Friday, November 21, 2025

YIHADISMO EN EL SAHEL: 

¿QUÍEN ES EL AGRESOR?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La violencia yihadista, ejercida por grupos extremistas islámicos, han sentado sus bases en tres países del sahel,
Mali, Burkina Faso y Níger, consolidándose como el principal foco
del yihadismo a nivel global.

La región africana del sahel atraviesa una grave crisis marcada por la violencia yihadista (ejercida por grupos extremistas islámicos), la pobreza, la inestabilidad política y el surgimiento de gobiernos nacionalistas y panafricanistas, que han generado una fuerte oposición entre sus antiguos aliados occidentales. Burkina Faso, Mali y Níger se han consolidado como el principal foco del yihadismo a nivel global, a la vez que esta amenaza se extiende progresivamente hacia el sur, afectando en distinta medida a cuatro países costeros del Golfo de Guinea -Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín-. Todo ello ocurre en un contexto de creciente competencia geopolítica entre actores externos, como Rusia, China, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y la dupla occidental de Francia y Estados Unidos, por ampliar su presencia e influencia en África Occidental, un espacio crecientemente estratégico a escala global.

La matriz del yihadismo mundial se originó en el Medio Oriente, con la creación del Estado Islámico (entre la frontera de Irak y Siria), llevándolos, a partir de 2010, a una situación de debilidad y crisis de liderazgo, debiendo de desplazar sus acciones armadas hacia sus otras filiales o entidades regionales a fines. De entre éstas, las presentes en África estaban ganado fuerza y protagonismo. De los cinco principales focos de inestabilidad en el continente africano (cuenca del lago Chad, Norte de África, Sahel, Somalia y Mozambique) el sahel central estaba experimentando la mayor escalada de violencia vinculada a actores yihadistas en los últimos años. En 2009, las muertes relacionadas con el terrorismo en la región representaban solo el 1% del total mundial, mientras en el 2025 esta cifra ha llegado al 51%. Asimismo, estos grupos insurgentes ejercen un creciente control sobre determinados territorios del continente. Así, desde 2023, el sahel se consolida como el principal foco de actividad yihadista global.  

Desde hace trece años, estos grupos yihadistas concentraron inicialmente sus ataques en el norte de Mali, aprovechando la insurgencia tuareg de 2012, así como los flujos de armas y combatientes llegados desde Libia tras la caída del régimen de Gadafi. Sin embargo, a partir de 2014, aumentaron su frecuencia también en Níger y con especial intensidad, en Burkina Faso. Desde el 2020, se observa un progresivo efecto contagio más allá de esta región africana. El sahel alberga un mosaico de grupos terroristas que siguen una lógica de expansión hacia las costas del Océano Atlántico (Golfo de Guinea). En definitiva, no solamente la amenaza se ha intensificado, sino que también ha aumentado su alcance geográfico, tanto en los países que conforman el sahel central como a nivel regional, en África occidental.

                      “De los cinco principales focos de

                  inestabilidad en el continente africano

                 (cuenca del lago Chad, Norte de África,

                        Sahel, Somalia y Mozambique)

                  el sahel central estaba experimentando

                 la mayor escalada de violencia vinculada

                 a actores yihadistas en los últimos años” 

En la actualidad, la totalidad de los actores yihadistas en la región pertenecen a la órbita de las dos principales ramas del yihadismo global: al-Qaeda y Estado Islámico o Daesh en árabe. Los actores más importantes son la coalición Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM, por sus siglas en árabe, filial de al-Qaeda y en menor medida, la Provincia del Estado Islámico del Sahel ISSP, según sus siglas en inglés. Ambos compiten entre sí por influencia y control territorial, particularmente en el área de la triple frontera entre Burkina Faso, Níger y Mali.

La coalición JNIM, conformada por bandas armadas como Ansar Dine o Al Morabitoun, es el actor más activo, ya que concentra el 66% de la participación en las acciones terroristas desde 2020. Esta predominancia y ascenso se explica por su fuerte arraigo comunitario y por haber establecido mecanismos locales de financiamiento sostenible.

Sin embargo, a la amenaza yihadista hay que sumarle otro vector a la crisis en el sahel. Desde 2020, esta estratégica región, ha experimentado una serie de golpes de Estado y cambio de régimen político de tono nacionalista y panafricanista. Primero en Mali (agosto 2020 y mayo 2021), luego en Burkina Faso (enero y setiembre 2022), y por último, en Níger (julio 2023). Pese a las diferencias entre contextos nacionales, existe un denominador común: las tres juntas militares explotaron agravios históricos no resueltos contra Francia y contra occidente en general, capitalizando el legítimo descontento generalizado de la población -en particular de la juventud-, presentándose como la única solución para traer seguridad y desarrollo económico, ante la incapacidad manifiesta de los gobiernos anteriores, regímenes corruptos y adictos a los mandatos de occidente,  que no cumplieron con las funciones básicas del estado.

Estos gobiernos militares han creado un proyecto de cambio socio-político que generó arraigo popular y  una fuerte oposición y preocupación en las potencias occidentales.

                   “Los actores más importantes son:

           Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes

            JNIM, filial de al-Qaeda y en menor medida,

         la Provincia del Estado Islámico del Sahel ISSP.

                Ambos compiten entre sí por influencia

                  y control territorial, particularmente

                 en el área de la triple frontera entre

                      Burkina Faso, Níger y Mali”

En este marco, las juntas militares dieron un cambio radical a su política exterior, estrechando lazos con Rusia, China, Emiratos Árabes Unidos y Turquía e interrumpiendo abruptamente la cooperación con Francia, Estados Unidos y otros socios europeos, con quienes las relaciones se encuentran en su peor momento desde la independencia en 1958, en el caso de Burkina Faso, y en 1960, en Mali y Níger.

Los tres países del sahel se unieron en la llamada Alianza de los Estados del Sahel AES, promoviendo alianzas militares, políticas y comerciales con Rusia, China, Irán e incluso con Corea del Norte, quien enviará una dotación de soldados de elite norcoreanos para conformar las escoltas personales de los líderes burkineses, lo que, de profundizarse el rechazo a las políticas pro-occidentales, se estarían cerrando para siempre las puertas de África.

