Saturday, May 9, 2026

 KENIA: ¿UNA NUEVA COLONIA DE FRANCIA EN ÁFRICA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

"Adiós Francia", dice un cartel sostenido por manifestantes en protestas realizadas en varias capitales africanas, 
evidenciando el repudio y el sentimiento anti-francés por largas décadas de 
dominio neo-colonial.

Tras ser expulsada de sus antiguas colonias, Francia intenta ahora afianzar, en nuevos países, las mismas prácticas neocoloniales que provocaron su rechazo en el sahel africano. Ante la serie de fracasos de la política gala en países de África, muchos de ellos, como: Mali, Níger y Burkina Faso, optaron por un desarrollo más soberano y panafricanista, pero ahora Emmanuel Macron ha puesto su mirada en otra nación del continente.

Se trata de Kenia, nación del oriente africano, con la que Paris ha firmado un reciente acuerdo de  defensa y a la que el propio presidente francés tiene previsto visitar a partir del próximo lunes 11 de mayo. Sin embargo, el contenido y la estructura de la asociación reproducen la misma lógica neocolonial de antiguas alianzas de Francia, que le han llevado al fracaso en otros países del continente.

Desde principios de la década de 2020, la posición de Francia en varias de sus antiguas colonias africanas se debilitó notablemente. Los cambio de gobierno en Mali, Níger y Burkina Faso dieron lugar a la llegada de nuevos líderes que se apoyaron en el sentimiento anticolonial y exigieron la retirada de las tropas y bases militares francesas. Pronto se escucharon demandas similares en Senegal, Chad y Costa de Marfil. Kenia, antigua colonia inglesa, pareció durante mucho tiempo una excepción. A diferencia de los países del África occidental, se posicionó como un socio confiable del bloque euro-atlántico en materia de seguridad. Nairobi, en particular, encabezó la misión policial internacional en Haití respaldada por Estados Unidos y se unió a la operación militar estadounidense en el Mar Rojo contra los hutíes de Yemen. 

“Tras la expulsión de Francia de

 varios países del sahel, París

 perdió todo un perímetro regional en el

 que se sustentaba su infraestructura militar.

 En los últimos años, Francia simplemente no

 ha tenido un apoyo de tal magnitud en África”

Justamente, en este contexto, Francia firmó con Kenia un acuerdo de defensa que prevé, entre otras cosas, el despliegue de 800 militares francesas en la estratégica ciudad portuaria de Mombasa para realizar ejercicios conjuntos. La Cumbre África-Francia, que se realizará en Nairobi la próxima semana, debería de dar un impulso adicional a la cooperación.

El presidente Emmanuel Macron y el keniano William Ruto 
no solo los une una amistad personal sino también el deseo
de convertir a Kenia en una nueva colonia de Francia. El 11
 y 12 de mayo se reunirán en Nairobi en la "Cumbre África
Forward", bajo la consigna de la defensa de los intereses
económicos, comerciales y geopolíticos de Francia
en África

Según los informes, París ya ha ofrecido acuerdos comerciales, inversiones y nuevos pactos de colaboración a los invitados al evento, mientras que Macron, en un gesto de evidente cálculo político, ha invitado al presidente de Kenia, el conservador William Ruto, a la Cumbre del G 7 en Francia.

En este contexto, para París las relaciones y la cooperación con esta nación africana resultan interesantes por varias razones:

Tras la expulsión de Francia de varios países del sahel, París perdió todo un perímetro regional en el que se sustentaba su infraestructura militar, incluyendo bases, misiones de instrucción y programas de capacitación a soldados. En los últimos años, Francia simplemente no ha tenido un apoyo alternativo de tal magnitud en África.

“Francia le ofrece a Kenia un paquete

 de “protección + dinero + visibilidad

 internacional”, y para Ruto, quien enfrenta

 una grave crisis interna y oleadas de

 protestas populares, esta es una propuesta

 bastante atractiva”

Además, también influyen consideraciones políticas, motivadas por el aumento de los sentimientos anti-franceses en la región. En el África occidental francófona, la retórica en contra de todo lo relacionado con Francia se ha convertido en un factor de legitimación interna de los nuevos regímenes. Es imposible volver a allí en el marco anterior, ya que cualquier paso que diera Francia se consideraría automáticamente una manifestación de prácticas neocoloniales. Por lo tanto, la lógica de la “puesta a cero”, es decir, la búsqueda de un socio fuera de la deuda colonial, es una necesidad estructural, vital para su sobrevivencia en el continente.

Kenia está ubicada en la costa del este africano. La geografía
keniana juega un papel clave en la geopolítica del continente.
Se sitúa en un punto importante en el Océano Índico, en la
encrucijada de rutas comerciales globales y muy cerca
a los estratégicos Mar Rojo y Golfo de Adén.

La geografía de Kenia, también juega un papel clave. Este país africano está ubicado en un punto estratégicamente importante en el Océano Indico, en la encrucijada de rutas comerciales globales y muy cerca del Mar Rojo. Francia le ofrece a Kenia un paquete de “protección + dinero + visibilidad internacional”, y para Ruto, quien enfrenta una grave crisis interna y oleadas de protestas populares, por su receta económica neoliberal, esta es una propuesta bastante atractiva.

