Friday, August 28, 2026

EL SAHARA OCCIDENTAL, AMÉRICA LATINA Y LA OFENSIVA MARROQUÍ

Desde hace más de una década Marruecos está avanzando en América Latina. El comercio, las inversiones 
y la diplomacia son las principales armas usadas por la monarquía marroquí en la batalla
por el dominio del Sáhara Occidental. 

Algo está cambiando en los países de América Latina alrededor de la causa histórica sobre el Sáhara Occidental. No es un movimiento uniforme ni puede explicarse solamente mediante la viaja división entre izquierdas y derechas, pero la corrupta y autoritaria monarquía marroquí está consiguiendo avances diplomáticos importantes en una región donde durante décadas la causa saharaui encontró algunos de sus apoyos internacionales más sólidos.

Colombia acaba de ofrecer el ejemplo más rotundo. A penas iniciado el gobierno de Abelardo de la Espriella, Bogotá congeló sus relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática RASD y fue más lejos: reconoció expresamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Este cambio revierte la política de Gustavo Petro y se acompaña de una voluntad declarada de ampliar la cooperación con Marruecos en temas como comercio, inversiones, infraestructura y conectividad atlántica.

Sería un error contemplar Colombia como una excepción. En 2024 Ecuador suspendió su reconocimiento de la RASD; Bolivia rompió relaciones con la República Saharaui en febrero del 2026 mientras restablecía plenamente sus vínculos con Rabat; Honduras anunció otro movimiento diplomático similar en abril y el recién inaugurado gobierno peruano ha expresado abiertamente su apoyo a las posiciones marroquíes sobre el tema saharaui.

    "Marruecos trató de conseguir apoyos institucionales 
      a su conocida posición sobre el Sáhara Occidental:
      no reconocer la soberanía del pueblo saharaui, 
      seguir reprimiendo brutalmente a su población 
      y explotar impunemente sus recursos naturales"

No hace falta imaginar conspiraciones ni buscar un contrato secreto que intercambie fertilizantes (uno de los principales productos de exportación marroquí) por reconocimientos diplomáticos. La política internacional suele funcionar de forma bastante menos rudimentaria. Lo que sí merece atención es la coincidencia entre estos avances y una estrategia marroquí que ofrece cooperación económica, inversiones, mercados y oportunidades comerciales mientras sitúa el Sáhara Occidental en el centro de su política exterior y de sus relaciones con América Latina.

Mapa donde se ubican ingentes yacimientos de fosfatos 
(insumo principal para la fabricación de fertilizantes) y 
minas de oro, riquezas naturales que son explotadas y
exportadas ilegalmente por la potencia invasora:
Marruecos.
Lo que hoy parece una sucesión de giros nacionales lleva años preparándose también en los espacios regionales Latinoamericanos. En junio de 2022, el Parlamento Andino advertía de los intentos de Marruecos por conseguir apoyos institucionales a su conocida posición sobre el Sáhara Occidental (no reconocer la soberanía del pueblo saharaui, seguir reprimiendo brutalmente a su población y explotar impunemente sus recursos naturales).

Esa advertencia resulta especialmente significativa vista desde el 2026: entre los países que entonces mantenían relaciones, reconocimiento o procesos de acercamiento a la República Saharaui estaban precisamente Colombia, Ecuador, Bolivia, Honduras y Perú, varios de los que después han modificado su posición a favor de Rabat.

Marruecos durante estos años no solo se ha limitado a ofrecer una oferta de inversiones y comercio a las naciones Latinoamericanas, sino también trata de ofrecerse como el único interlocutor válido para llegar a los mercados de África. 

     "México sigue manteniendo estrechas relaciones 
       con la RASD y sigue defendiendo en Naciones Unidas 
       el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui; 
       Venezuela mantiene incluso un embajador acreditado 
       ante la República Saharaui"

En África conviven decenas de Estados, intereses, proyectos políticos y sociedades diversas. Por eso, hay algo especialmente incómodo en ese discurso de Rabat: la República Árabe Saharaui Democrática también está en África y es miembro de pleno derecho de la Unión Africana UA, exactamente igual que Marruecos. Tratar de presentar a Rabat como intermediario natural entre América Latina y África corre el riesgo de reducir todo un continente a los intereses exteriores de uno de sus Estados.

