Monday, May 6, 2019


LA RENOVADA SOMBRA DE RUSIA SOBRE ÁFRICA

Por: Javier Fernando Miranda Prieto

Rusia se plantea influir en otras zonas del tablero estratégico global, su mira es retomar su vieja amistad con las 
naciones africanas. Se vislumbra en el horizonte una renovada sombra de Rusia sobre África.

Para el ex Primer Ministro Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción que tenia del viejo político inglés y todo occidente de aquella época no haya cambiado mucho. Este enorme país multiétnico de inagotables recursos energéticos, si bien es cierto, ya no es la superpotencia que disputó a Estados Unidos la hegemonía mundial, pero por su estratégica ubicación geográfica y su aguda diplomacia basada en la geopolítica le ha hecho tener una presencia activa y vigencia en la escena internacional.  

En la actualidad Rusia está haciendo su tarea disciplinadamente para recuperar su influencia geopolítica a nivel mundial. Lo hemos visto en la confianza y seguridad que le ha dado su gravitación política y militar en Crimea, la capitalización de su triunfo en el conflicto sirio, el afianzamiento de su diplomacia tanto en Irán y Turquía, como en la India y Paquistán, sin dejar de lado su presencia en el entorno latinoamericano, en los casos de Cuba y Venezuela, países muy próximos a las costas norteamericanas. Ahora Rusia se plantea influir en otras zonas del tablero geoestratégico global, su mira es retomar su viaja amistad y cooperación con las naciones africanas. Se vislumbra en el horizonte una renovada sombra de Rusia sobre África.

Hay que recordar que en los años de la guerra fría y hasta la disolución de la Unión Soviética (1989), el Kremlin operó plenamente en África promoviendo los levantamientos contra el colonialismo, forjando estrechos vínculos políticos y militares con varios países africanos y participando en conflictos internos, como los que se dieron en Angola, Mozambique y Etiopía. A la vez que promovía movimientos de guerrilla como el que encabezo del Che Guevara en el Congo. En los años noventa, con el desmoronamiento de la URSS y en la primera década de este siglo, con la crisis económica y el despertar de los nacionalismos al interior de la Federación, Rusia se replegó internamente, más preocupada en sus problemas internos que en el diseño de una política de expansión.

“África está despegando y Rusia no se quiere perder el vuelo inaugural”

“Rusia ha demostrado con creces que está dispuesta a apostar en grande por el crecimiento africano”

Ahora Vladimir Putin revirtió este rumbo drásticamente y comenzó a mirar nuevamente a África con mayor avidez, tanto por sus recursos naturales como por la posibilidad de expandir su poder político. 

Desde que las naciones occidentales sancionaron a Rusia por anexarse a Crimea en 2014, Moscú no ha dejado de firmar Acuerdos Comerciales, Económicos y Militares con varios países del África subsahariana, entre los últimos tenemos los suscritos con Etiopía, Nigeria, Angola, Zimbabue y Namibia. Adicionalmente, Moscú también está detrás de los 54 votos de los estados miembros del continente africano de las Naciones Unidas, tres de los cuales forman parte del Consejo de Seguridad y que pueden resultar muy importantes para las ambiciones globales de Putin.

El reingreso de Rusia al concierto de la comunidad africana, es favorecido por la aptitud hostil y distante que se percibe en la mayor parte de los países del continente con respecto a su relación con la primera potencia mundial y sus antiguas metrópolis. Es decir, en la actualidad los Estados Unidos y las potencias europeas no son muy queridos en África. Y muchos ven a Rusia como el país antagonista de occidente. De ahí que cualquier oferta (comercial, de inversión, crediticia o de cooperación) que provenga de Moscú o también de Beijing, sea vista como la mejor alternativa para la mayoría de los países africanos, los cuales requieren con urgencia financiamiento y mercados para expandir su economía.

Con la presencia militar Rusa en territorio africano se quiere irradiar un eje
de influencia militar a través de Sudán en el norte y Angola en el sur.
Según el Banco Mundial más del 50% de los países del mundo con la tasa anual más alta de crecimiento en los últimos veinte años son africanos. Para el 2030, se espera que el 43% de todos los africanos se unan a las clases media y alta, y el consumo de los hogares se prevé que llegará a los 2.5 billones de dólares. Para el 2035 la cantidad de jóvenes que alcanzarán la edad de trabajar en África superará la del resto del mundo en su conjunto. Es decir, África está despegando y Rusia no se quiere perder el vuelo inaugural.

Rusia ha demostrado con creces que está dispuesta a apostar en grande por este crecimiento. Entre el 2010 y 2017, el comercio total ruso-africano aumentó de 1,600 millones de dólares a 4,200 millones y los pronósticos del Kremlin son duplicar estos dígitos para el año 2021.

Además del comercio, Rusia también está construyendo infraestructuras viales de gran magnitud y haciendo otro tipo de inversiones en países como: Angola, Egipto o República Centroafricana. Con ello no solo busca señalarse como la gran potencia que fue, sino también aprovechar el colosal potencial energético y las ingentes reservas minerales de algunos de estos estados. Por otro lado, Rusia ha sabido aprovechar su experiencia como productor de recursos energéticos, al fin y al cabo el gigante euroasiático ha sido para el mundo sinónimo de gas y petróleo durante décadas. La importancia de estos dos recursos en la economía rusa ha demostrado que el Kremlin tiene grandes intereses en este ámbito con ingentes inversiones en países como Argelia, Sudán o Nigeria entre otros. Entre estos el más relevante es Argelia, principal competidor de Rusia en el mercado gasífero europeo y socio histórico a nivel político y militar. 

