Friday, May 22, 2026

 ¿HACIA LA “SAHELIZACIÓN” DEL GOLFO DE GUINEA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Soldados de Burkina Faso en la carretera Gorgadji, en el sahel. El avance yihadista hacia el Golfo de Guinea
desde el sahel tiene lugar en un contexto de degradación de la seguridad en la región, 
la aparición del Grupo Wagner y la expansión del crimen organizado. 

Se sabe que la región del sahel es una extensa franja semidesértica que atraviesa todo el continente africano desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo, albergando a más de diez países: comenzando con Senegal al oeste, hasta Eritrea y Yibuti al este. Esta extensa zona se ha convertido, en la última década, en el epicentro del terrorismo yihadista global.

Tanto la violencia armada como el crimen organizado, se están expandiendo peligrosamente desde el sahel hacia los países costeros del Golfo de Guinea. Esta peligrosa convergencia, denominada “sahelización” del Golfo de Guinea, avanza aceleradamente comprometiendo la seguridad de la región y el equilibrio geopolítico del continente.

La expansión del yihadismo desde el sahel hacia las costas atlánticas africanas ya no es una simple teoría ni una amenaza contenida en informes de inteligencia. Es una terrible realidad que está reconfigurando el equilibrio estratégico de África occidental y que comienza a preocupar a regiones próximas del continente.

“los grupos sahelianos priorizan el

 control de corredores logísticos,

 mercados ilícitos y espacios rurales

 abandonados por el Estado antes que

 la ocupación formal de grandes ciudades”

La llamada sahelización del Golfo de Guinea comprende una zona africana que concentra más del 50% de las muertes por terrorismo en el mundo, superando ampliamente a la zona del Oriente Próximo. Distintos estudios coinciden que el deterioro del sahel no puede analizarse únicamente como un problema regional africano.

El Golfo de Guinea ha adquirido una relevancia dentro de la 
seguridad del África occidental. La violencia yihadista se ha
desplazado del sahel hacia los Estados costeros del Golfo,
en las costas del Atlántico.

Burkina Faso, epicentro de esta crisis, acumula por sí sola cerca del 20% de las víctimas mortales globales vinculadas al terrorismo yihadista. La ONU estima además que más de 2 millones de personas han sido desplazadas únicamente dentro del territorio burkinés debido a la violencia insurgente.

El avance del yihadismo hacia el sur responde también a una lógica económica y estratégica mucho más sofisticada de lo que tradicionalmente se había interpretado. Organizaciones como el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes JNIM, vinculada a Al Qaeda, han demostrado una enorme capacidad de adaptación territorial. A diferencia del modelo territorial rígido que caracterizó al Estado Islámico de Siria e Irak, los grupos sahelianos priorizan el control de corredores logísticos, mercados ilícitos y espacios rurales abandonados por el Estado antes que la ocupación formal de grandes ciudades.

“Human Rights Watch sostiene que

 se están reeditando los abusos contra

 la población civil, que durante años fueron

 perpetrados por los soldados franceses,

 y que ahora los siguen cometiendo las

 milicias de los contratistas rusos”

En este contexto, los llamados Complejos Transfronterizos (áreas donde convergen múltiples fronteras estatales), se han convertido en uno de los principales enclaves estratégicos de la insurgencia yihadista. Estas zonas compartidas entre Benín, Burkina Faso y Níger están evolucionando de simples regiones de tránsito a auténticos santuarios operativos.

Además, el fenómeno de violencia se produce en paralelo a una creciente descomposición institucional del sahel. Mali, Burkina Faso y Níger han roto progresivamente sus vínculos militares con Francia y otros socios occidentales tras la aparición de sucesivas Juntas Militares con fuerte discurso soberanista y panafricano. La expulsión de fuerzas europeas como la operación Barkhane o la misión Takuba, que no sirvieron de mucho en su lucha contrainsurgente, están siendo parcialmente cubiertas por el Africa Grup ruso, heredero directo del antiguo Grupo Wagner.   