El Sahel es una vasta región africana, situada entre el desierto
del Sáhara al norte y la sabana subsahariana por el sur. Se
extiende del Océano Atlántico hacia el Mar Rojo.

Se sabe que el sahel es importante para occidente, porque los países de la región, especialmente Niger, es esencial para ayudar a detener la migración ilegal hacia Europa. Por otra parte, Francia está deseosa de seguir manteniendo su dominio económico sobre sus antiguas colonias, que se ve amenazado por el creciente sentimiento antifrancés en muchas de ellas, particularmente en Burkina Faso, Mali y Chad. El interés de los Estados Unidos radica principalmente en la seguridad. Washington tiene una base de drones de 100 millones de dólares y mil soldados en la ciudad nigerina de Agadez. El gobierno de Níger ha solicitado a EE.UU que retire sus tropas y cierre la base. Sin mencionar los ingentes recursos naturales que posee estos países africanos: petróleo, gas natural, litio, tierras raras, que son muy apetecibles para occidente.

Asimismo, con la expulsión de Francia de la mayoría de sus antiguas colonias en el sahel y la creciente influencia de estas sobre Moscú, Estados Unidos se enfrenta a un gran dilema. Ante la ausencia de EE.UU y Francia en la región, Rusia y en algunos casos Irán, están ocupando el vacío de poder. Eso pone gravemente en peligro su influencia en la región.

                   “Los dos principales grupos subversivos

                       que operan en esta región africana

                    han resurgido con un fervor renovado,

                    como si un nuevo financista estuviera

                      colaborando e impartiendo órdenes

                      como el verdadero y único agresor”

Ante este panorama, es evidente que Washington no está dispuesto a permitir que esta nueva alianza política-militar en el sahel se consolide y pueda incluir otras naciones, como Chad, Senegal o Guinea Conakry. Ante este escenario de fragilidad y de amenaza, por parte de las potencias occidentales, de tratar de recuperar la iniciativa política en la región, coincidentemente, los grupos yihadistas han intensificado su actividad violentista, ampliado su radio geográfico de acción. Los dos principales grupos subversivos que operan en esta región africana han resurgido con un fervor renovado, como si un nuevo financista estuviera colaborando e impartiendo órdenes como el verdadero y único agresor.  

Cada vez es más evidente, que mientras los países de la AES resisten la envestida de los grupos terroristas, que generan decenas de muertos en el norte de Burkina Faso, centro y norte de Mali, y noreste de Níger, donde aldeas enteras son atacadas dejando numerosos muertos, las inteligencias occidentales trabajan a toda velocidad para desestabilizar desde el interior a los ejércitos de estos países africanos, fraguando divisiones dentro de la cúpula militar, como se vio a principios de año en Mali y Burkina Faso o auspiciando asonadas castrenses como en el caso de Níger, acciones veladas o no tan veladas, que favorecen así el accionar de las bandas yihadistas.

                     “Los tres países del sahel se unieron

                     en la llamada Alianza de los Estados

                    del Sahel AES, promoviendo alianzas

               militares, políticas y comerciales con Rusia,

               China, Irán e incluso con Corea del Norte”

En el caso de las denuncias en Bamako, se anunció la detención de un agente francés que operaba como nexo entre la inteligencia francesa y algunos sectores políticos, económicos y de las fuerzas armadas opositoras a la junta militar de gobierno. Por su parte, las autoridades de Burkina Faso informaron la detención en la capital, Uagadugú, de otro ciudadano francés a fines de julio, que utilizaba como fachada un empleo en una ONG, desde donde aportaba información y asesoramiento a los bolsones golpistas del ejército.  

Desde 2020, la evolución de la amenaza yihadista en el sahel en particular y en el África occidental en general, ha seguido dos tendencias principales: por un lado, la intensificación de la violencia en los países miembros de la AES, con un creciente control territorial por parte del JINM, y más recientemente, del ISSP; por otro lado, su progresiva expansión hacia algunos Estados del Golfo de Guinea, especialmente Benín, Togo y Costa de Marfil. Aunque, en estos países, los grupos insurgentes no han replicado -por ahora- sus estrategias de expansión territorial, su actividad ha crecido de forma sostenida y Ghana experimenta ya efectos indirectos de sus actividades transfronterizas.

Pero la constatación principal del origen de este nuevo impulso violentista de las bandas insurgentes en el sahel, proviene del verdadero agresor en este conflicto, los únicos que quieren detener la marea de cambios que amenaza arrasar para siempre la perversa voluntad colonial de los Estados Unidos y Francia.  

Monday, November 17, 2025

 

MARRUECOS E ISRAEL:

LA MISMA OCUPACIÓN, LA MISMA IMPUNIDAD

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La cooperación militar, política y diplomática entre Marruecos e Israel continua a pesar
del brutal genocidio israelí sobre Gaza y la usurpación y explotación de los recursos 
naturales del pueblo saharaui de parte de la monarquía marroquí.

Marruecos e Israel son regímenes gemelos en la ocupación y la represión. El primero mantiene desde 1975 la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, el segundo impone a la fuerza desde 1948 un régimen de apartheid y colonización sobre Palestina. Ambos vulneran de forma flagrante el derecho internacional, las Resoluciones de las NN.UU y las sentencias de tribunales internacionales.

En el caso de Palestina, la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia CIJ y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional han dejado claro que la colonización de territorios ocupados, el desplazamiento forzoso de la población y los ataques deliberados contra civiles constituyen crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. La masacre permanente en Gaza no es un “conflicto armado” sino un genocidio planificado, que busca borrar al pueblo palestino de sus tierras.

En el caso del Sáhara Occidental, la CIJ en su dictamen de 1975, la Asamblea General de la ONU, según Resolución 1514 sobre Descolonización, han afirmado de forma inequívoca que Marruecos no tiene soberanía ni administración legítima sobre el territorio saharaui, y que cualquier explotación de sus recursos naturales sin consentimiento del pueblo saharaui es ilegal. Antecedentes legales y jurisprudencia internacional que no puede desconocer la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada el pasado 31 de octubre a iniciativa y presión de los Estados Unidos. A pesar de ello, Rabat sigue ocupando el territorio saharaui, reprimiendo a su población y levantando un muro de más de 2,700 kilómetros con minas antipersonales para dividir a familias y comunidades.