La punta de lanza de la penetración rusa en África es la República
Centroafricana. Un país irrelevante para Moscú, pero que ahora es de alto valor
estratégico y geopolítico.
Pero no todo es gas y petróleo en África, y ante la necesidad de incrementar y diversificar las fuentes de energía disponible en el continente, Rusia ha comenzado a ofertar sus conocimientos en materia de energía nuclear a algunos de los países más ricos de África. Entre estos existen dos nombres que destacan: Egipto, quien firmó con Rusia la construcción de su primera central nuclear en octubre de 2017 y Etiopía, con quien tiene avanzadas negociaciones en este ámbito. Es necesario destacar, que no todo le ha ido bien a Moscú en el tema nuclear, siendo el más claro ejemplo de esto Sudáfrica, quien tenía pendiente, con la Federación Rusa,  la suscripción de un acuerdo amplio de colaboración nuclear, pero este proyecto fue congelado con la llegada al poder del actual presidente Cyril Ramaphosa, quien apuesta por una negociación, sobre este tema, con el gobierno chino.

“Rusia está buscando bases más estratégicas para sus soldados, puertos libios en el Mediterráneo y centros de logística naval en Eritrea y Sudán en el Mar Rojo”

Esta nueva sombra de Rusia que se cierne sobre el continente africano, también involucra el tema de la industria armamentista, un filón de cooperación que estuvo muy activo entre la potencia euroasiática y las naciones africanas entre los años setenta y ochenta del siglo pasado. Rusia silenciosamente ha estado ampliando su influencia militar en África, lo cual está alarmando a funcionarios occidentales debido a que cada vez hay más ventas de armas, acuerdos de seguridad y programas de entrenamiento y capacitación para un número cada vez mayor de naciones africanas.

Estratégicamente Rusia está buscando atrincherarse en el flanco sur de la OTAN, ayudando a que un ex-general de Libia luche por el control de su gobierno y un vasto mercado petrolero. En Sudán, en los últimos meses del gobierno de Omar Al Bashir, asesores rusos trataron de reforzar a una dictadura que se desmoronaba ante el avance de las protestas populares en todo el país. En la República Centroafricana un técnico ruso ha sido nombrado asesor de seguridad nacional del presidente Faustin-Archange Touadéra, además de haber renovado gran parte de su arsenal militar con armas de fabricación rusa. 

A fines del año pasado cinco naciones del África subsahariana –Malí, Níger, Chad, Burkina Faso y Mauritania- exhortaron a Moscú para que ayudara a sus fuerzas militares y servicios de seguridad a combatir al Estado Islámico y Al Qaeda, a pesar de los miles de soldados franceses y destacamentos de las NN.UU que están emplazados en estos países desde hace siete años. Además, en octubre de 2018 Rusia firmó acuerdos en torno a la cooperación militar con Guinea-Conakri, Burundi, Burkina Faso y Madagascar. Adicionalmente, se sabe que el 80 % de todas las ventas militares rusas al continente africano se destinan a Argelia, un país estratégico y de gravitante presencia geopolítica en el Magreb, un cliente privilegiado de Moscú desde hace tiempo.

En este mapa se grafica las inversiones energéticas y mineras de Rusia en África, así como los proyectos de
extracción y las zonas de intervención e instalación de bases militares. Fuente: Agencia Bloomberg.

Pero Rusia no solo quiere aumentar sus facturas por ventas de armas entre las naciones africanas. El tema militar, aunque no lo quieran reconocer explícitamente las autoridades rusas, también involucra la presencia de soldados y bases de apoyo militar en estratégicas zonas del territorio africano. La punta de lanza de la penetración militar Rusa en el continente es, sin lugar a dudas, la República Centroafricana. Un Estado africano considerado, hasta ahora, irrelevante para Moscú, pero que en realidad forma parte de una implicancia militar rusa cada vez mayor en suelo africano. El Kremlin consiguió el año pasado una exención del embargo de armas vigente en el país africano desde el inicio del conflicto interno en 2014 y desde entonces se han producido al menos nueve envíos de armamento para el gobierno centroafricano.

Los rusos quieren, desde la implementación de las dos bases militares instaladas en territorio centroafricano, irradiar un eje de influencia militar a través de Sudán en el norte y Angola en el sur. Más al norte, en el oeste de Egipto, las tropas rusas se encuentran acantonadas muy cerca de Libia, donde se cree que puede haber presencia rusa sobre el terreno. Este país parece haberse convertido en uno de los focos de interés militar de Moscú, abiertamente alineado con el general rebelde libio Jalifa Haftar, quien controla la mitad oriental del territorio libio y se niega a aceptar la autoridad del gobierno respaldado por la ONU en Trípoli. Soldados rusos podrían haber establecido bases militares en algunos puntos del país, donde según algunos medios habrían desplegado incluso misiles antiaéreos y antinavales.

Adicionalmente, se habría confirmado la instalación de una base de soldados rusos ubicada sobre el Mar Rojo en territorio sudanés, cedida durante el gobierno del dictador Al Bashir. Además de eso, Rusia se prepara para construir un centro logístico en un puerto en Eritrea y existen serios rumores sobre el establecimiento de una base naval en Somalilandia, la región separatista de Somalia no reconocida internacionalmente. 

“Rusia ha enviado tropas a al menos cinco países       africanos y está cerrando acuerdos militares con                               decenas de Estados”

Hay que recordar que el 13% de las exportaciones totales de armas de Rusia en el 2017 fueron enviadas a África, de acuerdo al Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz. El gobierno de Moscú, en este réentré en África, está buscando acuerdos armamentistas en todo el continente, prometiendo entregas oportunas y términos flexibles; una estrategia que, según los analistas, es más exitosa cuando se le vende a los Estados que ya tienen desarrollado acuerdos de colaboración en defensa o de renovación de su aparato armamentista con otros países, porque así pueden ofertar tecnología moderna pero a menor precio. Lo cual podría estar afectando los intereses de occidente en África, tradicionalmente orientado a la adquisición de armamento, tecnología o servicios de inteligencia europeo o norteamericano.