Pero frente al avance marroquí, continúa existiendo otra América Latina. México sigue manteniendo estrechas relaciones con la RASD y sigue defendiendo en Naciones Unidas el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui; Venezuela mantiene incluso un embajador acreditado ante la República Saharaui; Cuba ha reiterado este año su apoyo explícito a la causa saharaui y tanto Uruguay como los países del Caribe conservan una tradición política claramente solidaria con el pueblo saharaui.

Por otro lado, Brasil es quizás el ejemplo más claro de una zona intermedia: no reconoce a la República Saharaui, mantiene una relación económica importante con Marruecos y ha utilizado un lenguaje cada vez más favorable a los "esfuerzos" marroquíes y a su propuesta de autonomía, pero continua situando formalmente la solución del conflicto dentro proceso impuesto por Naciones Unidas. Hay, además, una diferencia fundamental respecto a otros países latinoamericanos: Brasil posee desde hace décadas una política africana propia, relaciones directas con numerosas capitales del continente y ambiciones por liderar el Sur Global. 

    "Chile nunca a reconocido formalmente a la RASD, 
      aunque durante años han existido en el Parlamento, 
      en los partidos políticos y en la sociedad civil posiciones
      muy favorables a la autodeterminación saharaui"

Brasil puede considerar a Marruecos un socio comercial y una plataforma útil, pero difícilmente necesita aceptar que Rabat sea su puerta de entrada a un continente en el que Brasil lleva mucho tiempo entrando por muchas otras puertas.

En diversos Congresos de América Latina, se ha alzado la
voz para denunciar el genocidio que viene perpetrando la
corrupta monarquía marroquí contra el pueblo saharaui.
El caso de Chile es también interesante. Nunca a reconocido formalmente a la RASD, aunque durante años han existido en el Parlamento, en los partidos políticos y en la sociedad civil posiciones muy favorables a la autodeterminación saharaui. Al mismo tiempo, sus relaciones económicas con Marruecos han crecido con rapidez: en 2025 el intercambio bilateral alcanzó los 80,2 millones de dólares, las importaciones chilenas superaron ampliamente a sus exportaciones y los fertilizantes fosfatados ocupan un lugar central; en 2026 ambos gobiernos han dado además el primer paso hacia el que podría convertirse en el primer acuerdo comercial de Chile con un país de África. 

Rabat ofrece a Chile: fertilizantes, mercados y la promesa de servir como plataforma de entrada a África. Esa combinación no demuestra que Marruecos determine la política chilena sobre el Sáhara, pero ayuda a entender por qué Santiago se mueve con una prudencia que contrasta con la fuerza que la causa saharaui mantiene en una gran parte de la sociedad chilena y en sus instituciones. 

    "Ningún acuerdo comercial puede borrar que 
      el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio 
      pendiente de descolonización. Ningún cambio 
      de gobierno latinoamericano puede modificar 
      el derecho del pueblo saharaui a su autodeterminación"

Como vemos, esa complejidad de relaciones no debería ocultar lo esencial: Marruecos está disputando activamente el espacio latinoamericano al movimiento de solidaridad saharaui y a la propia diplomacia de la República Saharaui. Y parece haber comprendido muy bien qué puede ofrecer: negocios, fertilizantes, mercados y la promesa de acceso a África. Pero el problema comienza cuando ese intercambio diplomático exige olvidar qué es el Sahara Occidental. 

Ningún acuerdo comercial puede borrar que sigue siendo un territorio pendiente de descolonización. Ningún cambio de gobierno latinoamericano puede modificar el derecho del pueblo saharaui a su autodeterminación. Y ningún reconocimiento unilateral convierte la ocupación en soberanía.