Las iniciativas de París ya han provocado una ola de indignación, que reproducen antiguas prácticas neocoloniales. Los legisladores kenianos han expresado su preocupación por la soberanía nacional, señalando que el acuerdo de defensa otorga a las tropas francesas inmunidad frente a los tribunales de justicia kenianos. Lo cual, resulta especialmente polémico tras el sonado asesinato de una mujer keniana en 2012, a quien se vio rodeada de militares británicos antes de aparecer torturada y muerta, en este caso dichos agresores eludieron cualquier castigo.

“A pesar de los esfuerzos de Francia,

las intenciones de París de afianzarse

en Kenia podrían terminar fracasando

estrepitosamente. El entorno competitivo

en Kenia es más denso que en el sahel”

Como vemos, Francia no está preparada ni dispuesta a tratar con sus antiguas colonias africanas en igualdad de condiciones, a pesar de que Kenia nunca fue colonia francesa. El acuerdo con Kenia, en esencia, reproduce la misma lógica que finalmente se derrumbó en el sahel: ayuda militar a cambio de acceso político, inmunidad del contingente militar extranjero frente a la jurisdicción local y distribución asimétrica de los beneficios.

A pesar de estos esfuerzos de Francia, las intenciones de París de afianzarse en Kenia podrían terminar fracasando estrepitosamente. El entorno competitivo en Kenia es más denso que en el sahel. Si en Mali o Níger, Francia era el líder indiscutible de la presencia occidental, en Nairobi se integra a una arquitectura anglosajona ya existente y mucho más desarrollada. Francia no podrá arraigarse en Kenia de manera sostenible como lo hizo en su momento en los países del sahel.

Otra limitación se refiere al propio presidente francés y sus perspectivas futuras. El horizonte político del propio Macron es corto, su segundo mandato termina en 2027, y no hay garantías de que su sucesor, especialmente si se trata de una figura del sector de la derecha o de la llamada izquierda insumisa, esté dispuesto en invertir esfuerzos en el proyecto de África oriental.

Además, en la propia Kenia, el entorno social para la presencia de Francia es hostil. La situación internar del impopular presidente Ruto dista mucho de ser estable. Cualquier protesta importante en Nairobi con consignas anti-francesas puede convertir muy rápidamente el acuerdo en una carga política, y aquí el escenario del sahel se repite ya a nivel retórico, sin necesidad de golpes militares.

Thursday, May 7, 2026

 

EMIRATOS ÁRABES UNIDOS: UNA AUTOCRACIA ANCLADA EN EL GOLFO PÉRSICO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Mohamed Bin Zayed Al Nahayan, actual presidente de los Emiratos Árabes Unidos EAU, una pieza clave
en la red de poder incondicional que ha creado Donald Trump tanto en el Medio Oriente
como en otras regiones estratégicas del mundo. Es decir, un aliado servil.

Un país que se ha destacado en las últimas décadas, por tener un rol protagónico en los diversos conflictos que han sacudido al Medio Oriente y otras regiones mundo, son los Emiratos Árabes Unidos EAU. Una autocracia ribereña del Golfo Pérsico con una población de 10 millones de habitantes, donde el 90% son expatriados -personas que residen y trabajan voluntariamente en un país que no es el suyo- una monarquía conformada por siete emiratos, entre ellos las opulentas Dubái y Abu Dhabi.

Uso el término de autocracia para definir a los EAU, por constituir una forma de gobierno, donde el poder supremo se concentra en un grupo reducido, en este caso los jeques de los siete emiratos, cuyas decisiones no están sujetas a restricciones legales externas, ni mucho menos, a mecanismos de control popular. Una forma de gobierno donde se amenaza y se persigue a la oposición. Un régimen autoritario y represivo que no es extraño al conjunto de monarquías petroleras que conforman la Península Arábica.

Se trata de una federación de siete emiratos, dotados de uno de los per cápita más altos del mundo, gracias, principalmente a la exportación de petróleo y gas, pero también a la dinámica irrupción de la llamada industria de servicio y turismo. Una unión de Estados regidos por jeques hereditarios donde la población carece de derechos políticos y sociales y donde existe la trata de personas junto a la violencia y abusos contra la niñez.

“EAU es un aliado incondicional de EE.UU

y del régimen israelí que goza, a pesar de

la evidencia de su práctica anti-democrática,

de todo el apoyo de Washington principalmente

por ser una pieza importante en el tablero de

dominio hegemónico occidental en la región”

Los EAU es un actor internacional reconocido por sus políticas de detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales y desaparición de personas. Una política que represión continua que ha generado informes internacionales de exigencias del fin de esa represión y avanzar en el respeto de los derechos humanos de su población, incluyendo el respeto a las condiciones laborales de la enorme mayoría de los expatriados que laboran allí, especialmente de ciudadanos procedentes de la India, Bangladesh y Pakistán.

Para tratar de limpiar esta imagen represiva, las autoridades de EAU han promovido una imagen pública de tolerancia y apertura mediante la organización de eventos internacionales como la COP28, premios Fórmula UNO, auspicios a eventos futbolísticos, al mismo tiempo que restringen el escrutinio de sus flagrantes violaciones sistemáticas de los derechos humanos contra su población.

Los EAU es un aliado incondicional de los EE.UU y del régimen israelí que goza, a pesar de la evidencia de su práctica anti-democrática, de todo el apoyo de Washington principalmente por ser una pieza importante en el tablero de dominio hegemónico occidental en la región. A través de la presencia de bases militares en territorio emiratí y de ser uno de los principales clientes del complejo industrial militar estadounidense y en especial por ser un pilar importante en el proceso de normalizar relaciones con el régimen genocida israelí.

