LA CUMBRE CHINA–ESTADOS UNIDOS O EL JUEGO DEL TOMA-Y-DACA
La mítica plaza de Tiananmen en Pekín, será uno de los
escenarios de la cumbre entre los dos líderes más poderosos del mundo, en uno
de los encuentros políticos más importante de los últimos años.
El 14 y 15 de mayo el presidente de Estados Unidos Donald Trump
y el mandatario de China Xi Jinping, se encontraran en la capital china en el
marco de una agenda muy nutrida, que tiene como principal finalidad destrabar
varios temas de la agenda global: Irán y el Estrecho de Ormuz, Taiwán y el
apoyo que le puede brindar Washington a la provincia rebelde china, el tema
sobre el comercio y aranceles y un asunto fundamental como la tecnología, la
exportación de chips y el desarrollo de la inteligencia artificial.
Trump está interesado en la influencia que puede tener China
en Irán, para que presione a los ayatolás para la reapertura del estratégico
Estrecho de Ormuz. Un tema muy sensible también para la propia China, ya que
para Pekín le es vital el petróleo que pasa por esa vía marítima.
Por otra parte, China busca que Trump renuncie al apoyo
militar y diplomático que la Casa Blanca le presta a Taiwán en relación a su
anhelo de independencia total de Pekín, pero el gobierno de Taype teme que el
presidente norteamericano use ese tema para negociar con el mandatario chino la
compra de productos agrícolas estadounidenses y de aviones Boeing de
fabricación norteamericana y con ello tratar de paliar la grave crisis
económica que le está causando la guerra en el Medio Oriente.
“Con la mira puesta en las elecciones
legislativas del mes de noviembre,
Trump busca afanosamente que China
lo ayude a fortalecer su mercado interno,
golpeado por la guerra en Irán”
De la misma manera, Trump podría reducirle los aranceles a
China a cambio de nuevos acuerdos comerciales con sectores industriales
norteamericanos de alta tecnología. Hay que recordar que de las 74 tecnologías
de impacto global, China domina y tiene el monopolio de 66 de estas. Por eso
Trump quiere lograr que Pekín limite su expansión en la exportación de chips,
donde Estados Unidos lidera el mercado en el mundo y si es posible, frenar la
expansión de China en el desarrollo de la inteligencia artificial, un ámbito de
alta competitividad entre ambas potencias.
Con la mira puesta en las elecciones legislativas del mes de
noviembre, Trump busca afanosamente que China lo ayude a fortalecer su mercado
interno, golpeado por la guerra en Irán y por la subida de los precios del
petróleo y sus derivados. Xi Jinping sabe que tiene la llave para torcer ese
revés económico sufrido por Estados Unidos, pero a cambio va intentar lograr
muchas concesiones por parte de Trump para seguir fortaleciendo su posición
casi hegemónica en el mundo.
Hace un año, Trump hablaba de doblegar a China. Ahora el
presidente norteamericano aterriza en Pekín sonriendo, llamando “amigo” a Xi
Jinping y viajando rodeado de Elon Musk y otros CEOs de la industria
tecnológica para pedir negocios. Así termina la guerra comercial y militar que Trump
vendió como una cruzada patriótica: con Estados Unidos debilitado tras el
desastre en Irán, necesitando que China ayude incluso a reabrir el Estrecho de
Ormuz y salvar la estabilidad económica global.
“China busca que Trump renuncie
al apoyo militar y diplomático que la
Casa Blanca le presta a Taiwán en relación
a su anhelo de independencia total de Pekín”
Mientras Washington buscaba frenar a Pekín con aranceles y
amenazas, China reforzó su poder industrial y tecnológico. El imperio que
presumía de mandar en el mundo, ahora ruega que le compren soja, ternera y
aviones Boeing. Y Xi lo recibe desde una posición de fuerza que hace apenas
unos años parecía impensable.
Como vemos, la cumbre de Pekín se ha convertido, más que en
un dialogo de alta política internacional, en un común y ventajoso juego del
Toma-Y-Daca.

No comments:
Post a Comment