LA ONU, TRUMP, NETANYAHU Y LAS SILLAS VACÍAS
No podía dejar de comentar lo ocurrido la semana pasada en la 80va Asamblea General de las Naciones Unidas, hecho que tuvo como protagonistas a Donald Trump, Benjamin Netanyahu y las sillas vacías. La Asamblea General de la ONU, que por definición, debería ser el foro por excelencia de la diplomacia y la convivencia entre Estados regulada por acuerdos y el derecho internacional, se convirtió en otro escenario de la guerra cognitiva y la necropolítica, encarnada en Trump, el jactancioso homicida confeso del líder iraní Alí Jamenei y otros delitos de lesa humanidad, y Netanyahu, el carnicero de Gaza, prófugo de la Corte Penal Internacional, quien utilizó la tribuna para blanquear sus crímenes y realizar un acto de campaña, de cara a las elecciones parlamentarias del 27 de octubre próximo.
De manera grosera, autoimbuidos del poder de dar vida o muerte a poblaciones enteras, con sus típicas bravuconerías gangsteriles y amparados en la impunidad que les brinda una organización virtualmente secuestrada por Estados Unidos, Trump y Netanyahu -corresponsables intelectuales de las operaciones Martillo de Medianoche y Furia Épica contra Irán- subieron al podio ha proferir mentiras, falsificaciones históricas y amenazas sin límites. No obstante, quedaron exhibidos como criminales fracasados, que, incapaces de reconocer la derrota de sus guerras de agresión militar y económica ante la estrategia de disuasión híbrida de desgaste de Irán y el Eje de la Resistencia, ensayaban una fuga hacia delante en sus intentos por ganar tiempo para cometer nuevas fechorías.
"Usó a la ONU como tribuna imperial para
amenazar a cualquier país que se rebele contra
la maquinaría bélica del Pentágono en América
Latina, y en un hecho inédito en ese foro, expresó
su intención de aniquilar a Irán y enviarlo al "infierno"
Recargado en su perfil megalómano, sus delirios de grandeza y una subjetividad marcada por su vanidad, Trump -como el producto más acabado y grotesco de la plutocracia estadunidense- exhibió la imagen de un magnate decadente que quiso mostrarse todo poderoso ante una audiencia mundial garantizada. Pero más allá de su afán de protagonismo y su narrativa e histrionismo gastado, sigue teniendo tras de sí un poderío militar nuclear sin igual, y en su repliegue hacia la Fortaleza América, usó a la ONU como tribuna imperial para amenazar a cualquier país que se rebele contra la maquinaría bélica del Pentágono en América Latina, y en un hecho inédito en ese foro, expresó su intención de aniquilar a Irán -un país de más de 90 millones de personas- y enviarlo al "infierno".
Al aludir a Venezuela, Trump utilizó la frase favorita de los conquistadores del siglo XVI: "Al vencedor le corresponde el botín", y se refirió al secuestrado y encarcelado Nicolás Maduro como "dictador forajido". Y en relación a Cuba, con su habitual matonería volvió a machacar la categoría imperial sobre el "Estado Fallido" y aseguró que pronto "caerá", pero eludió mencionar que el Pentágono sigue llevando a cabo un abusivo, peligroso y progresivo cerco naval petrolero genocida contra la isla.
En un gesto político-diplomático, la delegación cubana abandonó la sala negándose a legitimar con su presencia los infamantes señalamientos del precario inquilino de la Casa Blanca. No fue una huida ni un arrebato, Cuba traslado el debate al terreno simbólico, donde una silla vacía puede ser más elocuente que cualquier discurso. Quedarse a escuchar en silencio habría sido legitimar y blanquear al orador. En cambio, las sillas vacías hablaron por sí mismas y se convirtieron en la noticia; fue una forma de comunicación no verbal, un mensaje que no necesita micrófono y una negativa a ser cómplice público.
"La delegación iraní había dejado una fotografía
del teniente general Qasem Soleimani, en su
asiento vacío. Artífice del Eje de la Resistencia,
ex Comandante de las Fuerzas Armadas de Irán
y Jefe del Cuerpo de los Guardianes de la
Revolución Islámica de Irán"
Benjamin Netanyahu también estuvo ahí para completar la escena, pero fue abucheado y repudiado por 77 delegaciones que se retiraron dignamente de la Asamblea cuando se disponía a hablar, y según señaló la cadena de televisión israelí Canal 12, tuvo que pronunciar sus diatribas "ante una sala casi vacía". Sin embargo, durante su intervención, otra imagen también llamó la atención: la delegación iraní había dejado una fotografía del teniente general Qasem Soleimani, en su asiento vacío. Artífice del Eje de la Resistencia, ex Comandante de las Fuerzas Armadas de Irán y Jefe del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, quien fue asesinado en Bagdad en 2020, en un ataque aéreo terrorista, ordenado por Trump durante su primer mandato.
La paradoja no pudo ser más brutal: al responsable del castigo colectivo, la limpieza étnica y el uso del hambre como método de guerra y genocidio, así como el lanzamiento de más 200 mil toneladas de explosivos sobre la población palestina de Gaza -una cantidad equivalente a 13 bombas atómicas como la utilizada en Hiroshima, que costaron la vida de 75 mil civiles bajo el pretexto que eran potenciales terroristas-, se le permitió usar la tribuna de la organización que después de los juicios de Nuremberg contra los criminales de guerra de la Alemania nazi, fue creada para proteger a las generaciones futuras del azote de otra conflagración mundial, mientras al legítimo representante de la Autoridad Nacional Palestina se le negó la visa, en clara violación de las obligaciones del estado huésped. Otro fracaso de la diplomacia en un mundo fracturado ambiguamente en dos.
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