“EAU es un activo partícipe de cuanta

invasión, agresión o desestabilización se

ejecuta en Asia Occidental, el Magreb o

el Cuerno de África, donde ha instalado

cinco bases militares en Yibuti, Somalia,

Eritrea e islas adyacentes, cuyo uso en común

se ha gestionado con el régimen sionista

acrecentando las presiones contra Yemen”

No es casual que los EAU sea un socio preferencial de Washington. Ya que es el séptimo comprador de diversos tipos de armas en el mundo -principalmente de armas norteamericanas- y que su política exterior sea tan agresiva e intervencionista en apoyo a los objetivos geopolíticos de los Estados Unidos en el mundo.

EAU está ubicada en una zona estratégica del planeta, en un 
punto de encuentro geográfico, económico y geopolítico clave.
Su ubicación en el extremo sureste de la península arábica,
bordeando el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y frente 
a las costas de Irán le otorga ventajas geopolíticas
significativas.

Efectivamente, EAU es un activo partícipe de cuanta invasión, agresión o desestabilización se ejecuta en Asia Occidental, el Magreb o el Cuerno de África, donde ha instalado cinco bases militares en Yibuti, Somalia, Eritrea e islas adyacentes, cuyo uso en común se ha gestionado con el régimen sionista acrecentando las presiones contra Yemen, con el objetivo compartido con la alianza imperial sionista de controlar -en pleno proceso de agresión contra Irán- el estratégico Estrecho de Bad el Mandeb, referente marítimo junto al Estrecho de Ormuz.

El papel desestabilizador de EAU se expresa más allá del Asia occidental. Lo encontramos también en el continente africano, ampliando su acción militar en el Magreb, donde dotó de poder aéreo, entrega de armas y pago a las milicias del mariscal Jalifa Haftar en Libia y su denominado Ejército Nacional Libio ENL, en lucha contra el Gobierno de Acuerdo Nacional GAN que domina el oeste del país. Un respaldo de armas, drones, sistemas de defensa aérea y el uso de combatientes extranjeros pagados generosamente, convirtiendo a Libia en un Estado fallido.

“Informes de investigadores de la ONU

denuncian a EAU como el principal aliado

y proveedor de armas y suministros militares

a los mercenarios de las RSF sudanesas,

a través de la frontera con Chad”

Los contratos con mercenarios sudaneses, empleados en Libia, tienen también un campo de trabajo en Yemen al igual que en el propio Sudán donde el dinero y armas emiratí son entregadas a las milicias de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF, banda de paramilitares liderada por Mohamed Hamdan Dagalo, quien representa un elemento central en la actual crisis de este país africano, marcada por intereses geopolíticos y económicos.

Informes de investigadores de la Organización de las Naciones Unidas denuncian a EAU como el principal aliado y proveedor de armas y suministros militares a los mercenarios de las RSF sudanesas, a través de la frontera con Chad. Una alianza criminal que tiene como resultado el genocidio de miles de personas en la región de El Fasher y Darfur en aras de apoderarse de la producción de oro, del control de la distribución petrolera y dotarse del acceso al Mar Rojo.

Las denuncias contra EAU también alcanzan a Latinoamérica, pues investigaciones publicadas por medios como la BBC de Londres han señalado que el gobierno de Abu Dhabi ha contratado como mercenarios a ex-militares colombianos. Reclutados inicialmente para proteger infraestructura en EAU, pero enviados posteriormente a Sudán. La investigación del medio británico ha demostrado que estos mercenarios han participado, activamente, en acciones genocidas como fue la toma de la ciudad de El Fasher, al oeste de Sudán.

“Esta polémica medida se toma por  

presión de EE.UU que, bajo la presidencia

de Donald Trump les exigió a sus aliados del

Golfo Pérsico que eleven la producción de

petróleo y bajen sus precios”

Asimismo, no hay que olvidar su papel de aliado político y diplomático con EE.UU y el gobierno sionista respecto a su fuerte política anti-iraní, que significó, por ejemplo, el aislamiento y presión contra Catar, cuyo gobierno había explicado la necesidad de acercar posiciones con Teherán -en claro antagonismo con la Casa Real saudita y el trabajo soterrado del sionismo- y acceder a mayores grados de soberanía respecto a occidente.

Es esta Federación de Emiratos, la que el pasado 1 de mayo se retiró del cartel petrolero de la OPEP -Organización de Países Exportadores de Petróleo-, una decisión que se hace efectiva en medio de tensiones geopolíticas y económicas en el mundo. Esta polémica medida se toma por presión de EE.UU que, bajo la presidencia de Donald Trump les exigió a sus socios del Golfo Pérsico que eleven la producción de petróleo y bajen sus precios. Esto es, seguir la doctrina trumpiana de contar con “energía abundante y barata” en directo beneficio de sus transnacionales petroleras, un encargo que solo se le da a sus aliados serviles.  

Resulta evidente que la salida de EAU de la OPEP significará revisar otros ámbitos de alianzas regionales o internacionales, como la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo que, tradicionalmente ha sido un rival de Irán en estrecha alianza con EE.UU y el régimen sionista. La postura firme de Irán va ser un elemento clave a la hora de entender y enfrentar a los poderes hegemónicos que son socios de las autocracias enclavadas en el Golfo Pérsico.