                       “La masacre permanente en Gaza

                         no es un “conflicto armado” sino

                      un genocidio planificado, que busca

                 borrar al pueblo palestino de sus tierras”

Ambos Estados comparten algo más que métodos represivos, comparten alianzas políticas y militares. Marruecos ha firmado acuerdos estratégicos con Israel en materia defensa, inteligencia y tecnología represiva, consolidando un eje de ocupación y violencia colonial que amenaza a toda la región.

Frente a esta realidad, no podemos aceptar que Marruecos e Israel intenten lavar su imagen a través del deporte o la cultura. La normalización internacional es su mejor arma: Marruecos con su candidatura mundialista para ser sede de la Copa de Futbol 2030, e Israel con su participación en competiciones musicales y culturales europeas, quieren mostrarse como Estados “normalizados” mientras cometen crímenes de lesa humanidad.

En el caso de Marruecos, este repudio popular contra su política represiva, ha generado desde el pasado mes de octubre, diversas y multitudinarias marchas de protesta contra el gobierno corrupto de Mohamed VI, liderada por el autodenominado “Movimiento Generación Z”. A ojos de la población, la situación de pobreza y corrupción, contrasta con las cuantiosas inversiones destinadas a la construcción de diversas instalaciones deportivas de cara al Mundial de Futbol 2030. En la actualidad, el país norafricano está construyendo tres gigantescos estadios de futbol y renovando o ampliando hasta seis de los ya existentes. Los canticos oídos en las protestas lo dejaban claro: “Los estadios están aquí, pero donde están los hospitales, las escuelas”. Estas protestas también han evidenciado el rechazo social frente a la cada vez más visible política de normalización y estrechamiento de lazos estratégicos entre Rabat y Tel Aviv.

                         “Marruecos no tiene soberanía

                         ni administración legítima sobre

              el territorio saharaui, y cualquier explotación

              de sus recursos naturales sin consentimiento

                          del pueblo saharaui es ilegal”

Como señalábamos en un artículo anterior, el precedente histórico es claro: el aislamiento deportivo y cultural fue una herramienta decisiva para derrotar al apartheid en Sudáfrica. En  la actualidad, frente al apartheid israelí y a la ocupación marroquí, la respuesta debe ser la misma: Boicot a Israel por el genocidio en Palestina; Boicot a Marruecos por la ocupación ilegal y represiva del Sáhara Occidental; Boicot al Mundial de Futbol 2030, que pretende normalizar y legitimar la ocupación marroquí.

La legalidad internacional está de lado de Palestina y del Sáhara Occidental. Lo que falta es la voluntad política y la movilización social. Por eso, se debe de lanzar un llamamiento urgente a los movimientos sociales, organismos internacionales, colectivos mundiales de artistas, deportistas y ciudadanía del mundo consiente: que no se puede legitimar con nuestra presencia ni con nuestro silencio a quienes asesinan, colonizan y roban la tierra de otros pueblos.

Marruecos e Israel son la misma cosa: ocupación, represión, apartheid y genocidio. Frente a ellos, la respuesta es boicot, resistencia y solidaridad internacional.

Wednesday, November 12, 2025

EL CUERNO DE ÁFRICA: NAVEGANDO POR AGUAS TURBULENTAS

Por: Javier F. Miranda Prieto

Los expertos atribuyen la actual oleada de conflictos e inestabilidad en el Cuerno de África a fuerzas externas,
principalmente a la presencia de potencias occidentales, las guerras de los Estados del Golfo
y la creciente influencia de Rusia y China.

A lo largo de la historia, el Cuerno de África ha sido una de las regiones más inestables y conflictivas del mundo, caracterizada por conflictos de larga duración, disputas transfronterizas, extremismo violento, mala gobernanza y prestación deficiente de servicios estatales. Los graves efectos del cambio climático, también han afectado de forma desproporcionada al África subsahariana y han empeorado esta situación. En los últimos años, el Cuerno de África ha experimentado un estallido de turbulencias más complejo y distinto de los anteriores. Esta región atraviesa uno de sus periodos más peligrosos, con conflictos armados interestatales y una mayor fragmentación política.

El valor geopolítico del Cuerno de África se podría definir por su ubicación estratégica como ruta comercial a través del Mar Rojo y el Estrecho de Bab El-Mandeb y su proximidad a dos  zonas vitales: el Magreb a través de Egipto y la región del Sahel por Sudán. Sin olvidar, la creciente competencia de las potencias extranjeras por influenciar en la región. Esta competencia incluye a potencias como: China, Estados Unidos, países del Golfo (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) y Rusia, que buscan establecer bases militares y asegurar intereses económicos y de seguridad.

Esta región africana controla una de las rutas marítimas más importantes del mundo, que detenta el 12% y 20% del comercio mundial, conectando con Oriente Medio y el Océano Indico, lo que la convierte en un punto estratégico para el comercio y la proyección de poder. En la actualidad, Etiopía, Somalia, Yibuti y Eritrea, juntos con Sudán y Kenia son lugares de alta violencia política, conflictos armados, insurgencias y violencia de grupos yihadistas como AlShabab.

                  “El valor geopolítico del Cuerno de África

                se podría definir por su ubicación estratégica

                  como ruta comercial a través del Mar Rojo

                         y el Estrecho de Bab El-Mandeb”

Sudán está inmerso en una devastadora guerra civil, que desestabiliza aún más la región. En Etiopía, la secuela de las guerras inter-étnicas con sus provincias autónomas ha dejado al país sumido en la inestabilidad, la fragmentación política y crisis humanitarias. Las tensiones entre Etiopía y Somalia en torno al Memorándum de Entendimiento entre Etiopía y Somalilandia -la provincia que se ha auto-independizado de Somalia-, en torno al acceso de los etíopes al puerto de Berbera, añaden otra capa de complejidad y amenazan la seguridad regional. Además, las tensiones históricas -fronterizas y de acceso al mar- entre Etiopía y Eritrea han reaparecido, algo que obstaculiza la cooperación regional y los esfuerzos de estabilidad.

