Saturday, February 21, 2026

 SUDÁN: PARA ENTENDER UNA GUERRA INTERMINABLE

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La interminable guerra de Sudán: Casi tres años de un conflicto olvidado pero con raíces históricas, marcada por la violencia religiosa, el caudillismo militar y la codicia de las potencias por sus recursos petroleros y mineros.

A fines de la década pasada, la paz y la democracia parecieron aumentar sus posibilidades en ciertas partes de África. El ejemplo más destacado fue lo que se vivió en Sudán, en donde un movimiento popular contribuyo a la caída de la larga dictadura de Omar Hasan Al Bashir (1989-2019), tras treinta años en el poder. Hoy sin embargo, el país está fracturado y constituye el escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo según las Naciones Unidas.

En abril de 2019, tras meses de numerosas protestas populares contra el gobierno autoritario de Al Bashir, el ejército sudanés, liderado por el general Addel Fattah Al Burhan, depuso al dictador y estableció un Consejo Militar Transitorio. Luego se creó un Consejo Supremo conformado por civiles y militares con el objetivo de convocar a comicios libres y democráticos. Un nuevo golpe militar en octubre de 2021 puso en cuestión la participación de los civiles en el Consejo, que se convirtió en plenamente militar. Esta maniobra no dejó de tener una fuerte reacción popular en las calles, las cuales fueron duramente reprimidas.

LOS CONTENDIENTES:

En abril de 2023, estalló un fuerte conflicto armado, que perdura hasta hoy, originado por la pugna por del control del país entre antiguos aliados: el ejército regular sudanés, las Fuerzas Armadas de Sudán – SAF y el grupo paramilitar las Fuerzas de Apoyo Rápido RFS dirigidas por Mohamed Hamdan Dagalo conocido como Hemetti. Las temibles RFS son los herederos de la milicia irregular janjaweed creadas por el ex-dictador durante la guerra del Darfur (2003-2020), conflicto étnico-racial localizado en el oeste de Sudán entre población árabe y grupos originarios negros.

                            “Ambos contendientes, apoyados por milicias

                        locales, tratan de mantener estructuras estatales

                      en territorios controlados: las SAF en Puerto Sudán

                                       y las RFS en el occidente sudanés”

En la actualidad, ambos contendientes, apoyados por milicias locales, tratan de mantener estructuras estatales en los territorios que controlan: el ejército sudanés o las SAF en la parte oriental del país, especialmente en el estratégico Puerto de Sudán y los mercenarios de las RFS en la parte occidental. Al mismo tiempo, tanto las SAF como las RFS son responsables de masacres contra la población civil considerada hostil sobre bases étnicas, como es el caso de aquellos no identificados como árabes en las regiones de Darfur y Kurdufán al oste de Sudán. La última de dichas matanzas, calificada de genocida, ha tenido lugar durante el asedio y ocupación a la ciudad de El Fasher por las RFS, donde se calcula que han sido asesinados y desaparecidos cientos de miles de civiles.

EL ORIGEN:

La guerra ha formado parte de la historia política de Sudán desde su independencia en 1956. Desde la primera guerra civil sudanesa (1955-1972) entre la población musulmana del norte y los cristianos y animistas del sur, ya se planteaba como solución la independencia del sur del país, que se produjo en la llamada segunda guerra civil sudanesa (1985-2005) y que propicio la creación de Sudán del Sur en el año 2011.

Áreas controladas por el ejército de SAF (rosado), zonas
dominadas por los rebeldes de las RFS (gris) y diversos 
grupos contrarios al gobierno (otros colores).

Dos años más tarde estalló otra guerra en Darfur, en la que se enfrentaron milicias surgidas de poblaciones agrícolas con las milicias jajaweed procedentes de poblaciones mayoritariamente ganaderas y apoyadas por el mismo gobierno sudanés.

Una de las claves de estos conflictos ha sido la integración forzosa de diferentes poblaciones y regiones en un orden profundamente jerárquico y desigual. El predominio de una élite arabizada de la capital, Jartum, y la ausencia de políticas de redistribución del poder y la riqueza han generado profundos agravios, interpretados a menudo en clave étnica y aprovechados por elites alternativas.

                        “El predominio de una élite arabizada de la capital

                      y la ausencia de políticas de redistribución del poder

                         y de la riqueza han generado profundos agravios

                                 interpretados a menudo en clave étnica”

La fragmentación y la segmentación alcanzan a los mismos grupos que ocupan el poder, como vemos actualmente. También el Sudan del Sur el movimiento independentista se fracturó muy pronto entre el Ejército Popular de Liberación de Sudán SPLA y una facción de este, el SPLA de Oposición.

Como vemos, un fenómeno que contribuye a la violencia de los conflictos sociales, aquí y en muchos lugares de África, es la existencia de milicias locales armadas de distinto perfil que participan en coaliciones con las fuerzas del Gobierno o contra las mismas. Líderes políticos en el gobierno y en la oposición, alimentan a grupos armados paralelos a los ejércitos y a las policías nacionales, formados por jóvenes que no encuentran proyectos vitales y económicos alternativos.  