Egipto, un ferviente aliado estadounidense, se está convirtiendo en un cliente sólido de las armas rusas. Egipto firmó un acuerdo a fines del 2018 por 200 millones de dólares en aviones rusos de combate SU-35, informó Kommersant, el diario con sede en Moscú. Además, Túnez un aliado de los Estados Unidos de larga data, también tiene recientes vínculos cercanos de inteligencia, contrainteligencia, contraterrorismo con Moscú. Sin olvidar que Burkina Faso y Níger, dos piezas claves en la estrategia defensiva de Francia en el occidente africano, como se señaló líneas arriba, suscribieron en el 2018 acuerdos militares con Rusia, incluyendo compra de helicópteros de transporte militar y armas que se lanzan desde el aire, ambos de fabricación rusa.

“Rusia este año va renovar programas de cooperación técnico-militar con varios países africanos y los ayudará a equipar sus fuerzas militares nacionales con armas modernas” señaló a principios de año, mediante un comunicado, la Embajada de Rusia en Washington, y para que no quede duda de la seriedad y transparencia de estas cooperaciones, el comunicado cierra con este mensaje, poco creíble, pero tranquilizador para occidente: “Todas estas iniciativas se llevarán a cabo estrictamente conforme a las normas y regulaciones internacionales aplicables”.  Como se ve, el oso ruso quiere proyectar su renovada sombra sobre África haciendo uso de acuerdos de cooperación, planes estratégicos y todo instrumento jurídico que le dé viabilidad legal a sus fines, pero dentro de ese halo de misterio y enigma que ha dominado por siglos su azaroso devenir histórico.


Saturday, January 12, 2019

SUDÁN DEL SUR:
LOS INTERESES OCULTOS DE UN CONFLICTO
Sudán del Sur es la nación más joven de África, apenas dos años después de su independencia inicia una cruenta
guerra civil que perdura hasta hoy. Sus anhelos de libertad y desarrollo se vieron frustrados.  

Por: Javier Fernando Miranda Prieto

Las conversaciones de paz en Sudán del Sur se han convertido en una historia de nunca acabar, en setiembre del año pasado, el presidente Salva Kiir Mayardit y su principal adversario el ex-vicepresidente convertido en líder rebelde Riek Machar, firmaron un acuerdo de alto el fuego y de conformación de un gobierno conjunto hasta las elecciones del 2022. Este pacto satisface, al menos por ahora, los intereses de ambos rivales, y de los líderes regionales: Omar Al Bachir de Sudán y Yoweri Museveni de Uganda, los dos dirigentes de la zona con más influencia en este asolado país. Pero el más importante logro de este acuerdo es el haber disminuido la violencia.

En el mundo a Sudán del Sur se le conoce como el país más joven de África, pero su independencia lograda en julio de 2011, luego de 30 años de guerra no dio a luz una tierna nación en formación, sino a un pueblo y a un territorio destruido. Tras su independencia Sudán del Sur no tardo en producir su primera guerra civil. Esta estalló hace cinco años en diciembre del 2013, generada por las enconadas rivalidades de dos etnias, con un trasfondo netamente político donde se inscriben las riquezas petroleras del país y la pugna de intereses de grandes transnacionales.

Las dos etnias predominantes en Sudán del Sur son los Dinka, de la que forma parte el presidente Salva Kiir Mayardit y los Nuer, a la que pertenece el ex-vicepresidente Riek Machar y ambos bandos poseen ejércitos bien armados y entrenados que suelen ejecutar horribles matanzas contra la comunidad étnica rival.

“La situación de violencia ha dejado  más de 400 mil muertos, mientras la cifra de desplazados sobrepasaría los tres millones de sur-sudaneses”.

La situación de violencia ha dejado a lo largo de estos años más de 400 mil muertos, mientras la cifra de desplazados sobrepasaría los tres millones de sur-sudaneses. En la actualidad la mitad de sus doce millones de habitantes requieren urgente ayuda humanitaria. Si bien en los últimos meses la cantidad de víctimas mortales ha tendido a decrecer, hay el temor que con el inicio de la estación seca, los diversos grupos armados que ha generado este conflicto, reanuden sus acciones terroristas contra la población civil. Esta espiral de violencia que todavía continua al margen de los acuerdos firmados, se explica por los ricos yacimientos petroleros y minerales que se hallan en el subsuelo de Sudán del Sur.

En setiembre del 2018 se firmó un acuerdo entre el presidente Salva Kiir
y el ex-vice presidente Rier Machar para compartir el poder
hasta las elecciones del 2022
Los ingresos por las exportaciones petroleras representan el 98% del presupuesto de este país del este africano. El núcleo petrolero se encuentra ubicado en la región de Bentiu (provincia de Unidad), además los Estados de Jongeli y Warap cuentan con reservas petrolíferas todavía no calculadas, pero se sospecha que serían las suficientes como para que las grandes empresas transnacionales se interesen más por Sudan del Sur.

En este país, a pesar del conflicto armado, opera la compañía nacional china CNPC, quien ha construido un oleoducto que llega hasta el Mar Rojo y una gran refinería cerca de la ciudad de Jartum capital de la vecina República de Sudán. La CNPC se asoció en el último año, con la compañía canadiense Talismán y luego se sumó a este Consorcio la compañía nacional india ONGC Videsh. Este triple Consorcio piloteado por el gigante asiático, cuenta en Sudán del Sur con 25 mil operarios chinos. Por otra parte, la compañía sueca Ludin, participa también en la explotación de nuevas reservas descubiertas en el muy famoso y rico yacimiento Block 5A al norte del territorio sur-sudanés.

La producción total de hidrocarburos se eleva a 350 mil barriles diarios, cuota que se deberá mantener hasta el año 2020, de no mediar combates o acciones violentas en las regiones petroleras lo que hasta ahora no ha sucedido. Otras compañías internacionales como la francesa Total-Elf-Fina ya se adjudicó una concesión en el extremo sur del país, sin que todavía haya iniciado la fase de explotación.

