Thursday, January 29, 2026

 

EL CONGO, RUANDA Y EL TIRANO CONSENTIDO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El mítico Salón Oval de la Casa Blanca, ha sido varias veces escenario de las conversaciones entre Donald Trump y
el dictador ruandés Paul Kagame, evidenciando las estrechas relaciones
entre Washington y el tirano consentido de occidente.

El dictador Paul Kagame de Ruanda, ha sabido explotar el complejo de culpa que tiene la comunidad internacional, por no haber evitado a tiempo, el genocidio de 1994 contra los tutsis para obtener el apoyo y la financiación a su régimen, que en la actualidad viene ocupando impunemente la región oriental de la República Democrática del Congo de la mano de los paramilitares del M 23.

Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu, capitales de las provincias de Kivu norte y sur respectivamente, fueron tomadas a sangre y fuego por las hordas asesinas de las milicias del Movimiento 23 de Marzo -M23- ejercito mercenario que responde a órdenes de la vecina Ruanda. Fue la última acción expansionista que padece, desde hace más de 30 años, este gigante país del centro africano. La retórica oficial ruandesa para invadir a su vecino está en el miedo a una posible invasión hutu desde territorio congolés y que provoque un segundo genocidio, pero la realidad es el interés económico por los minerales presentes en la región oriental del Congo (las dos provincias de Kivu).

Ruanda no tiene recursos minerales propios, pero el subsuelo congoleño tiene los minerales más valiosos del mundo como: oro, cobalto, diamantes y, sobre todo, dos terceras partes del coltán que hay en el planeta. Estos son vitales para la transición energética, especialmente para las baterías eléctricas, teléfonos móviles y se calcula que todos los minerales del Congo equivalen al valor de la economía de los Estados Unidos.

Este conflicto asimétrico entre Ruanda y el Congo no es nuevo. Ya en 1996, el gobierno de Kagame invadió junto con su compañero de aventuras, Uganda, el este del país vecino en lo que se consideró la Primera Guerra del Congo. El dictador ruandés acusaba a Mobutu Sese SeKo, el otrora aliado de Francia y tirano congoleño, de dar cobijo a los milicianos hutus que habían dirigido el genocidio en Ruanda contra la minoría tutsi dos años antes y que acabaron con la vida de más de 800 ml personas y decidió apoyar al guerrillero Laurent-Desiré kabila.

Estos ayudaron a la resistencia congoleña a derrocar a Mobutu y vencer, pero en 1998, poco más de un año después, Kabila, ya como presidente, decide desprenderse de la influencia de Ruanda y Uganda y acabó provocando una nueva rebelión que derivó en la Segunda Guerra del Congo (1998-2002), la más mortal que duraría cuatro años y que involucró a nueve países africanos.

                       “Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu,

                                  fueron tomadas a sangre y fuego por las

                                   hordas asesinas de las milicias del M23,

                                       ejercito mercenario que responde a

                                              órdenes de la vecina Ruanda”    

Tras la paz, la tensión y la violencia ha continuado con la aparición del autodenominado M23, que surgió de las críticas por la falta de integración de los tutsis en el ejército congoleño liderado por el presidente Joseph Kabila, hijo del primero. En 2012 consiguieron hacerse con Goma, pero la retirada de los más de 270 millones de dólares en ayuda internacional al gobierno de Kabila hizo que se forzara un acuerdo tácito para dejar de financiar al M23, que acabó derrotado.

Nueve años después, el M23 resurgió de sus cenizas en 2021 tras las diferencias con Félix Tshisekedi, el actual mandatario congoleño, y ya desde el 2023 se rumoreaba que la banda armada podría hacerse con Goma. Desde hace un año ya han vuelto a conseguirlo y ya controlan Kivu Norte, un extenso territorio y la provincia de Kivu Sur, una zona igual de grande.

La retórica oficial ruandesa para invadir reiteradamente a su vecino está en el miedo a que se reedite la violencia inter-étnica en su territorio, pero como señalábamos líneas arriba, la realidad es el interés económico por los recursos minerales que posee la RD del Congo.

Aun así, si miramos el mapa, llama la atención que un país como Ruanda con un tamaño menor a Bélgica y una población de apenas 15 millones de personas pueda invadir sin contestación una región rica en minerales en un país con más de 100 millones de habitantes y una superficie total que suma a todos los países de Europa occidental.

Las estratégicas provincias de Kivu Norte y Sur, son grandes
productoras de minerales para la transición energética.