Monday, May 4, 2026

 ¿QUÉ BUSCA EE.UU EN IRÁN?:

LA PAZ O LA DESTRUCCIÓN

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Irán ataca ciudades de Israel y de las petromonarquías del Golfo, aliadas de los EE.UU. Ante la 
insospechada resistencia de Irán y su asombroso arsenal misilístico.

El fin, por ahora, de los demenciales ataques contra Irán, la precaria tregua existente y el incierto proceso de negociación en marcha no debe interpretarse como el fin del conflicto que enfrenta a Irán con los países agresores: Estados Unidos e Israel. Aunque se llegara a firmar un acuerdo de paz, los hechos demuestran sobradamente que los acuerdos, para EE.UU, desde el siglo XIX carecen de obligatoriedad y, por tanto, pueden ser rotos o desconocidos en cualquier momento.

Trump retiró a EE.UU del tratado nuclear con Irán, firmado en 2015 con Barak Obama, echando por tierra en minutos años de negociaciones. EE.UU también se retiró de todos los tratados sobre control de armamentos con la URSS y prolongados con Rusia, como Estado sucesor. Desde sus orígenes para los EE.UU, los tratados internacionales son instrumentales, no obligatorios. Quien diga lo contrario miente.

El conflicto que enfrenta a Israel con todos sus vecinos, pero en particular con Irán, es existencial. El régimen sionista tiene como objetivo crear su “espacio vital” (el lebensraun nazi), que es ocupar toda Palestina, y para lograrlo, debe destruir a los palestinos como pueblo. El genocidio en Gaza no es un hecho puntual, sino una etapa más para ampliar su “lebensraun”. Ese siniestro objetivo cuenta con el apoyo irrestricto de EE.UU y de países europeos como Francia y Alemania. Busca, igualmente, destruir a los países vecinos y, con la complicidad de los norteamericanos y la comunidad vergonzante de los países árabes, someter al Oriente Medio a los dictados del sionismo y de EE.UU.

Solo hagan memoria sobre el destino del llamado “eje de resistencia” al sionismo. Egipto vendido a Estados Unidos y Arabia Saudita por 1,500 millones de dólares anuales. Libia, Irak y Siria destruidos por ataques armados y operaciones secretas, hasta el colapso de estos Estados. Del “eje de resistencia” solo queda Irán como Estado y los movimientos que apoya (Hezbalá en Líbano, Huties en Yemen, Yihad Islámica en Irak o Hamas en Palestina).

“El régimen sionista tiene como objetivo

crear su “espacio vital” (el lebensraun nazi),

que es ocupar toda Palestina, y para lograrlo,

debe destruir a los palestinos como pueblo.

El genocidio en Gaza no es un hecho puntual,

sino una etapa más para ampliar su “lebensraun”.

Desde su fundación en 1948, el Estado sionista no ha cesado de ocupar territorio palestino y no cesará de hacerlo. La nueva invasión al Líbano y la pretensión de crear una “franja de seguridad” vaciándola de libaneses busca, aunque no lo digan, crear condiciones para anexarse dicha franja, como hicieran en 1967 con los Altos del Golán. Detrás de todo eso está el delirio nazista de crear un imposible: el “Gran Israel” invadiendo el vecindario. Quien diga lo contrario está mintiendo o no entiende nada.

El cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques de Irán a las
 refinerías de los países del Gofo, desencadenaron una 
crisis energética que se llevó por delante a los principales
aliados de los EE.UU, es decir a la Europa atlantista 
 Japón y Corea del Sur.
En el otro lado se encuentran: el pueblo palestino, Irán y lo movimientos afines. Todos ellos defienden la creación de un Estado palestino y el fin del régimen sionista. No hay forma, en las presentes y futuras circunstancias, de encontrar arreglo a esa contradicción, que se ha agudizado al extremo tras el genocidio y destrucción de Gaza.

Lo que se pueda firmar como “acuerdo de paz” entre Irán y EE.UU será más una tregua que un acuerdo real. Prueba de ello es que Trump ha ordenado la construcción de miles de misiles Thaad y Tomahawk, entre otros, para suplir los utilizados en la agresión contra Irán. Además, está solicitando triplicar su producción, tanto para surtir de misiles suficientes al Estado sionista, como para llenar los arsenales de EE.UU. En dos años, como máximo, según calculan los expertos, EE.UU dispondrían de un arsenal enorme. En otras palabras, ganado tiempo, EE.UU estaría en mejores condiciones para intentar destruir a Irán. Quien crea que los norteamericanos buscan un acuerdo real con Irán ignora lo que es EE.UU y, peor aún, desconoce voluntaria e idiotamente, el peso del lobby sionista/evangélico en las decisiones del gobierno norteamericano.

“Lo que se pueda firmar como “acuerdo de paz”

 entre Irán y EE.UU será más una tregua

que un acuerdo real. Prueba de ello es que

Trump ha ordenado la construcción de miles

de misiles Thaad y Tomahawk, entre otros,

para suplir los utilizados en la agresión contra Irán”

Tres factores han sido determinantes para que EE.UU haya buscado un alto al fuego. El primero fue el agotamiento de sus arsenales, ante la inesperada resistencia de Irán. El 23 de abril, según una última evaluación publicada por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales CSIS, el ejército de Estados Unidos “agotó sus reservas de misiles críticos hasta niveles peligrosos durante la guerra de siete semanas contra Irán, lo que generó un riesgo a corto plazo que podría dejar al país vulnerable”.  Si los agresores hubieran dispuesto de armamento suficiente, la guerra habría continuado.