LOS RECURSOS NATURALES: 

La extracción y comercialización de recursos naturales (petróleo, oro y otros minerales) en mercados internacionales constituyen un elemento clave del mantenimiento de esta larga guerra, aunque esta actividad extractiva también se ha visto afectada por la misma. Las áreas de producción de petróleo están en la región atravesadas por las fronteras con Sudán del Sur y se transporta a través de oleoductos hasta Puerto Sudán. El destino de este petróleo incluye los mercados de Malasia, China, Italia, Singapur y Alemania.

                            “A pesar de sus riquezas petroleras y mineras,

                            el Índice de Desarrollo Humano IDH de Sudán

                                 es de los más bajos del mundo, ocupando

                                             el puesto 176 de 193 países”

El principal actor local beneficiario del petróleo es el gobierno, junto con las grandes operadoras extranjeras, que son de capital indio, chino, malasio y sudanés. Pero en el caso del oro, extraído a través de minería artesanal, no solo las SAF sino también las RFS lucran con su venta, mayoritariamente a los Emiratos Árabes Unidos EAU.

A pesar de la riqueza mineral e hidhocarburífera, el Índice de Desarrollo Humano IDH de Sudán es de los más bajos del mundo, ocupando el puesto 176 de 193 países. Lejos de ser una paradoja, la abundancia de recursos que adquieren su valor a través de la exportación contribuye al empobrecimiento de la mayoría de la población y a la precarización de sus condiciones de vida, por la injusta distribución de sus ingresos por exportación. A su vez, esta situación de debilidad social, proporciona un caldo de cultivo fructífero para los grupos armados en conflicto.

LA GEOPOLÍTICA DE LA GUERRA:

En Sudán se llevan a cabo guerras subsidiarias donde los contendientes de otros conflictos se enfrentan indirectamente apoyando a uno u a otro de los bandos. El gobierno sursudanés del SPLA parece estar apoyando a los paramilitares del RFS, que ha llegado a enfrentarse directamente con la milicias opositoras del SPLA IO. Ello ha impedido un acuerdo entre todas las partes para que el ejército de Sudán del Sur garantice la neutralidad del área petrolera de Hegling.

Personas que huyeron del campamento de Zamzam después
que cayera en manos de los paramilitares del RFS, esperan
recibir comida luego que fueron reubicadas en Darfur.

El gobierno de Etiopía también ha intervenido en este interminable conflicto armado, financiando a las guerrillas contra el gobierno, al que acusa de haber apoyado a las autoridades insurgentes en la guerra contra la región etíope de Tigray (2020-2022).

El principal apoyo tanto diplomático como militar de las SAF de Sudán es el gobierno de Egipto, que actualmente mantiene una tensión regional con el de Etiopía por la construcción de la Gran Presa de Renacimiento en el curso alto del Nilo. Otros gobiernos de la región como los de Chad, República Centroafricana, el Ejército Nacional Libio, Kenia, Uganda y el ya mencionado de Etiopía han facilitado la llegada de armas a las milicias mercenarias de las RFS e incluso tropas y entrenamiento militar.                   

Uno de los actores externos más relevante son los Emiratos Árabes Unidos, que importan la mayor parte del oro sudanés y son el principal proveedor de armas al RFS. Por su parte, Irán, Qatar, Arabia Saudita y Turquía sean posicionados a favor del gobierno sudanés, aunque estos dos últimos de manera menos explícita, y tratando de convertirse también en facilitadores de un posible acuerdo de paz.

                           “En Sudán se llevan a cabo guerras subsidiarias

                                donde los contendientes de otros conflictos

                                    se enfrentan indirectamente apoyando

                                              a uno u a otro de los bandos”

Por último, las grandes potencias están presentes en la guerra de Sudán con posicionamientos menos unívocos. Mientras Putin apoya oficialmente a Puerto Sudán (actualmente en manos del ejército regular sudanés SAF), también lo hace a grupos alineados con RFS en las zonas de producción de oro. Por su parte, Ucrania también apoya a las SAF en su conflicto con estos grupos. La misma paradoja se da con China, que al tiempo en que se manifiesta a favor del gobierno sudanés, produce las armas que llegan a las RFS.

Washington ha intentado jugar un papel relevante en los intentos de acabar con el conflicto liderando la iniciativa Quad, planteada en setiembre de 2025 por Estados Unidos, Arabia Saudita, Egipto y los EAU con una ruta para la paz sin mayores efectos. Lo que sí está teniendo consecuencias devastadoras para millones de refugiados es la drástica y perversa reducción de ayuda humanitaria realizada por la administración Trump.

Como vemos, las causas y dinámicas del interminable conflicto en Sudán son complejas, y no se derivan directamente de las estrategias y enfrentamientos entre las grandes y medianas potencias. Pero actores tanto locales como extranjeros tratan de sacar provecho de una situación donde millones de personas sufren violaciones sistemáticas de sus derechos. Los múltiples actores internos y externos dificultan enormemente el éxito relativo de los avances alcanzados.

El actual contexto belicista internacional, como la actitud y el discurso militarista de Trump, por el cual insta por la reducción del poder de las instituciones de seguridad colectivas, el multilateralismo y en donde se cuestionan principios básicos de derecho internacional en torno a la soberanía y los derechos humanos, contribuye de manera decisiva al mantenimiento de conflictos devastadores, como la interminable guerra en Sudán.     


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