“Crear un consenso para lograr un acuerdo más amplio que reparta el poder entre los distintos grupos y regiones de este asolado país”.

Por otro lado, la presencia de la CIA norteamericana y el servicio de inteligencia israelí el Mossad en territorio de Sudan del Sur, no es solo para controlar las andanzas de los chinos, que se han vuelto una pesadilla para las potencias occidentales en África, sino que tanto norteamericanos e israelíes quieren terminar con el contrabando de armas, que tras atravesar la República de Sudán llegan a manos de los milicianos de Hamas en territorio palestino, quienes resisten desde décadas la presencia militar del Estado sionista. Es por ello que Washington y Tel-Aviv han establecido una base conjunta en la isla de Dahlak en Eritrea sobre el estratégico Mar Rojo, desde donde en más de una oportunidad, han salido fuerzas militares israelíes para bombardear a presuntos traficantes y extremistas y de donde también monitorean las actividades de Irán.

Como vemos, esta compleja situación económica y militar-estratégica ha generado que tanto los EEUU como la República Popular China tomen parte en este ya largo conflicto armado, apadrinando indistintamente al gobierno de Juba como a los grupos armados opositores, con el único objetivo de defender sus ocultos intereses.

Los bandos en conflicto reciben indistintamente apoyo militar de las
grandes potencias (EEUU o China) con el fin de preservar sus intereses
Este juego geopolítico entre las grandes potencia sobre el tablero de Sudán del Sur permanecería intocable en los próximos cuatro años, dado el acuerdo firmado en setiembre, al prever las elecciones hasta el 2022 lo cual prolongaría por cuatro largos años la rivalidad entre Kiir y Machar, pudiendo preparar el terreno para otro gran enfrentamiento. Además, este acuerdo deja varios detalles por resolver, como las necesarias medidas de seguridad para Juba, la capital de Sudán del Sur y planes puntuales para crear un Ejército nacional unificado, que le dé presencia y dominio al ejército regular en su propio territorio, dada la gravitación comercial, económica y militar de otras potencias.  

Otro aspecto a tomar en cuenta es el contexto regional. En la vecina y siempre amenazante República de Sudán, el presidente Al Bashir se enfrenta a lo que podría ser un serio desafío a su poder. A mediados de diciembre, por primera vez en cerca de 30 años de dictadura, las calles de las principales ciudades de Sudán se llenaron de manifestantes para denunciar los altos precios de los alimentos y el transporte y exigir la dimisión del presidente. No está claro cuál es el objetivo último de los manifestantes, pero una crisis en el vecino del norte podría tener un efecto tremendamente desestabilizador para Sudán del Sur.

Omar Hassan Al Bashir Presidente de la Rep. de Sudán
el temido vecino de Sudán del Sur podría desestabilizar
a este asolado país.
Otro aspecto a tener en cuenta en este conflicto, es el papel de los donantes internacionales. Las potencias que financian la paz en este país, cansados de cubrir con su dinero acuerdos que fracasan, ahora se están manteniendo al margen. Estados Unidos y Europa, como hemos visto, más les preocupan defender sus intereses económicos y estratégicos en esta Nación africana que imponer una política o diplomacia de paz. Otros países están pendientes en ver si Kiir y Machar hacen avances tangibles antes de abrir sus chequeras.
   
Esta cautela es  comprensible. Pero si fracasa este acuerdo, no está claro que lo sustituirán y el país podría volver a sumirse en un gran baño de sangre. Sera necesario crear un grupo de contacto o un árbitro que practique la diplomacia itinerante entre las potencias y los países de la región, quienes respaldan a distintos bandos y están más interesados en proteger sus propios intereses inmediatos. Un enviado especial que tenga el reconocimiento de occidente y de otras potencias ajenas a la región, podría hacer que los líderes regionales se aseguren que se mantiene el acuerdo y crear un consenso para lograr un acuerdo más amplio que reparta el poder entre los distintos grupos y regiones de este asolado país. Sin una autentica y real iniciativa política, la frágil oportunidad de paz que existe hoy en Sudán del Sur podría evaporarse.                 

Tuesday, January 8, 2019


EL CUERNO DE ÁFRICA: 
LA AMENAZA DEL GOLFO
La estratégica zona del Mar Rojo está viviendo en la actualidad una creciente militarización que podría desembocar en un conflicto regional de grandes proporciones.

Por: Javier Fernando Miranda Prieto

Tener una base militar está de moda. Somalia, Yibuti, Eritrea pueden dar fe de ello. A las ya tradicionales instalaciones militares francesas y estadounidenses presentes en la región desde hace décadas, se unen ahora los países como China e India. Pero también Turquía, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos EAU, contribuyen a la rampante militarización del continente africano.

La estratégica zona del Mar Rojo está viviendo en la actualidad una creciente militarización que podría desembocar en un conflicto regional, cuyos principales protagonistas podrían ser Egipto, Sudán, Somalia o Eritrea. Esta militarización se ha reflejado desde hace algunos años en el establecimiento de bases militares por parte de Estados, hasta entonces extraños a la región como EAU o Arabia Saudita. EAU cuenta desde el 2015 con una base en Assab, Eritrea, a la que está intentando sumar una nueva en Somalilandia y cuyo resultado es el incremento de las tensiones  con Somalia y Etiopía.

Pero la presencia militar del Golfo en el Cuerno de África no se limita a la construcción de infraestructuras o a otorgar facilidades logísticas, sino que amenaza con trasladar las tensiones regionales de los países del Consejo de Cooperación del Golfo CCF con Irán, y recientemente con Qatar, uno de sus miembros, a una región ya de por sí desestabilizada y cuyas perspectivas de mejora pueden verse truncadas por las políticas exteriores faltas de mira de Arabia Saudita y EAU.

