¿HACIA LA “SAHELIZACIÓN” DEL GOLFO DE GUINEA?
Se sabe que la región del sahel es una extensa franja semidesértica
que atraviesa todo el continente africano desde el Océano Atlántico hasta el
Mar Rojo, albergando a más de diez países: comenzando con Senegal al oeste,
hasta Eritrea y Yibuti al este. Esta extensa zona se ha convertido, en la
última década, en el epicentro del terrorismo yihadista global.
Tanto la violencia armada como el crimen organizado, se están
expandiendo peligrosamente desde el sahel hacia los países costeros del Golfo
de Guinea. Esta peligrosa convergencia, denominada “sahelización” del Golfo de
Guinea, avanza aceleradamente comprometiendo la seguridad de la región y el
equilibrio geopolítico del continente.
La expansión del yihadismo desde el sahel hacia las costas
atlánticas africanas ya no es una simple teoría ni una amenaza contenida en
informes de inteligencia. Es una terrible realidad que está reconfigurando el
equilibrio estratégico de África occidental y que comienza a preocupar a
regiones próximas del continente.
“los grupos sahelianos priorizan el
control de corredores logísticos,
mercados ilícitos y espacios rurales
abandonados por el Estado antes que
la ocupación formal de grandes ciudades”
La llamada sahelización
del Golfo de Guinea comprende una zona africana que concentra más del 50% de
las muertes por terrorismo en el mundo, superando ampliamente a la zona del
Oriente Próximo. Distintos estudios coinciden que el deterioro del sahel no
puede analizarse únicamente como un problema regional africano.
Burkina Faso, epicentro de esta crisis, acumula por sí sola
cerca del 20% de las víctimas mortales globales vinculadas al terrorismo
yihadista. La ONU estima además que más de 2 millones de personas han sido
desplazadas únicamente dentro del territorio burkinés debido a la violencia
insurgente.
El avance del yihadismo hacia el sur responde también a una
lógica económica y estratégica mucho más sofisticada de lo que tradicionalmente
se había interpretado. Organizaciones como el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM, vinculada a Al
Qaeda, han demostrado una enorme capacidad de adaptación territorial. A
diferencia del modelo territorial rígido que caracterizó al Estado Islámico de Siria e Irak, los
grupos sahelianos priorizan el control de corredores logísticos, mercados
ilícitos y espacios rurales abandonados por el Estado antes que la ocupación
formal de grandes ciudades.
“Human Rights Watch sostiene que
se están reeditando los abusos contra
la población civil, que durante años fueron
perpetrados por los soldados franceses,
y que ahora los siguen cometiendo las
milicias de los contratistas rusos”
En este contexto, los llamados Complejos Transfronterizos (áreas donde convergen múltiples
fronteras estatales), se han convertido en uno de los principales enclaves
estratégicos de la insurgencia yihadista. Estas zonas compartidas entre Benín,
Burkina Faso y Níger están evolucionando de simples regiones de tránsito a
auténticos santuarios operativos.
Además, el fenómeno de violencia se produce en paralelo a una
creciente descomposición institucional del sahel. Mali, Burkina Faso y Níger
han roto progresivamente sus vínculos militares con Francia y otros socios
occidentales tras la aparición de sucesivas Juntas Militares con fuerte discurso
soberanista y panafricano. La expulsión de fuerzas europeas como la operación
Barkhane o la misión Takuba, que no sirvieron de mucho en su lucha
contrainsurgente, están siendo parcialmente cubiertas por el Africa Grup ruso, heredero directo del
antiguo Grupo Wagner.
Sin embargo, varios informes de Human Rights Watch sostienen que se están reeditando los abusos
contra la población civil, que durante años fueron perpetrados por los soldados
franceses, y que ahora los siguen cometiendo las milicias de los contratistas
rusos. Masacres como las registradas en Moura (Mali) o Barsalogho (Burkina
Faso) han contribuido a alimentar el resentimiento local y han facilitado
indirectamente el reclutamiento yihadista.
La situación resulta especialmente delicada en Benín y Togo.
Ambos países eran considerados hasta hace pocos años modelos de estabilidad
relativa dentro de África occidental. No obstante, la insurgencia ha conseguido
explotar las facturas históricas entre los gobiernos centrales y las regiones
septentrionales, tradicionalmente más pobres y menos desarrolladas.
“La relativa calma ghanesa no responde
necesariamente a una inmunidad
estructural, sino a una utilidad estratégica.
El norte del país funciona como una
retaguardia logística discreta para redes
criminales y grupos insurgentes yihadistas”
Este fenómeno afecta particularmente a las comunidades fulani
o peul, presentes en toda la franja saheliana y frecuentemente atrapadas entre
las acusaciones gubernamentales de colaboración con el terrorismo y la presión
de los propios grupos yihadistas.
El deterioro ha sido visible sobre el territorio. Benín ha
reforzado en los últimos años la operación militar “Mirador”, desplegando miles
de efectivos en el norte del país, mientras Togo ha incrementado la
militarización de la región de Savanes tras la declaración del Estado de emergencia
en todo el país.
El caso de Ghana merece una atención especial dentro de la
región del Golfo de Guinea. La relativa calma ghanesa no responde
necesariamente a una inmunidad estructural, sino a una utilidad estratégica. El
norte del país funciona actualmente como una retaguardia logística discreta
para redes criminales y grupos insurgentes yihadistas.
Observadores de la zona señalan que en ciudades fronterizas
ghanesas proliferan mercados clandestinos vinculados al contrabando de
combustible, motocicletas y ganado robado utilizados por actores armados
procedentes del sahel. A todo ello se suma la creciente convergencia entre
terrorismo yihadista y crimen organizado transnacional.
En la actualidad, el Golfo de Guinea constituye uno de los
principales corredores globales del narcotráfico hacia Europa. Informes
recientes de la Oficina de Naciones
Unidas Contra la Droga y el Delito UNOCD estima que una parte significativa
de la cocaína latinoamericana destinada al mercado europeo transita por África
occidental antes de alcanzar puertos mediterráneos.
“El deterioro de la seguridad del
Golfo de Guinea tiene implicancias
estratégicas directas en toda esta
parte del continente. No solo por su
proximidad geográfica al sahel, sino
porque son una ruta migratoria hacia Europa”
Este tráfico ilícito proporciona a los grupos armados nuevas
vías de financiamiento, protección local y acceso a redes logísticas internacionales.
Esta violencia armada que sacude al Golfo de Guinea, también afecta las rutas marítimas
de su entorno.
Aunque la piratería en el Golfo de Guinea ha descendido
respecto a los picos registrados entre 2019 y 2021 gracias al aumento de
patrullas regionales, organismos especializados advierten de que las redes
criminales vinculadas al terrorismo podrían intentar aprovecharse nuevamente de
la inseguridad marítima. La posible conexión entre insurgencia yihadista,
contrabando y piratería preocupa a toda la costa atlántica africana.
El deterioro de la seguridad del Golfo de Guinea tiene
implicancias estratégicas directas en toda esta parte del continente. No solo
por su proximidad geográfica al sahel, sino porque las rutas migratorias hacia
Europa, los tráficos ilícitos y la infinidad de amenazas terminan proyectándose
tanto sobre la costa atlántica africana como sobre la europea.
Como vemos, la llamada “sahelización” de la costa atlántica africana, no describe únicamente una expansión geográfica
del terrorismo yihadista, sino la consolidación progresiva de un peligroso
corredor territorial donde convergen insurgencia armada, economías ilícitas,
fragilidad estatal y competencia geopolítica internacional.



No comments:
Post a Comment