ÁFRICA: UN CONTINENTE OLVIDADO
El continente africano con sus 1,550 millones de habitantes
repartidos en 54 Estados soberanos más la República Saharaui que busca su
independencia, se extiende sobre una superficie de 30.3 millones de kilómetros
cuadrados y es considerado por los organismos financieros internacionales (Fondo
Monetario Internacional y Banco Mundial) como el más pobre del planeta.
Cinco países ocupan los peores indicadores de ingreso y
desarrollo humano: Burundi, Sudán del Sur, República Centroafricana, Malawi y
Mozambique. Pero paradójicamente, África es una tierra de enormes riquezas
naturales cuya historia reciente ha estado marcada por la explotación,
marginación, conflictos armados y por profundas desigualdades sociales.
Es la paradoja del continente más rico en recursos naturales,
donde hay desde oro, diamantes, petróleo, cobre y todo tipo de minerales
estratégicos como tierras raras, cobalto y uranio, entre otras muchas. Ha sido víctima
de la depredación de sus recursos humanos y naturales durante siglos,
especialmente por parte de las potencias europeas que lo esclavizaron, lo
dividieron y explotaron. Hoy se libran guerras en Sudán, RD del Congo, en el
sahel, Somalia, Mozambique, Libia y Nigeria, que en su gran mayoría son conflictos
civiles entre grupos étnicos en muchos casos, religiosos en otros, o luchas de
poder por el control de territorios y recursos.
Se estima que las víctimas fatales por estos conflictos
armados, desde el 2020 a la fecha, se acercan al medio millón de personas, ya sea
por combates, hambrunas, asesinatos masivos o actos terroristas.
“Durante la Gran Guerra y la Segunda
Guerra Mundial, miles de africanos vistieron
los uniformes de las potencias coloniales y
muchos fueron a morir en territorio europeo
sin saber porqué peleaban. Hoy, en los
conflictos civiles que desangran al continente
no es ajena la mano de las antiguas y
nuevas potencias neocoloniales”
En la llamada “era de los descubrimientos”, iniciada en el siglo XV con la llegada de los primeros portugueses a tierras africanas, marcó trágicamente el destino de este continente. A partir de la instalación de las primeras colonias en las islas de Madeira, Cabo Verde y la costa atlántica, se dio inicio al comercio del oro, marfil, azúcar hasta el más rentable de todos: la caza y venta de seres humanos. El reino de Portugal abrió las rutas marítimas para el transporte de esclavos y puso las bases para los imperios coloniales que ahí se desarrollaron. Se estima que estos navíos portugueses transportaron casi cinco millones de esclavos a Brasil y otros lugares.
Las consecuencias de la trata de esclavos y la explotación de
los recursos naturales africanos por parte de las potencias coloniales dejaron
una huella profunda en estos pueblos. Culturas y leguas divididas por el poder
colonialista ávidos de sus riquezas, donde el ser humano era una variable exclusivamente
comercial, una mercancía. Así, durante la Gran Guerra y la Segunda Guerra
Mundial, miles de africanos vistieron los uniformes de las potencias coloniales
y muchos fueron a morir en territorio europeo sin saber porqué peleaban. Hoy,
en los conflictos civiles que desangran al continente no es ajena la mano de
las antiguas y nuevas potencias neocoloniales.
La venta de armas, el adiestramiento militar y los intereses
geopolíticos están presentes prácticamente en todos ellos. En Sudán, el conflicto
lleva ya tres años disputándose el poder para controlar la economía y las
riquezas naturales en un país donde abunda el oro y el petróleo. Una situación
muy similar ocurre en la RD del Congo donde se enfrenta desde hace cuatro años
facciones rivales para controlar las riquezas en un país rico en oro, cobalto,
coltan y otros minerales y las maderas de la selva tropical, explotada por compañías
europeas. Las raíces ahí son más profundas por los intereses neocoloniales
vigentes.
“El proceso de descolonización de los años 60
del siglo pasado, no fueron acompañados de
una suerte de “Plan Marshall africano”, que
hubiese contribuido a generar estructuras
sociales sólidas, a fortalecer los Estados
democráticos y desarrollar instituciones que
hubiesen permitido la utilización racional
de sus riquezas”
En la estratégica región del sahel, que abarca 10 países
tiene a tres: Mali, Burkina Faso y Níger, en conflicto desde el 2012 por una
multiplicidad de factores donde la presencia yihadista es uno de ellos y el
uranio, litio, y oro, otro. En Nigeria, el país más poblado de África y multiétnico,
fuerzas de Estados Unidos bombardearon hace unos meses en el noroeste, a bases
del Estado Islámico ISIS que se ha asentado en esa región. Las luchas
multiétnicas y el terrorismo han profundizado las diferencias entre cristianos
y musulmanes en ese país, dejando más de 50 mil muertos en los últimos 15 años.
Si la crisis climática, alimenticia y los conflictos armados
se mantienen o acentúan, la única alternativa que les queda a los africanos de
hoy, para comer y salvar sus vidas, al igual que lo hicieron hace más de dos
millones de años los primeros seres humanos que se pusieron de pie en ese
continente, es caminar. ¿Hacia dónde? Hacia Europa, que es lo más cerca y en
gran parte responsable del estado actual de estos países.
El proceso de descolonización de los años 60 del siglo
pasado, no fueron acompañados de una suerte de “Plan Marshall africano”, que hubiese contribuido a generar
estructuras sociales sólidas, a fortalecer los Estados democráticos y desarrollar
instituciones que hubiesen permitido la utilización racional de sus riquezas.
Por el contrario, la explotación de sus recursos se mantuvo bajo otras formas (irracional
y semi-esclavista) y nadie hoy se siente responsable ni existe un plan para
efectuar un cambio real de la situación que sería -como todos lo saben- el
principal freno a la inmigración.
“Si la crisis climática, alimenticia y
los conflictos armados se mantienen o
acentúan, la única alternativa que les queda
a los africanos de hoy….es caminar.
¿Hacia dónde? Hacia Europa, que es lo más
cerca y en gran parte responsable del estado
actual de estos países”
Las agencias de Naciones Unidas realizan en África una labor
esencialmente paliativa, acuden a las emergencias, pero ello no basta, solo
alivia momentos críticos. Como muestra, un indicador que evidencia esta dura
realidad: la mortalidad infantil hasta los cinco años alcanza hoy en la Unión
Europea a 4 niños por cada mil de nacidos vivos. En África, de acuerdo con la
Organización Mundial de la Salud OMS, para el año 2025, por cada mil niños nacidos
vivos fueron 71,6 los que murieron antes de cumplir cinco años, mayoritariamente
en el primer mes de vida, representando el 58% de la mortalidad infantil a
nivel mundial, es decir algo más de 2,8 millones de niños.
En la actualidad la información que se transmite en el mundo
es abrumadora. Pero se calcula que las noticias sobre los conflictos en África
no llegan al 5% de la prensa mundial, comparado con casi el 80% destinado a la
guerra de los Estados Unidos con Irán, la de Rusia con Ucrania y la de Israel
contra el pueblo palestino y el Líbano. Así la cosas, es muy difícil que la
realidad africana vaya a cambiar en el corto ni mediano plazo, por lo cual África
seguirá siendo para el resto del planeta un continente olvidado.



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