LA GUERRA EN IRÁN: EL FACTOR KURDO
La actual escalada en Medio Oriente ha alcanzado un nuevo y
peligroso punto de ebullición. Después de que los ataques aéreos
norteamericanos-israelíes eliminaran a las figuras clave del régimen iraní,
Washington y Tel Aviv buscan una manera de asestar el golpe de gracia sin
desplegar masivamente sus propias tropas terrestres.
Washington e Israel animan a las milicias kurdas a iniciar
una ofensiva terrestre contra el gobierno iraní. Sin embargo, los precedentes
históricos muestran que Estados Unidos abandona sistemáticamente a sus aliados
kurdos en cuanto cambian los vientos geopolíticos. La actual solución que está
sobre la mesa es una receta ya probada pero cínica: armar a minorías étnicas,
léase a los kurdos, para desencadenar una guerra desde el interior.
Como sabemos, los kurdos son un pueblo nativo de las regiones
montañosas del Medio Oriente, se consideran la mayor minoría étnica del mundo
sin un Estado propio. Suman unos 45 millones de personas, que profesan el islam
y habitan extensas zonas divididas entre Turquía, Irán, Irak y Siria, conocida
como Kurdistán, y que luchas, contra estos gobiernos, por su autodeterminación.
Según The Wall Street
Journal, el presidente Donald Trump está abierto a apoyar a grupos armados dispuestos
a luchar contra el gobierno iraní. Una de las opciones que Washington contempla
son los grupos de combatientes kurdos de Irak, que cuentan con miles de
efectivos a lo largo de la frontera irano-iraquí.
“Estos combatientes, que actualmente
se encuentran en la región kurda
semiautónoma de Irak, están siendo
alentados a cruzar la frontera e iniciar
una rebelión en el noroeste del país persa”
Según un funcionario del Departamento de Estado, el primer
ministro israelí Benjamin Netanyahu propuso por primera vez la idea de utilizar
a los kurdos en un encuentro con Trump en la Casa Blanca. Ahora se está
trabajando en ello. Según recientes informes de inteligencia, la CIA ha puesto
en marcha un programa encubierto para proporcionar armas ligeras y
entrenamiento a miles de kurdos iraníes. Estos combatientes, que actualmente se
encuentran en la región kurda semiautónoma de Irak, están siendo alentados a
cruzar la frontera e iniciar una rebelión en el noroeste del país persa.
También desde el año pasado se han introducido armas de
contrabando en el oeste iraní para armar a miles de voluntarios kurdos. Según fuentes
kurdas, se estarían preparando para una ofensiva terrestre que podría comenzar
en pocos días, y se ha pedido a Estados Unidos e Israel que proporcionen apoyo
aéreo en cuanto comiencen las operaciones. El objetivo no es el inicio de una
transición democrática, sino desestabilizar y finalmente desmantelar el Estado
iraní fomentando el separatismo.
Esta estrategia “botas
sobre tierra” (combates terrestres dentro de Irán) mediante intermediarios,
es una manera para que Estados Unidos externalice los costos de la guerra.
Mientras los diplomáticos estadounidenses hablan de libertad para el pueblo
kurdo, los críticos señalan que se utiliza a las milicias meramente como un
instrumento para debilitar a Irán. El riesgo para los propios kurdos es
inmenso, ya que recibirán todo el impacto del aparato militar iraní en cuanto
se realicen los primeros disparos.
La promesa de apoyo estadounidense es para los kurdos un
regalo que invariablemente termina en tragedia. La historia del siglo XX está
sembrada de ejemplos en los que Washington jugó la carta kurda para debilitar a
adversarios regionales, para luego sacrificarlos sin contemplaciones.
“La historia del siglo XX está sembrada
de ejemplos en los que Washington
jugó la carta kurda para debilitar
a adversarios regionales, para luego
sacrificarlos sin contemplaciones”
En 1975 el entonces Secretario de Estado norteamericano Henry
Kissinger, cerró un acuerdo infame. Después de que Estados Unidos hubiera animado
durante años a los kurdos iraquíes a rebelarse contra Bagdad, retiró el apoyo a
la operación en cuanto el sha de Irán alcanzó un acuerdo territorial con Irak.
Kissinger declaró entonces con frialdad que “las acciones encubiertas no deben
confundirse con trabajo misionero”. Los kurdos fueron abandonados a su suerte y
masacrados en masa.
También en 1991, tras la Primera Guerra del Golfo, Washington instó a los kurdos y a los chiíes de Irak a levantarse contra Saddam Hussein, para finalmente dejarlos a su suerte. Cuando estalló la insurrección, las tropas norteamericanas observaron pasivamente desde la barrera como la fuerza aérea iraquí desplegaba helicópteros de combate para masacrar a los rebeldes y a decenas de miles de civiles. Una y otra vez queda claro que las aspiraciones kurdas de autodeterminación están subordinadas a la política y a los intereses de los Estados Unidos en la región.