Sin embargo, varios informes de Human Rights Watch sostienen que se están reeditando los abusos contra la población civil, que durante años fueron perpetrados por los soldados franceses, y que ahora los siguen cometiendo las milicias de los contratistas rusos. Masacres como las registradas en Moura (Mali) o Barsalogho (Burkina Faso) han contribuido a alimentar el resentimiento local y han facilitado indirectamente el reclutamiento yihadista.

La situación resulta especialmente delicada en Benín y Togo. Ambos países eran considerados hasta hace pocos años modelos de estabilidad relativa dentro de África occidental. No obstante, la insurgencia ha conseguido explotar las facturas históricas entre los gobiernos centrales y las regiones septentrionales, tradicionalmente más pobres y menos desarrolladas.

“La relativa calma ghanesa no responde

 necesariamente a una inmunidad

 estructural, sino a una utilidad estratégica.

 El norte del país funciona como una

 retaguardia logística discreta para redes

 criminales y grupos insurgentes yihadistas”

Este fenómeno afecta particularmente a las comunidades fulani o peul, presentes en toda la franja saheliana y frecuentemente atrapadas entre las acusaciones gubernamentales de colaboración con el terrorismo y la presión de los propios grupos yihadistas.

Aunque la piratería en el Golfo de Guinea ha descendido 
de los años 2019-2021, observadores en la región advierten
que las redes criminales vinculadas al terrorismo podrían
intentar aprovecharse nuevamente de la inseguridad
que campea en los Estados del Golfo.

El deterioro ha sido visible sobre el territorio. Benín ha reforzado en los últimos años la operación militar “Mirador”, desplegando miles de efectivos en el norte del país, mientras Togo ha incrementado la militarización de la región de Savanes tras la declaración del Estado de emergencia en todo el país.

El caso de Ghana merece una atención especial dentro de la región del Golfo de Guinea. La relativa calma ghanesa no responde necesariamente a una inmunidad estructural, sino a una utilidad estratégica. El norte del país funciona actualmente como una retaguardia logística discreta para redes criminales y grupos insurgentes yihadistas.

Observadores de la zona señalan que en ciudades fronterizas ghanesas proliferan mercados clandestinos vinculados al contrabando de combustible, motocicletas y ganado robado utilizados por actores armados procedentes del sahel. A todo ello se suma la creciente convergencia entre terrorismo yihadista y crimen organizado transnacional.

En la actualidad, el Golfo de Guinea constituye uno de los principales corredores globales del narcotráfico hacia Europa. Informes recientes de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito UNOCD estima que una parte significativa de la cocaína latinoamericana destinada al mercado europeo transita por África occidental antes de alcanzar puertos mediterráneos.

“El deterioro de la seguridad del

 Golfo de Guinea tiene implicancias

 estratégicas directas en toda esta

 parte del continente. No solo por su

 proximidad geográfica al sahel, sino

 porque son una ruta migratoria hacia Europa”

Este tráfico ilícito proporciona a los grupos armados nuevas vías de financiamiento, protección local y acceso a redes logísticas internacionales. Esta violencia armada que sacude al Golfo de Guinea, también afecta las rutas marítimas de su entorno.  

Aunque la piratería en el Golfo de Guinea ha descendido respecto a los picos registrados entre 2019 y 2021 gracias al aumento de patrullas regionales, organismos especializados advierten de que las redes criminales vinculadas al terrorismo podrían intentar aprovecharse nuevamente de la inseguridad marítima. La posible conexión entre insurgencia yihadista, contrabando y piratería preocupa a toda la costa atlántica africana.

El deterioro de la seguridad del Golfo de Guinea tiene implicancias estratégicas directas en toda esta parte del continente. No solo por su proximidad geográfica al sahel, sino porque las rutas migratorias hacia Europa, los tráficos ilícitos y la infinidad de amenazas terminan proyectándose tanto sobre la costa atlántica africana como sobre la europea.

Como vemos, la llamada “sahelización” de la costa atlántica africana, no describe únicamente una expansión geográfica del terrorismo yihadista, sino la consolidación progresiva de un peligroso corredor territorial donde convergen insurgencia armada, economías ilícitas, fragilidad estatal y competencia geopolítica internacional.

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