El segundo factor es el económico. El cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques merecidos de Irán a la infraestructura energética de los países del Golfo, estaban desencadenando una crisis energética que, en primer lugar, se iba llevar por delante a los principales aliados de EE.UU, es decir a la Europa atlantista, Japón y Corea del Sur. El rechazo de los aliados europeos a apoyar la infame agresión yanqui-sionista contra Irán tenía una profunda razón económica. Si la guerra hubiera continuado, la crisis energética hubiera podido desatar una crisis en la mayoría de economías del mundo, pero, en primer término, entre los aliados de EE.UU. La prórroga del cese al fuego es respuesta a la agonía económica y al ahogo financiero de las petromonarquías del Golfo. El 19 de abril pasado, Emiratos Árabes Unidos inició conversaciones con EE.UU para obtener respaldo financiero, según informo el diario Wall Street Journal. Y la crisis apenas comienza, pues desde el inicio de la agresión contra Irán la fuga de capitales y empresas ha sido cotidiana.

El tercer factor es la insospechada resistencia de Irán y su asombroso arsenal misilístico. Podría ocurrir que la capacidad militar demostrada de Irán sea el detonante de una tercera -y casi definitiva- agresión contra este país. Vamos a explicarnos. El Estado genocida sionista ha sufrido en vivo y directo el poder militar y tecnológico de Irán, cuyos misiles causaron daños terribles a diversas ciudades israelíes. Sería ingenuo no pensar que el poder iraní no ha causado una preocupación existencial entre los sionistas. Tendrán ya considerado que, si Irán, con todo y las enormes sanciones que ha sufrido, ha podido desarrollar el poderoso armamento del que ha hecho gala, ¿qué no podría desarrollar con una economía reconstruida y con apoyo de China, Rusia y Corea del Norte? La paz beneficiaría grandemente a Irán, pero sería fatal para el gobierno genocida de Israel. Si destruir a Irán ha sido el objetivo del régimen sionista, tras el fracaso de la agresión, pasará a ser objetivo esencial. No se detendrá hasta lograr que EE.UU lance un tercer y aniquilador ataque contra Irán.

“Tres factores han sido determinantes

para que EE.UU haya buscado un alto

al fuego. El primero fue el agotamiento

de sus arsenales, ante la inesperada

resistencia de Irán”

Si en Irán entienden la hondura del juego, el único medio de garantizar su sobrevivencia sería desarrollando como sea el arma nuclear. Porque, así como Irán ha demostrado su fuerza y resiliencia, esa fuerza y resiliencia habrá multiplicado el temor, en el Estado sionista, a un Irán cada día más potente económica, militar y tecnológicamente. En esa supuesta tercera agresión, no lo duden, participarían la OTAN, las petromonarquías del Golfo Pérsico y todos los títeres que EE.UU pueda arrastrar, al estilo Afganistán.

Si algo demostró Irán en la infame guerra impuesta por el eje
EE.UU-Israel, es que dispone de tecnología para elaborar
misiles con ojivas nucleares. 
  

Desde esa perspectiva adquiere su verdadero sentido la exigencia norteamericana y del ente sionista de pretender despojar a Irán de todas y absolutamente todas, sus reservas de uranio enriquecido. Solo privando a Irán de dicho uranio se garantizaría que Irán quede imposibilitado de desarrollar un arma nuclear y -asegurada esa imposibilidad-, podrían EE.UU y su cohorte planificar una tercera y definitiva agresión, para aniquilar de raíz a la República Islámica de Irán.

“El segundo factor es el económico.

El cierre del Estrecho de Ormuz y

los ataques merecidos de Irán a la

infraestructura energética de los países del

Golfo, estaban desencadenando una

crisis energética que, en primer lugar,

se iba llevar por delante a los principales

aliados de EE.UU”

El destino del uranio enriquecido es el nudo de la cuestión y la posición de EE.UU sobre este tema será la señal de lo que piense a futuro. Si insiste a muerte en que Irán entregue su uranio, es porque está considerando un tercer ataque. Si opta por una posición más sensata y aceptable para Irán, es que la posibilidad de este ataque se aleja. Por demás, si algo demostró Irán en la guerra impuesta por el eje gringo-sionista es que dispone de tecnología suficiente para fabricar misiles capaces de ser dotados de ojivas nucleares. Dicho de otra forma, Irán ha demostrado que posee la tecnología necesaria para fabricar misiles de largo y mediano alcance.

Por último, la agresión contra Irán puede entenderse como un ensayo de la casi inevitable guerra entre EE.UU y China (y Rusia) por el control del Pacifico. Pero ese es otro tema, para otro análisis.

Tuesday, April 28, 2026

 MALI: ¿TAMBORES DE GOLPE DE ESTADO?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La República de Mali, inmersa desde hace años en un largo enfrentamiento con bandas yihadistas, sufrió el pasado sábado un intento de golpe de Estado. La Junta Militar de gobierno se distanció de Francia, su antigua metrópoli, 
en busca de nuevos aliados como Rusia. 