Marruecos puede ganar gobiernos, puede conseguir declaraciones. Puede incluso lograr que algunos países latinoamericanos miren África desde Rabat. Pero no pueden confundirse esas victorias diplomáticas con una derrota definitiva de la causa saharaui en América Latina. La diplomacia marroquí dispone hoy de recursos económicos y políticos muy superiores, pero todavía no ha conseguido lo esencial: que el Sahara Occidental deje de ser una cuestión de descolonización pendiente ni que desaparezca la legitimidad internacional de la reivindicación saharaui. Ahí sigue estando, pese a los retrocesos, el principal límite de sus avances. 

Wednesday, August 5, 2026

 YIBUTI:

LA PERLA DEL MAR ROJO…PARA CHINA

 Por: Javier F. Miranda Prieto 

En pleno Cuerno de África, frente al Mar Rojo y muy próximo al estrecho de Bab Al-Mandeb y el Canal de Suez,
el casi desconocido Yibuti se yergue como el punto geográfico más estratégico y geopolíticamente
más relevante en el mundo de hoy.

El pequeño Yibuti es un Estado modesto en tamaño, con apenas 23 mil kilómetros cuadrados de extensión y una población que no llega al millón de habitantes. Pero es su ubicación geográfica lo que le da un estatus especial que no tiene parangón en el mundo. De hecho, la República de Yibuti está situada a la salida del Mar Rojo, en las inmediaciones del estrecho de Bad-el-Mandeb. Es un punto de cruce imprescindible en la ruta marítima entre Asia y Europa y un estratégico punto de unión entre la Península Arábica y el Cuerno de África.

Factores que explican la presencia de numerosas bases militares de potencias extranjeras (China, Estados Unidos, Francia, India, Japón, Italia, Alemania, Arabia Saudita). Su ubicación estratégica y su importancia geopolítica es tal que China ha introducido a esta pequeña república africana en su proyecto de la Ruta de la Seda Marítima. Algo que ha despertado las suspicacias de otras potencias como: Estados Unidos, India o Japón, entre otras, con intereses también en Yibuti, y mucho más allá.

En una región africana sacudida por el conflicto y la violencia, como las costas del Mar Rojo, desde Somalia a Yemen, pasando por Eritrea o Etiopía, su estabilidad ha convertido a Yibuti en la mejor base de operaciones, con instalaciones de varias potencias. Pero también en la mejor punta de lanza para la defensa de otro tipo de proyectos e intereses que van más allá de lo estrictamente geoestratégico para adentrarse ya en lo geoeconómico.

   “Con la presencia de grupos yihadistas como

     Al-Shabaab en Somalia y la fuerte rivalidad

    étnica en Etiopía, la pequeña Yibuti con una

    situación estratégica privilegiada destaca

    como un país de relativa estabilidad”

IMPORTANCIA GEOESTRATÉGICA:

Con el paso de los años, el Cuerno de África se ha ido convirtiendo en epicentro de la actividad militar extranjera. Una región en la que se han ido desplegando tropas de diferentes países en el marco de la lucha contra diferentes organizaciones terroristas, contra el auge de la piratería en sus aguas, pero principalmente para la defensa de los intereses geopolíticos de las grandes potencias.

Desde 2017 China viene construyendo en Yibuti: bases
militares, helipuertos, puertos, almacenes, para mantener las
rutas marítimas y mejorar su acceso e influencia militar y 
política en los países del continente africano.

Pero en una zona tan inestable, con más de un conflicto armado en desarrollo como Etiopía, Eritrea, Sudán y Yemen o, por ejemplo, con la presencia de grupos yihadistas como Al-Shabaab en Somalia y la fuerte rivalidad étnica en Etiopía, la pequeña Yibuti con una situación estratégica privilegiada destaca además como un país de relativa estabilidad -gobernada por un régimen autoritario desde hace tres décadas-. Por ello, Yibuti es el lugar que alberga un mayor número de tropas extranjeras en suelo africano y una mayor densidad de las mismas por kilómetro cuadrado y por número de habitantes en el mundo.

El caso de Francia merece una mención especial. Es la ex-potencia colonial (1883-1977) y ya estaba presente en suelo yibutiano con anterioridad, lugar desde el que accedía, y accede hasta hoy, a sus territorios de ultramar de la región y desde el que proyecta su influencia en el Océano Indico Occidental, el Este de África y Oriente Próximo. Aparte de París, hay actualmente en Yibuti bases militares de Estados Unidos (desde 2003), Italia, Japón, Alemania, España y China (desde 2017) que dispone además de su propio muelle. Arabia Saudita e India se suman a la lista de países con interés de asentarse en esta pequeña nación africana.

