró silenciar las armas, no pudo afrontar las causas profundas del conflicto ni establecer mecanismos de reparación y rendición de cuentas, lo que refuerza la sensación de impunidad ante los graves crímenes cometidos y el resentimiento ante el gobierno central entre la población de Tigray. Una de las principales cuestiones que quedaron sin resolver fue la del estatus de la zona de Tigray Occidental, lugar donde se produjeron los recientes combates y que tanto la región de Amhara como la de Tigray consideraran como propias. De allí huyeron centenares de miles de personas durante la guerra, acosadas por fuerzas regionales amhara y tropas de la vecina Eritrea en una campaña que muchos considerar como de limpieza étnica.

Muchas de ellas siguen viviendo el día de hoy en hacinados campamentos de refugiados, sin ver cercano el momento de regresar a sus hogares. En el acuerdo se preveía la resolución de este contencioso territorial mediante mecanismos constitucionales, lo que podría incluir la celebración de un referéndum que, hasta ahora, el gobierno federal etíope, se ha mostrado reticente a celebrar. En la práctica, y a pesar de que el acuerdo previa la retirada de todas las fuerzas “externas”, el territorio sigue ocupado tanto por fuerzas regionales y milicias amhara como por soldados eritreos.

                             “Con la independencia de Eritrea en 1993,

                           Etiopía perdió su acceso directo al Mar Rojo,

                             pasando a ser dependiente de Yibuti para

                                   sus exportaciones e importaciones”

Al llegar al cargo de Primer Ministro en 2018, Abiy Ahmed Ali era alabado por gran parte de la comunidad internacional como un gran líder reformista y comprometido con la liberación política y económica de su país, viéndose en él la figura ideal para superar los conflictos internos que han marcado la historia reciente de Etiopía. Estos halagos tendrían su mayor ejemplo al ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2019, por la consecución de la reconciliación con Eritrea. Desde entonces, ha estrechado el cerco contra la oposición política etíope, ha llevado a cabo una de las guerras más mortíferas del siglo XXI, ha enfurecido a varios de sus países vecinos y combate varias insurgencias en distintas regiones del país.

Luego de casi tres años de una paz incompleta, se recrudece
la violencia armada en la región de Tigray, al norte de Etiopía.
Se han confirmado enfrentamientos entre el ejército federal
y las milicias del TPLF del Estado de Tigray.

Todo ello se encuentra estrechamente vinculado a las ambiciones del propio Abiy Ahmed, que incluyen la recentralización del Estado etíope a su eterno deseo de que su país obtenga una salida al Mar Rojo. Desde su llegada al poder, ha tratado de desmantelar el sistema de federalismo étnico instaurado desde la caída del régimen militar del Derg en 1991, un modelo que otorga amplias competencias a las regiones dominadas por los principales grupos étnicos, a las que incluso reconoce su derecho a la autodeterminación. Para Abiy, este sistema es la causa de la fragmentación, la violencia y el debilitamiento del Estado etíope, mientras para amplios sectores de la población representan unas garantías mínimas de autogobierno y representatividad.

La llegada al poder de Abiy Ahmed supuso, a su vez, el final de la larga hegemonía del  TPLF al frente del país. Esta organización había liderado el gobierno etíope desde 1991, a pesar de que Tigray solo representa un aproximado 6% de la población. Esto había creado un  gran resentimiento en gran parte de la población que Abiy supo aprovechar, creando el Partido de la Prosperidad, con el que se pretendía superar las líneas étnicas de los partidos políticos etíopes. Detrás de ello se encontraba el objetivo de concentrar cada vez más poder en Addis Abeba, por lo que muchas regiones lo consideraron una amenaza directa a su autonomía y se convirtió en la causa subyacente del estallido de la guerra en Tigray.

Por otro lado, Abiy no oculta su intención de obtener un puerto marítimo, objetivo de gran valor geopolítico, que incluso ha tachado de “existencial” y por el que parece dispuesto a incendiar toda la región. Con la independencia de Eritrea en 1993, Etiopia perdió su acceso directo al Mar Rojo, pasando a ser enormemente dependiente de Yibuti para sus exportaciones e importaciones. Para revertir esta situación, no dudo en llegar a un acuerdo con Somalilandia en 2024, la provincia rebelde de Somalia, por el que obtendría el arrendamiento de una franja costera a cambio de reconocer su independencia, lo que le enfrentó diplomáticamente a Somalia.

