RECORDANDO A LUMUMBA:
LA INDEPENDENCIA, UN
PROCESO INCONCLUSO
El Pasado 2 de julio se conmemoró 101 años del natalicio del líder
congoleño Patricio Lumumba, el dirigente que convirtió la independencia de su
país en un proyecto de soberanía real. Su asesinato, a los 35 años de edad,
marcó los límites que el colonialismo estaba dispuesto a imponer a los procesos
de emancipación africanos.
La icónica figura de Lumumba, se hizo más conocida en la
última edición de la Copa Mundial de Futbol FIFA 2026, a través de la
performance artística “Lumumba Vea” (Lumumba Vive) ejecutada en cada una de las presentaciones de la selección de futbol de la RD del Congo, por el activista
congoleño Michel Kuka Mboladinga. A partir de este hecho casi anecdótico,
mucha gente recién se ha interesado en conocer más sobre este importante personaje
de la historia reciente de África.
Patricio Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en el entonces
Congo Belga, una de las colonias más violentas que produjo el imperialismo
europeo en África. Bajo la dominación belga, millones de congoleños fueron
sometidos a un régimen de trabajo forzado, despojo territorial, segregación
social y terror cuya historia permanece relativamente ausente de los relatos de
la historia occidental. Fue en ese contexto donde comenzó a formarse un
dirigente político que entendió que la independencia no era el reemplazo de una
bandera por otra.
“Mientras el rey Balbuino de Bélgica celebraba
la supuesta “era civilizadora” del
colonialismo,
Lumumba tomó la palabra para recordar los
trabajos forzados, las humillaciones cotidianas,
la violencia sistemática y el racismo que había
estructurado la dominación colonial”
Autodidacta, lector voraz y extraordinario orador, Lumumba emergió
durante la década de 1950 como una de las principales figuras del nacionalismo
congoleño. En 1958 fundó el Movimiento Nacional Congoleño, una organización que
rechazaba las divisiones étnicas promovidas por el colonialismo y promovía la
construcción de un Estado verdaderamente soberano. Su apuesta era profundamente
panafricanista, Lumumba creía que la emancipación del Congo solo tendría
sentido como parte de la liberación de todo el continente africano.
Cuando el Congo obtuvo su independencia el 30 de junio de 1960,
Lumumba se convirtió en el Primer Ministro del nuevo Estado, asumiendo la
presidencia Joseph Kasa-Vubu. Aunque el sistema distribuía las funciones entre
ambas autoridades, fue Lumumba quien encarnó el proyecto de una soberanía plena
sobre el país y sus recursos naturales. El mismo día de la asunción del cargo,
Lumumba protagonizo uno de los discursos más importantes del siglo XX. Mientras
el rey Balbuino de Bélgica celebraba la supuesta “era civilizadora” del colonialismo, él tomó la palabra para
recordar los trabajos forzados, las humillaciones cotidianas, la violencia sistemática,
la explotación de las riquezas naturales y el racismo que había estructurado la
dominación colonial.
Ese discurso alteró mucho más que el protocolo de una ceremonia
oficial. Desafió la narrativa con la que las antiguas metrópolis buscaban
administrar el proceso de descolonización. El problema no era únicamente que el
Congo se independizara, el problema era que un dirigente africano reclamara
ejercer plenamente la soberanía sobre uno de los territorios más ricos del
planeta, dueño de inmensos recursos minerales estratégicos para la economía
mundial.
“El 17 de enero de 1961 Lumumba fue
trasladado
a Katanga junto con tres colaboradores. Allí
los
detenidos fueron torturados y ejecutados esa
misma noche por un pelotón de fusilamiento
con participación decisiva de autoridades
belgas
y del régimen secesionista katangués”
La respuesta fue inmediata. Tras una profunda crisis
institucional, el presidente Kaza-Vubu anunció su destitución, decisión que
Lumumba desconoció por considerarla inconstitucional. Pocos días después, el
coronel Joseph Desiré Mobutu tomó el poder mediante un golpe de Estado. Lumumba
fue puesto bajo arresto, intentó reorganizar la resistencia desde el este del
país, pero fue capturado por las tropas golpistas. El 17 de enero de 1961 fue
trasladado a Katanga junto con tres colaboradores. Allí los detenidos fueron
torturados y ejecutados esa misma noche por un pelotón de fusilamiento con
participación decisiva de autoridades belgas y del régimen secesionista katangués.
Sus cuerpos fueron luego destruidos para borrar las huellas del crimen. Lumumba
tenía apenas 35 años. En el 2022 Bélgica
restituyó a su familia el único resto conservado de su cuerpo, un diente que había
sido retirado por un policía belga tras el intento de hacer desaparecer
completamente sus restos.
Décadas de investigación demostraron la responsabilidad de
autoridades belgas en este macabro asesinato y revelaron también el rol
desempeñado por la CIA norteamericana durante el proceso que condujo a su
eliminación. La muerte de Lumumba fue una advertencia dirigida al conjunto del
mundo en desarrollo, lo que se conoce hoy como el Sur Global. La independencia política
y económica de un Estado tiene límites cuando amenaza la arquitectura
internacional heredada del colonialismo. La eliminación física de Lumumba abrió
el camino para décadas de inestabilidad, autoritarismo y saqueo de los recursos
congoleños, cuyas consecuencias siguen marcando la historia de la actual RD del
Congo.
Con el paso del tiempo, Lumumba dejó de pertenecer exclusivamente
a la historia congoleña. Su figura pasó a integrar el gran repertorio político
del panafricanismo junto a Kwame Nkrumah de Ghana, Juliuss Nyrere de Tanzania,
Amilcar Cabral de Guinea Bissau o Thomas Sankara de Burkina Faso, entre otros.
No porque todos compartieran las mismas estrategias, sino porque entendieron
que el colonialismo no terminaba con la independencia formal. Persistía bajo
nuevas forma de dependencia económica, subordinación política y jerarquización
racial.
“Recordar a Lumumba no significa convertirlo
en una figura intocable, significa reconocer
que
buena parte de las discusiones contemporáneas
sobre soberanía, justicia social, dignidad,
reparación
histórica y autodeterminación de los pueblos
ya estaban
presentes en su pensamiento hace más de seis décadas”
Hoy, cuando el saqueo de los recursos naturales o el
extractivismo continúa definiendo el destino de buena parte del continente
africano y las disputas por minerales críticos vuelven a colocar al Congo en el
centro de la competencia global, el pensamiento y la trayectoria de Lumumba
recupera una actualidad incómoda. Sus palabras siguen interpelando a un sistema
internacional donde las asimetrías entre Norte y Sur permanecen vigentes bajo
otros lenguajes y otros mecanismos.
Recordar a Lumumba no significa convertirlo en una figura
intocable, significa reconocer que buena parte de las discusiones contemporáneas
sobre soberanía, justicia social, dignidad, reparación histórica y
autodeterminación de los pueblos ya estaban presentes en su pensamiento hace
más de seis décadas. Por eso Patricio Lumumba continúa siendo una de las voces imprescindibles
para comprender la historia africana y, al mismo tiempo, para leer críticamente
el presente. Su vida recuerda que la descolonización e independencia de un
Estado nunca fue un acontecimiento cerrado, es un proceso todavía inconcluso.



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