Sunday, March 8, 2026

 LA GUERRA EN IRÁN: EL FACTOR KURDO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Combatientes kurdos habrían iniciado una incursión en territorio iraní, desde el norte de Irak con apoyo de la CIA. 
El objetivo sería abrir un nuevo frente contra el régimen iraní. El factor kurdo vuelve a aparecer
en la geopolítica del Medio Oriente.

La actual escalada en Medio Oriente ha alcanzado un nuevo y peligroso punto de ebullición. Después de que los ataques aéreos norteamericanos-israelíes eliminaran a las figuras clave del régimen iraní, Washington y Tel Aviv buscan una manera de asestar el golpe de gracia sin desplegar masivamente sus propias tropas terrestres.

Washington e Israel animan a las milicias kurdas a iniciar una ofensiva terrestre contra el gobierno iraní. Sin embargo, los precedentes históricos muestran que Estados Unidos abandona sistemáticamente a sus aliados kurdos en cuanto cambian los vientos geopolíticos. La actual solución que está sobre la mesa es una receta ya probada pero cínica: armar a minorías étnicas, léase a los kurdos, para desencadenar una guerra desde el interior.

Como sabemos, los kurdos son un pueblo nativo de las regiones montañosas del Medio Oriente, se consideran la mayor minoría étnica del mundo sin un Estado propio. Suman unos 45 millones de personas, que profesan el islam y habitan extensas zonas divididas entre Turquía, Irán, Irak y Siria, conocida como Kurdistán, y que luchas, contra estos gobiernos, por su autodeterminación.

Según The Wall Street Journal, el presidente Donald Trump está abierto a apoyar a grupos armados dispuestos a luchar contra el gobierno iraní. Una de las opciones que Washington contempla son los grupos de combatientes kurdos de Irak, que cuentan con miles de efectivos a lo largo de la frontera irano-iraquí.

“Estos combatientes, que actualmente

se encuentran en la región kurda

semiautónoma de Irak, están siendo

alentados a cruzar la frontera e iniciar

una rebelión en el noroeste del país persa”

Según un funcionario del Departamento de Estado, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu propuso por primera vez la idea de utilizar a los kurdos en un encuentro con Trump en la Casa Blanca. Ahora se está trabajando en ello. Según recientes informes de inteligencia, la CIA ha puesto en marcha un programa encubierto para proporcionar armas ligeras y entrenamiento a miles de kurdos iraníes. Estos combatientes, que actualmente se encuentran en la región kurda semiautónoma de Irak, están siendo alentados a cruzar la frontera e iniciar una rebelión en el noroeste del país persa.

El Kurdistán tiene su territorio dividido en cuatro países:
Irán, Irak, Siria y Turquía. Los EEUU han aprovechado 
 los anhelos autonomistas de los kurdos para usarlos como
"carne de cañón" en sus guerras expansionistas.

También desde el año pasado se han introducido armas de contrabando en el oeste iraní para armar a miles de voluntarios kurdos. Según fuentes kurdas, se estarían preparando para una ofensiva terrestre que podría comenzar en pocos días, y se ha pedido a Estados Unidos e Israel que proporcionen apoyo aéreo en cuanto comiencen las operaciones. El objetivo no es el inicio de una transición democrática, sino desestabilizar y finalmente desmantelar el Estado iraní fomentando el separatismo.

Esta estrategia “botas sobre tierra” (combates terrestres dentro de Irán) mediante intermediarios, es una manera para que Estados Unidos externalice los costos de la guerra. Mientras los diplomáticos estadounidenses hablan de libertad para el pueblo kurdo, los críticos señalan que se utiliza a las milicias meramente como un instrumento para debilitar a Irán. El riesgo para los propios kurdos es inmenso, ya que recibirán todo el impacto del aparato militar iraní en cuanto se realicen los primeros disparos.

La promesa de apoyo estadounidense es para los kurdos un regalo que invariablemente termina en tragedia. La historia del siglo XX está sembrada de ejemplos en los que Washington jugó la carta kurda para debilitar a adversarios regionales, para luego sacrificarlos sin contemplaciones.

“La historia del siglo XX está sembrada

de ejemplos en los que Washington

jugó la carta kurda para debilitar

a adversarios regionales, para luego

sacrificarlos sin contemplaciones”

En 1975 el entonces Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, cerró un acuerdo infame. Después de que Estados Unidos hubiera animado durante años a los kurdos iraquíes a rebelarse contra Bagdad, retiró el apoyo a la operación en cuanto el sha de Irán alcanzó un acuerdo territorial con Irak. Kissinger declaró entonces con frialdad que “las acciones encubiertas no deben confundirse con trabajo misionero”. Los kurdos fueron abandonados a su suerte y masacrados en masa.