Tras la reconciliación de Etiopia y Somalia, auspiciada por Turquía, todos los ojos se volvieron hacia Eritrea, y concretamente, hacia el puerto de Assab. Las proclamas de Abiy de que “el acceso al mar no es negociable” inquietan mucho en Asmara, marcando un nuevo giro entre las relaciones de ambos países. Si, tras firmar la paz, el primer ministro etíope consiguió que el ejército de eritrea participara en la guerra contra un enemigo compartido, el TPLF, ahora el presidente eritreo -el dictador Isaías Afwerki- se ha acercado a este mismo grupo de milicianos para perjudicar y, si es necesario, combatir al gobierno federal etíope.

                          “Tras la reconciliación de Etiopia y Somalia,

                              auspiciada por Turquía, todos los ojos se

                              volvieron hacia Eritrea, y concretamente,

                                            hacia el puerto de Assab”

Unido a esto, el TPLF no sería el único grupo armado al que Eritrea se estaría acercando, pues, según denuncia el gobierno etíope, desde Asmara estarían entablando conversaciones con las milicias FANO para tenerlas a su lado en una eventual guerra. Estas milicias pertenecen al grupo étnico amhara y, tras ser excluidas como Eritrea del Acuerdo de Pretoria y el intento de Abiy Ahmed de integrarlas en el ejército federal, iniciaron una insurgencia armada en todo el Estado de Amhara. Ahora, en caso de guerra en Tigray, crearían un segundo frente contra el gobierno federal, al que también podrían unirse otras insurgencias en todo el país como las de los Oromo o los somalíes.

A todo esto, cabe sumarle un contexto regional cada vez más tenso y con crecientes intereses externos en juego, con bloques y alianzas cruzadas donde cada actor busca asegurar su influencia estratégica en el Mar Rojo. En Sudán, la guerra está a punto de cumplir tres años y cada vez existen mayores indicios del apoyo etíope a las Fuerzas de Apoyo Rápido, el grupo de mercenarios que combaten contra el ejército sudanés con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos. Por otro lado, Egipto se encuentra en una disputa de larga data con Etiopia por la construcción de la Gran Presa del Renacimiento, aprovechando la coyuntura para acercarse a Eritrea y Somalia ante las acciones hostiles del gobierno de Addis Abeba.

A todo ello podríamos sumarle la búsqueda de Somalilandia de obtener reconocimiento internacional y que amenaza con desintegrar de forma definitiva a Somalia, la posible reactivación de la guerra civil de Sudán del Sur o de tantos conflictos latentes que amenazan con una verdadera guerra regional en todo el Cuerno de África, que podría tener a Tigray como su epicentro. De este modo, no podemos ver una posible guerra en Etiopía como un episodio aislado, sino como la consecuencia directa de un acuerdo de paz incompleto, un modelo de Estado en disputa y una región cada vez más militarizada, haciendo que una guerra a gran escala deje de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad real y volver a escuchar en esta región, el ruido ensordecedor de los tambores de guerra.

Wednesday, February 11, 2026

 

SOMALIA¿EL NUEVO PROTECTORADO TURCO EN EL CUERNO DE ÁFRICA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Base militar turca en Mogadiscio, conocida como Tuksom. En las últimas décadas, las diversas actividades militares
y económicas turcas en Somalia se han intensificado y diversificado con gran rapidez. Convirtiendo a Somalia,
 en un protectorado turco en el Cuerno de África.

No es novedad el hecho de que ha comenzado la carrera por la hegemonía en África por parte de las grandes potencias, pasando a menudo desapercibidas las potencias medianas. Sin embargo, su papel es muy relevante para la configuración del continente y para su propia política exterior. Desde hace años Turquía viene ejecutando una estrategia orientada a la expansión en las zonas del Medio Oriente, Asia y África en detrimento de Europa.

El Cuerno de África es una región de enorme valor estratégico en la que las grandes y medianas potencias se han expandido, pero el caso de Somalia estaba menos disputado por la larga inestabilidad y violencia que padece desde hace décadas. Sin embargo, esto no parece haber supuesto un inconveniente para los turcos, que han demostrado poder moverse en terrenos inestables como el caso de Libia llevando a cabo una estrategia de expansión en todos los ámbitos de la política somalí.  