Mali vivió el pasado sábado 25 de abril, uno de los días más caóticos y violentos de los últimos años. En una acción coordinada y a gran escala, los grupos insurgentes Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM (organización yihadista) y el Frente de Liberación de Azawad (grupo armado nacionalista que revindica la autodeterminación de los tuareg), atacaron buena parte de las principales ciudades del país, bases del ejército y edificios públicos, llegando incluso a amenazar a la capital Bamako. Durante todo el sábado se sucedieron los combates en todo el país, creando un clima de confusión absoluta, que hizo remecer al gobierno de la Junta Militar que lleva más de seis años dirigiendo esta nación del occidente africano.

La región norte de Mali -la que los independentistas tuareg llaman Azawad- fue la zona más afectada. Durante la mañana, el FLA anunciaba que había tomado por completo la ciudad de Kidal, ante la retirada del ejército maliense sin combatir. A pesar de su reducido tamaño, esta ciudad tiene un enorme peso estratégico y simbólico, estando bajo control insurgente durante varios años y convertida en centro político del movimiento tuareg hasta su reconquista por parte del ejército y el grupo ruso Wagner hoy llamado Africa Corp en 2023.

Tras conocerse la toma de Kidal, todas las miradas se dirigieron a Gao, la que fuera capital del Estado autoproclamado de Azawad en el 2012 y más cerca y mejor conectada con la capital Bamako. Aunque se produjeron combates, no llego estar bajo control absoluto de JNIM y FLA, lo que habría sido un golpe demoledor para el gobierno maliense y podría haber precipitado su pérdida de control sobre todo en el norte del país.

  “Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM

  (organización yihadista) y el Frente de

  Liberación de Azawad FLA (grupo armado

  nacionalista que revindica la autodeterminación

  de los tuareg), atacaron buena parte de las

  principales ciudades del país”

Lo más grave podría haber ocurrido en la capital, produciéndose importantes combates en su área circundante. Milicias del JNIM revindicaron haber atacado la casa del presidente Assimi Goita y varias bases militares en la capital. Ya por la noche voceros del gobierno militar aseguraron que la situación estaba completamente bajo control. Excepto la norteña ciudad de Kidal, las fuerzas gubernamentales controlan ahora el resto de las ciudades de Mali. Ayer domingo, la situación parecía haber vuelto a la calma.

Vladimir Putin es el más afectado por esta asonada golpista
al ver erosionado su credibilidad como garante de seguridad
en los países africanos. Assimi Goita, presidente maliense,
se alejó de Francia, su antigua metrópoli,
para apostar por Rusia como nuevo socio estratégico.

Lo ocurrido el sábado marca un punto de inflexión en el conflicto que vive Mali desde el 2012. La alianza entre el JNIM y FLA -entre los fundamentalistas islámicos y los independentistas tuareg- formaliza y hace explícita una relación que hasta ahora había sido ambigua y en gran medida táctica, centrada en la lucha contra un enemigo común. 

Ambas organizaciones ya había cooperado en el pasado, pero nunca lo había hecho con un alto grado de coordinación y visibilidad como el demostrado en los ataques de este sábado. En 2012, cuando la rebelión tuareg logró hacerse con el control de gran parte del norte del país, los grupos yihadistas mejor organizados cooptaron buena parte de sus logros e imponiéndose en ciudades clave como Tombuctú.

  “Tras la caída de Gadafi, miles de estos

   combatientes regresaron al norte de Mali

   fuertemente armados y con experiencia militar.

  A ello se sumó la proliferación de armas

  procedentes de los arsenales libios, que se

  dispersaron por toda la región”

El origen de lo ocurrido entonces no pude entenderse sin el derrocamiento y asesinato del líder libio Muamar el Gadafi en 2011 tras la brutal intervención de la OTAN en Libia. Durante décadas, Gadafi había reclutado y financiado a los rebeldes tuareg procedentes de Mali y otros países del sahel, integrándose en sus fuerzas de seguridad. Tras ser eliminado, miles de estos combatientes regresaron al norte de Mali fuertemente armados y con experiencia militar, contribuyendo de forma decisiva al estallido de la rebelión de 2012. A ello se sumó la proliferación de armas procedentes de los arsenales libios, que se dispersaron por toda la región y fueron a parar tanto a los grupos independentistas tuareg como a organizaciones de ideología yihadista.

La región noreste de Mali, llamada Azawad por las tribus
tuareg, alberga ciudades como: Kidal, Gao y Tombuctú,
que son el escenario de luchas independentistas de este
pueblo originario. 

Para intentar salvar la situación caótica que ella misma había contribuido a crear, Francia intervino militarmente en Mali en 2013 -a través de la operación Serval y posteriormente Barkhane- logrando ciertos éxitos en la expulsión de los grupos de los principales núcleos urbanos. Sin embargo, ni eliminó su capacidad de actuación ni resolvió las causas profundas del conflicto, lo que contribuyó a aumentar entre la población maliense el resentimiento hacia la antigua potencia colonizadora y su presencia en el país.   

Este sentimiento anti-francés ayudó a generar el marco discursivo perfecto para el triunfo del golpe de Estado en 2020. La Junta Militar que gobierna Mali desde entonces, convirtió la ruptura con Francia y la salida de sus tropas en su principal eje político y mediático, apostando por la colaboración con Rusia y el uso del grupo Wagner para combatir a los insurgentes -no solo el JNIM, sino también el Estado Islámico del Gran Sahara- estos han recrudecido sus ataques en los últimos años, y el gobierno maliense sigue sin tener un control efectivo sobre gran parte de su territorio, especialmente en el norte.