Para poder entenderlo hay que comprender el poder geopolítico que Kagame ha sabido granjearse. El dictador ruandés ha logrado explotar la culpa de la comunidad internacional por no evitar el genocidio de 1994 contra la población tutsi, para obtener todo el apoyo y ayuda financiera, comercial y diplomática a su régimen. Durante más de 30 años en el poder, Kagame logró estabilizar económica y políticamente su país, a costa de sus inocultables ambiciones autoritarias y expansionistas. Paul Kagame, quiso poner fin al genocidio que sufrieron los ruandeses reescribiendo la historia desde la perspectiva del vencedor, imponiendo a su pueblo un régimen represivo y autoritario a cambio de una aparente estabilidad. 

                                  “La retórica oficial ruandesa para invadir

                                        a su vecino está en el miedo a una posible

                                         invasión hutu desde territorio congolés,

                                         pero la realidad es el interés económico

                                        por los minerales presentes en la región

                                                            oriental del Congo”

El 40% del presupuesto anual del gobierno ruandés viene de los cerca 1,300 millones de dólares de ayuda al desarrollo que recibe de sus socios internacionales, principalmente de los Estados Unidos, que aporta 174 millones, casi tres veces más que Japón y Alemania. Francia también es un socio vital tras retomar relaciones diplomáticas en 2019 y dar en seis años 500 millones de dólares en ayuda al desarrollo, así como Reino Unido, que más allá de los casi 40 millones de dólares anuales, ha tenido una estrecha relación bajo gobiernos conservadores que han legitimado al país africano como un lugar seguro con su acuerdo para expatriar inmigrantes irregulares.

Todo ese dinero le ha servido, al tirano consentido de occidente, para limpiar su imagen bajo la propaganda Visit Rwanda, el lema turístico que se puede ver en todo el mundo como: en las mangas de los equipos de futbol como el Paris Saint-Germain, el Arsenal y otros. El ejecutivo ruandés ha sabido posesionar a Kigali, la capital ruandesa, como la sede de eventos internacionales y ha llegado a acuerdos con la NBA para acoger las finales de la máxima competición continental de baloncesto africano, el Congreso Anual de la FIFA o el Mundial de Ciclismo en Ruta.

                                        “Tampoco es descabellado pensar

                                            que Kagame acabe controlando con

                                              el M23 las regiones estratégicas de

                                                 Kivu Norte y Sur de facto, como

                                                  Rusia ha hecho en localidades

                                         del Dombás o Israel con los territorios  

                                                          ocupados en Palestina”

Ahora, todo ello podría estar en jaque. El Ministro de Exteriores británico, el laborista David Lammy, ha avisado a Kagame que podría perder los mil millones de dólares de ayuda al desarrollo si no deja de apoyar a la banda armada de mercenarios M23. Eso ya ocurrió en el 2012, pero esta vez Kagame se considera en una posición más fuerte.

El presidente ruandés ha calculado que en esta oportunidad no le darán la espalda. La influencia, el discurso y los planes esbozados por Donald Trump para África, parece que lo han convencido. Trump ha criticado al gobierno congoleño lanzando bulos sobre que Kinshasa ha enviado a sus presos comunes a Estados Unidos como inmigrantes irregulares. Además, el Acuerdo de Paz y Prosperidad auspiciado por Trump, que involucran a Runda y el Congo, tiene un sesgo evidente a favor de su aliado ruandés. Kagame puede haber valorado que Trump, amigo de las grandes empresas tecnológicas, podría preferir asegurarse los minerales con el control de Ruanda y Uganda y no del Congo, tema que no se define en el mencionado Acuerdo, y  obviando con ello la integridad territorial congoleña.

Sea como fuere, de los socios internacionales dependerá el futuro escenario regional. La posibilidad de una Tercera Guerra del Congo con participación continental no se puede descartar, aunque es difícil pensar en un ataque coordinado contra el ejército de Ruanda. Así pues, tampoco es descabellado pensar que Kagame acabe controlando con el M23 las regiones estratégicas de Kivu Norte y Sur de facto, como Rusia ha hecho en localidades del Dombás o Israel con los territorios ocupados en Palestina.

Aun así, la retirada del financiamiento internacional a Ruanda, luego de un año de la invasión -y por lo tanto a sus aliados del M23, como ocurrió en el 2012- sigue siendo poco probable, pero no es de descartar que Kagame, con apoyo norteamericano, use su poder para acordar un alto al fuego que le dé amplias concesiones sobre las zonas mineras a cambio de un repliegue militar estratégico. Como vemos, las opciones están abiertas y más aún, sabiendo que Kagame sigue siendo el tirano consentido de occidente.  

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