Wednesday, March 4, 2026

IRÁN: LA ÚLTIMA AVENTURA BÉLICA DE OCCIDENTE

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Maniobras militares, diplomacia bloqueada y un conflicto que vuelve a preocupar al mundo. No hay guerra declarada,
pero el margen de error es cada vez menor. Estamos asistiendo a la última aventura bélica de occidente contra Irán.

En los primeros tres de días de la ofensiva israelí-norteamericana contra Irán, las mentiras volaron más rápido que los misiles. De hecho, la brutal agresión se sustenta en casi un siglo de mentiras y bulos occidentales contra la nación persa, que se iniciaron cuando esta intentó sacudirse del yugo colonial británico. En la actualidad, Irán es uno de los países más demonizados por la propaganda de Washington y sus aliados occidentales, la cual critica los excesos autoritarios del régimen teocrático iraní, pero omite deliberadamente el papel que jugo occidente en el surgimiento y consolidación del gobierno de los ayatollah.

Políticos, medios de comunicación, académicos y los grupos paraempresariales que se autodenominan representantes de la “sociedad civil” aseguran desear para los iraníes un régimen laico, democrático, modernizador y moderado, pero olvidan mencionar que Irán ya se había dado a sí misma un gobierno con todas esas características, el del primer ministro Muhammad Mosadegh (1951-1953). Cuando el político iraní intento nacionalizar la empresa petrolera británica Anglo-Persian Oil Company -antecesora de la actual British Petroleum-, el imperio británico reaccionó con un guión que Estados Unidos repetiría una y otra vez al tomar la batuta del imperialismo mundial: acuso al mandatario de “comunista”, saboteo la economía del país, le impidió comerciar con su propio petróleo y, finalmente, con la ayuda de Washington, depuso a Mosadegh e instaló un gobierno títere encabezado por un monarca inventado, el sha Muhammad Reza Pahlavi. Reza sumió a Irán en un permanente baño de sangre perpetrado por sicarios entrenados por la CIA norteamericana y el Mossad israelí. La temida policía política del sha, la Savak, torturó y asesinó a todos los políticos de oposición y simpatizantes de la democracia, además de despilfarrar la riqueza petrolera en una vida de lujos y excesos que se exhibían sin pudor ante un pueblo paupérrimo.

                         “Irán es uno de los países más demonizados

                      por la propaganda de Washington y sus aliados

                            occidentales, la cual critica los excesos

                              autoritarios del régimen teocrático

                        iraní, pero omite deliberadamente el papel

                            que jugo occidente en el surgimiento y

                        consolidación del gobierno de los ayatollah”

La eliminación de todos los liderazgos y referentes modernizadores y democráticos explica por qué, cuando Irán estalló finalmente contra la opresión, la única institución capaz de canalizar y coordinar la ira popular fue la jerarquía del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país. Tras la revolución de 1979, occidente azuzó a Saddam Hussein para que invadiera a su vecino, pese a que para entonces ya eran bien conocidos el carácter despótico del presidente iraquí y las masacres que ejecutaba sobre su propia población. Hussein recibió cobertura mediática, apoyo de inteligencia y armamento ilimitado, incluidas armas químicas provistas por Alemania. Durante los ocho años que duró el fallido intento de acabar con su vecino, en lo que se llamó la Guerra entre Irán e Irak o la Guerra de Desgaste, los occidentales apostaron por Hussein. Al termino de este conflicto, un millón de iraníes habían muerto  y más de dos millones estaban heridos, muchos de ellos con daños devastadores por la inhalación de los gases mostaza y sarín.

Como vemos, este apretado resumen, no da cuenta de todo el sufrimiento causado por occidente al pueblo iraní, pero basta para mostrar la hipocresía de personajes como Donald Tump, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron de Francia, Keir Starmer del Reino Unido y Friedrich Merz de Alemania, así como la práctica totalidad de los medios de comunicación, al justificar cínicamente sus agresiones contra Irán en nombre de la “legítima defensa propia”.

                              “La eliminación de todos los liderazgos

                     modernizadores y democráticos explica por qué,

                             cuando Irán estalló contra la opresión,

                            la única institución capaz de canalizar y

                            coordinar la ira popular fue la jerarquía

                    del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país” 

El gobierno norteamericano ha desmontado esa burda manipulación: en un principio la Casa Blanca dijo que llevó a cabo un “ataque preventivo” ante una “amenaza inminente” de Teherán, pero luego el Secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que la “amenaza inminente era que sabíamos que si Irán fuese atacado (por Israel) -y creíamos que iba ser atacado-, entonces ellos vendrían de inmediato por nosotros, y no nos íbamos a quedar sentados esperando a ser golpeados antes de responder”. Es decir, que Tel Aviv ya había tomado la decisión de atacar y que Washington no dirigió la operación defensiva, sino que la siguió, tal como argumenta The New York Time.

De ser así, Trump dejó que su complicidad con el sionismo lo arrastrara a una guerra a la que ahora no le encuentra salida, como ha evidenciado al extender el plazo del conflicto de “dos o tres días” a “cuatro o cinco semanas” y un indefinido “requerirá tiempo”. El incendio en la embajada norteamericana en Riad y las revueltas pro-iraní en Bahréin ilustran de forma contundente la velocidad con la que el magnate estadounidense está perdiendo el control sobre su última aventura bélica.

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