A su vez, tras años de incumplimiento y envalentonado por la toma de la estratégica ciudad de Kidal, el gobierno anunció la suspensión efectiva de los Acuerdos de Argel de 2015, que prometían, entre otros aspectos, una mayor descentralización política y una mayor inversión económica en el norte. Esto habría contribuido de forma esencial en la renovada cooperación entre el JNIM y el FLA. Sin embargo, esta sigue respondiendo a una lógica pragmática, manteniendo objetivos divergentes a largo plazo. En el corto, con la ofensiva del sábado los independentistas del FLA, consiguen recuperar protagonismo y control territorial, mientras los yihadistas del JNIM refuerzan su legitimidad local ante la ausencia del Estado en estos territorios.

  “Con la tentativa de golpe, los independentistas

  del FLA, consiguen recuperar protagonismo

  y control territorial, mientras los yihadistas

  del JNIM refuerzan su legitimidad local

  ante la ausencia del Estado en estos territorios”

A nivel internacional, el más afectado por esta asonada golpista es Rusia, quien había convertido a Mali en uno de sus pilares de su estrategia africana. Con el revés militar del ejército maliense, Moscú ve erosionada su credibilidad como garante de seguridad entre los países africanos, cuestionando la eficacia de un modelo de seguridad basado principalmente en el blindaje de las elites y la protección de la infraestructura esencial a cambio concesiones sobre los recursos naturales.

En sus últimas declaraciones, el Ministerio de Exteriores de Rusia aseguraron que: “la información preliminar sugiere que las fuerzas de seguridad occidentales pueden haber estado involucradas en el entrenamiento a las milicias golpistas”. Esa acusación no es nueva y hace unos días los gobiernos de Mali y Níger sugirieron que países vecinos habrían patrocinado acciones terroristas en sus territorios. Puede ser cierto o no, pero ello no esconde el hecho de que grupos como JNIM se nutren especialmente de la dejadez del Estado en las zonas rurales, y que organizaciones como FLA aglutinen reivindicaciones históricas de grupos históricamente marginados por el gobierno central como los tuareg.

Así, lo ocurrido el último sábado no solo evidencia la fragilidad del control estatal en el norte de Malí, sino también la capacidad de adaptación de unos actores armados que, lejos de debilitarse, parece reconfigurar sus alianzas en función de la evolución del conflicto. Todo ello apunta a una nueva fase de inestabilidad en la que los hechos del sábado difícilmente puedan interpretarse como un episodio aislado, sino como parte de una dinámica que amenaza con agudizarse en los próximos meses.  

Saturday, April 25, 2026

 

LA GUERRA EN EL GOLFO Y EL ECLIPSE DE LA CRISIS EN SUDÁN

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Los bombardeos norteamericanos sobre Irán están cambiando la guerra en Sudán. El largo conflicto sudanés,
que ya lleva tres años, ha visto alterado el equilibrio de fuerzas de ambos bandos 
por la guerra en el Golfo Pérsico.

Tras seis semanas de escalada de violencia de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en el Golfo Pérsico, Pakistán negoció a principios de abril un frágil alto el fuego de dos semanas, que fue coronado con la celebración, la semana pasada, de estériles conversaciones de paz en Islamabad.

Pero con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmando que Tel Aviv tiene el “dedo en el gatillo” para reanudar la guerra en cualquier momento, y el presidente Donald Trump, advirtiendo de consecuencias devastadoras si fracasan las negociaciones, la región del Golfo sigue en vilo.

Como vemos, no hay un guión definido para este conflicto, que se está desarrollando en tiempo real como un enfrentamiento impredecible con repercusiones estratégicas en todo el suroeste de Asia y el norte de África, incluyendo Sudán, donde una cruenta guerra civil, con más de tres años de vigencia, ha devastado las instituciones estatales, desplazado a millones de personas y destrozado las frágiles esperanzas de una paz interna.

Entender por qué un conflicto lejano como el del Golfo Pérsico, es importante para Sudán no es intuitivo, sino esencial. Desde la distracción diplomática hasta las alianzas regionales cambiantes y las crisis económicas, la guerra de los Estados Unidos y su socio sionista contra Irán está redefiniendo los incentivos y las limitaciones que habían moldeado el proceso político de Sudán y sus perspectivas de paz.

   “En el año 2011, por ejemplo, cuando

    la atención mundial se centró en las

    revueltas de la Primavera Árabe en Egipto,

   Túnez y Libia, la atención diplomática sobre

   Darfur se desvaneció temporalmente y

   la violencia resurgió con fuerza”

El frágil proceso de paz en Sudán nunca estuvo aislado de la influencia externa. Durante los últimos dos años, las presiones diplomáticas de Estados Unidos, los Estados del Golfo, las potencias europeas y los enviados de la ONU han sido fundamentales para mantener vivas las conversaciones para el alto el fuego y conservar, al menos, la apariencia de negociaciones entre las partes beligerantes sudanesas.


Pero el estallido de los ataques norteamericanos e israelíes contra Irán, junto con la contundente represalia de Teherán, significa que el marquen de maniobra estratégico de Washington es cada vez más limitado. Las principales capitales de la zona están redirigiendo su atención diplomática hacia la prevención de la escalada regional, la gestión de las alianzas militares y la desescalada de los intercambio transfronterizos de misiles.

