MALI: ¿TAMBORES DE GOLPE DE ESTADO?
Mali vivió el pasado sábado 25 de abril, uno de los días más
caóticos y violentos de los últimos años. En una acción coordinada y a gran
escala, los grupos insurgentes Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM
(organización yihadista) y el Frente de Liberación de Azawad (grupo armado
nacionalista que revindica la autodeterminación de los tuareg), atacaron buena
parte de las principales ciudades del país, bases del ejército y edificios
públicos, llegando incluso a amenazar a la capital Bamako. Durante todo el sábado
se sucedieron los combates en todo el país, creando un clima de confusión
absoluta, que hizo remecer al gobierno de la Junta Militar que lleva más de
seis años dirigiendo esta nación del occidente africano.
La región norte de Mali -la que los independentistas tuareg
llaman Azawad- fue la zona más afectada. Durante la mañana, el FLA anunciaba
que había tomado por completo la ciudad de Kidal, ante la retirada del ejército
maliense sin combatir. A pesar de su reducido tamaño, esta ciudad tiene un
enorme peso estratégico y simbólico, estando bajo control insurgente durante
varios años y convertida en centro político del movimiento tuareg hasta su
reconquista por parte del ejército y el grupo ruso Wagner hoy llamado Africa
Corp en 2023.
Tras conocerse la toma de Kidal, todas las miradas se
dirigieron a Gao, la que fuera capital del Estado autoproclamado de Azawad en
el 2012 y más cerca y mejor conectada con la capital Bamako. Aunque se
produjeron combates, no llego estar bajo control absoluto de JNIM y FLA, lo que
habría sido un golpe demoledor para el gobierno maliense y podría haber
precipitado su pérdida de control sobre todo en el norte del país.
“Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM
(organización yihadista) y el Frente de
Liberación de Azawad FLA (grupo armado
nacionalista que revindica la
autodeterminación
de los tuareg), atacaron buena parte de las
principales ciudades del país”
Lo más grave podría haber ocurrido en la capital, produciéndose importantes combates en su área circundante. Milicias del JNIM revindicaron haber atacado la casa del presidente Assimi Goita y varias bases militares en la capital. Ya por la noche voceros del gobierno militar aseguraron que la situación estaba completamente bajo control. Excepto la norteña ciudad de Kidal, las fuerzas gubernamentales controlan ahora el resto de las ciudades de Mali. Ayer domingo, la situación parecía haber vuelto a la calma.
Lo ocurrido el sábado marca un punto de inflexión en el
conflicto que vive Mali desde el 2012. La alianza entre el JNIM y FLA -entre
los fundamentalistas islámicos y los independentistas tuareg- formaliza y hace
explícita una relación que hasta ahora había sido ambigua y en gran medida
táctica, centrada en la lucha contra un enemigo común.
Ambas organizaciones ya había cooperado en el pasado, pero
nunca lo había hecho con un alto grado de coordinación y visibilidad como el
demostrado en los ataques de este sábado. En 2012, cuando la rebelión tuareg logró
hacerse con el control de gran parte del norte del país, los grupos yihadistas
mejor organizados cooptaron buena parte de sus logros e imponiéndose en
ciudades clave como Tombuctú.
“Tras la caída de Gadafi, miles de estos
combatientes regresaron al norte de Mali
fuertemente armados y con experiencia
militar.
A ello se sumó la proliferación de armas
procedentes de los arsenales libios, que se
dispersaron por toda la región”
El origen de lo ocurrido entonces no pude entenderse sin el
derrocamiento y asesinato del líder libio Muamar el Gadafi en 2011 tras la
brutal intervención de la OTAN en Libia. Durante décadas, Gadafi había
reclutado y financiado a los rebeldes tuareg procedentes de Mali y otros países
del sahel, integrándose en sus fuerzas de seguridad. Tras ser eliminado, miles
de estos combatientes regresaron al norte de Mali fuertemente armados y con
experiencia militar, contribuyendo de forma decisiva al estallido de la
rebelión de 2012. A ello se sumó la proliferación de armas procedentes de los
arsenales libios, que se dispersaron por toda la región y fueron a parar tanto
a los grupos independentistas tuareg como a organizaciones de ideología
yihadista.