    “la presencia militar del Golfo en el Cuerno de               África amenaza con trasladar las tensiones                   regionales de los países del CCG con Iràn” 

La presencia de los países del Golfo en el Cuerno de África respondía, al menos en un inicio, a consideraciones estratégicas estrechamente relacionadas con el conflicto que se libra en Yemen desde el 2014. Las instalaciones militares de EAU en Eritrea han permitido al emirato llevar a cabo ataques contra los hutíes, así como hacer posible el bloqueo marítimo.   

También existen consideraciones económicas. La compañía Dubai Ports Worlt Ltd., con base en Dubai, gestionó el puerto de Yibuti, por el que transita la mayor parte de las mercancías procedentes de Etiopía, durante 10 años. Pero una disputa entre el Jefe de la Fuerza Aérea de Yibuti y diplomáticos emiratíes derivó en la ruptura de relaciones entre ambos países en 2015. En 2016 la misma compañía firmó un contrato por valor de 442 millones de dólares para operar por un periodo de 30 años el puerto de Berbería en Somalilandia, lo que ha desatado la furia del gobierno Federal de Somalia. Para más detalles el gobierno etíope adquirió una participación del 19% del proyecto, dando así un apoyo tácito a Somalilandia, cuya independencia declarada en 1991 no es reconocida internacionalmente.

El joven emir de Qatar, un país que se disputa el liderazgo
del Golfo con la monarquía saudí, tiene fuerte influencia
en los países del Cuerno africano.  
Pero la presencia del Golfo en el este de África no se limita a consideraciones logísticas y económicas. Arabia Saudita y EAU buscan que dichos Estados se posesionen claramente en los conflictos regionales. En 2015, todos los países de la región acepto Etiopía, se sumaron a la coalición contra los hutíes en Yemen, que lidera Arabia Saudita. Asimismo, cuando Riad rompió relaciones diplomáticas con Irán a comienzos de 2016, Sudán, Yibuti y Somalia hicieron lo propio. Este apoyo incondicional fue premiado con asistencia financiera. A modo de ejemplo, el día en que Somalia cortó sus lazos diplomáticos con el país persa, recibió de Arabia Saudita 50 millones de dólares por concepto de ayuda.

El bloqueo comercial contra el pequeño emirato de Qatar, que desde el 2017 inició Arabia Saudita por diferencias políticas (Qatar es el único país del Golfo que mantiene estrechas relaciones con Irán el enemigo principal de la casa real saudí) también ha influido en los países del Cuerno de África. Sin embargo, posicionarse en este caso se ha mostrado mucho más difícil. Eritrea y Yibuti tomaron el lado saudí, mientras que Somalia, Etiopía y Sudán se declararon neutrales, pero ninguno se ha librado de las consecuencias de su decisión.

Desde 2010 Qatar era mediador en el conflicto por la Isla de Doumeira, en el Mar Rojo, que enfrenta a Eritrea y Yibuti, pero al declararse ambos del lado saudí, los observadores qataríes fueron inmediatamente retirados, contribuyendo a la reavivación del conflicto. Eritrea aprovechó la situación para ocupar de facto la isla, un paso que amenazó con desatar un conflicto armado entre Eritrea, Yibuti y Etiopía, principal aliado de este último y hasta hace poco tiempo, enemigo del primero.

En el caso de Somalia, el gobierno Federal decidió declararse neutral pese a las presiones ejercidas especialmente por EAU. Como consecuencia, el Estado de Puntland (estado de Somalia autoproclamado independiente en 1998) se declaró favorable a la alianza saudí, ignorando así la competencia exclusiva del gobierno de Mogadiscio en política exterior. Esta decisión es una muestra de cómo la diplomacia emiratí soslaya al ejecutivo somalí en favor de los gobiernos estatales al negociar directamente con Puntland y Somalilandia, boicoteando el débil proceso de paz y contribuyendo al recrudecimiento del conflicto.

Cabría precisar que para algunos analistas los Emiratos Árabes Unidos (esa federación de principados árabes aliado incondicional del reino saudí y potencia económica en el Golfo) siempre ha menos preciado a sus vecinos del Cuerno de África. EAU nunca ha visto el Cuerno como una entidad estratégicamente integrada, eligiendo socios al azar, siendo estos los países más pequeños y vulnerables de la región.

      “la política del Golfo en el Cuerno de África 
              no se limita a la construcción de                             infraestructuras o a facilidades logísticas”

La política del Golfo hacia el Cuerno de África también tiene un impacto en conflictos de largo recorrido. Habría que recordar que en el caso del casi extinguido conflicto entre Eritrea y Etiopía, antes de las negociaciones de paz emprendidas desde el año pasado por el Primer Ministro etíope Abyi Ahmed, Addis Abeba consideraba una amenaza el establecimiento de bases militares de EAU en la vecina Eritrea y las relaciones con Arabia Saudita, que contribuyó a la salida del ostracismo internacional al gobierno de Asmara.

El conflicto entre Etiopía y Egipto por la construcción de la presa del Renacimiento en el río Nilo también se vio afectado por las dinámicas regionales del Golfo. Mientras que tanto Egipto como Sudán son grandes aliados de Riad, en la cuestión de la presa Sudán de alía con Etiopia,  lo que complica aún más el difícil juego de alianzas en la región. Ante esta situación, Addis Abeba ha buscado fortalecer sus lazos con Doha como contrapeso al fuerte apoyo saudí a Egipto, que a su vez ha estrechado la cooperación militar con Eritrea, hasta hace poco acérrimo enemigo de Etiopía.

