HACIA UN NUEVO ORDEN DE SEGURIDAD EN ASIA OCCIDENTAL Y EL CUERNO DE ÁFRICA
Ahora que Irán y las milicias yemeníes de Ansar Allah tensionan la arquitectura de defensa norteamericana en las regiones de Asia Occidental y el Cuerno de África, las potencias de la zona construyen sus propios acuerdos, lo que plantea una pregunta central: ¿A la seguridad de quién sirven estos acuerdos?
Hay que recordar que las regiones del Asia Occidental o Medio Oriente y el Cuerno de África abarcan una de las zonas más estratégicas del mundo, conectadas por el Mar Rojo y separadas en su punto más estrecho por el canal de Bab Al-Mandeb, una de las vías marítimas principales del comercio mundial.
En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, junto con las antiguas potencias coloniales de Gran Bretaña y Francia, llegó a dominar gran parte del Asia Occidental, desde el mar Mediterráneo hasta las montañas del Hindu Kush -entre las fronteras de Afganistán y Pakistán-. A medida que la región se convertía en gran productora de petróleo y gas natural, EEUU construyó una red de bases militares y trabajó con sus aliados de la OTAN para garantizar que ningún que pretenda imponer su soberanía nacional sobre el sistema petrolero pueda consolidar su poder. El golpe de Estado en Irán en 1,953 contra el gobierno de Mohammad Mosaddegh, después que este nacionalizara la Anclo-Iranian Oil Company, fue un ejemplo temprano y decisivo de ello.
"Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron
en agosto de este año los Acuerdos de La Meca,
un intento significativo de construir una plataforma
de seguridad regional sin participación directa
de los norteamericanos"
Al mismo tiempo que el poder británico se retiraba de la región durante la década de 1960 y 1,970, en particular en Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos EAU y Yemen, EEUU amplió su propio papel militar para sostener el control occidental sobre las rutas petroleras de la región. Israel, que desde su fundación operó como aliado principal de occidente en el Asia Occidental, se convirtió en un componente importante de esta arquitectura defensiva encabezada por los norteamericanos. Hoy esta arquitectura está sometida a fuertes tensiones, porque la capacidad de Irán para resistir la agresión de Israel y Estados Unidos durante este año, ha puesto en duda su eficacia y su perdurabilidad.
En este contexto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron en agosto de este año los Acuerdos de La Meca, un intento significativo de construir una plataforma de seguridad regional sin participación directa de los norteamericanos. Esto ocurre en el marco de un debate en todo el Golfo, agudizado por los ataques de Irán contra las bases estadounidenses instaladas en los países de la zona, en torno a si estas instalaciones brindan protección o, por el contrario, exponen a los países anfitriones a represalias. Ahora que las tropas norteamericanas se retiraron definitivamente de Irak, la cláusula del acuerdo que permite la adhesión de otros países hace probable que Irak o Estados más pequeños de la Península Arábica soliciten su incorporación.
Paralelamente, el grupo Ansar Allah de Yemén, que controla la capital Saná, y gran parte del norte y el oeste del país, avanzaron a tomar posiciones clave a lo largo de la costa yemení de Mar Rojo, frente al estratégico Cuerno de África, reproduciendo así la posición estratégica de Irán en el Estrecho de Ormuz. Dándoles, a los aliados de Irán, el control de puntos estratégicos en torno al Estrecho de Bab Al-Mandab, la puerta sur del Mar Rojo. Ahora, el tráfico marítimo por este estrecho está al alcance de los misiles y drones de los aliados de Irán.
"La presencia emiratí en el Cuerno de África
también está estrechamente ligada con las guerras
que padece esta región, dado su respaldo a los
mercenarios de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF en
la guerra civil sudanesa y al Ejército Nacional Libio
del general Khalifa Haftar"
Mientras tanto, al otro lado del Mar Rojo y a lo largo del Cuerno de África, los Emiratos Árabes Unidos EAU amplían su presencia estratégica mediante una combinación de desarrollo portuario e infraestructura militar, estrechas relaciones políticas, apoyo a grupos armados y acceso a redes regionales de comercio y recursos. En 2015, los EAU establecieron una base militar en Asab, Eritrea, donde ampliaron un puerto y una pista de aterrizaje desde la cual aviones emiratíes lanzaron ataques contra Yemen. Al año siguiente, una empresa portuaria de Dubái, asumió el control del puerto de Berbera, en Somalilandia, una provincia autónoma que declaró su independencia de Somalia en 1,991. La presencia emiratí en el Cuerno de África también está estrechamente ligada con las guerras que padece esta región, dado su respaldo a los mercenarios de las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF en la guerra civil sudanesa y al Ejército Nacional Libio del general Khalifa Haftar, quien, a su vez, brinda apoyo logístico a los paramilitares de las RSF. Los vínculos de los EAU con estos grupos armados se entrecruzan con las redes regionales de comercio de oro, por las que el oro vinculado a las RSF y a otros grupos armados ha llegado a los mercados emiratíes.