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| La región noreste de Mali, llamada Azawad por las tribus tuareg, alberga ciudades como: Kidal, Gao y Tombuctú, que son el escenario de luchas independentistas de este pueblo originario. |
Para intentar salvar la situación caótica que ella misma
había contribuido a crear, Francia intervino militarmente en Mali en 2013 -a
través de la operación Serval y posteriormente Barkhane- logrando ciertos
éxitos en la expulsión de los grupos de los principales núcleos urbanos. Sin
embargo, ni eliminó su capacidad de actuación ni resolvió las causas profundas
del conflicto, lo que contribuyó a aumentar entre la población maliense el
resentimiento hacia la antigua potencia colonizadora y su presencia en el
país.
Este sentimiento anti-francés ayudó a generar el marco
discursivo perfecto para el triunfo del golpe de Estado en 2020. La Junta
Militar que gobierna Mali desde entonces, convirtió la ruptura con Francia y la
salida de sus tropas en su principal eje político y mediático, apostando por la
colaboración con Rusia y el uso del grupo Wagner para combatir a los
insurgentes -no solo el JNIM, sino también el Estado Islámico del Gran Sahara- estos
han recrudecido sus ataques en los últimos años, y el gobierno maliense sigue
sin tener un control efectivo sobre gran parte de su territorio, especialmente
en el norte.
A su vez, tras años de incumplimiento y envalentonado por la
toma de la estratégica ciudad de Kidal, el gobierno anunció la suspensión
efectiva de los Acuerdos de Argel de 2015, que prometían, entre otros aspectos,
una mayor descentralización política y una mayor inversión económica en el
norte. Esto habría contribuido de forma esencial en la renovada cooperación
entre el JNIM y el FLA. Sin embargo, esta sigue respondiendo a una lógica
pragmática, manteniendo objetivos divergentes a largo plazo. En el corto, con
la ofensiva del sábado los independentistas del FLA, consiguen recuperar
protagonismo y control territorial, mientras los yihadistas del JNIM refuerzan
su legitimidad local ante la ausencia del Estado en estos territorios.
“Con la tentativa de golpe, los independentistas
del FLA, consiguen recuperar protagonismo
y control territorial, mientras los
yihadistas
del JNIM refuerzan su legitimidad local
ante la ausencia del Estado en estos
territorios”
A nivel internacional, el más afectado por esta asonada golpista
es Rusia, quien había convertido a Mali en uno de sus pilares de su estrategia
africana. Con el revés militar del ejército maliense, Moscú ve erosionada su
credibilidad como garante de seguridad entre los países africanos, cuestionando
la eficacia de un modelo de seguridad basado principalmente en el blindaje de
las elites y la protección de la infraestructura esencial a cambio concesiones
sobre los recursos naturales.
En sus últimas declaraciones, el Ministerio de Exteriores de
Rusia aseguraron que: “la información preliminar sugiere que las fuerzas de
seguridad occidentales pueden haber estado involucradas en el entrenamiento a
las milicias golpistas”. Esa acusación no es nueva y hace unos días los
gobiernos de Mali y Níger sugirieron que países vecinos habrían patrocinado
acciones terroristas en sus territorios. Pude ser cierto o no, pero ello no
esconde el hecho de que grupos como JNIM se nutren especialmente de la dejadez
del Estado en las zonas rurales, y que organizaciones como FLA aglutinen
reivindicaciones históricas de grupos históricamente marginados por el gobierno
central como los tuareg.
Así, lo ocurrido el último sábado no solo evidencia la
fragilidad del control estatal en el norte de Malí, sino también la capacidad
de adaptación de unos actores armados que, lejos de debilitarse, parece
reconfigurar sus alianzas en función de la evolución del conflicto. Todo ello
apunta a una nueva fase de inestabilidad en la que los hechos del sábado
difícilmente puedan interpretarse como un episodio aislado, sino como parte de
una dinámica que amenaza con agudizarse en los próximos meses.



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