Wednesday, July 29, 2026

 LA GUERRA EN SUDÁN: MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS DE ÁFRICA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La internacionalización del conflicto sudanés está vinculada con la explotación de sus recursos naturales,
el financiamiento militar, la perpetuación de la violencia y el valor geopolítico de la región, en donde
los Emiratos Árabes Unidos EAU ocupan un papel central.

Se han cumplido tres años de la interminable guerra que se vive en Sudán entre su ejército regular y las fuerzas paramilitares, pero en realidad son décadas de un conflicto armado ininterrumpido en la Nación del valle del Nilo. El alto costo en vidas humanas, a falta de una confiable estadística oficial, es de 2,5 millones y el de desplazados supera los 15 millones. Se considera el conflicto armado más mortal del continente africano.

El origen de la reciente violencia procede del antiguo conflicto de Darfur en 2003. Los fur -la tribu principal que da nombre a la región- junto con los zaghawa y los masalit, son tribus de musulmanes -como el resto de los sudaneses- pero de etnia negra, que se rebelaron contra el gobierno del dictador Omar Hassan Al Bashir (1989-2019), acusándolo de racismo y marginación social. El tirano respondió creando la milicia llamada: janjaweed, una unidad paramilitar preparada para imponer una campaña de limpieza étnica contra la población no árabe: el resultado de esta represión fue de cientos de miles de muertos. Naciones Unidas documentó atrocidades masivas cometidas por el ejército sudanés y sus aliados paramilitares en Darfur, aunque nunca las calificó formalmente de genocidio debido a los intereses políticos y diplomáticos que tenían las grandes potencias en ese país.

El ex-presidente Al-Bashir gobernó durante su régimen autocrático en alianza con el fundamentalismo suní, aplicando la sharía (ley islámica) y el código penal islámico, que discriminaban penalmente a las minorías étnicas. En 2019 fue finalmente derrotado y el gobierno de transición aseguró que sería trasladado a la Corte Penal Internacional para ser juzgado por genocidio. Pero, al día de hoy, todavía permanece bajo arresto militar en Sudán.

  “A cambio del apoyo económico,

   el gobierno de Sudán aceptó firmar

   los Acuerdos de Abraham (pacto impuesto por

  EEUU a algunos países árabes para dirigir su política

  exterior) y establecer relaciones con Israel”

El Consejo Militar de Transición cedió el mando al general Abdel Fattah al-Burhan, un oficial sin relación con los crímenes sucedidos en Darfur; seguidamente, el presidente de facto aceptó la formación de un gobierno provisional. Cuando el economista Abdala Hamdok fue nombrado primer ministro, decidió pedir ayuda a los Estados Unidos, adquiriendo créditos millonarios del Banco Mundial y el FMI. A cambio del apoyo económico, el gobierno de Hamdok aceptó firmar los Acuerdos de Abraham (pacto impuesto por EEUU a algunos países árabes para dirigir su política exterior) y establecer relaciones con Israel. Para Donald Trump, el premier sudanés representaba la esperanza de instaurar una “verdadera democracia” en Sudán y en el Cuerno de África.

Familia sudanesa huye de Darfur. La guerra civil en Sudán 
ha provocado la mayor crisis de desplazados del mundo, con 
más de 11 millones de desplazados internos y cerca de 4,5 
millones de refugiados en países vecinos, sumando a dos 
tercios de la población en grave emergencia humanitaria.
Foto AFP.

En 2021, el general Al Burhan, presidente en funciones, da un golpe de Estado y Hamdok es destituido. En su comparecencia pública declaró: “Hemos iniciado nuestro camino hacia la libertad y la paz, pero algunos poderes políticos siguen intentando mantener el control absoluto, sin prestar atención a las amenazas políticas, económicas y sociales”. Dos años después, en junio de 2023, estalla la guerra civil, que perdura hasta ahora, entre el ejército regular sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF (según sus siglas en inglés) una aterradora milicia paramilitar formada por los antiguos janjaweed.

Desde hace tres años, el conflicto se ha extendido por todo el país, repitiéndose el mismo escenario del genocidio de 2003: la capital de la región de Darfur, El Fasher, fue asediada desde el 2024 durante 18 meses por los paramilitares árabes. Miles de civiles de etnia negra resultaron asesinados por los janjaweed en una campaña de “tierra arrasada”, una verdadera “limpieza étnica” que ha obligado al éxodo de millones de habitantes, provocando la mayor emergencia humanitaria del planeta. Cabe anotar, que al frente de estas hordas asesinas, como en la guerra de Darfur de hace trece años, se encuentra el general y ex-vicepresidente Mohamed Hamdan Dagalo, alias “Hemedti”.