El Estrecho de Bab el-Mandeb, "La Puerta de las Lagrimas" 
en árabe, es una de las rutas petroleras más importantes
del mundo. Se ubica entre El Cuerno de África
y el Golfo de Adén.

Adicionalmente, la disputa por recursos hídricos, especialmente en torno a la gigantesca presa del Gran Renacimiento de Etiopía es una inacabable fuente de tensión con países vecinos como Egipto y Sudán. Mientras el gobierno de Addis Abeba quiere utilizar este proyecto hidráulico para la industrialización de su economía, Sudán y Egipto temen que la disminución drástica del caudal del rio Nilo, pueda afectar drásticamente su agricultura. La postura de Egipto y Sudán es histórica respecto al uso del agua del Nilo, ya que fue crucial para sus poblaciones desde la antigua civilización de los faraones. Mientras Etiopía se urbaniza e industrializa a costa del uso del agua del Nilo, Egipto y Sudán no podrían vivir con un recorte sustancial de su caudal.

En medio de estos conflictos, el pequeño Yibuti parece destacar como un ancla de estabilidad en las tumultuosas aguas del Cuerno de África. Pero realmente, esta pequeña y antigua colonia francesa, se ha convertido en una clave “plataforma militar” estratégica en África, al albergar las bases militares de varias superpotencias mundiales debido a su ubicación privilegiada. Cerca del Estrecho de Bab el-Mandeb, lo convierte en un punto vital para el comercio marítimo y las operaciones militares globales, alojando en su suelo a bases de Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Japón, Turquía, Reino Unido, entre otros. Como consecuencia de ello, la región es ahora susceptible de sufrir amenazas e injerencias externas, disturbios entre la población y crisis que obstaculicen su desarrollo.

                  “Este déficit de liderazgo es evidente en

                     la prolongada guerra civil en Sudán,

                           las crisis -internas y externas-

                    sin resolver de Etiopía y las tensiones

                   persistentes entre los Estados vecinos”

Los expertos y los actores regionales atribuyen la actual oleada de conflictos, tensiones e inestabilidad en el Cuerno Africano a fuerzas externas, principalmente a la presencia de las potencias occidentales, las guerras próximas de los Estados del Golfo y la creciente influencia de Rusia y China. Sin embargo, los dirigentes de esta región tienen una gran responsabilidad en la situación actual. A pesar de las presiones externas, los líderes regionales han mostrado colectivamente una falta de liderazgo, al no abordar cabalmente las disputas internas y los problemas de gobernanza y no ofrecer un espacio de mediación a los vecinos beligerantes.

Este déficit de liderazgo es evidente en la prolongada guerra civil en Sudán, que ha derivado en un brutal genocidio contra la población negra de las diferentes etnias darfuríes -provenientes de la martirizada región de Darfur-, las crisis -internas y externas- sin resolver de Etiopía y las tensiones persistentes entre los Estados vecinos -Etiopía contra Sudán, Egipto y Somalia; Somalia contra Kenia; Somalia contra Somalilandia y Eritrea contra Etiopía-.

A pesar de sus esfuerzos por mediar y resolver estos conflictos, organizaciones regionales como la Unión Africana UA y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo del África Oriental IGAD han tenido dificultades para repetir sus éxitos del pasado. El fracaso a la hora de abordar eficazmente las crisis actuales de Sudán y Etiopía pone de manifiesto las limitaciones de estos organismos para gestionar la dinámica cambiante de los conflictos de la región. La lenta aplicación del Acuerdo de Pretoria, sobre la crisis en Etiopía y las posiciones irreductibles enquistadas en los bandos en pugna en la guerra de Sudán, han obstaculizado los esperados Acuerdos de Paz, algo que evidencia la necesidad de enfoques más realistas, integradores y mejor coordinados para la resolución de estos conflictos.

                 “El Cuerno de África aloja en su suelo

                     bases militares de Estados Unidos,

                Rusia, China, Francia, Japón, Turquía,

                           Reino Unido, entre otros”

Mientras el Cuerno de África continúa navegando por aguas turbulentas, el papel de los líderes y las organizaciones regionales y mundiales sigue siendo crucial.  Un liderazgo eficaz, que sepa responder a los anhelos y necesidades de los pueblos involucrados en estos conflictos y unos esfuerzos diplomáticos que respondan a los principios elementales del derecho humanitario serán esenciales para abordar las cusas profundas de la inestabilidad que se vive en esta estratégica región africana. El compromiso de la comunidad internacional para poner freno a la intromisión voraz de las grandes potencias mundiales en esta zona, será vital para garantizar que el Cuerno de África pueda avanzar hacia la paz y la estabilidad.  

Monday, November 10, 2025

 ÁFRICA: ENTRE EL CONTINUISMO Y LA RUPTURA

Por: Javier F. Miranda Prieto

Simpatizantes del activista senegalés Ousmane Sonko y su candidato presidencial Diomaye Faye, símbolos de la
 juventud y de la ruptura con el viejo régimen, llenaban las plazas en Senegal durante la 
campaña electoral en 2024.

En la actualidad, África está emancipándose de los discursos que durante décadas la definieron desde fuera. En los últimos años, una oleada de procesos políticos -muy distintos entre sí- ha quebrado el relato occidental que divide el mundo entre democracias consolidadas y dictaduras inestables. En el continente, esas categorías se resquebrajan. “Democracia”, “golpe de Estado”, “autoritarismo”, todas adquieren sentido propio cuando se miran desde la historia colonial, la estructura económica y las aspiraciones populares de soberanía.

La antigua “Francafrique”, esa arquitectura poscolonial que durante más de medio siglo garantizó que París conservara influencia económica y militar en su antigua zona de dominio, se desmorona ahora a ojos vista: se deshilachan sus redes de clientela, los abusivos acuerdos asimétricos y el nocivo tutelaje militar. La caída de la hegemonía francesa en varios países de la región no es solo simbólica, implica el fin de un modelo donde élites locales necesitaban la dependencia a cambio de estabilidad.