La noticia se publicó hace una semana pero pasó casi desapercibida, el cable señalaba que el despliegue de tres cazabombarderos F-16 por parte de Turquía en Mogadiscio capital somalí, “tenía como objetivo proteger las inversiones turcas en energía y puertos espaciales”. También se citaba una declaración turca que reafirmaba la integridad territorial de Somalia en medio del reconocimiento de Somalilandia, la provincia rebelde somalí, por parte de Israel y se comprometía a apoyar la lucha contra el terrorismo yihadista, insinuando que planea desempeñar un papel más importante en dichas misiones en territorio somalí. El medio añadió que Turquía ya cuenta con drones armados y helicópteros artillados en Mogadiscio.

                               “Ankara ha entrenado a miles de soldados

                                 somalíes, lo que representa un tercio de

                                     su ejército…además, Turquía recibe

                                      la friolera del 90% de los ingresos

                                         de Somalia por petróleo y gas”

Recordemos, que este país euro-asiático opera actualmente una gran base militar instalada en la capital somalí, mientras que empresas turcas administran tanto el aeropuerto como el principal puerto de la ciudad. Ankara también ha entrenado a miles de soldados somalíes, lo que representa aproximadamente un tercio del ejército de Somalia, tanto en Turquía como en su base de Mogadiscio, conocida como Turksom. Cabe mencionar además que, según se informa, Turquía recibirá la friolera del 90% de los ingresos de Somalia por petróleo y gas en alta mar según el acuerdo desigual firmado en 2024.

Turquía ha intensificado su presencia en África.
Entre los países africanos en los que Turquía está
aumentando su influencia, Etiopía, Libia y Somalia son los
más cruciales desde el punto de vista estratégico.

En realidad, este conjunto de hechos sugiere de forma convincente que Somalia se ha convertido en un protectorado turco de facto en pleno Cuerno de África, lo que intensifica la rivalidad entre Turquía e Israel tras el reconocimiento de Somalilandia por parte del gobierno sionista. Si bien algunos niegan la existencia de dicha rivalidad, ya que Turquía siguió permitiendo el transito del petróleo azerbaiyano por su territorio rumbo a Israel durante los bombardeos a Gaza, esto es tan deshonesto como afirmar que Rusia y la OTAN no son rivales porque Rusia aún vende parte de su petróleo y gas a los miembros europeos del bloque. No hay que confundir la amistad o enemistad entre países, con la defensa de sus propios intereses económicos.

Tras aclarar este importante detalle, es posible que el despliegue de los famosos F-16 de Turquía en Mogadiscio forme parte de sus preparativos para una campaña militar contra Somalilandia, alineada con Israel, cuyo yacimiento de petróleo y gas en alta mar Ankara considera suyo tras su acuerdo con Mogadiscio. Para evitar malentendidos, dicha campaña podría no ser inminente ni inevitable, pero el mes pasado se evaluó que la naciente “OTAN islámica” -proyecto de alianza militar en desarrollo formado por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía- podría pronto poner la mira en Somalilandia.   

                             “Somalia se ha convertido en un protectorado

                                  turco de facto en pleno Cuerno de África,

                                       lo que intensifica la rivalidad entre

                                   Turquía e Israel tras el reconocimiento

                           de Somalilandia por parte del gobierno sionista”

La idea principal es que la alianza de Turquía con Somalia podría combinarse con la alianza, supuestamente planeada, de Arabia Saudita con Somalia y Egipto, así como con la alianza firmada en setiembre pasado con Pakistán, que también es aliado de Turquía y firmó su propio pacto de seguridad con Somalia el año pasado, para crear una alianza contra Israel. Como se sabe, los cinco países islámicos están en desacuerdo con Israel por diversas razones, por lo que comparten el interés político de ayudar a Somalia a reconquistar Somalilandia para asestar un golpe simbólico al estado judío por estos medios.

Estados unidos es consciente de todo esto, sobre todo porque sigue siendo el principal socio antiterrorista de Somalia, a pesar de los duros comentarios de Trump sobre este país y su población. Sin embargo, aún no ha reaccionado a esta emergente alianza anti-Somalilandia ni al despliegue de los aviones F-16 de Turquía a Somalia. Esto sugiere una aprobación tácita (al menos por el momento), lo que podría generar un dilema de seguridad entre la “OTAN islámica” y Etiopía, un país sin litoral, cuyo líder busca diversificar su independencia de Yibuti para acceder al mar.