    “Históricamente, el propósito de la política

     exterior de Abu Dabi ha sido erradicar la democracia

    como tipo de régimen imperante en las naciones

    islámicas. La doctrina de la diplomacia emiratí

   se ha basado en el suministro de armamento

    y respaldo político a líderes autoritarios”

Las Fuerzas de Apoyo Rápido RSF de Hemedti se han establecido en el oeste de Sudán, mientras el ejército regular mantiene su control en el resto del país y la capital Jartum. El origen del armamento de las fuerzas paramilitares es oscuro: se afirma que reciben apoyo principalmente de los Emiratos Árabes Unidos EAU y de Rusia a través del Africa Corp, aunque Moscú está comprometida en apoyar de manera más directa al ejército sudanés tras la firma de un acuerdo que le permite usar la base naval de la estratégica ciudad Port Sudan, a orillas del Mar Rojo.

Históricamente, el propósito de la política exterior de Abu Dabi ha sido erradicar la democracia como tipo de régimen imperante en las naciones islámicas. La doctrina de la diplomacia emiratí se ha basado en el suministro de armamento y respaldo político a líderes autoritarios: el apoyo al golpe de Estado en Egipto, el padrinazgo al ejército del mariscal Jalifa Hafter en Libia o sus alianzas con regímenes tiránicos como los de Arabia Saudita o Baréin.

La antigua guerra en Darfur
que empezó en 2003, tuvo
el mismo escenario del actual
conflicto sudanés, que viene
asolando al país desde hace
tres años. 

En ese marco, es habitual el desvío de armamento emiratí a Darfur y a las fuerzas de los sanguinarios paramilitares del RSF. Se envía por vía área rumbo a Libia o Chad, y desde allí es dirigido por rutas terrestres con destino a los campamentos de las Fuerzas de Apoyo Rápido. En un último artículo en The Guardian se afirmaba que se han descubierto material bélico británico que, según Naciones Unidas, podría a verse vendido a los EAU, violando la normativa internacional sobre la exportación de recursos militares que pueden ser utilizados en contra de los derechos humanitarios.

Al general Hemedti, comandante de los janjaweed, se le considera una de las personas más ricas de Sudán. Participo en el genocidio de Darfur hasta su fin en el 2014, por su actividad militar el propio dictador Al-Bashir lo recompensó con varias minas de oro. Con el tiempo, Hemedti tomaría personalmente el control de los yacimientos auríferos de Jebel Amir, en Darfur. Desde entonces, el general sátrapa ha creado una empresa familiar, Al Janaid, especializada en exportar el mineral precioso. El contrabando a Emiratos Árabes Unidos es el principal recurso para financiar la guerra y pagar el elevado costo del armamento moderno.

   “Entidades políticas como Somalilandia

    (la provincia rebelde de Somalia), nacida

    a la sombra de Israel, ofrecen sus bases

    navales a Estados Unidos para contener a China

    en su condición de socio comercial estratégico”

Por otro lado, Sudán ve a Rusia como un socio más confiable; prueba de ello es que, en varias ocasiones, el Kremlin ha vetado en la ONU resoluciones que amenazaban su soberanía nacional. La relación con los Estados Unidos es más coyuntural: la firma de Acuerdo de Abraham en el 2020, se realizó a cambio de eliminar a Sudán de la lista negra del terrorismo. De hecho Jartum, se enfrenta (como aliado o rival) a una de las principales potencias de la Coalición Abrahámica: los EAU.

El control marítimo del Mar Rojo, crucial para el comercio entre Asia y Europa, está ampliando el conflicto sudanés a una fase global. La guerra en Sudán va más allá de las fronteras de África. Entidades políticas como Somalilandia (la provincia rebelde de Somalia), nacida a la sombra de Israel, ofrecen sus bases navales a Estados Unidos para contener a China en su condición de socio comercial estratégico. Arabia Saudita líder de la nueva Coalición Islámica -integrada por Turquía, Pakistán, Argelia y Egipto-, ha declarado ser un contrapeso al eje abrahámico, acusándolo de provocar inestabilidad con su agresiva política regional. Por su parte, ellos los culpan de no haber sabido contener el yihadismo radical.

Los países firmantes del Acuerdo de Abraham pretenden reordenar las relaciones militares y económicas a la vez que intentan expandir la normalización de lazos entre los países árabes e Israel. Sus miembros han proyectado el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa IMEC, un eje terrestre y marítimo con el que uniría India y Grecia a través de la Península Arábica, pasando por Tel Aviv. Su trazado perjudicaría los intereses comerciales tanto de Egipto como de Turquía y, aunque Arabia Saudita firmó el pacto original del IMEC, el rechazo social a las relaciones con Israel es total.

Como vemos, la larga guerra en Sudán ha desbordado las fronteras africanas a través de redes financieras, complejos mecanismos comerciales de oro, rutas de contrabando de armas provenientes de potencias globales y regionales e injerencias geopolíticas de Oriente Medio y Europa, transformando un enfrentamiento interno en un peligroso foco de tensión internacional.

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