Thursday, June 25, 2026

 LA PENÍNSULA DEL SINAÍ: ESTRATÉGICA Y VIOLENTA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La Península del Sinaí es el puente terrestre entre África y Asia. Una región estratégica como violenta ubicada entre el
Mar Rojo y el Mar Mediterráneo. Posesión egipcia muy próxima a Gaza, Israel, Jordania y Arabia Saudita,
centros neurálgicos del Medio Oriente. 

El terrorismo global se está constituyendo en una de las mayores amenazas de los últimos años. La inestabilidad y vulnerabilidad que representa ha afectado la dinámica de las relaciones internacionales al establecer la seguridad como su principal pilar. No obstante, algunas de las medidas anti-terroristas parecen olvidar el respeto a los más elementales derechos de las personas, permitiendo la violación de los derechos de ciertas personas bajo el pretexto de salvaguardar los de otras. Uno de los lugares en el mundo que padece esta contradicción es la estratégica Península del Sinaí ubicada al este de Egipto, donde las ambiciones de Abdelfatah al-Sisi, presidente egipcio, y la confluencia de intereses de varias potencias conducen a unas cuestionables políticas.

La convulsa historia marcada por las guerras de la península del Sinaí, así como la secular marginación posterior por parte de Egipto han fomentado el auge del terrorismo yihadista en esta región. La violencia presente en esta estratégica zona es una de las principales amenazas al gobierno de al-Sisi, que afecta tanto la seguridad nacional como la estabilidad internacional.

EL FACTOR ESTRATÉGICO:

El gran valor estratégico y geopolítico de la península del Sinaí radica en su posición de puente intercontinental entre África y Asia, su control sobre el Canal de Suez -vital para el comercio mundial- y su carácter de zona de amortiguamiento militar entre Egipto, Palestina (Gaza) e Israel.

  “Su subsuelo posee un gran potencial

   en hidrocarburos. Sin embargo, la marginación

   histórica de sus habitantes locales ha creado

   focos de inestabilidad y descontento entre

  el segmento más joven de su población lo

  que ha generado en los últimos años,

  el reclutamiento voluntario de jóvenes

  egipcios en las diversas bandas yihadistas”

Para describir el valor estratégico de esta zona que une el Magreb y el Cercano Oriente, habría que describir cuatro pilares fundamentales:

Punto de Cruce Global:

Conecta el Mar Rojo con el Mar Mediterráneo a través del Canal de Suez, el paso marino más corto entre Europa y Asia, lo que lo convierte en un punto crítico para la economía mundial y el comercio de hidrocarburos.

Zona de Seguridad:

Es un territorio clave para la estabilidad regional. El Tratado de Paz de 1979, que devolvió esta península a manos de Egipto, luego que Israel se lo arrebatara en la Guerra de los Seis Días en 1967, dividió la península en zonas desmilitarizadas para separar a Egipto de Israel, incorporando fuerzas internacionales de pacificación. A pesar de este control internacional, Egipto desde entonces ve mellada su soberanía.

General Abdelfatah al-Sisi, presidente egipcio, es una pieza
clave de la geopolítica norteamericana en el Medio Oriente.
Él y las Fuerzas Armadas, el principal partido político
del país, conducen la nación, desde hace trece años, con
mano dura y represiva, convirtiendo la Península del Sinaí 
en un escenario de guerra.

Frontera de Gaza e Israel:

La porción noreste de la península, el paso de Rafah, funciona como el punto fronterizo y la zona tapón inmediata con la Franja de Gaza, en territorio palestino, lo que le otorga un papel central en la crisis humanitaria que padece la población civil palestina y en las tratativas de negociación en el Oriente Próximo.

Recursos y Desequilibrio Interno:

Su subsuelo posee un gran potencial en hidrocarburos. Sin embargo, la marginación histórica de sus habitantes locales ha creado focos de inestabilidad y descontento entre el segmento más joven de su población lo que ha generado en los últimos años, el reclutamiento voluntario de jóvenes egipcios en las diversas bandas yihadistas que amenazan la seguridad nacional.

  “Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el 2008,

    la presencia del movimiento islamista se consolidó

   en Egipto, tejiendo redes de solidaridad islamista.

   El Sinaí se convirtió en un refugio para los terroristas,

   lo que intensifico la polarización de la población.

  Grupos yihadistas y salafistas vieron una oportunidad

  en la Península del Sinaí”

EL FACTOR YIHADISTA:

El gobierno egipcio, desde el fin de la ocupación de Israel de la península del Sinaí, marginó y excluyó a la población originaria, como los beduinos, de la economía formal, vendiendo sus tierras y repartiendo trabajo y créditos entre la población egipcia del valle del Nilo, acabando así con las fuentes de ingresos tradicionales y forzándolos a recurrir a actividades informales, como el contrabando. El negocio del contrabando entre la vecina Gaza y la península ayudó a fortalecer las relaciones ya existentes entre los dos pueblos, y el conflicto Palestino-Israelí así como el contacto con Hamas, la organización política-militar que gobernaba la Franja, ayudaron a radicalizar a los beduinos de esta región, que ya sentían gran enemistad hacia el gobierno egipcio debido a la marginación y discriminación a la que habían sido sometidos.

La Península del Sinaí limita por su frontera noreste con el 
sur de la Franja de Gaza, Palestina. Sus aperturas y cierres
entre ambas fronteras por el paso de Rafah, el único 
autorizado con Gaza, han sido interminables, desde
el inicio del genocidio que Israel viene perpetrando
en la Franja.
 

Tras la toma militar de Gaza por Hamas en el 2008, la presencia del movimiento islamista se consolidó en Egipto, tejiendo redes de solidaridad islamista. El Sinaí se convirtió en un refugio para los terroristas, lo que intensifico la polarización de la población. Grupos yihadistas y salafistas vieron una oportunidad en la Península del Sinaí, ya que Israel debía de evitar a toda costa violar la soberanía egipcia, Egipto solo podía tener un número reducido de fuerzas armadas en muchas zonas en virtud de los acuerdos de 1979, aumentando los ataques a Israel desde Egipto. A causa de la experiencia compartida de una gran parte de la población beduina con salafistas y yihadistas, especialmente en las cárceles egipcias tras la serie de ataques terroristas de 2013 y 2014, un importante número de beduinos se radicalizó.

Desde esos años el norte del Sinaí ha sido escenario de una brutal “guerra sucia” y prolongada entre el Estado egipcio y diversos grupos yihadistas, incluyendo filiales locales del Estado Islámico. Las masivas operaciones militares gubernamentales, como la “Operación Sinaí”, han provocado severas consecuencias humanitarias para la población civil. Esto incluye: demoliciones de viviendas, escases de alimentos y el desplazamiento forzado de miles de personas, todo bajo un estricto cerco informativo que veda el acceso al periodismo.

Como hemos señalado, la influencia de los grupos yihadistas provenientes del exterior, pero, sobre todo, el trato discriminatorio hacia la población beduina, al excluirlos de todo desarrollo económico y social, así como la reacción y el trato otorgado a la población local por parte del gobierno egipcio, han alimentado la espiral de violencia terrorista en esta región. Una región estratégica como violenta.

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