En estos momentos, en capitales como: Bamako, Uagadugú o Niamey, el lenguaje político ya no habla de cooperación o continuidad sino de ruptura. En esos gobiernos, está bien interiorizado: que no hay independencia real mientras su oro o su uranio sirva para financiar a otros países.  

En el sahel, los procesos encabezados por Assimi Goitá (Mali), Ibrahim Traoré (Burkina Faso) y Abdourahamane Tiani (Níger) condensan la ruptura más nítida con el antiguo orden colonial. Desde el 2023, la Alianza de Estados del Sahel AES y su paso a la Confederación del Sahel establecieron mecanismos de defensa, diplomacia y cooperación económica. Por otro lado, Rusia -a través del Africa Corps- y China han ganado espacio e inversiones en seguridad e infraestructura, mientras Emiratos Árabes Unidos EAU y Turquía buscan anclajes logísticos y comerciales en el continente.

                 “En esos gobiernos, está bien interiorizado:

              que no hay independencia real mientras su oro

              o su uranio sirva para financiar a otros países”

Pero no es solo geopolítica, en barrios y aldeas crecen cooperativas, programas de alfabetización y brigadas comunitarias. Esta sensibilidad social explica el apoyo popular. En Mali y Burkina Faso, más del 70% de la gente aprueba la orientación soberanista. En Niamey, pese a las sanciones, persiste la idea que el origen de la junta militar fue una “reacción legitima frente a la humillación occidental”. El sahel funciona como un espejo para el resto del continente.

En Senegal, la ruptura llegó sin tanques y con multitudes jóvenes. La victoria electoral de Bassirou Diomaye Faye y Ousmane Sonko, en marzo de 2024, sintetizó un ciclo de movilizaciones populares que denunciaba corrupción, represión, continuidad y dependencia. “El pueblo senegalés no solo ha votado por un cambio de presidente, sino por un cambio de sistema”, declaró Sonko después de su liberación. El nuevo gobierno anunció la revisión integral de los contratos petroleros, ajustes al código minero y un programa de soberanía alimentaria a través de cooperativas rurales. En política exterior, Dakar estrecha lazos con la Alianza de Estados del Sahel AES y mantiene equilibrios con Turquía y China, a la vez que redefine su relación con la UE. El crecimiento estimado para este 2025 supera el 8%, pero la consiga oficial es clara: “No queremos crecimiento sino justicia social”. Esto refleja una tendencia más amplia: en África, lo democrático se valida con resultados tangibles.

Sudáfrica, por su parte, inauguró en 2024 un ciclo de coalición tras la pérdida de mayoría del CNA. La sociedad civil ha recuperado músculo y fiscaliza a un Estado golpeado por tres décadas de desigualdad, crimen y deterioro de servicios. El desempleo juvenil supera el 45%, la pobreza abarca más de la mitad de la población y la confianza en el sistema cayó -aunque el compromiso con la democracia sigue siendo mayoritario-. Miembro activo de los BRICS, el gobierno de Pretoria impulsa debates sobre alternativas financieras y se ofrece como puente entre la SADC -Comunidad de Desarrollo del África Austral- y el sahel. La pregunta que se hacen los sudafricanos ya no es ideológica, sino material ¿Puede el pluralismo político traducirse en servicios, empleo y seguridad?

                     “La caída de la hegemonía francesa

            en varios países de la región no es solo simbólica,

             implica el fin de un modelo donde élites locales

         necesitaban la dependencia a cambio de estabilidad” 

En Egipto, el “autoritarismo estabilizador” de AbdelFattah al-Sisi, luego de doce años, muestra fatiga. Las recetas del FMI han generado una devaluación y una inflación por encima del 30%, exigiendo recortes que elevan el costo de vida. El Cairo intensifica vínculos con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, mientras diversifica alianzas con Rusia y China en el marco de los BRICS. La legitimidad del régimen no descansa en urnas electorales competitivas sino en su promesa de estabilidad macro y megaproyectos; pero sin mejores salarios y más empleo, esa promesa pierde atractivo.

Etiopia, vive una paz incompleta y agotada. La firma del Acuerdo de Pretoria del 2022, no resolvió las disputas territoriales ni los choques étnicos en Amhara y Oromía; los desplazados internos por estos conflictos superan los 4 millones. El intento de reactivar el “milagro industrial” incorpora un acuerdo de acceso al puerto de Berbera en Somalilandia -provincia rebelde somalí-, lo que elevó tensiones con Somalia. La inflación ronda el 25% y la presión humanitaria condiciona cualquier reforma. Etiopía confirma que sin recomposición estatal -respeto a las minorías- no hay desarrollo ni democracia sostenible.

Mali, Burkina Faso y Níger, condensan la ruptura más nítida
con el antiguo orden colonial, la AES coordina mecanismos
de defensa, diplomacia y cooperación económica

Camerún y Costa de Marfil representan el límite de las democracias de baja intensidad. En Yaundé, Paul Biya con sus 92 años, fue nuevamente elegido en elecciones fraudulentas, mientras el conflicto anglófono continúa. En Abiyán, Alassane Ouattara sostiene crecimiento macro y cercanía con París y Washington, pero con desempleo juvenil elevado y libertades democráticas disminuidas. Ambos casos prolongan el continuismo, a través de un contrato postcolonial que intercambia estabilidad por subordinación y muestran por qué las juventudes descrean de las alternancias administradas desde arriba, apostando por la ruptura con el viejo sistema.

                   “En estos momentos, en capitales como:

                          Bamako, Uagadugú o Niamey,

              el lenguaje político ya no habla de cooperación

                          o continuidad sino de ruptura”

En Chad, Mohamat Idriss Déby consolidó en 2024 una sucesión dinástica bajo tutela militar y respaldo francés. El ejército chadiano es el más numeroso, mejor equipado y profesionalmente, con mayor preparación, del África subsahariana. Este país continúa como pivote logístico occidental en el sahel, mientras la pobreza supera el 45% y los servicios públicos colapsan. Las movilizaciones populares de 2022 y 2024, duramente reprimidas, dejaron una huella de duelo que erosiona la seguridad y el control. La continuidad del viejo guion francafricano convive con un malestar juvenil que observa, con atención, el modelo rupturista y emancipador iniciado en el sahel.

