Monday, May 18, 2026

 EL BRINDIS DE LOS PODEROSOS DEL MUNDO

Por: Javier F. Miranda Prieto

El brindis entre los dos lideres más
influyentes del mundo, puede verse como
el inicio de una nueva era de las relaciones
internacionales o el fin de una hegemonía
decadente. El imperio que presumía mandar
en el mundo, ahora ruega que le compren
soja, terneras o aviones. Mientras que
China adquiere una posición de fuerza
que apenas algunos años parecía
impensable.








¿Estamos ante el inicio de una nueva era en el mundo? Mientras algunos ven una alianza estratégica, otros ven el inicio de un cambio radical en la economía global. El fin de una economía en decadencia o el surgimiento de una nueva relación dominante.

Hay algo profundamente revelador en esta Cumbre mundial que terminó el pasado viernes 15 de mayo en Pekín. Durante años, la política norteamericana hacia China se construyó sobre una mezcla de arrogancia imperial y fantasía económica. La idea era simple: sancionar, presionar, amenazar y contener a China hasta frenar su ascenso. Nada de ello ocurrió.

Las restricciones tecnológicas impuestas por Washington aceleraron la apuesta china por la autosuficiencia industrial. Los aranceles dispararon tensiones globales, sí, pero también perjudicaron a sectores estadounidenses enteros. Y mientras Trump alimentaba discursos patrióticos para recuperar la hegemonía, China seguía ampliando un  influencia en Asía, África y América Latina.

La semana pasada el magnate republicano apareció en Pekín acompañado por una procesión de multimillonarios estadounidenses sentados junto a Trump, como si fuera una delegación empresarial paralela. Una imagen brutal pero muy reveladora. Porque demuestra hasta qué punto el capitalismo norteamericano depende ya del mercado chino incluso mientras su discurso político intenta demonizarlo. Lo cual demuestra evidentemente: debilidad.

Mientras tanto, sobre la mesa de la Cumbre siguieron acumulándose diversos conflictos enormes. Taiwán. Las restricciones tecnológicas. Las tierras raras. El Control industrial. Y, por supuesto, Irán.

Washington necesita que Pekín ayude a desbloquear el Estrecho de Ormuz y rebaje la tensión regional después de la intervención militar estadounidenses que solo ha servido para aumentar la inestabilidad global. China, que mantiene una posición crítica con la guerra impulsada por Estados Unidos, se encuentra ahora en situación de negociar desde una posición de fuerza.

“Las restricciones tecnológicas impuestas

  por Washington aceleraron la apuesta China

 por la autosuficiencia industrial.

 Los aranceles dispararon tensiones globales,

 sí, pero también perjudicaron a sectores

 estadounidenses enteros”

Xi fue claro respecto a Taiwán: “Sí se maneja mal la solución, ambos países podrían entrar en fricción o incluso en un conflicto armado”. No es una amenaza teatral, como las que escenifica Trump. Es un aviso serio. Porqué el equilibrio mundial está cambiando. Y ya no basta con portaaviones, sanciones y declaraciones o ruedas de prensa agresivas para imponer soluciones.

Estados Unidos sigue teniendo el mayor aparato militar del planeta. Pero cada vez le cuesta más convertir esa fuerza en autoridad política o económica. Irak, Afganistán, Ucrania, Irán. La lista de guerras interminables y operaciones fallidas empieza a parecer un catálogo del agotamiento imperial. De un agotamiento e inestabilidad originada por estados Unidos.

Y mientras Washington insiste en competir desde la confrontación permanente, China juega otra partida. Más fría. Más paciente. Más eficaz. Trump viajó a Pekín intentando vender fortaleza. Lo que terminó mostrando fue debilidad y necesidad. Mucha necesidad.

Porque cuando el presidente norteamericano pasa de amenazar a China a decir que “será totalmente recíproco” y que los grandes empresarios estadounidenses están allí “para presentar sus respetos”, lo que se está viendo no es diplomacia entre iguales, sino sumisión.

Es el viejo imperio descubriendo que ya no puede ordenar el mundo a gritos, y que para sobrevivir debe someterse a un nuevo liderazgo, a un nuevo orden mundial, a una nueva hegemonía.

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