SENEGAL: EN BUSCA DE LAS PROMESAS PERDIDAS
En marzo del 2024, cuando Bassirou Diomaye Faye ganó las elecciones senegalesas con el 54% de los votos en primera vuelta, salido literalmente de la cárcel diez días antes, pareció abrirse en el África occidental una nueva forma del panafricanismo llegando al poder. Dos años después, esa dirección progresista y de cambio parece emrrumbar por caminos opuestos.
No fue un glope de Estado. Fue un movimiento popular y democrático con bases en una juventud sin trabajo y sin futuro, que llevó a la presidencia a un partido que había prometido la ruptura con el neocolonialismo francés. Pero ahora, luego del tiempo transcurrido y un mes despues de la ruptura interna del nuevo gobierno, el cuadro politico en Senegal se vislumbra más complejo y peligroso.
El partido de gobierno PASTEF -Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Etica y la Fraternidad- fue fundado en el 2014 por Ousmane Sonko, entonces inspector fiscal que se hizo conocido al denunciar la corrupción del gobierno anterior y los contratos leoninos firmados con multinacionales francesas. El partido se presentó como representante del "panafricanismo de izquierda" construyendo su base electoral sobre tres ejes: soberanía económica, ruptura con el Franco CFA y renegociación de los contratos de extracción de gas y petróleo, que en palabras del propio Sonko, dejaban a Senegal con a penas el 10% de los beneficios generados por la producción de hidrocarburos.
"Una juventud que observaba que sus
recursos pesqueros eran extraídos por
flotas extranjeras y que el gas y el petróleo
que descansaba en su suelo solo enriquecían
a las multinacionales mientras que la mitad
de la población senegalesa sigue viviendo
con menos de dos dólares al día"
Ese discurso encontró terreno fértil en un país estructuralmente castigado: la edad media de la población con 19 años, el desempleo rondando el 20% de la población activa, y el 75% de los 18 millones de senegaleses con menos de 35 años de edad. Una juventud que observaba que sus recursos pesqueros eran extraidos por flotas extranjeras y que el gas y el petróleo que descansaba en su suelo solo enriquecían a las multinacionales British Petroleum y Total mientras que la mitad de la pobalción vivían con menos de dos dólares al día. Esa acumulación de rabia fue la base social real del ascenso del PASTEF con Faye y Sonko encabezando grandes movilizaciones juveniles.
El camino hacia la presidencia estuvo atravesado por una represión creciente que paradójicamente fortaleció al movimiento. Entre 2021 y 2023 el gobierno represivo de Macky Sall combatió la candidatura presidencial de Faye dejando al menos 15 muertos. Tanto Faye como Sonko permanecieron presos hasta marzo de 2024, cuando Sall los liberó bajo la presión de las movilizaciones populares que amenazaban con desbordar ante cualquier intento de manipular el resultado de las elecciones. Diez días después, Faye ganó la presidencia en primera vuelta, formando su primer gobierno encabezado por Sonko.
El eje central del programa del PASTEF era la soberanía de los recursos naturales. Senegal entró a producir petróleo en junio de 2024 en los pozos de Sangomar, operados por la petrolera australiana Woodside, y comenzó a exportar gas a inicios de 2025 desde el campo GTA, yacimiento submarino cerca a las costa de Mauritania operado por la British Petroleum BP.
"Sonko anunció la anulación de los contratos
"abusivos" en minería, pesca y gas. Lo que
generó el inicio de arbitrajes internacionales
promovidos por las empresas transnacionales
contra el Estado senegalés ante el CIADI
-tribunal del Banco Mundial para las disputas
entre Estados e inversionistas-"
El problema es que estos contratos ya estaban firmados por el gobierno anterior, ya estaban en producción y tenían clausulas de estabilidad que blindaban las inversiones extranjeras contra cualquier cambio legislativo posterior. En otras palabras: los contratos firmados por el gobierno de Macky Sall con las multinacionales petroleras y gasíferas incluían una trampa jurídica que hacía casi imposible cambiarlos sin enfrentar arbitrajes internacionales millonarios.