Como se ve, el despliegue financiero y de tropas de los países del Golfo en el Cuerno de África amenaza con hacer estallar una situación de por si volátil. La falta de mira de estos Estados en la persecución de sus intereses nacionales pone en peligro la seguridad regional, contribuyendo al resurgimiento de conflictos y al fracaso de procesos de paz y estabilización. Tanto si se posicionan en un bando como si no, los países africanos se ven arrastrados a una tensión regional en la que sus intereses a menudo no importan, pero por la que estarían pagando un elevado precio.      


Thursday, March 31, 2016

ERITREA: ESA ENORME CARCEL A CIELO ABIERTO

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

"En los campos de refugiados de Sudán y Etiopía, se puede advertir en los rostros de los jóvenes eritreos, las heridas
invisibles de su atormentada realidad", según Médicos Sin Fronteras. 

Muchos de los refugiados que tratan de llegar a Europa a través del Mar Mediterráneo son provenientes de la lejana y casi desconocida Eritrea. En ese país del Cuerno de África, no hay hambre ni guerra, pero sus habitantes huyen del inhumano régimen político imperante desde el primer día de su independencia. El viejo sueño de libertad se convirtió de repente en una terrible pesadilla. Esos niños que llenaron las calles del país para celebrar su independencia, para recibir a sus héroes que regresaban a casa, esa generación vive ahora aterrorizada, refugiada en otros países y cada año esa tragedia aumenta, alcanzando unos niveles intolerables que el mundo simplemente ha ignorado.

Independiente de Etiopía desde mayo de 1993, el gobierno de Isaias Afewerki, ha tratado sistemáticamente de instrumentalizar las tensiones con el país vecino para cometer brutales violaciones a los derechos humanos contra su población. Bajo ese pretexto toda la sociedad eritrea ha sido militarizada, imponiendo un servicio militar universal e ilimitado. La mayoría de la juventud eritrea no tiene esperanza en el futuro, servir en una unidad militar o civil es lo único que pueden hacer desde que tienen diecisiete años y para el resto de su vida. 

Ese ambiente de constante pre-guerra le ha servido a Afewerki, para recortar la mayoría de libertades, desde la libertad de movimiento a la de expresión, de la religión a la de asociación. Bajo ese pretexto, la dictadura eritrea no ha implementado la constitución, ni ha hecho funcionar plenamente la Asamblea Nacional. En la práctica en Eritrea no existe un Estado de derecho y nadie ha sido llevado ante la justicia por violar los derechos humanos. Es por esta situación que organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos, como Amnistía Internacional definen a Eritrea, como "una enorme cárcel a cielo abierto".

Isaías Afewerki, el guerrillero marxista en los 80, derivó
en el autócrata despiadado en los 90, cuando llega
al poder con la independencia en 1993.

Los eritreos durante todo su proceso de independencia, disfrutaron formalmente de las simpatías de África, pero casi nunca ese sentimiento se transformó en apoyo concreto de los gobiernos del continente. Es que la bandera de la independencia de Eritrea tocaba una llaga muy viva y dolorosa de la historia africana: la arbitrariedad de las fronteras nacionales trazadas por las ex metrópolis coloniales. Temían los gobernantes africanos, por más comprensivos que fuesen frente a las reivindicaciones de los eritreos, que la victoria de su causa iniciase un proceso -muy difícil, doloroso y de imprevisibles consecuencias- de revisión de las injusticias creadas por los intereses europeos durante el proceso de independencia.

El caso de Eritrea es un ejemplo típico de la ambigüedad de Europa y de las Naciones Unidas, frente a la realidad histórica de un continente al que las potencias coloniales se repartieron como si fuese una torta. Primero como posesión territorial italiana y luego de la Segunda Guerra Mundial, como “una entidad autónoma perteneciente a Etiopía, bajo la soberanía de la corona etíope”. El devenir histórico de Eritrea siempre estuvo ligado a la lucha de su propio pueblo. La soledad que vivió durante su largo proceso independentista, puede explicar el auto-aislamiento internacional que Eritrea se ha impuesto en la actualidad, considerándose uno de los países más cerrados del mundo.

                         “La soledad que vivió durante
                su proceso independentista, puede explicar
              el auto-aislamiento internacional que Eritrea
                      se ha impuesto en la actualidad” 

En la actualidad hay un consenso en calificar a Eritrea, como uno de los países más herméticos y aislados de África y por voluntad propia, es decir, por voluntad y decisión personal de su dictador, Isaías Afewerki. Este ex guerrillero de ideas marxistas en los años 80 y líder del Frente Popular de Liberación de Eritrea FPLE, derivó en autócrata despiadado en los años 90, cuando llega al poder con la independencia de Eritrea en 1993. Desde su independencia, Eritrea va ser un país diezmado por la pobreza y la guerra. Durante los años 1998 al 2000 este país se va ver envuelto en una guerra de límites fronterizos con Etiopía, conflicto que va dejar un saldo de más 70 mil muertos entre ambos ejércitos.

Eritrea está anclada en el estratégico Cuerno de África,
entre el militarizado Yibuti, el temido Sudán
y su enemigo de siempre, Etiopía.  

Por su ubicación geográfica, Eritrea también tiene una gravitación especial. Está anclada en el estratégico Cuerno de África, muy próxima a Yibuti, el pequeño país convertido en porta-aviones de las potencias de occidente y de China. Además, Eritrea tiene una amplia frontera con la temida Sudán y con su enemiga de siempre Etiopía, nación que posee uno de los mejores ejércitos de la región. Por estos atributos geopolíticos, el gobierno de Asmara ha sabido jugar bien sus cartas. Desde hace cinco años, Afewerki empezó a acercarse a los países del Golfo, a las monarquías árabes, como Arabia Saudita, Quatar y los grupos yihadistas auspiciados por esos países.

Convirtiendo a Eritrea en un temerario santuario del islamismo radical. Lo que le ha generado un mayor aislamiento y a la par mayores ingresos económicos, provenientes de las inversiones de sus nuevos amigos árabes.

