EL CONGO, RUANDA Y EL
TIRANO CONSENTIDO
El dictador Paul Kagame de Ruanda, ha sabido explotar el
complejo de culpa que tiene la comunidad internacional, por no haber evitado a
tiempo, el genocidio de 1994 contra los tutsis para obtener el apoyo y la
financiación a su régimen, que en la actualidad viene ocupando impunemente la
región oriental de la República Democrática del Congo de la mano de los
paramilitares del M 23.
Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu, capitales de las
provincias de Kivu norte y sur respectivamente, fueron tomadas a sangre y fuego
por las hordas asesinas de las milicias del Movimiento 23 de Marzo -M23- ejercito
mercenario que responde a órdenes de la vecina Ruanda. Fue la última acción
expansionista que padece, desde hace más de 30 años, este gigante país del
centro africano. La retórica oficial ruandesa para invadir a su vecino está en
el miedo a una posible invasión hutu desde territorio congolés y que provoque
un segundo genocidio, pero la realidad es el interés económico por los
minerales presentes en la región oriental del Congo (las dos provincias de
Kivu).
Ruanda no tiene recursos minerales propios, pero el subsuelo
congoleño tiene los minerales más valiosos del mundo como: oro, cobalto,
diamantes y, sobre todo, dos terceras partes del coltán que hay en el planeta.
Estos son vitales para la transición energética, especialmente para las
baterías eléctricas, teléfonos móviles y se calcula que todos los minerales del
Congo equivalen al valor de la economía de los Estados Unidos.
Este conflicto asimétrico entre Ruanda y el Congo no es nuevo.
Ya en 1996, el gobierno de Kagame invadió junto con su compañero de aventuras,
Uganda, el este del país vecino en lo que se consideró la Primera Guerra del
Congo. El dictador ruandés acusaba a Mobutu Sese SeKo, el otrora aliado de
Francia y tirano congoleño, de dar cobijo a los milicianos hutus que habían
dirigido el genocidio en Ruanda contra la minoría tutsi dos años antes y que
acabaron con la vida de más de 800 ml personas y decidió apoyar al guerrillero
Laurent-Desiré kabila.
Estos ayudaron a la resistencia congoleña a derrocar a Mobutu
y vencer, pero en 1998, poco más de un año después, Kabila, ya como presidente,
decide desprenderse de la influencia de Ruanda y Uganda y acabó provocando una
nueva rebelión que derivó en la Segunda Guerra del Congo (1998-2002), la más
mortal que duraría cuatro años y que involucró a nueve países africanos.
“Hace un año las ciudades de Goma y Bukavu,
fueron tomadas a sangre y fuego por las
hordas asesinas de las milicias del M23,
ejercito mercenario que responde a
órdenes de la vecina Ruanda”
Tras la paz, la tensión y la violencia ha continuado con la
aparición del autodenominado M23, que surgió de las críticas por la falta de
integración de los tutsis en el ejército congoleño liderado por el presidente
Joseph Kabila, hijo del primero. En 2012 consiguieron hacerse con Goma, pero la
retirada de los más de 270 millones de dólares en ayuda internacional al
gobierno de Kabila hizo que se forzara un acuerdo tácito para dejar de
financiar al M23, que acabó derrotado.
Nueve años después, el M23 resurgió de sus cenizas en 2021
tras las diferencias con Félix Tshisekedi, el actual mandatario congoleño, y ya
desde el 2023 se rumoreaba que la banda armada podría hacerse con Goma. Desde
hace un año ya han vuelto a conseguirlo y ya controlan Kivu Norte, un extenso
territorio y la provincia de Kivu Sur, una zona igual de grande.
La retórica oficial ruandesa para invadir reiteradamente a su vecino está en el miedo a que se reedite la violencia inter-étnica en su territorio, pero como señalábamos líneas arriba, la realidad es el interés económico por los recursos minerales que posee la RD del Congo.
Aun así, si miramos el mapa, llama la atención que un país
como Ruanda con un tamaño menor a Bélgica y una población de apenas 15 millones
de personas pueda invadir sin contestación una región rica en minerales en un
país con más de 100 millones de habitantes y una superficie total que suma a
todos los países de Europa occidental.