Aún así, el gobierno creó en agosto de 2024 una comisión de revisión de contratos e inició renegociaciones. En marzo de 2026, Sonko anunció la anulación de los contratos "abusivos" en minería, pesca y gas. Lo que generó el inicio de arbitrajes internacionales promovidos por las empresas transnacionales contra el Estado senegales ante la CIADI -tribunal del Banco Mundial para las disputas entre Estados e inversionistas-.
Otro tema de conflicto fue la herencia de la deuda externa dejada por el gobierno anterior. La primera aditoría financiera ordenada por Faye al asumir el cargo fue una bomba. Reveló que el gobierno de Sall había ocultado prestamos con el Fondo Monetario Internacional FMI equivalentes al 25% del PBI entre 2019 y 2024: la deuda real a diciembre de 2023 era del 99% del PBI -casi 28 mil millones de euros- contra el 74% que Sall había declarado oficialmente. Senegal no es un caso aislado, es uno de los paises más ahogados por la arquitectura financiera internacional, parte de las 35 naciones muy endeudadas que el FMI reconoce, de las cuales 14 son africanas y pertenecen a la zona del franco CFA.
"Para una población donde el 20%
está desempleada y la juventud ve
al mar como única vía de escape a Europa,
ese programa fue un ataque directo a las
condiciones de vida"
Como se sabe, el FMI para tratar de negociar estos montos de deuda impone a los países deudores sus conocidos "ajustes" o "programas de estabilización" que tienen un contenido concreto: recorte del gasto público, reducción de subsidios a los combustibles y alimentos, privatizaciones. Para una población donde el 20% está desempleada y la juventud ve al mar como única vía de escape a Europa, ese programa fue un ataque directo a las condiciones de vida.
Ante esta situación, el 22 de mayo de este año, el presidente Faye destituyó a Sonko como primer ministro y disuelve el gobierno. La causa inmediata fue una disputa de poder que se venía gestando desde mediados del año anterior, pero el fondo era político y económico en igual medida. Las diferencias eran concretas: Sonko se negaba ha negociar con el FMI en los términos que el organismo exigía y presionaba por acelerar los juicios contra los funcionarios del gobierno de Sall acusados de corrupción.; Faye, en cambio, decidió asumir personalmente las negociaciones con el FMI y designó como primer ministro a Ahmadou Al Aminou Lo, economista y ex-funcionario del Banco Central Regional, exactamente el perfil de ortodoxia que el partido de gobierno había combatido durante años.
La paradoja era evidente: Sonko, destituido del ejecutivo, fue elegido presidente de la Asamblea Nacional, donde PASTEF controla 130 de los 165 escaños, y anunció que el partido no participará en el nuevo gobierno. Como se ve, la diferencia entre Faye y Sonko es de método, no de ruptura estructural: ambos aceptan el marco del FMI y discuten cómo negociar dentro de él. La fractura dentro del propio movimiento político que llegó al poder prometiendo una ruptura con el modelo financiero internacional, muestra hasta donde llegan los límites del panafricanismo moderado cuando choca con la realidad de la deuda. No hay ruptura con el modelo neoliberal sin ruptura con el FMI.
"La tarea que queda -construir una organización
popular que lleve un programa panafricanista
auténtico, que no negocie las políticas económicas
con el FMI, que no renegocie contratos gasíferos
con la BP, que expulse a los militares franceses
pero sin dejar las aguas a las empresas china-"
La comparación de la experiencia senegalesa con los golpes de Estado del sahel -Burkina Faso, Mali, Níger- tiene un límite claro: en Senegal el cambio llegó por movilización popular y urnas, no por el ejército y los tanques. Pero la pregunta que se plantea sigue en pie: ¿qué queda de la promesa de ruptura con el neocolonialismo y el neoliberalismo económico cuando el gobierno tiene que negociar con el FMI, no toca los contratos con las petroleras, enfrenta un arbitraje en el CIADI por intentar modificar el equilibrio fiscal y designa como primer ministro a un tecnócrata neoliberal?
La tarea que queda -construir una organización popular que lleve un programa panafricanista auténtico, que no negocie las politicas económicas con el FMI, que no renegocie contratos gasíferos con la BP, que expulse a los militares franceses pero sin dejar las aguas a las empresas china- es la que ninguno de los actores políticos hoy en escena se propone hacer. Pero es la única que puede dar respuesta real al saqueo colonial que aún persiste en Senegal y África.
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