El ejemplo más reciente y doloroso de esta traición tuvo
lugar en Siria. Las Fuerzas Democráticas SDF kurdas fueron los aliados más
eficaces y fieles de la coalición occidental en la lucha contra el Estado
Islámico instalado en territorio sirio. Miles de hombres y mujeres kurdos
dieron su vida para destruir el califato, construyendo en el norte de Siria una
forma frágil pero esperanzadora de autogobierno.
“Aunque Turquía no es amiga del
régimen iraní, probablemente preferirá
cooperar con Teherán para impedir
la formación de un Estado kurdo antes
que apoyar los planes de Trump”
A comienzos de 2025, sin embargo, la administración Trump
decidió que el papel de las SDF había terminado. En un sorprendente cambio de
política, Washington optó por apoyar al nuevo gobierno central de Damasco, lo
que puso fin de facto a la autonomía kurda. Las SDF perdieron en pocas semanas
el ochenta por ciento del territorio que habían liberado con tantos muertos y
sangre. El mensaje fue alto y claro para los kurdos de toda la región: Estados
Unidos es un socio poco fiable. Un experto regional señala que los kurdos
iraníes ahora “sangran por la puñalada de ayer”.
![]() |
| Los kurdos tienen raíces históricas y culturales muy cercanas a los iraníes pero tienen su propio idioma. Son un pueblo nacionalista y guerrero que lucha por su derecho de autodeterminación. |
La vacilación de los líderes kurdos es, por tanto, grande.
Comprenden que se les pide nuevamente sacar las
castañas del fuego a una gran potencia que, sin duda, volverá a
abandonarlos en cuanto cambien los intereses estratégicos. El cinismo de la
diplomacia norteamericana ha sembrado una profunda desconfianza que no
desaparecerá fácilmente.
Los planes de Washington y Tel Aviv no solo encuentran
escepticismo kurdo, sino también una fuerte oposición de las potencias
regionales. El gobierno de la Región Autónoma Kurda de Irak KRG se encuentra en
una gran encrucijada. El presidente Nechirvan Barzani ha declarado públicamente
que su región no debe convertirse en parte de un conflicto militar que ponga en
peligro la seguridad de sus ciudadanos.
La población kurda de Irak teme fuertes represalias iraníes.
Teherán ya ha demostrado en varias ocasiones que no duda en lanzar misiles y
drones artillados contra objetivos en el Kurdistán iraquí cuando considera que
allí se alojan “centros de espionaje israelíes” o milicias insurgentes. Además,
el gobierno central de Bagdad, que mantiene estrechos vínculos con Irán, ejerce
una enorme presión sobre los kurdos para que no faciliten el apoyo a grupos
antiiraníes.
“Washington juega un juego peligroso
al fomentar una rebelión “sin costos”
en la que no muera ningún soldado
norteamericano, pero donde el precio
en sangre kurda será muy alto”
Ante este escenario, también está el factor Turco. Ankara
lleva décadas librando una guerra sangrienta con el PKK, vanguardia política de
los kurdos turcos, y observa con gran desconfianza cualquier forma de
fortalecimiento militar kurdo en sus fronteras. Aunque Turquía no es amiga del
régimen iraní, probablemente preferirá cooperar con Teherán para impedir la
formación de un Estado kurdo antes que apoyar los planes de Trump. En otras
palabras, la posibilidad de un conflicto regional en el que se involucren
varios ejércitos es un escenario muy real.
A pesar de todas las advertencias y experiencias frustradas,
dentro del movimiento kurdo iraní hay grupos que ven este caos como una
“oportunidad única” de liberación. Tras décadas de opresión y discriminación
por parte del gobierno de los ayatola, esperan que la actual inestabilidad les
ofrezca el espacio necesario.
Entre milicias como el KDPI y el PJAK (milicias kurdas iraquíes y turcas respectivamente) hay un fuerte
llamamiento a la ayuda de la CIA para obtener inteligencia, armas y sobre todo,
el establecimiento de una zona de exclusión aérea. Sin embargo, los expertos
advierten que puede ser una apuesta suicida. Sin un compromiso militar firme y
duradero de Estados Unidos -por el que el presidente Trump hasta ahora no ha
mostrado ningún interés-, estas milicias quedarán solas una vez que estallen
las acciones armadas. Irán dispone de un poderoso aparato militar que aplastará
con sangre cualquier rebelión interna para garantizar la supervivencia de la
República Islámica.
En última instancia, el factor kurdo en este conflicto corre
el riesgo de convertirse nuevamente en víctima de su propia geografía y de las
ambiciones de las grandes potencias. Washington juega un juego peligroso al
fomentar una rebelión “sin costos” en la que no muera ningún soldado norteamericano,
pero donde el precio en sangre kurda será muy alto.


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