                   “En Mali y Burkina Faso, más del 70%

             de la gente aprueba la orientación soberanista.

                      El sahel funciona como un espejo

                          para el resto del continente”

Mozambique condensa el fallo del modelo extractivo. A las protestas postelectorales de 2024 -con centenares de muertos- se sumaron en las últimas semanas de octubre de este año, nuevas manifestaciones en Maputo y Beira contra la inflación y el fraude electoral, reprimidas con bala y al menos con 17 fallecidos. En paralelo, la región gasífera de Cabo Delgado acumula más de 850 mil desplazados por la insurgencia yihadista. Las operaciones de gas de grandes multinacionales avanza intermitentemente sin derramar beneficios sobre la población.

Madagascar sintetiza el agotamiento del viejo orden postcolonial y el nuevo ascenso generacional. En octubre de 2025, tras semanas de protestas por cortes de servicios, carestías y corrupción, el presidente Andry Rajoelina abandonó el país ante el avance de movilizaciones lideradas los jóvenes congregados por la llamada Gen Z Madagascar. La Unión Africana UA suspendió temporalmente a la isla, mientras un Consejo Militar de Transición prometió “comicios libres y sin tutela extranjera” para el 2026. Con tres de cuatro personas bajo la línea de la pobreza, la denuncia sobre la entrega de minas de tierras raras a consorcios extranjeros catalizó un reclamo más amplio de soberanía. La escena malgache anuda soberanía y justicia social, conectada con el pulso juvenil panafricanista.  

Como vemos, la juventud africana atraviesa todos los casos como sujeto político. Con una media continental de 19 años, su lenguaje mezcla dignidad, soberanía y derechos sociales. Seis de cada diez jóvenes se declaran insatisfechos con la democracia en funcionamiento, pero la mayoría sigue prefiriéndola como ideal. De Dakar a Uagadugú, de Yamena a Antananarivo, emergen colectivos que vinculan deuda, clima, recursos, migración con una misma consigna: Independencia efectiva. África ensaya su segunda emancipación entre el continuismo y la ruptura.

Thursday, November 6, 2025

EL SÁHARA OCCIDENTAL Y LA TRAICIÓN DE MOSCÚ Y PEKÍN

Por: Javier F. Miranda Prieto

El viernes 31 de octubre pasará a la historia como el día que las NN.UU legitimaron de facto el Plan de Autonomía
de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, gracias a la traición que China y Rusia orquestaron 
contra el heroico pueblo saharaui.

El pueblo saharaui lleva medio siglo esperando y luchando por poder decidir su futuro. La semana pasada, las grandes potencias hegemónicas de la ONU -Estados Unidos, Rusia y China- no solo le dieron la espalda a sus reivindicaciones históricas, si no, que además, le arrebataron la posibilidad de ejercer el derecho a la autodeterminación en un futuro. La monarquía marroquí logró el respaldo diplomático que buscaba y necesitaba. ¿Qué poderosos intereses hicieron posible esta inesperada decisión?

Durante décadas, Marruecos ha venido cultivando una política exterior meticulosa, discreta y persistente, orientada a la construcción de una legitimidad que justificara su proyecto de anexión del Sáhara Occidental. El conflicto que comenzó tras el abandono de España de su antigua colonia en 1975, había quedado encallado en un callejón diplomático sin salida. Pero el Palacio Real de Rabat, lejos de conformarse con el inmovilismo, apostó por una vía distinta: convencer a los grandes actores del tablero internacional de que su plan de autonomía bajo soberanía marroquí era la única opción viable.

Para ello, la dictadura de Mohamed VI fue entretejiendo acuerdos económicos, militares y estratégicos con actores aparentemente antagónicos, con Estados Unidos, Rusia, China e incluso Israel. En paralelo, Rabat invirtió fuertemente en el desarrollo del territorio ocupado: carreteras, puertos, energía solar y grandes inversiones extranjeras sirvieron para normalizar una ocupación que casi nadie parecía cuestionar.

Con el gobierno de Pekín, Marruecos profundizó una relación que va mucho más allá de los vínculos comerciales. China ha encontrado en Marruecos una puerta de entrada al África occidental. A través de su iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, ha financiado infraestructura clave en Casablanca, El Aaiún y Dajla. Además, Marruecos se convirtió en proveedor de fosfatos y metales raros fundamentales para la industria tecnológica china. A cambio, recibió inversiones, tecnología y  respaldo en foros multilaterales.

          “El respaldo al “Plan Marroquí” dejó al desnudo

          lo que de verdad defienden las grandes potencias”

Moscú, por su parte, ha visto en Rabat un socio útil en el norte de África. Si bien no habido un pacto militar formal, sí han existido intercambios de entrenamiento, cooperación en seguridad y venta de armamento ligero. La discreta relación entre Rusia y Marruecos también le permitió a Putin ganar influencia en la región sin comprometerse abiertamente con Argelia, un tradicional y antiguo aliado de la hoy desaparecida Unión Soviética.

En la resolución se descarta la autodeterminación para el 
pueblo saharaui. El Sahara Occidental estaría bajo la
soberanía de Marruecos


El caso más llamativo es el de Israel. Tras los “Acuerdos de Abraham” y el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara durante el primer mandato de Donald Trump, Marruecos e Israel reforzaron su cooperación en ámbitos como la ciberseguridad, la inteligencia, la industria militar y la tecnología de vigilancia. Esta alianza con implicaciones profundas, ofreció a Rabat a acceso a tecnología militar de última generación y a la bendición de Washington. Todo este tejido de alianzas tenía un objetivo común: construir una red de apoyos geopolíticos que garantizara el respaldo -o al menos la neutralidad- de las grandes potencias en litigio cuando llegara el momento de la verdad. Y ese momento llegó en la última sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la semana pasada.   