La pequeña Yibuti puede considerarse parte de este bloque debido a sus recientes acuerdos portuarios con Arabia Saudita y Egipto, mientras Eritrea y Sudán ya son aliados de Egipto, que también tiene tropas en Somalia con el pretexto de combatir el terrorismo. El resultado final es el surgimiento de una alianza regional contra Somalilandia, cuya posible reconquista por parte de Somalia, llevaría a este bloque a controlar la única ruta alternativa de Etiopía al mar, lo que podría llevar a su posterior subordinación. Con ello estaríamos confirmando la existencia de Somalia como protectorado turco de facto en pleno Cuerno de África.

Monday, February 9, 2026

 

LA CUENCA DEL LAGO CHAD:               

LA YIHAD LLEGÓ PARA QUEDARSE

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El ejército chadiano sostuvo en el mes de enero un enfrentamiento armado con miembros de la banda Boko Haram. 
En los últimos años África está siendo víctima de un crecimiento de grupos terroristas.
Hay una zona como es la cuenca del lago Chad, que sin que se le preste demasiada 
atención está siendo devastada.

África es hoy un escenario de inmensos contrastes, marcados por destacados avances -datos macroeconómicos, crecimiento demográfico e inmensas infraestructuras-, pero también por significativos retrocesos, donde la conflictividad y la violencia -las amenazas más persistentes- adquieren un dramático protagonismo, especialmente en las regiones del sahel occidental, el Magreb, el centro de África, el Cuerno Africano, Mozambique y la Cuenca del Lago Chad.

En estas zonas africanas, las duras condiciones de vida; la falta de expectativas, en especial en la juventud; la pobreza endémica y la crisis de estabilidad, han generado un terreno fértil para la proliferación de conflictos armados, el crimen organizado y en especial el terrorismo de carácter yihadista, generando un triángulo pernicioso que socaba la convivencia, la seguridad y el desarrollo africano.

Aunque una parte significativa de la atención internacional se centra actualmente en las acciones yihadistas en el sahel central y su posible extensión hacia el sur, la cuenca del lago Chad, una vasta área que abarca el noreste de Nigeria, la región de Diffa en la República de Níger, el extremo norte de Camerún y una parte del oeste de Chad, se está convirtiendo, peligrosamente, en un foco de violencia fundamentalista.

En esta zona, las dos facciones del movimiento yihadista, a menudo designado como Boko Haram, siguen causando graves estragos. Uno de estos dos grupos, la Provincia del África Occidental del Estado Islámico ISWAP, ocupó el primer lugar entre las llamadas “provincias” del estado Islámico en todo el mundo, tanto en el número de ataques revindicados (445) como en víctimas (1552) durante el año 2025. Durante este mismo periodo, el Estado Islámico de la Provincia del Sahel ISSP, la otra facción de la banda fundamentalista, se atribuyó “solo” 40 ataques y 535 muertos. En estas primeras semanas de 2026, los yihadistas de la cuenca del Chad han emprendido un esfuerzo renovado contra objetivos militares especialmente en Nigeria y Camerún. La situación se ha vuelto tan grave, que el pasado 8 de enero, el gobernador del estado nigeriano de Borno, la región de Nigeria más afectada por las dos facciones de Boko Haram, anunció que las autoridades y el ejército estaban perdiendo terreno.  Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿Qué está sucediendo en la cuenca del lago Chad?, ¿Qué explica la nueva oleada de atentados contra los militares? y ¿Qué dice estas acciones sobre la evolución de la insurgencia yihadista en la región?

