LA GUERRA EN EL GOLFO: IRÁN ESTÁ GANANDO
Esta guerra es asimétrica porque la superioridad tecnológica
y la capacidad militar de uno de los bandos es abrumadora, pero de momento Irán
la está ganando. No hay duda que la sociedad iraní está sufriendo mucho más que
cualquiera de las otras naciones implicadas, en Israel o en los países del
Golfo, por no hablar de los Estados Unidos donde no hay daño alguno. Pero a
juzgar por lo visto, hay una diferencia en la capacidad de aguante: ni los
israelíes, ni los norteamericanos, ni los habitantes de los países del Golfo,
aguantarían el nivel de destrucción de infraestructuras, hospitales y Escuelas,
por no hablar de la eliminación de toda una línea de primeras figuras de la dirección
política, militar y religiosa, sin experimentar un sacudida política y social. Irán
asume todos esos daños que sus adversarios no pueden asumir.
Contemplado desde Israel, la diferencia de tamaño es
importante. Irán es unas 75 veces mayor que Israel. Eso quiere decir que si se
lanza una cantidad similar de misiles y bombas, Israel resultaría más destruido
por una cuestión de tamaño.
Otra diferencia de escala es que aunque toda la marina de
guerra de Irán haya sido destruida, excepto, al parecer, los submarinos y las
temibles flotillas de lanchas rápidas lanzamisiles, todos esos barcos y
recursos hundidos tendrían menos peso y consecuencias que el hundimiento de un
solo barco de guerra de Estados Unidos.
"Ni los israelíes, ni los norteamericanos,
ni los habitantes de los países del Golfo,
aguantarían el nivel de destrucción de
infraestructuras, hospitales y Escuelas,
sin experimentar un sacudida política y
social”
El hundimiento de una sola nave americana o el derribo de los tres o cuatro aviones de Estados Unidos hasta ahora reportados, representan una humillación para ese país. Lo mismo pude decirse de la destrucción de sus bases y radares ubicados en los países del Golfo. La abrumadora destrucción militar sufrida por Irán, no es humillante. Todo eso sí lo es para Estados Unidos, y la experiencia histórica sugiere que la humillación militar de una superpotencia es letal para ésta.
Algo parecido puede decirse sobre los bombardeos y misiles
lanzados que destruyen Irán o el Líbano matando diariamente a centenares de
civiles. Observadores en la región estiman en un 30% o 40% el nivel de apoyo de
la sociedad iraní al gobierno de Teherán, confirmando la tesis que señala que: toda
guerra induce a la unión del país más que a un impulso de cambio de régimen. Parece
que los adversarios al gobierno iraní no están entusiasmados ante la
perspectiva de que su país se convierta en una nueva Libia, Irak o Siria. Por
el contrario, cada misil iraní o de Hezbollah que alcanza territorio israelí plantea
preguntas críticas, sobre la eficiencia de la defensa de un país acostumbrado a
agredir sin consecuencias.
“En un 30% o 40% el nivel de apoyo
de la sociedad iraní al gobierno de Teherán,
confirmando la tesis que señala que:
toda guerra induce a la unión del país
más que a un impulso de cambio de régimen”

El bloqueo del Estrecho de Ormúz, es el arma principal usada
por Irán contra la alianza norteamericana-sionista. Canal
marino por donde pasa el 20% del crudo mundial.
Independientemente de la reserva de misiles que disponga la
alianza norteamericana-sionista -y parece que son bastantes y que los más
temibles apenas se están empezando a utilizar- Irán dispone de un arma definitiva
que es el cierre del Estrecho de Ormúz. Hay consenso acerca de que la
interrupción del suministro de gas y petróleo, si se prolonga más en el tiempo,
puede ocasionar importantes perjuicios a la economía occidental e incluso una recesión
económica global. Además, si el manejo de ese recurso no es selectivo,
permitiendo la circulación de buques con destino a países no hostiles a Irán,
las consecuencias varían mucho de un país a otro. Rusia, por ejemplo, es inmune
e incluso se beneficiaría por los aumentos de precios del gas y el petróleo. China
tiene reservas para suplir durante varios meses una interrupción del suministro
del Golfo Pérsico y además dispone de la oferta petrolera rusa. Para India y
los países europeos sería mucho más complicado y para Japón y Taiwán sería
dramático en un plazo muy breve.
Estados Unidos importa poco petróleo de la región afectada,
pero la mera interrupción de ese poco está aumentando los precios de la
gasolina y el diésel significativamente, con gran repercusión para el
transporte y los precios en general. El consumidor americano puede convivir con
la masacre de centenares de miles de seres humanos propiciado por su gobierno
en el otro extremo del mundo, pero no con el incremento de algunos dólares en el
precio de los combustibles.
Y, finalmente, todo el mundo percibe que esta guerra es un
error de ese Nerón narcisista sospechoso de pedofilia. Cuando Trump solicita la
ayuda militar a sus vasallos europeos para profundizar el desastre, todos lo
evaden. Su propio aspecto, el lunes pasado, jactándose del martirio de Cuba, no
era muy bueno. Tampoco lo es desde hace algunos días, el de algunos propagandistas
israelíes. Y es que Irán está ganando la guerra y todo el mundo se está dando
cuenta de la magnitud del estropicio. Esta guerra es asimétrica porque la
superioridad tecnológica y la capacidad militar de uno de los bandos es
abrumadora, pero de momento Irán la está ganando.

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