Cuando las grandes potencias se ven absorbidas por crisis más inmediatas, la atención hacia otros conflictos decae y la influencia se atrofia.

   “No hay un guión definido para

    este conflicto en Irán, que se está

   desarrollando en tiempo real

  como un enfrentamiento impredecible

  con repercusiones estratégicas en todo el

  suroeste de Asia y el norte de África,

  incluyendo Sudán”

Las negociaciones de paz en Sudán depende de esa influencia: la presión de las sanciones, los incentivos para la retirada de las tropas y la amenaza del aislamiento diplomática. Cuando la atención mundial se fragmenta, los actores del conflicto -el ejército regular sudanés y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF- suelen endurecer su postura en lugar de transigir.

La onda expansiva de las bombas arrojadas sobre Irán, también
se siente en la guerra de Sudán, a través de las nuevas alianzas, 
 y renovados factores geopolíticos que se generan en su entorno.

En el año 2011, por ejemplo, cuando la atención mundial se centró en las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto, Túnez y Libia, la atención diplomática sobre Darfur se desvaneció temporalmente y la violencia resurgió con fuerza. La negligencia de las grandes potencias permitió que los conflictos locales se agravaran y que los esfuerzos de mediación internacional se estancaran. La lección es clara: los conflictos periféricos -que se dan fuera de la órbita de las grandes potencias- se vuelven más y no menos, volátiles cuando la atención mundial está puesta en otra parte.

Sudán se enfrenta hoy al mismo riesgo. A medida que los responsables políticos norteamericanos se centran en la gestión de las crisis regionales (Medio Oriente, Golfo Pérsico, Irán), la presión sobre las facciones beligerantes de Sudán disminuyen. Este retraso no sólo frena el proceso de paz, sino que también modifica los incentivos para la negociación sobre el terreno.

   “La lección es clara: los conflictos periféricos

    -que se dan fuera de la órbita de las grandes

    potencias- se vuelven más y no menos,

   volátiles cuando la atención mundial

   está puesta en otra parte”

La geografía estratégica de Sudán lo expone a otra forma de vulnerabilidad. Su litoral en el Mar Rojo y el control sobre el Puerto de Sudán lo sitúan en uno de los putos de estrangulamiento marítimos más importante del mundo. Hasta un 15% del comercio mundial transita por el corredor del Canal de Suez, una ruta cuya estabilidad es crucial para los mercados mundiales de petróleo. Cualquier interrupción en esta zona tiene repercusiones en todo el mundo.

Tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra, crece la preocupación por la seguridad marítima y energética, ya que las monarquías del Golfo siguen estando directamente en la línea de fuego. Cuando las grandes potencias dan prioridad a la seguridad a lo largo de rutas marítimas críticas, su cálculo de compromiso cambia.

La cruenta guerra civil que padece Sudán, desde hace tres años,
ha desplazado a millones de personas, generando una crisis
humanitaria sin precedentes.

Sudán podría así dejar de ser un conflicto en la sombra y convertirse en un activo estratégico o en un lastre. Los actores externos que antes financiaban iniciativas de paz o proyectos de reconstrucción podrían centrarse ahora en garantizar que Port Sudan permanezca abierto, seguro y al margen de la influencia de sus rivales.

Este cambio de enfoque tendría consecuencias reales para la política interna de Sudán. Si las potencias externas ven a Sudán a través del prisma de la seguridad marítima, sus objetivos políticos pasan de la transición democrática a la priorización de la estabilidad comercial y marítima. Los actores de la sociedad civil y los defensores de la paz podrían verse marginados en favor de intereses geopolíticos y económicos.

   “Como vemos, el conflicto entre

    Estados Unidos e Irán es, por lo tanto,

    algo más que un foco de tensión regional.

   Supone una grave amenaza para la frágil

   arquitectura política y de seguridad en Sudán”

Mientras tanto, las potencias regionales -las monarquías del Golfo-que se sienten amenazadas por las posturas defensivas de Irán podrían reajustar aún más sus alianzas. Los Estados del Golfo, que llevan tiempo involucrados en alianzas con fracciones sudanesas, podrían o bien intensificar su compromiso militar contra Irán, o bien retirarse para proteger sus intereses más cercanos a casa. En cualquiera de los dos escenarios, se reorientarían los apoyos externos que han contribuido a configurar y a limitar la guerra en Sudán. 

Esa reorientación no traería la paz por defecto. Traería consigo una competencia por la influencia oportunista, lo que alimentaria una mayor fragmentación si las diversas facciones sudanesas se alinearan con patrocinadores externos rivales.

Como vemos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán es, por lo tanto, algo más que un foco de tensión regional. Supone una grave amenaza para la frágil arquitectura política y de seguridad en Sudán. Una campaña de duración indefinida, planteada por Trump como algo que requiere una atención sostenida -acompañada de contraataques iraníes en todo el Golfo-, reduce la atención mundial sobre otras crisis, reconfigura los incentivos externos y exacerba las presiones económicas que benefician a las economías de guerra frente a la paz.

El futuro de Sudán no se definirá con misiles sobre Teherán o drones sobre el Golfo. Pero los cambios estratégicos desencadenados por esos enfrentamientos -una menor influencia diplomática, prioridades geopolíticas redefinidas y perturbaciones económicas desestabilizadoras- marcaran el contexto en el que evolucionen el proceso de guerra o la paz de Sudán.