Por todo ello, en la actualidad Eritrea es toda una incógnita en el mapa de África y en la región próxima al Golfo de Adén. Una nación cerrada para occidente, con vinculaciones nada santas con el yihadismo y con un gobierno dictatorial que ocupa los primeros lugares en la lista de los principales países violadores de los derechos humanos en el mundo.  

        “Eritrea es toda una incógnita en el mapa de África
                y en la región próxima al Golfo de Adén.
                  Una nación cerrada para occidente,
          con vinculaciones nada santas con el yihadismo
                      y con un gobierno dictatorial”

Según el último informe de Amnistía Internacional AI, Eritrea es un país en el que ser arrestado es un hecho cotidiano, experimentado por hombres, mujeres, ancianos e incluso niños. Los centros de detención oficiales y no oficiales, ubicados en la superficie o bajo tierra, o recluidos en contenedores de metal que incrementan el calor, usados como práctica de tortura, para obtener confesiones o simplemente para castigar conductas,  son la expresión más cabal de los demenciales regímenes carcelarios que se viven en este aislado país africano. La Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, también ha denunciado ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzosas de personas. Además, Eritrea aparece en el último lugar en la lista sobre libertad de prensa elaborada por Reporteros Sin Fronteras RSF.

Adicionalmente, Eritrea se ha convertido en uno de los países con más refugiados en el exterior. “En la actualidad, en los campos de refugiados de Sudán y de Etiopía, se puede advertir en los rostros de los jóvenes eritreos, las heridas invisibles de su atormentada realidad”, se señala en un reporte de Médicos Sin Fronteras MSF. Pero incluso como refugiados, los eritreos no reciben la protección necesaria. Son secuestrados en Sudán por oficiales eritreos, viven una vida de precariedad en inhumanos campos de desplazados por toda la región y cuando consiguen llegar más lejos, entierran sus esperanzas en el Mar Mediterráneo o caen en las manos de las pavorosas mafias de tráfico de personas.  

            “Alrededor de 35 mil eritreos fueron rescatados
                         el año 2015 por Italia en aguas
                         del Mediterráneo, según MSF”

La mayoría de los casi 400 fallecidos en la tragedia de Lampedusa de octubre del 2013, eran eritreos, el país detrás de Siria, en el que mayor número de sus ciudadanos optan por una huida arriesgada. “Un control omnipresente del Estado y una represión despiadada”, en palabras del informe de AI, y un éxodo en ocasiones mortal.

Alrededor de 35 mil eritreos fueron rescatados el año 2015 por Italia en las aguas del Mediterráneo, según MSF. “El año pasado en Italia, el 50% de la gente que llegó como refugiados eran de Eritrea y de Siria. Estas personas querían un estatus especial, no había que tramitar mucho para darles el estatuto de refugiados. En países con mucha represión como Eritrea, que genera muchos refugiados, cerrar los ojos y pensar que no va pasar nada, es como una muerte en masa anunciada”, informa con mucho dramatismo MSF.

Luego de más de veinte años de independencia, los eritreos han comenzado el largo viaje para recuperar su dignidad, sabemos que no va ser fácil, pero más fuerte es la fe inextinguible del pueblo eritreo por un mañana de libertades y derechos plenos. Alejada de esa enorme cárcel a cielo abierto, en que se ha convertido el día de hoy. 



Saturday, March 5, 2016

YOWERI MUSEVENI:
¿EL  FIN  DE  UNA  ÉPOCA?
La expresión "seguridad y estabilidad regional" muy bien podría explicar el tutelaje de las grandes potencias, hacia el régimen de Yoweri Museveni durante los últimos 30 años. 
Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Tras vencer en las elecciones del pasado 18 de febrero, el presidente ugandés Yoweri Museveni se ha asegurado mantenerse ininterrumpidamente en el poder durante 35 años. Según la Constitución, este debería ser su último mandato, ya que la ley electoral limita a 75 años el máximo de edad de los candidatos presidenciales. Pero el viejo líder ugandés es un político de muchos recursos. Ya en el año 2005 consiguió cambiar la Constitución, que en aquel entonces limitaba a dos el máximo de mandatos para un presidente.

Uganda tiene una larga historia de fraudes electorales. Los últimos comicios no han sido la excepción. Durante la campaña electoral, Museveni prometió aplastar cualquier acción que fuese contra los resultados electorales. El líder de la oposición, fundador del Foro para el Cambio Democrático FDC y ex colaborador del gobierno actual, Kizza Besigye, fue detenido en dos oportunidades y mantenido bajo arresto domiciliario por efectivos de la policía militarizada, durante los comicios. Cuando abrieron las urnas, muchos servicios móviles y las redes sociales fueron bloqueadas. Tras las elecciones, en las calles de Kampala aumento la presencia amenazadora de soldados del ejército y de agentes anti-motines. Los observadores internacionales de la Unión Europea y de la Commonwealth, desde un principio del proceso, denunciaron la falta de transparencia e independencia por parte de la comisión electoral.

Pero a pesar de esta aptitud anti-democrática e intolerante con la oposición de parte del gobierno de Museveni, la comunidad internacional, en especial los centros de poder en el mundo, dieron como valederas estas elecciones, que consagraron cinco años más de hegemonía política del viejo partido Movimiento de Resistencia Nacional NRM y de su Jefe y fundador, el conocido hombre del sombrero, Yoweri Museveni. Pero qué encanto tiene este hombre de padres ganaderos, que estudio en Tanzania, que inició su carrera política formando parte del gabinete de Milton Obote y que sufrió el exilio tras el golpe militar de Iddi Amin Dada en 1971, para que las potencias mundiales, incluyendo China, apuesten por un régimen presidido por él, que dista mucho de ser democrático y medianamente civilizado.