                “Las duras condiciones de vida; la falta de expectativas,

                      en especial de la juventud y la pobreza endémica

                  han generado un terreno fértil para la proliferación

                                del terrorismo de carácter yihadista”

La insurgencia en la cuenca del lago Chad estalló en 2009, cuando los seguidores de un predicador salafista de línea dura, Mohammad Yusut, funda la banda armada Boko Haram, iniciando un levantamiento fundamentalista en varias ciudades del noreste de Nigeria. Aunque el levantamiento fue reprimido y el propio Yusut fue ejecutado por la policía nigeriana, sus seguidores se reorganizaron con cierto apoyo y asesoramiento de Al Qaeda, bajo el liderazgo de Abubakar Shekau, transformándose en una organización terrorista urbana. Después de ser expulsada de las ciudades, la banda se reasento en áreas rurales iniciando una guerra de guerrillas que finalmente se extendió a las zonas fronterizas de los países vecinos (Níger, Camerún y Chad), por toda la cuenca del Chad, donde Yusut había cultivado un grupo de seguidores.  Hasta el 2015, este movimiento yihadista experimentó una espectacular expansión militar, expulsando al ejército nigeriano de varias ciudades del noreste.

Ese mismo año, con la esperanza de recibir ayuda y tratando de apaciguar las disidencias internas, Shekau jura lealtad al “Califa” del Estado Islámico, convirtiéndose en ISWAP. Sin embargo, a partir de 2018, el ejército nigeriano comienza a contraatacar, apoyado por una empresa militar privada sudafricana y por los Estados vecinos, que coordinaron con Nigeria para establecer una coalición militar. Dando inicio a un proceso de avances y retrocesos tanto en las acciones de la banda yihadista como en la ejecutoria de los ejércitos de la zona. Las pugnas y divisiones internas del grupo terrorista y los cambios de gobierno tanto en Nigeria como en los países que conforman la cuenca del lago Chad, debilitaron las estrategias militares y el éxito de las acciones armadas en ambos bandos.

Solía ser el sexto lago más grande del mundo. Pero ahora el 
lago compartido por Chad, Níger, Nigeria y Camerún es
como un collage inmenso de charcas y zonas desérticas.

El notable aumento de la actividad yihadista que comenzó en abril de 2025 en la cuenca del Chad se debe casi y exclusivamente a las acciones del ISWAP, la facción alineada con el estado Islámico. Los mismos grupos terroristas han circulado amplia información de sus operaciones armadas, destacando saqueos de pueblos, ataques armados y asesinatos selectivos. Lo que distingue a la actual ola de ataques yihadistas no es solo el gran volumen de acciones armadas  revindicados por ISWAP, sino el hecho de que muchas de estas acciones se han dirigido contra posiciones militares y objetivos estratégicos, muchos de ellos bastantes impactantes.

                               “La cuenca del lago Chad, una vasta área que abarca

                             el noreste de Nigeria, la región de Diffa en la República

                                 de Níger, el extremo norte de Camerún y una parte

                            del oeste de Chad, se está convirtiendo, peligrosamente,

                                           en un foco de violencia fundamentalista”

Este resurgimiento de atentados terroristas se debe a una variedad de factores, tanto del propio ISWAP como de la respuesta de Nigeria y de los demás estados de la cuenca del Chad. En primer lugar, esta situación es intrínseca a la naturaleza de la guerra de guerrillas: los guerrilleros o milicianos yihadistas se suelen esconder, esperan, se agrupan, se adaptan a la postura de los ejércitos estatales, probando nuevas estrategias y tácticas. Dominan los espacios conquistados. Controlando importantes áreas rurales, aprovechándose de su población y de su economía para obtener impuestos, suministros y mano de obra. Además, ISWAP ha mantenido conexiones con el Estado Islámico, que anteriormente habían demostrado ser cruciales para ayudarlo a mejorar su desempeño militar.

Existen razones convincentes para creer que el Estado Islámico ha sido clave en el asesoramiento para las innovaciones tácticas y el uso de tecnología militar de avanzada. La utilización por parte de las bandas yihadistas de instrumentos de visión nocturna y de drones artillados que sirven para lanzar explosivos contra campamentos militares de los ejércitos combinados de los países de la cuenca del Chad, son indicativos del avance y el reforzamiento de posiciones de estas bandas armadas.

Por otro lado, los ejércitos de los países de la cuenca del Chad, se han visto sacudidos por descoordinaciones y debilitamiento en la respuesta militar ante las acciones yihadistas. Las autoridades nigerianas, en las últimas semanas, han estado transfiriendo, algunos de sus activos militares del noreste, escenario del conflicto, a otros lugares, para enfrentar otros problemas de seguridad, especialmente en el noroeste, donde el bandidaje, el secuestro y el conflicto entre agricultores y pastores se combinan para degradar las condiciones de seguridad.

