ETIOPÍA A VUELTO A LA GUERRA
Nadie puede afirmar que el regreso a la guerra en la región de Tigray en el norte de Etiopía es una sorpresa, pero no es menos horrible. Las atrocidades que se vivieron en la guerra en Tigray (2020-2022) son demasiado recientes para olvidarlas: la muerte estimada de 600 mil personas, las masacres en Axum y Adigrat, los incesantes ataques con drones contra escuelas, hospitales e industrias, la violencia y agresión sexual a más de 120 mil niñas y mujeres y las desgarradoras consecuencias de la hambruna, que todavía se padece.
En la actualidad, enfrentarse a un nuevo conflicto armado más amplio, a penas cuatro años después de la firma del acuerdo de Pretoria, es catastrófico, y esta vez, amenaza con cruzarse con la metástasis que significa la guerra civil sudanesa.
El pasado jueves 3 de octubre, el conflicto que se había abierto con varios grupos rebeldes unidos bajo la bandera opositora de la llamada Alianza por la Supervivencia de las Fuerzas Populares de Etiopía, que tiene como fin derrocar al gobierno de Abiy Ahmed, va tomando un cariz de guerra civil prolongada. Hasta el momento las acciones armadas habían ocurrido en le norte del país, pero el jueves se escucharon explosiones en la misma capital Adís Abeba.
"Ambas partes -el ejército federal de Etiopía y
la Alianza opositora dirigida por el Frente de Liberación
de Tigray- están tratando de pintar al otro como el agresor,
y cómo esto se intensifica en el volátil teatro del norte de
Etiopía, que limita parcialmente con Eritrea y Sudán"
Mientras tanto, el ejecutivo de Ahmed se apresuró a culpar a enemigos externos: expulsó del país a 10 diplomáticos de la vecina Eritrea y a otro diplomático egipcio, a su vez, Egipto contestó haciendo lo propio con diplomáticos etíopes en El Cairo. El domingo pasado, los presidentes de los cuatro países rivales del gobierno etíope de Ahmed se reunieron en la capital egipcia precisamente para definir que hacer con el regreso de esta guerra. Allí estaban Abdelfatha Al-Sisi por Egipto, Issaias Affwerki por Eritrea, Abdelfatha Al-Burhan de Sudán y Hassan Sheikh Mohamud por Somalia.
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| Etiopía ha vuelto a la guerra en la rebelde provincia de Tigray, pero en un contexto más complejo de inestabilidad en el país y en el resto de naciones del Cuerno de África. |
Los cuatro líderes lanzaron un mensaje de calma pidiendo desescalar las tensiones, pero a la vez fue una muestra de fuerza, incluyendo en su declaración final que los países costeros del Cuerno de África, son los que deberían tener el control de sus territorios y de sus costas, en un claro mensaje a la ambición de Ahmed para que Etiopía tenga su anhelado acceso al mar vía Somalilandia, la provincia rebelde de Somalia. Este lunes, la muestra de fuerza la hizo el ejército etíope al retomar el control de la ciudad de Mekele capital de la provincia de Tigray, epicentro de la guerra iniciada hace seis años.
Como vemos, la niebla de la guerra es inmensa, y con la situación en el terreno tan fluida, mucho sigue siendo desconocido. Ambas partes -el ejército federal de Etiopía y la Alianza opositora dirigida por el Frente de Liberación de Tigray- están tratando de pintar al otro como el agresor, y cómo esto se intensifica en el volátil teatro del norte de Etiopía, que limita parcialmente con Eritrea y Sudán, la situación se vuelve de gran preocupación.