También en 1991, tras la Primera Guerra del Golfo, Washington instó a los kurdos y a los chiíes de Irak a levantarse contra Saddam Hussein, para finalmente dejarlos a su suerte. Cuando estalló la insurrección, las tropas norteamericanas observaron pasivamente desde la barrera como la fuerza aérea iraquí desplegaba helicópteros de combate para masacrar a los rebeldes y a decenas de miles de civiles. Una y otra vez queda claro que las aspiraciones kurdas  de autodeterminación están subordinadas a la política y a los intereses de los Estados Unidos en la región.

El ejemplo más reciente y doloroso de esta traición tuvo lugar en Siria. Las Fuerzas Democráticas SDF kurdas fueron los aliados más eficaces y fieles de la coalición occidental en la lucha contra el Estado Islámico instalado en territorio sirio. Miles de hombres y mujeres kurdos dieron su vida para destruir el califato, construyendo en el norte de Siria una forma frágil pero esperanzadora de autogobierno.

“Aunque Turquía no es amiga del

régimen iraní, probablemente preferirá

cooperar con Teherán para impedir

la formación de un Estado kurdo antes

que apoyar los planes de Trump”

A comienzos de 2025, sin embargo, la administración Trump decidió que el papel de las SDF había terminado. En un sorprendente cambio de política, Washington optó por apoyar al nuevo gobierno central de Damasco, lo que puso fin de facto a la autonomía kurda. Las SDF perdieron en pocas semanas el ochenta por ciento del territorio que habían liberado con tantos muertos y sangre. El mensaje fue alto y claro para los kurdos de toda la región: Estados Unidos es un socio poco fiable. Un experto regional señala que los kurdos iraníes ahora “sangran por la puñalada de ayer”.

Los kurdos tienen raíces históricas y culturales muy cercanas
a los iraníes pero tienen su propio idioma. Son un pueblo
nacionalista y guerrero que lucha por su derecho de
autodeterminación.

La vacilación de los líderes kurdos es, por tanto, grande. Comprenden que se les pide nuevamente sacar las  castañas del fuego a una gran potencia que, sin duda, volverá a abandonarlos en cuanto cambien los intereses estratégicos. El cinismo de la diplomacia norteamericana ha sembrado una profunda desconfianza que no desaparecerá fácilmente.

Los planes de Washington y Tel Aviv no solo encuentran escepticismo kurdo, sino también una fuerte oposición de las potencias regionales. El gobierno de la Región Autónoma Kurda de Irak KRG se encuentra en una gran encrucijada. El presidente Nechirvan Barzani ha declarado públicamente que su región no debe convertirse en parte de un conflicto militar que ponga en peligro la seguridad de sus ciudadanos.

La población kurda de Irak teme fuertes represalias iraníes. Teherán ya ha demostrado en varias ocasiones que no duda en lanzar misiles y drones artillados contra objetivos en el Kurdistán iraquí cuando considera que allí se alojan “centros de espionaje israelíes” o milicias insurgentes. Además, el gobierno central de Bagdad, que mantiene estrechos vínculos con Irán, ejerce una enorme presión sobre los kurdos para que no faciliten el apoyo a grupos antiiraníes.

“Washington juega un juego peligroso

al fomentar una rebelión “sin costos”

en la que no muera ningún soldado

norteamericano, pero donde el precio

en sangre kurda será muy alto”

Ante este escenario, también está el factor Turco. Ankara lleva décadas librando una guerra sangrienta con el PKK, vanguardia política de los kurdos turcos, y observa con gran desconfianza cualquier forma de fortalecimiento militar kurdo en sus fronteras. Aunque Turquía no es amiga del régimen iraní, probablemente preferirá cooperar con Teherán para impedir la formación de un Estado kurdo antes que apoyar los planes de Trump. En otras palabras, la posibilidad de un conflicto regional en el que se involucren varios ejércitos es un escenario muy real.

A pesar de todas las advertencias y experiencias frustradas, dentro del movimiento kurdo iraní hay grupos que ven este caos como una “oportunidad única” de liberación. Tras décadas de opresión y discriminación por parte del gobierno de los ayatola, esperan que la actual inestabilidad les ofrezca el espacio necesario.

Entre milicias como el KDPI y el PJAK (milicias kurdas iraquíes y turcas respectivamente) hay un fuerte llamamiento a la ayuda de la CIA para obtener inteligencia, armas y sobre todo, el establecimiento de una zona de exclusión aérea. Sin embargo, los expertos advierten que puede ser una apuesta suicida. Sin un compromiso militar firme y duradero de Estados Unidos -por el que el presidente Trump hasta ahora no ha mostrado ningún interés-, estas milicias quedarán solas una vez que estallen las acciones armadas. Irán dispone de un poderoso aparato militar que aplastará con sangre cualquier rebelión interna para garantizar la supervivencia de la República Islámica.

En última instancia, el factor kurdo en este conflicto corre el riesgo de convertirse nuevamente en víctima de su propia geografía y de las ambiciones de las grandes potencias. Washington juega un juego peligroso al fomentar una rebelión “sin costos” en la que no muera ningún soldado norteamericano, pero donde el precio en sangre kurda será muy alto.

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