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| Las estratégicas provincias de Kivu Norte y Sur, son grandes productoras de minerales para la transición energética. |
Para poder entenderlo hay que comprender el poder geopolítico
que Kagame ha sabido granjearse. El dictador ruandés ha logrado explotar la
culpa de la comunidad internacional por no evitar el genocidio de 1994 contra
la población tutsi, para obtener todo el apoyo y ayuda financiera, comercial y
diplomática a su régimen. Durante más de 30 años en el poder, Kagame logró estabilizar económica y políticamente su país, a costa de sus inocultables ambiciones autoritarias y expansionistas. Paul Kagame, quiso poner fin al genocidio que sufrieron los ruandeses reescribiendo la historia desde la perspectiva del vencedor, imponiendo a su pueblo un régimen represivo y autoritario a cambio de una aparente estabilidad.
“La retórica oficial ruandesa para invadir
a su
vecino está en el miedo a una posible
invasión hutu desde territorio congolés,
pero la realidad es el interés económico
por
los minerales presentes en la región
oriental del Congo”
El 40% del presupuesto anual del gobierno ruandés viene de
los cerca 1,300 millones de dólares de ayuda al desarrollo que recibe de sus
socios internacionales, principalmente de los Estados Unidos, que aporta 174
millones, casi tres veces más que Japón y Alemania. Francia también es un socio
vital tras retomar relaciones diplomáticas en 2019 y dar en seis años 500
millones de dólares en ayuda al desarrollo, así como Reino Unido, que más allá
de los casi 40 millones de dólares anuales, ha tenido una estrecha relación
bajo gobiernos conservadores que han legitimado al país africano como un lugar
seguro con su acuerdo para expatriar inmigrantes irregulares.
Todo ese dinero le ha servido, al tirano consentido de
occidente, para limpiar su imagen bajo la propaganda Visit Rwanda, el lema
turístico que se puede ver en todo el mundo como: en las mangas de los equipos
de futbol como el Paris Saint-Germain, el Arsenal y otros. El ejecutivo ruandés
ha sabido posesionar a Kigali, la capital ruandesa, como la sede de eventos
internacionales y ha llegado a acuerdos con la NBA para acoger las finales de
la máxima competición continental de baloncesto africano, el Congreso Anual de
la FIFA o el Mundial de Ciclismo en Ruta.
“Tampoco es descabellado pensar
que Kagame acabe controlando con
el M23 las regiones estratégicas
de
Kivu Norte y Sur de
facto, como
Rusia ha hecho en
localidades
del Dombás o Israel con los
territorios
ocupados en Palestina”
Ahora, todo ello podría estar en jaque. El Ministro de
Exteriores británico, el laborista David Lammy, ha avisado a Kagame que podría
perder los mil millones de dólares de ayuda al desarrollo si no deja de apoyar
a la banda armada de mercenarios M23. Eso ya ocurrió en el 2012, pero esta vez
Kagame se considera en una posición más fuerte.
El presidente ruandés ha calculado que en esta oportunidad no
le darán la espalda. La influencia, el discurso y los planes esbozados por Donald
Trump para África, parece que lo han convencido. Trump ha criticado al gobierno
congoleño lanzando bulos sobre que Kinshasa ha enviado a sus presos comunes a Estados
Unidos como inmigrantes irregulares. Además, el Acuerdo de Paz y Prosperidad
auspiciado por Trump, que involucran a Runda y el Congo, tiene un sesgo
evidente a favor de su aliado ruandés. Kagame puede haber valorado que Trump,
amigo de las grandes empresas tecnológicas, podría preferir asegurarse los
minerales con el control de Ruanda y Uganda y no del Congo, tema que no se
define en el mencionado Acuerdo, y obviando
con ello la integridad territorial congoleña.
Sea como fuere, de los socios internacionales dependerá el
futuro escenario regional. La posibilidad de una Tercera Guerra del Congo con
participación continental no se puede descartar, aunque es difícil pensar en un
ataque coordinado contra el ejército de Ruanda. Así pues, tampoco es
descabellado pensar que Kagame acabe controlando con el M23 las regiones
estratégicas de Kivu Norte y Sur de facto, como Rusia ha hecho en localidades
del Dombás o Israel con los territorios ocupados en Palestina.
Aun así, la retirada del financiamiento internacional a
Ruanda, luego de un año de la invasión -y por lo tanto a sus aliados del M23, como ocurrió en el 2012- sigue siendo poco probable, pero no es de descartar
que Kagame, con apoyo norteamericano, use su poder para acordar un alto al
fuego que le dé amplias concesiones sobre las zonas mineras a cambio de un
repliegue militar estratégico. Como vemos, las opciones están abiertas y más
aún, sabiendo que Kagame sigue siendo el tirano consentido de occidente.

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