                             “La creciente inquietud y malestar en la cooperación

                                  entre los estados de la cuenca del lago Chad no

                                  está ayudando. Esta situación conflictiva entre

                                   los estados de la región, podrían infringir un

                                   grave daño a la moral del ejército nigeriano” 

Adicionalmente, la creciente inquietud y malestar en la cooperación entre los estados de la cuenca del lago Chad no está ayudando. En particular, el golpe de estado en Níger y el rechazo inicial del recién elegido presidente nigeriano Bola Tinubu contra la junta nigerina crearon una ruptura que dura hasta hoy entre Niamey y Abuja. A pesar de varios esfuerzos para mejorar las relaciones entre los dos países, a partir de este año, el líder de la Junta nigerina seguía acusando a Nigeria de organizar reuniones en Abuja con potencias occidentales hostiles y  elementos yihadistas para conspirar contra Níger.

La cuenca del lago Chad, una región del sahel golpeada por 
la seguía y la violencia yihadista, podría convertirse en
un territorio de éxodo masivo de migrantes.


Asimismo, las relaciones de Nigeria con Chad han sido menos estables desde la muerte del presidente chadiano Idriss Déby: su sucesor e hijo no ha ocultado su frustración por el manejo de Nigeria de la crisis con Boko Haram y parece contento en centrarse solo en el propio territorio chadiano. Solo Camerún parece comprometido en ayudar a Nigeria a afrontar la crisis de violencia armada. Esta situación conflictiva entre los estados de la región, podría infringir un grave daño a la moral del ejército nigeriano y a la estrategia anti-subversiva diseñada para combatir a estas bandas armadas.

La evolución de la situación en la región del lago Chad va depender de muchos factores. Parece que Nigeria ha consolidado nuevamente su capacidad aérea, en especial en el estado de Borno. Sin embargo, el problema sigue siendo la postura fundamentalmente defensiva de Nigeria, incluso cuando los ataques aéreos pueden infligir graves daños a las huestes yihadistas, no desafían el dominio territorial mantenidas por las huestes fundamentalistas en importantes áreas rurales, incluyendo el estado de Borno. Esta debilidad del ejército regular podría generar una consolidación territorial de las milicias del ISWAP, con el agravante de crear una posible tercera provincia autónoma, bajo el control de la banda armada,  en el mismo estado de Borno.

                                  “La continuación de esta “guerra civil” yihadista,

                                tendrá un alto costo para ambos grupos disidentes.

                           Sin embargo, si una facción prevaleciera o se alcanzara

                                un acuerdo entre ellas, el peligro para los estados

                                       del lago Chad aumentaría enormemente”

Entre otras incertidumbres importantes, la evolución de la relación de las facciones de Boko Haram, y la preeminencia del ISWAP es, sin duda, un factor clave, dado que estas ramas yihadistas son más hábiles para destruirse mutuamente que el ejército. La continuación de esta “guerra civil” yihadista, tendrá un alto costo para ambos grupos disidentes. Sin embargo, si una facción prevaleciera o se alcanzara un acuerdo entre ellas, el peligro para los estados del lago Chad aumentaría enormemente.

Otro factor preocupante, es la proliferación de otros grupos de milicianos islámicos en Nigeria. Esto incluye al establecido Ansaru, una filial de Al Qaeda que tiene una presencia discreta en el centro nigeriano; los misteriosos Lakurawa, que han mudado de Mali a los estados de Nigeria de Sokoto y Kebbi y que algunos observadores asocian con una rama radical de Al Qaeda y Darusalam, un grupo independiente ubicado en la frontera de la República de Benín. La información sobre estos grupos es escasa y a menudo contradictoria, lo que en sí mismo constituye una realidad preocupante.

En cualquier caso, tanto ISWAP como las otras facciones de Boko Haram, parecen haberse arraigado en las zonas rurales del noreste nigeriano, transformándose, según los estudiosos del tema, en sociedades egocéntricas, es decir, que administran su propio territorio y su propia economía. Gracias al estado Islámico, estos grupos han logrado la capacidad de recuperarse y adaptarse a los cambios en la estrategia y en las tácticas del ejército nigeriano. Lo cierto es que a medida que continúe evolucionando, la yihad en la cuenca del lago Chad llegó para quedarse.   

