¿HACIA LA "ISRAELIZACIÓN" DEL NORTE DE ÁFRICA?
Hay un detalle que llama poderosamente la atención en la política exterior de la monarquía marroquí de un tiempo a esta parte: hace, dice y manipula situaciones que recuerdan mucho al modus operandi del régimen de Tel Aviv en Medio Oriente. Cuando a alquien se le pregunta por las similitudes de ambos Estados, se suele recordar: la construcción del infame muro que divide el Sáhara Occidental, de parte de Marruecos y la murralla de hormigón que separa a la población palestina de Cisjordania por parte de la entidad sionista; la estrecha colaboración con la política expancionista de Washington; la manía de eregir asentamientos y enviar colonos a los territorios cupados para luego decir que llevan allí toda la vida o que saharauis y palestinos son unos advenedizos sin derechos ni legitimidad para reclamar los territoriaos que se le han arrebatado.
Pero hay muchas más coincidencias: la forma apenas perceptible de decir las cosas y actuar en este mundo que invita a pensar que, el régimen monárquico de Rabat, se comporta con la misma prepotencia y soberbia que sus grandes aliados sionistas porque, a fin de cuentas, los israelíes gozan del favor de una cobertura mediática, diplomática y social que ha sido orquestada para sustentar el gran proyecto sionista.
Durante años, en mayor medida desde la firma en 2020 de los famosos acuerdos de Abraham -impulsado por EE.UU. para que las naciones árabes reconozcan al estado de Isreal-, la imagen internacional de Marruecos experimentó una mejora notable. La prensa internacional, dominada por Washington y Tel Aviv, aplicó una estudiada labor de "ensalzamiento" de los "impresionantes" avances económicos experimentados por Marruecos, una "nación moderna y dinámica".
"Israel sigue haciendo lo que le viene en gana,
no solo en territorio palestino (Gaza y Cisjordania),
sino más allá de sus fronteras, en Libano, Siria, Irak,
Irán, Yemen por ejemplo"
Marruecos se ha convertdo, nos insisten esos medios, en la primera potencia de África, una nación que atraé más inversiones extranjeras que numerosos países europeos, un foco de "febril actividad industrial", así como un elemento clave para sentar la seguridad en el Mediterráneo, y un montón de atributos inventados.
Los lobbies pro marroquíes han proliferado en occidente, esta serie de mentiras, apoyadas por la cobertura estadounidense, que ha convertido al corrupto y asesino rey marroquí en el oeste del Mediterráneo y a la horda genocida que gobierna la Palestina ocupada en el este, en sus puntas de lanza.
El grado de barbarie del proyecto colonial y racista del sionismo a llegado a tal extremo que ni siquiera las líneas informativas predominantes han conseguido evitar que buena parte de la opinión pública mundial tenga una imagen negativa del proyecto sionista. Pero no se ha logado nada más: Israel sigue haciendo lo que le viene en gana, no solo en territorio palestino (Gaza y Cisjordania), sino más allá de sus fronteras, en Líbano, Siria, Irak, Irán, Yemen por ejemplo; las operaciones de castigo entabladas por Trump y sus amigos contra personas e instituciones que han levantado la voz contra los crímenes del sionismo en Gaza han desarmado a la ONU, al Tribunal Penal Internacional y han convertido en delincuentes a personas de cierta relevancia, convertidas ahora en "antisemitas".
"Se sabe que Israel ha aportado ayuda militar y
tecnológica para reprimir el movimiento nacionalista
saharaui, principalmente en la construcción del infame
muro de contención, el más largo y costoso del planeta,
financiado por israelíes y norteamericanos, que aíslan,
marginan y recluyen al pueblo saharaui"
Algo parecido, a una escala menor porque a fin de cuentas no pinta tanto, están haciendo con Marruecos, un país donde datos oficiales hablan de un sorprendente 25% de analfabetismo crónico en determinadas zonas periféricas. Al menos el 50%, por no exagerar, de la población entre 18 y 30 años ansían abandonar el país. Pero a pesar de esta realidad, si un lector normal mira una noticia sobre Marruecos encontrará halagos sobre sus datos macroeconómicos, sobre sus ofertas laborales, sobre la modernización de sus infraestructuras; pero poco se dirá sobre sus salarios insuficientes, sobre sus caminos sin asfaltar lejos de las grandes ciudades, ni la carencia de escuelas, hospitales o universidades bien equipadas. Ni mucho menos se escucha criticas sobre el represivo y corrupto regimen politico que sustenta a la monarquía marroquí.
La connivencia de Tel Aviv y Rabat resulta manifiesta desde hace décadas, desde los tiempos en que al rey anterior, Hasán II, se le imputaba la condición de brazo ejecutor del imperialismo estadounidense en el norte de África. Se sabe que Israel ha aportado ayuda militar y tecnológica para reprimir el movimiento nacionalista saharaui, principalmente en la construcción del infame muro de contención, el más largo y costoso del planeta, financiado por israelíes y norteamericanos, que aislan, marginar y recluyen al pueblo saharaui.
La estrategia empleada en Gaza/Cisjordania y el Sáhara Occidental responde, al fin y al cabo, a un patrón común: expulsa, expolia y adormece a la opinión pública internacional con mentiras o, sencillamente, creando una realidad paralela. El rey marroquí se ufana de su estrecha amistad con el botarate de inquilino que se tiene en la Casa Blanca y le a puesto su nombre a una autopista...en el Sáhara. Piensa que el apoyo incondicional de este, que se ha dedicado ha estimular la presión migratoria sobre el Estado español y Europa a costa de la vida de cientos de marroquíes inocentes, lo convierte en inmune. Se entiende entonces, que la "israelización" del norte de África, que ha empezado en Marruecos, recién ha comenzado.





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