La represión  y la criminaliazación de protesta han sido los signos de la
deriva autoritaria del régimen de Museveni.
La expresión “seguridad y estabilidad regional”, muy bien podría explicar el origen del sustento y tutelaje político de las grandes potencias hacia el gobierno de Museveni durante los últimos 30 años.
Hay que recordar, que desde su exilio en Tanzania, Museveni comienza a relacionarse con distintos grupos guerrilleros, hasta que en 1979 participa en el derrocamiento del sanguinario Idi Amin por parte del ejército de Tanzania y de distintas guerrillas ugandesas. Museveni funda entonces el partido Movimiento Patriótico de Uganda, pero no consigue convertirse en diputado en las elecciones de 1980, comicios amañados que buscaban la reelección de Obote como presidente. 

El nuevo gobierno anti-democrático de Obote, provoca rápidamente una ola de descontento popular, canalizada a través del Ejército de Resistencia Nacional NRA creado por Museveni, quien declara la guerra al Estado ugandés y a su ejército. Comienza así una guerra civil y una desestabilización de la región que continúa tras el golpe de Estado de 1985, que derroca, una vez más, al controvertido Obote. En enero de 1986 los hombres del NRA entran en Kampala y Museveni se autoproclama presidente de Uganda.

        “Con una población cada vez más joven,
            al viejo caudillo le va ser más difícil
             controlar el descontento popular”

El nuevo gobierno cuenta rápidamente con el beneplácito y la aprobación de los países occidentales, lo que le permite el acceso a créditos del Fondo Monetario Internacional FMI y del Banco Mundial BM. A pesar de la falta de democracia y la dura represión contra las guerrillas opositoras, las ayudas financieras permiten a Uganda restablecer el orden interno y gozar de una estabilidad regional tras dos décadas de caos.

Las grandes potencias le asignaron el rol de "estabilizador regional"
al gobierno de Museveni, en la zona de los "Grandes Lagos"
A mediados de la década de los años ochenta, el gobierno de Kampala, con la entronización de Museveni en el poder, se convirtió en el modelo de “democracia” africana para Washington, del mismo modo que Uganda se convirtió rápidamente en una plataforma de lanzamiento para movimientos guerrilleros apoyados por los Estados Unidos dentro de Sudán, Ruanda y el Congo. La militarización de Uganda era parte integral de la política exterior de los EE.UU. Tanto los EE.UU como Gran Bretaña apoyaron la expansión, crecimiento y equipamiento del ejército de Uganda, convertidolo en el partido político y en el único sustento del régimen de Museveni.

        "La militarización de Uganda era parte 
     integral de la política exterior de los EE.UU”.

Años después con el despertar del yihadismo en la región oriental africana, Uganda, como en los años ochenta, se convertirá en pieza clave para la defensa de los intereses de occidente en esta parte de África, esta vez contra el terrorismo integrista de Al Shabab en Somalia. El despliegue de más de 6 mil soldados ugandeses en territorio somalí apuntala aún más a uno de los principales enemigos para Al Shabab, cuyo terreno de actuación cruza cada vez más fronteras. Esta vez la amenaza se posa sobre la capital de Uganda, Kampala, a 1800 kilómetros de Mogadiscio y con un 84% de población cristiana.  Sin embargo, el gobierno de Museveni le debe mucho a occidente como para no estar ahora en la primera línea de fuego, en su lucha contra el yihadismo, siguiendo los dictados del AFRICOM (Comando Militar de los Estados Unidos en África).

Aunque la mayoría de los países africanos se resistieron a la presencia de las bases del AFRICOM en sus territorios, naciones como Nigeria, Etiopía, Liberia y por supuesto Uganda, abrieron sus fronteras para el ingreso del personal armado y de las fuerzas de seguridad corporativa de los Estados Unidos. Uganda, ahora se ha visto envuelta en la guerra internacional que los norteamericanos le han declarado al terrorismo yihadista.

      “Desde los años ochenta, el gobierno de Kampala,
     se convirtió en el modelo de “democracia” africana
                              para Washington.

Uganda desde hace más de una década, es un país rico en petróleo, culturalmente diverso, lleno de muchos grupos étnicos y religiosos, lo que de por sí, le ha creado muchos problemas con el gobierno central. Además, tras las últimas elecciones presidenciales, se ha evidenciado una mejor articulación de los grupos opositores ugandeses, tanto entre los partidos políticos, como en las agrupaciones ciudadanas surgidas desde las bases de la sociedad civil. Lo cual va depararle al gobierno de Museveni, muchos problemas de legitimidad política y desborde popular. Lo cual va cuestionar, tras tres décadas de gobierno, su supuesto rol de estabilizador de la región, que le asignaron los centros de poder. 

Mientras tanto, luego de su victoria electoral, nadie perturba la paz del viejo caudillo ugandés, no así la de su país: Uganda sigue sufriendo periódicamente la arremetida armada de la banda somalí, en la cada vez más porosa frontera compartida. A pesar de ser un estrecho aliado de los Estados Unidos en la convulsa región de los Grandes Lagos, Museveni no se ha librado de las críticas del presidente norteamericano, aunque estas sean meramente retoricas, dadas las estrechas y viejas relaciones e intereses que los une. 

Museveni lleva ya más de tres décadas en el poder, siguiendo la estela de Teodoro Obiang (Guinea Ecuatorial), Eduardo Dos Santos (Angola), Robert Mugabe (Zimbabue), Paul Biya (Camerún) o Pierre Nkurunziza (Burundi). En su caso, como en otros, lograr la estabilidad y la apertura en Uganda tras años de guerra, le permitió echar raíces en la poltrona presidencial. Sin embargo, en un país donde la población es cada vez más joven -la mayoría ni siguiera había nacido cuando se proclamó presidente-, parece que al viejo caudillo le va ser cada vez más difícil controlar el descontento popular, augurando una nueva era para este país del oriente africano.