"Pero en Sudán -país que vive tres años una
cruenta guerra civil- y ahora en Etiopía, la Unión
Africana y las capitales extranjeras han fallado
repetidamente en controlar a las fuerzas beligerantes
y a sus patrocinadores extranjeros"
Como se recuerda, la guerra en Etiopía, centrada en la provincia rebelde de Tigray, tiene raíces profundas en la estructura política etíope y en el federalismo étnico instaurado en los años noventa, que otorgó autonomía a las regiones pero también consolidó organizaciones armadas y rivalidades históricas. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray TPLF gobernó Etiopía durante tres décadas hasta 2018, cuando Abiy Ahmed asumió como primer ministro y buscó centralizar el poder, marginando al TPLF y a los otros grupos étnicos, provocando tensiones que desembocaron en la guerra de Tigray en noviembre del 2020 hasta la firma del acuerdo de Pretoria en mayo del 2022.
Ahora, la comunidad internacional, o lo que queda de ella, ha respondido instando al dialogo y a que prevalezcan las cabezas más frías. Pero en Sudán -país que vive tres años una cruenta guerra civil- y ahora en Etiopía, la Unión Africana y las capitales extranjeras han fallado repetidamente en controlar a las fuerzas beligerantes y a sus patrocinadores extranjeros. Pretoria ha difundido precipitadamente un documento de cese de hostilidades, un puñado de párrafos vagos que no logran abordar las acusas fundamentales de la guerra. Esta semana un grupo de embajadas emitieron declaraciones condenatorias y la de Estados Unidos ofreció un apoyo completo a Abiy, pero cualquier proyecto de intervención real sigue siendo escaso.
Lo que debe quedar claro, es que esta guerra del 2026 no es la del 2020, porqué este conflicto en cascada etíope ocurre con Sudán y el Mar Rojo en llamas. Durante los dos últimos años, los temores de un renovado conflicto tigrano-etíope-eritreo se han centrado en su convergencia con la inestabilidad más amplia en el Cuerno de África, con la guerra civil internacionalizada en Sudán y las potencias regionales enfrentadas del Golfo y Medio Oriente respaldando a sus protagonistas.
"Hoy en día, varias guerras están en marcha a la vez,
con una gran cantidad de patronos, ningún mediador
capaz de ponerle fin y unos márgenes muy delgados
entre el conflicto de Etiopía y otros que se desarrollan
en la región"
Desde fines de 2025, Etiopía se ha movido más directamente hacia el apoyo a las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF, las milicias mercenarias sudanesas, con quienes comparte el mismo pagador emiratí, albergando un campamento financiado por los Emiratos Árabes Unidos, cerca de la frontera sudanesa. Al mismo tiempo, un aliado del ejército sudanés, Egipto, ha buscado agresivamente el cerco de Etiopía por disputas sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope GER y la cuenca de agua del Nilo, forjando vínculos más estrechos con Eritrea y en menor medida con Somalia y Yibuti.
Aunque este conflicto está íntimamente moldeado por causas etíopes, puede asumir rápidamente las características intratables que han dominado la guerra en Sudán. Los patronos externos complicarían aun más el campo de batalla, haciendo que un acuerdo negociado sea más difícil de alcanzar y una escalada militar más fácil de mantener. Con los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita enfrentándose a través del Mar Rojo y el Golfo de Adén, un nuevo conflicto ofrece más espacio en la guerra de Etiopía. Aún así, es pronto, y queda por ver como la guerra en Sudán influye en la situación de Etiopía, pero la perspectiva de una cadena de conflictos que se extiende desde Chad hasta la frontera de Yibuti es estremecedora.
Si esto se convierte en un conflicto más amplio, y los augurios son sombríos, no seguirá el guion de 2020. Entonces, la guerra estaba ampliamente contenida dentro de las fronteras de Etiopía. Hoy en día, varias guerras están en marcha a la vez, con una gran cantidad de patronos, ningún mediador capaz de ponerle fin y unos márgenes muy delgados entre el conflicto de Etiopía y otros que se desarrollan en la región. Pero, con la memoria de los horrores del 2020-2022 y los que ocurren en el vecino Sudán, Etiopía a vuelto a la guerra.








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