LA PENÍNSULA DEL SINAÍ: ESTRATÉGICA Y VIOLENTA
El terrorismo global se está constituyendo en una de las
mayores amenazas de los últimos años. La inestabilidad y vulnerabilidad que
representa ha afectado la dinámica de las relaciones internacionales al
establecer la seguridad como su principal pilar. No obstante, algunas de las
medidas anti-terroristas parecen olvidar el respeto a los más elementales
derechos de las personas, permitiendo la violación de los derechos de ciertas
personas bajo el pretexto de salvaguardar los de otras. Uno de los lugares en
el mundo que padece esta contradicción es la estratégica Península del Sinaí ubicada
al este de Egipto, donde las ambiciones de Abdelfatah al-Sisi, presidente
egipcio, y la confluencia de intereses de varias potencias conducen a unas
cuestionables políticas.
La convulsa historia marcada por las guerras de la península
del Sinaí, así como la secular marginación posterior por parte de Egipto han
fomentado el auge del terrorismo yihadista en esta región. La violencia
presente en esta estratégica zona es una de las principales amenazas al
gobierno de al-Sisi, que afecta tanto la seguridad nacional como la estabilidad
internacional.
EL FACTOR
ESTRATÉGICO:
El gran valor estratégico y geopolítico de la península del
Sinaí radica en su posición de puente intercontinental entre África y Asia, su control
sobre el Canal de Suez -vital para el comercio mundial- y su carácter de zona
de amortiguamiento militar entre Egipto, Palestina (Gaza) e Israel.
“Su subsuelo posee un gran potencial
en hidrocarburos. Sin embargo, la marginación
histórica de sus habitantes locales ha creado
focos de inestabilidad y descontento entre
el segmento más joven de su población lo
que ha generado en los últimos años,
el reclutamiento voluntario de jóvenes
egipcios en las diversas bandas yihadistas”
Para describir el valor estratégico de esta zona que une el
Magreb y el Cercano Oriente, habría que describir cuatro pilares fundamentales:
Punto de Cruce Global:
Conecta el Mar Rojo con el Mar Mediterráneo a través del
Canal de Suez, el paso marino más corto entre Europa y Asia, lo que lo
convierte en un punto crítico para la economía mundial y el comercio de
hidrocarburos.
Zona de Seguridad:
Es un territorio clave para la estabilidad regional. El
Tratado de Paz de 1979, que devolvió esta península a manos de Egipto, luego
que Israel se lo arrebatara en la Guerra de los Seis Días en 1967, dividió la
península en zonas desmilitarizadas para separar a Egipto de Israel,
incorporando fuerzas internacionales de pacificación. A pesar de este control internacional,
Egipto desde entonces ve mellada su soberanía.
Frontera de Gaza e Israel:
La porción noreste de la península, el paso de Rafah,
funciona como el punto fronterizo y la zona tapón inmediata con la Franja de
Gaza, en territorio palestino, lo que le otorga un papel central en la crisis
humanitaria que padece la población civil palestina y en las tratativas de
negociación en el Oriente Próximo.
Recursos y Desequilibrio Interno:
Su subsuelo posee un gran potencial en hidrocarburos. Sin
embargo, la marginación histórica de sus habitantes locales ha creado focos de
inestabilidad y descontento entre el segmento más joven de su población lo que
ha generado en los últimos años, el reclutamiento voluntario de jóvenes egipcios
en las diversas bandas yihadistas que amenazan la seguridad nacional.
“Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el
2008,
la presencia del movimiento islamista se
consolidó
en Egipto, tejiendo redes de solidaridad islamista.
El Sinaí se convirtió en un refugio para los
terroristas,
lo que intensifico la polarización de la
población.
Grupos yihadistas y salafistas vieron una
oportunidad
en la Península del Sinaí”
EL FACTOR YIHADISTA:
El gobierno egipcio, desde el fin de la ocupación de Israel
de la península del Sinaí, marginó y excluyó a la población originaria, como
los beduinos, de la economía formal, vendiendo sus tierras y repartiendo
trabajo y créditos entre la población egipcia del valle del Nilo, acabando así
con las fuentes de ingresos tradicionales y forzándolos a recurrir a actividades
informales, como el contrabando. El negocio del contrabando entre la vecina
Gaza y la península ayudó a fortalecer las relaciones ya existentes entre los
dos pueblos, y el conflicto Palestino-Israelí así como el contacto con Hamas,
la organización política-militar que gobernaba la Franja, ayudaron a
radicalizar a los beduinos de esta región, que ya sentían gran enemistad hacia
el gobierno egipcio debido a la marginación y discriminación a la que habían sido
sometidos.
Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el 2008, la
presencia del movimiento islamista se consolidó en Egipto, tejiendo redes de
solidaridad islamista. El Sinaí se convirtió en un refugio para los
terroristas, lo que intensifico la polarización de la población. Grupos yihadistas
y salafistas vieron una oportunidad en la Península del Sinaí, ya que Israel debía
de evitar a toda costa violar la soberanía egipcia, Egipto solo podía tener un número
reducido de fuerzas armadas en muchas zonas en virtud de los acuerdos de 1979, aumentando
los ataques a Israel desde Egipto. A causa de la experiencia compartida de una
gran parte de la población beduina con salafistas y yihadistas, especialmente
en las cárceles egipcias tras la serie de ataques terroristas de 2013 y 2014,
un importante número de beduinos se radicalizó.
Desde esos años el norte del Sinaí ha sido escenario de una
brutal “guerra sucia” y prolongada entre el Estado egipcio y diversos grupos
yihadistas, incluyendo filiales locales del Estado Islámico. Las masivas
operaciones militares gubernamentales, como la “Operación Sinaí”, han provocado
severas consecuencias humanitarias para la población civil. Esto incluye:
demoliciones de viviendas, escases de alimentos y el desplazamiento forzado de
miles de personas, todo bajo un estricto cerco informativo que veda el acceso
al periodismo.
Como hemos señalado, la influencia de los grupos yihadistas provenientes
del exterior, pero, sobre todo, el trato discriminatorio hacia la población
beduina, al excluirlos de todo desarrollo económico y social, así como la
reacción y el trato otorgado a la población local por parte del gobierno
egipcio, han alimentado la espiral de violencia terrorista en esta región. Una
región estratégica como violenta.

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