   “China inaugura su base militar en Yibuti en 2017

    la primera de su ejército fuera de territorio chino.

   Allí mantiene desplegados a 400 soldados, tienen

   su propio muelle, un helipuerto, una pista de aterrizaje

   y amplios depósitos de municiones y armamento”

Estados Unidos tiene 4 mil efectivos en la base militar de Camp Lemonnier desde 2002, su única base permanente en territorio africano y el país con mayor número de soldados allí. Desde esas bases los norteamericanos ha llevado a cabo operaciones en Irak, contra los yihadistas en Somalia y contra Al Qaeda en la Península Arábica. Para EE.UU Yibuti es un punto logístico crucial y pieza central de una red de bases de drones y de vigilancia, aparte de su utilidad para la presencia estadounidense en el noroeste del Océano Indico. 

Distribución de las fuerzas militares extranjeras instaladas
en el Cuerno de África y en especial en Yibuti en donde están
desplazadas bases militares de diez potencias medianas y
globales como: China, EE.UU, Francia, Alemania, Italia,
Arabia Saudita, India, Japón, España. Atraídas por su
ubicación estratégica y su importancia geopolítica en una
región que une Asia, África y Europa.

Por su parte, China inaugura su base militar en Yibuti en 2017 cerca del puerto Doraleh, la primera de su ejército fuera de territorio chino. Allí mantiene desplegados a 400 soldados, tienen su propio muelle, un helipuerto, una pista de aterrizaje y amplios depósitos de municiones y armamento. Unas instalaciones que han servido para sus operaciones contra la piratería, para la evacuaciones de civiles de otros “puntos calientes” del continente africano y como base para trabajadores humanitarios.

Como se ha visto líneas arriba toda aquella potencia, de mayor o menor rango, que se precie de tal nombre y que disponga de alguna capacidad para proyectarse estratégicamente (ya sea económica o militarmente) debería de tener o, al menos intentarlo, un “pie” en esta zona del globo.

    “China lleva a cado grandes inversiones en este

     pequeño país ribereño al Mar Rojo, que entra a

     formar parte de su proyecto de la Ruta de la Seda

    Marítima (un corredor comercial, industrial y de

    conectividad entre Asia, Europa y África)”

IMPORTANCIA GEOECONÓMICA

Yendo más allá del aspecto puramente militar, hay otros motivos para establecerse en este codiciado territorio africano. Entre ellos, la cada vez más imperiosa protección de los propios intereses comerciales en un área (las costas del Mar Rojo) que se ha convertido en el foco de la atención de las potencias globales, añadida a la creciente relevancia del continente africano en materia de recursos naturales y su proximidad a las principales rutas marítimas comerciales, justo en un momento de competición por la prevalencia entre estas mismas potencias.

Y todo apunta a que China es la primera en actuar, porque su relación con Yibuti va bastante más lejos de una mera base logística. Lleva a cado grandes inversiones en este pequeño país ribereño al Mar Rojo, que entra a formar parte de su proyecto de la Ruta de la Seda Marítima (un corredor comercial, industrial y de conectividad entre Asia, Europa y África) como uno de sus puntos esenciales.

Un dato adicional, en las proximidades de Yibuti, y en beneficio de Pekín, están ubicadas las principales fuentes de petróleo y energía, como Arabia Saudita e Irán, y en naciones como Sudán y Sudán del Sur China ha llevado a cabo importantes inversiones en su industria petrolífera. Además, en el este africano China ha construido varios puertos, modernas vías ferroviarias y es un socio relevante para las islas Seychelles y Madagascar, lugares muy próximos a Yibuti donde el Gigante Asiático extrae minerales y energía con lo que sustenta su crecimiento económico. Como vemos, la pequeña Yibuti seguirá brillando como la única perla anclada en el Mar Rojo…pero para beneficio principalmente de China.