Saturday, January 31, 2026

UGANDA: UN CASO DE “GERONTOCRACIA” Y ESTABILIDAD COLONIAL

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El pasado 15 de enero, los resultados electorales para presidente en Uganda, se recibieron sin sorpresa alguna.
Yoweri Museveni el eterno presidente de 81 años, logró su cuestionado séptimo mandato, prolongando sus casi 40 años consecutivos en el poder. Ejemplo nocivo de una gerontocracia colonial. 

Uganda está atravesado por el extractivismo petrolero, la militarización de la política y una democracia sin alternancia real. Las últimas elecciones revelaron que el conflicto en Uganda no es solo político, sino histórico: soberanía o subordinación.

Yoweri Museveni encarna, tras casi cuatro décadas en el poder, una paradoja africana: garante de estabilidad para el orden político regional y, al mismo tiempo, símbolo de una gerontocracia que gobierna un país joven, con conflictos sociales irresueltos escondidos detrás de una falsa estabilidad económica sustentada por negocios relacionados con el expolio de sus recursos naturales. Se sabe, que occidente a sus cómplices regionales, los ayuda para mantener esta estabilidad, muchas veces se habla de la “trampa de la deuda china” pero poco de las cadenas que aprietan a los pueblos, a través del FMI y el Banco Mundial donde las potencias occidentales tienen sus negocios.

El viejo Museveni gobierna Uganda desde 1986. Cuando llegó al poder, la Guerra fría ordenaba el mundo, el apartheid seguía en pie en Sudáfrica y buena parte del continente africano buscaba reconstruirse tras décadas de dictaduras y guerras civiles. Luego del gobierno instable y corrupto de Milton Obote (1966-1980), le siguió el régimen de terror del caricaturesco Iddi Amin Dada (1971-1979), y para terminar en la dictadura de los hermanos Basilio y Tito Okello (1984-1986). En ese contexto, Museveni se presentó entonces, como un líder de unidad nacional, un restaurador del orden tras el caos.  Durante años fue leído como parte de la generación que había logrado estabilizar Estados frágiles. Hoy, casi cuarenta años después, su figura se  ha transformado en otra cosa: en el rostro de una gerontocracia que gobierna un país joven con las herramientas del miedo y la coacción.

Uganda tiene una de las poblaciones más jóvenes del continente: más del 75% de sus habitantes es menor de 30 años. Hablamos entonces de una generación que no vivió la cruenta guerra civil que Museveni utiliza como legitimación histórica. Pero que si vive, en cambio, una época en donde el desempleo estructural, la informalidad, la represión policial y un sistema político que no ofrece alternancia real, es la moneda corriente en estos días. En ese choque entre un poder que administra el pasado y una sociedad que exige futuro, se juega el núcleo del conflicto ugandés.

                          “Museveni, durante años fue leído como

                                        parte de la generación que había

                                     logrado estabilizar Estados frágiles.

                                Hoy, cuarenta años después, su figura es 

                            el rostro de una gerontocracia que gobierna

                                un país joven con las herramientas del

                                                 miedo y la coacción”

Las elecciones del pasado 15 de enero cristalizaron esa tensión. La controlada Comisión Electoral declaró vencedor a Museveni con más del 70% de los votos frente al opositor Bobi Wine, popular músico convertido en líder político y símbolo de la ruptura generacional. Wine denunció que el proceso fraudulento había sido “una operación militar con papeletas de votación”, una frase que recorrió el país como síntesis de la experiencia social de los comicios.

En este contexto, Bobi Wine no es un simple opositor. Es un símbolo generacional. Un músico nacido en los barrios pobres de Kampala, convertido en dirigente político y que expresa una ruptura cultural con la elite militar que gobierna desde los años ochenta. No viene de los cuarteles ni de la vieja política: viene de la calle, de la música popular, del lenguaje cotidiano de los jóvenes. Por eso el Estado no lo trata como un adversario, sino como una amenaza sistémica.

Uganda a pesar de ser un país sin salida al mar, es un 
territorio estratégico, limitando con seis países del 
centro y oriente africano y por sus reservas petroleras.

Pero Uganda no puede leerse solo desde las urnas o desde la competencia política. Lo que ocurre en Kampala es inseparable de su rol geopolítico regional, de su economía dependiente y de su lugar en el mapa del poder global. Este país del oriente africano, suele ser presentado como una isla de calma en una región donde el conflicto parece regla. 