En efecto, el viernes 31 de octubre pasará a la historia como el día que las Naciones Unidas legitimaron de facto el plan de autonomía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. La resolución, redactada por los Estados Unidos, fue aprobada por 11 votos a favor, con la abstención de Rusia, China y Mozambique, y la ausencia de Argelia, que decidió no participar en el siniestro contubernio como forma de protesta.

                “Trump, Putin y Xi “aplauden” sin palabras

                   el fin del derecho a la autodeterminación

                                  del pueblo saharaui”

El texto renovaba por un año más de la inoperativa MINURSO -la misión de la ONU en territorio saharaui- pero introducía un giro clave: establecía que las negociaciones futuras se basarían en la propuesta marroquí como único marco posible. En la práctica, esto significa descartar de forma definitiva la autodeterminación para el pueblo saharaui. Los saharauis estarían bajo la soberanía de Marruecos y de las Fuerzas Armadas marroquíes.

Muchos esperaban que Moscú y Pekín frenaran, con su derecho de veto, esta resolución que consolida la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental. No ocurrió así, sino todo lo contrario. Ambos países se abstuvieron, lo que en la práctica fue una forma explícita de dar luz verde al plan impuesto por Estados Unidos sin, supuestamente, ensuciarse las manos. Es la estrategia clásica del “no bloqueo”, que ya han empleado antes cuando la decisión favorece sus intereses indirectamente o les evita enemistades innecesarias.

Pero, ¿por qué no votaron en contra? Las razones -ajenas a cualquier consideración ética o legal sobre el derecho a la autodeterminación de los saharauis- son también económicas y geopolíticas.

China, por ejemplo, ha reforzado sus vínculos con Marruecos en la última década en múltiples frentes. No solo importa grandes cantidades de fosfatos -clave para su producción agrícola- sino que también ha invertido en infraestructura vial, muchas situadas en pleno territorio saharaui ocupado. El plan de autonomía marroquí ofrece a Pekín, por lo tanto, una “normalización” de sus intereses económicos en la zona.

                    “Marruecos sella su victoria en la ONU

                    sin disparar una sola bala. Solo le bastó

                           la traición de Moscú y Pekín”

Por su parte Rusia, aunque históricamente mantiene buenas relaciones con Argelia (aliado incondicional de los saharauis en el Magreb) ha decidido no jugar fuerte en esta partida. Necesita a Marruecos como actor estable en esta región convulsa y paga así, la postura neutral de Marruecos, ante la guerra en Ucrania. A ello se suma el interés ruso por aumentar su influencia en el África Occidental, donde Rabat puede actuar como puente y aliado. Moscú, elige una “abstención cómoda” que le permite quedar bien con todos...menos con los saharauis.

Ambos países, además, están profundamente interesados en proyectar la imagen de “potencias globales constructivas” que no bloquean resoluciones multilaterales. Pero esta postura revela, lo que ya muchos sospechan: ni China ni Rusia son garantes de los derechos de los pueblos, su traición a la causa saharaui evidencia que son actores que responden, como todas las grandes potencias capitalistas, a sus propios cálculos mercantiles y geopolíticos.

             “Las negociaciones futuras solo se basarían

                  en la propuesta marroquí como único

                                   marco posible”

Este no es, en efecto, el primer caso en que Rusia y China dejan que se apruebe una resolución que conlleva consecuencias dramáticas a un país del sur global. En 2011, ambos países se abstuvieron en la votación de la ONU que dio comienzo a la brutal intervención militar de la OTAN en Libia, bajo la excusa infame de proteger a la población civil.

El resultado fue el derrocamiento de Muamar el Gadafi, el colapso del Estado libio y el inicio de una guerra civil que, aun hoy, sigue desangrando a ese país. Entonces, como ahora, la abstención de Moscú y Pekín permitió a las potencias occidentales intervenir en Libia contando con cobertura legal. Años más tarde, Rusia se quejaría de haber sido “engañada” por Washington, pero lo cierto es que su abstención abrió la puerta a una operación que destruyó a uno de los Estados más desarrollados de África.

El paralelismo ahora con el Sáhara Occidental es evidente. Ambos casos muestran que, cuando se trata de defender el derecho internacional frente a los intereses de las grandes potencias, los discursos se diluyen y las abstenciones hablan más fuerte que cualquier tipo de causa justa. La heroica y justa causa del pueblo saharaui por su independencia, hoy debe de estar más viva que nunca, los pueblos africanos, del sudeste asiático y los latinoamericanos están con ellos, a pesar de la traición de Moscú y Pekín.    

Monday, November 3, 2025

 LA “EPIDEMIA” DE LA REELECIÓN PRESIDENCIAL:

EL CASO CAMERÚN

Por: Javier F. Miranda Prieto

Paul Biya el penúltimo dinosaurio africano buscando su octavo mandato en Camerún. Biya con sus 92 años de edad,
es el líder más longevo del mundo y el segundo en mantenerse en el poder, luego de su vecino,
el dictador Teodoro Obiang Nguema de Guinea Ecuatorial.

Como si fuera una voraz epidemia, que a lo largo de los años ha venido minando el débil cuerpo democrático de algunos países africanos, el virus de la “reelección presidencial”, ese mal endémico de las sociedades caudillistas y poco institucionalizadas, ya ha cobrado más de una víctima entre el elenco estable de los autócratas africanos. En las últimas semanas se han reeditado esas mascaradas de elección popular, que no han convencido a nadie, pero que solo ha servido para entronizar en el poder por tercera vez consecutiva al inefable Alassane Ouattara en Costa de Marfil y consagrar por octavo periodo presidencial al más longevo de los tiranos africanos, Paul Biya en Camerún.

El caso de Biya es particularmente revelador por el profundo hartazgo de gran parte de la población camerunés, que durante semanas inundaron las calles de las principales ciudades del país expresando su repudio por una ilegal y corrupta reelección presidencial, continuando con más de cuatro décadas de tiranía.