En el plano regional, los EAU se han convertido en un ancla clave del intento norteamericano para construir una estructura de seguridad regional basada en la cooperación entre Israel y sus socios árabes. En setiembre de 2020, con los Acuerdos de Abraham se establecieron relaciones diplomáticas entre Isreal y los EAU, la lógica de este acercamiento con los países árabes de la región, era integrar a Israel con su entorno, pero dejando sin resolver la cuestión palestina. Los intereses del Estado judío han confluido cada vez más en regiones como el Cuerno de África, en particular en torno a Somalilandia. Los EAU, aunque no han llegado a reconocerla, según diversas informaciones, presionan a países como Argentina, R Dominicana, Esuatini y Zambia para que sigan el ejemplo de Israel, un reconocimiento que podría agravar las tensiones con Somalia. Hoy, sin embargo, la creciente incertidumbre sobre el orden de seguridad encabezado por Estados Unidos, sobre el que se construyó esta relación, ha llevado a Israel a depender en gran medida de su socio más cercano en los Acuerdos de Abraham: los EAU.
Esta creciente incertidumbre refleja el debilitamiento de la vieja arquitectura de dominación militar estadounidense en la región, que ofrecía a Israel una sensación de impunidad para mantener su régimen de apartheid y continuar su genocidio contra el pueblo palestino. Ya no se puede dar por sentado que el poder norteamericano es invencible. La experiencia de Afganistán e Irak, donde Estados Unidos finalmente no logró imponerse, así como de Libia, que Estados Unidos y Francia destruyeron junto con sus aliados árabes del Golfo, y ahora la experiencia de Irán, donde ha sido derrotado estratégicamente, apunta a un patrón recurrente. Estados Unidos puede destruir países pero no necesariamente controlarlos. ¿Qué hará Israel sin su aliado principal (Estados Unidos) y sus aliados menores (los europeos) si estos reducen su presencia en la región? y más aun ante un Donald Trump disminuido luego de la aplastante derrota electoral en las últimas elecciones parlamentarias de medio mandato, que han recortado sus iniciativas y potestades legislativas. Esta nueva realidad, reducirá el incentivo de Trump para continuar conflictos imposibles de ganar.
"La capacidad de Irán de resistir la agresión
norteamericana-israelí y la retirada de las tropas
de Estados Unidos de Irak han dejado al descubierto
los límites del poder militar estadounidense. Mientras
el Acuerdo de La Meca y las cambiantes alianzas
regionales muestran a gobiernos que buscan
nuevas formas de asegurar sus intereses"
La pérdida generalizada de confianza en las estrategias de seguridad norteamericanas para la región es quizá más evidente en el caso de Irak. Washington anunció el 30 de setiembre de este año que había completado la retirada de sus tropas, en cumplimiento del calendario negociado por Bagdad en 2024. Las celebraciones en la capital iraquí representaron una contundente afirmación de soberanía. Estas celebraciones no pueden ocultar las informaciones que cuestionan una salida completa de las tropas norteamericanas, al precisar que aviones estadounidenses seguían operando en el espacio aéreo iraquí. Para un país devastado por la invasión ilegal de 2003 y sus brutales secuelas, la salida conlleva un peso histórico ineludible. Socava el supuesto falso de que las tropas norteamericanas deben de permanecer indefinidamente como organizadoras indispensables de la seguridad iraquí.
Como vemos, estos acontecimientos apuntan a una reconfiguración más amplia del poder y la seguridad en el Asia Occidental u Oriente Próximo y el Cuerno de África región adyacente al Mar Rojo. La capacidad de Irán de resistir la agresión norteamericana-israelí y la retirada de las tropas de Estados Unidos de Irak han dejado al descubierto los límites del poder militar estadounidense. Mientras el Acuerdo de La Meca y las cambiantes alianzas regionales muestran a gobiernos que buscan nuevas formas de asegurar sus intereses. Todavía no estamos ante un Asia Occidental o Medio Oriente sin Estados Unidos. Washington sigue conservando su influencia mediante alianzas militares, armas, inteligencia y despliegues en otras partes. La retirada de un país no debe ser confundida con el repliegue de toda la región. Tampoco estos nuevos acuerdos se oponen necesariamente a Estados Unidos. Algunos se construyen junto a los vínculos estadounidenses existentes, mientras que otros van más allá de ellos. Lo que está cambiando en este nuevo orden en seguridad que rige en el Asia Occidental y el Cuerno de África, es la confianza en el poder norteamericano como garantía de seguridad estable y suficiente.




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