Cuando Somali vuelve arder, cuando el este del Congo se hunde en una violencia interminable o cuando Sudán se sigue fragmentando en guerras superpuestas, Kampala aparece como el punto fijo del mapa, como el país que resiste, como el ejemplo de estabilidad. Pero esa estabilidad no es un estado natural ni una conquista social profunda. Es una estabilidad colonial, un contrato político. Y como todo contrato desigual, tiene imposiciones, clausulas invisibles.

Uganda ofrece a sus protectores, previsibilidad, cooperación militar y apertura al capital extranjero. A cambio recibe indulgencia diplomática, tolerancia frente a la represión interna y una narrativa internacional que la protege del aislamiento. El problema es que esa estabilidad está pensada para el tablero regional y para los socios externos, no para la gran masa de su población. La vida real de la mayoría de los ugandeses transcurre lejos de los discursos sobre orden. Su lucha diaria es contra: el desempleo juvenil, la informalidad estructural, el endeudamiento doméstico, la falta de servicios mínimos y un sistema político represivo que se ha ido cerrando sobre sí mismo.     

Uganda carga con una herencia colonial que nunca fue desarmada. La independencia de 1962 no colonizo esa arquitectura de dependencia: la heredó. Cambiaron los administradores no la lógica. Y cuando Museveni llegó al poder en 1986, el relato de la “reconstrucción nacional” se montó sobre una promesa ambigua: estabilidad interna a cambio de integración disciplinada al orden global. Entiéndase, seguir las órdenes de las potencias occidentales: Estados Unidos, la antigua metrópoli (Reino Unido) y los miembros de la UE.

En África oriental, estabilidad y seguridad se confunden. Uganda no es solo un país, es una plataforma militar regional. Durante años aportó miles de soldados ugandeses a las misiones militares africanas en Somalia y se transformó en una pieza clave del sistema de control territorial frente a las insurgencias y colapsos estatales.

                        “Lo que ocurre en Kampala es inseparable

                            de su rol geopolítico regional. Cuando Somali

                                vuelve arder, cuando el este del Congo se

                                  hunde en una violencia interminable o

                                   cuando Sudán se sigue fragmentando,

                              Kampala aparece como el país que resiste,

                                        como el ejemplo de estabilidad”

En la última década, Uganda se convirtió en una plataforma de lanzamiento de movimientos guerrilleros, apoyados por los Estados Unidos o sus aliados, en Sudán, Ruanda o la RD del Congo. La militarización del régimen ugandés fue parte integral de la política exterior de los EE.UU. Tanto la Casa Blanca como el Reino Unido apoyaron la expansión, crecimiento y equipamiento del ejército de Uganda, convirtiéndolo en el partido político y en el único sustento del régimen de Museveni.

Años después, con el despertar del yihadismo en la región del oriente africano, Uganda se convirtió en pieza clave para la defensa de los intereses occidentales en esta parte de África, esta vez contra el terrorismo integrista de Al Shabab en Somalia y sus repercusiones en Kenia, Etiopía o Eritrea.

Como vemos, Uganda no es un caso aislado, es un espejo del colonialismo contemporáneo. Ya no se gobierna con administradores coloniales, sino con élites locales integradas al sistema local de seguridad y extracción. Ya no se domina con banderas extranjeras, sino con deuda, cooperación militar, infraestructura para exportar y una narrativa internacional que premia el sometimiento por encima de la justicia social.

                               “Uganda ofrece a sus protectores,

                                    previsibilidad, cooperación militar y

                                         apertura al capital extranjero.

                               A cambio recibe indulgencia diplomática,

                                 tolerancia frente a la represión interna

                                       y una narrativa internacional que

                                             la protege del aislamiento” 

La pregunta central no es si Museveni ganó o si Beni Wine resiste. Es qué tipo de país produce este contrato, este tipo de relación colonial: un Estado que sirve al orden regional externo y una juventud que a la que se le exige paciencia como si la paciencia fuera política pública.

Uganda puede seguir pareciendo estable por un tiempo. Pero la estabilidad construida contra la mayoría social es frágil y colonial. Se sostiene mientras el miedo sea más fuerte que la esperanza. Y el problema para cualquier gerontocracia es que la esperanza, cuando se vuelve generacional, no se desactiva con discursos vacíos ni con fusiles.