El lunes 27 de octubre, el Consejo Constitucional emitió los resultados oficiales de las elecciones presidenciales del pasado día 12, en las que, por octava vez, Paul Biya habría salido “vencedor” con un 53,66% de los votos. Su principal rival, Issa Tchiroma Bakary, habría obtenido 35,19% de los sufragios. A pesar de la oficialidad de estos datos, las cifras caben ponerlas en condicional, pues, tal como denuncian la oposición y los pocos observadores asistentes al proceso electoral, múltiples evidencias parecen demostrar la existencia de un fraude electoral masivo. Colegios electorales donde la participación superó el 100% o una participación especialmente abultada en las zonas más partidarias a Biya y extremadamente bajas en los bastiones de la oposición, son algunas de las muestras de la manipulación electoral.

                 “Paul Biya tiene actualmente 92 años,

              siendo el líder no monárquico más longevo

              del mundo. De cumplir su octavo mandato,

           el presidente camerunés llegaría a los 99 años”

Las protestas empezaron nada más cerrarse los colegios electorales, siendo especialmente relevantes en Garoua, la ciudad del norte del país de donde es original el líder de la oposición Tchiroma. Con los días se extendieron al resto de ciudades importantes como la capital Yuandé o el puerto de Duala. Los protestantes llegaron a incendiar la sede el gobernante partido Movimiento Democrático del Pueblo Camerunés. Para evitar su propagación y circulación de imágenes de la brutal represión que se estaba llevando a cabo, el gobierno de Biya optó por cortar el servicio de internet.

Las protestas empezaron apenas cerraron las votaciones. 
Según la oposición al menos 20 personas habrían fallecido.

Hasta ahora, las cifras de los muertos y detenidos no están del todo claras, según la oposición, al menos veinte personas habrían fallecidos por la represión policial. Los detenidos se cuentan por centenares, y el gobierno ha anunciado que se enfrentarán a un tribunal militar donde serán juzgados injustamente por “insurrección” o “incitación a la rebelión”.

Paul Biya tiene actualmente 92 años, siendo el líder no monárquico más longevo del mundo. De cumplir su octavo mandato, el presidente camerunés llegaría a los 99 años. Esto contrasta extremadamente con la media de la población del país, que se acerca a los 18 años, por lo que se calcula que solo un 10% de la población había nacido antes de la llegada de Biya al poder en 1982. A su vez, este tirano lleva ya 43 años al frente del país, siendo el segundo jefe de Estado con más años en el cargo no solo en África, sino en todo el mundo. En esa clasificación le supera solo el presidente de la vecina Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, con 46 años como dictador.

                “Veinte personas habrían fallecidos por la

               represión policial. Los detenidos se cuentan

               por centenares, y el gobierno ha anunciado

                 que se enfrentarán a un tribunal militar”

Desde su llegada al poder, Biya ha basado su gobierno en un control absoluto de las estructuras del Estado, en sus manos y en las de una reducida élite, así como el uso sistemático del miedo y la represión contra cualquier forma de disidencia política. Aunque, desde 1992, Camerún celebra oficialmente elecciones multipartidarias, estás lejos de ser un verdadero ejercicio democrático, se han convertido en una herramienta de legitimidad. En todas y cada una de las elecciones celebradas desde entonces se han producido comprobadas acusaciones de fraude. Inevitables características del letal virus de la “reelección presidencial”.

Al fraude electoral, se suma otra sintomatología de esta “epidemia”, la constante represión contra los opositores, activistas y periodistas, que a menudo son juzgados por Tribunales Militares. A su vez, el gobierno utiliza diferentes estrategias para evitar la candidatura de “opositores incomodos”, dejando vía libre a los que no considera un peligro para aparentar una verdadera competencia. Pero en estas elecciones esta estrategia le salió mal.

Tras invalidar sin grandes argumentos al histórico opositor de Biya, Maurice Kamto, la competencia le salió dentro de sus filas. Tras más de treinta años como funcionario del gobierno de Biya, su antiguo ministro Tchiroma decidió presentarse a las elecciones como una opción de cambio, canalizando gran parte del voto que correspondía a Kamto. Tchiroma resultó menos domable de lo que preveía Biya, pues incluso rechazó su oferta de ser primer ministro si aceptaba los resultados electorales.

           “Francia es el mayor interesado en que el gobierno

             de Biya no caiga. Para ello, lleva años aportando

           apoyo logístico y formación al ejército camerunés”

Por otra parte, las fuerzas de seguridad camerunesas tienen una larga experiencia en la represión contra la población civil. Durante años han llevado a cabo una brutal represión contra la autoproclamada República Federal de Ambazonia, territorio de habla inglesa que reclama su autodeterminación. Aunque los abusos son similares en ambos bandos, el ejército ejecuta una política de exterminio contra la población civil, lo que incluye destrucción de aldeas y de infraestructura básica como escuelas y hospitales. Se calcula que en este conflicto habrían fallecido en la última década más de 6,500 personas.

Todo este historial de violaciones de los derechos humanos y democráticos, no ha impedido que Francia, antigua metrópoli colonial, siga considerando a Camerún como uno de los principales socios estratégicos del continente. Tras los golpes militares en el sahel (Burkina Faso, Níger y Mali) y un resentimiento generalizado contra sus prácticas coloniales, Francia es el mayor interesado en que el gobierno de Biya no caiga. Para ello, lleva años aportando apoyo logístico y formación al ejército camerunés. En el 2022, Emmanuel Macron visitó Camerún para fortalecer los lazos bilaterales, lo que incluye la inversión de empresas francesas en prácticamente la totalidad de los sectores económicos estratégicos. Olvidó, en cambio hacer alguna mención a las violaciones de los derechos humanos o a la inexistencia de un sistema democrático.

Tras más de cuatro décadas de férreo control del poder, Biya vive actualmente uno de los momentos más tensos de su carrera política. Su control se basa principalmente en el ejército, el cual, como ya hemos visto recientemente en otros países como Madagascar, podría considerar tomar el mando si evalúa que Biya no es capaz de garantizar la estabilidad del país. Lo cierto es que los cameruneses, seguirán en las calles durante las siguientes semanas, conscientes del importante papel que cumple la presión popular en determinar si ha llegado el fin del longevo gobierno autoritario y represivo de Biya y para poder combatir y exterminar esa nociva y perversa “epidemia de la reelección presidencial”.