Thursday, July 2, 2026

 

PATRICIO LUMUMBA 

SÍMBOLO SILENTE DE ESTE MUNDIAL

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El símbolo silente del futbol congoleño
encarnado en la figura de su héroe más
inmortal: Patricio Lumumba, quien 
acompaño a su selección hasta su 
último partido del mundial
.

En el estadio de Guadalajara, una hora antes de que la selección de futbol de la República Democrática del Congo RDC saliera a la cancha contra Colombia, un hombre ocupó su lugar tras el banquillo congoleño, y no se movió más. Un ritual que repitió durante todas las presentaciones de la selección congoleña. Saco y corbata roja, camisa amarilla y pantalón azul, los colores de la bandera de la RDC, brazo derecho en alto con firmeza sepulcral, inmóvil durante todo el partido, mirando al horizonte, a su patria.

Este peculiar personaje se llama Michel Kuka Mboladinga, pero en redes y en las tribunas se le conoce como “LUMUMBA VEA” (Lumumba Vive). Solo rompe la quietud para hacer un gesto preciso, repetido en cada partido: se tapa la boca con una mano y se lleva dos dedos de la otra a la sien, imitando una pistola. África transita por su espíritu. Es la reconstrucción corporal de un asesinato: el de Patricio Lumumba, primer ministro congoleño asesinado en enero de 1961, apenas siete meses después de haber proclamado la independencia de su país frente al propio rey de Bélgica.

La FIFA, que había estado dándole cámara como curiosidad folclórica del mundial, dejó de transmitir su imagen justo cuando hizo ese gesto. No es un detalle menor: lo que el cuerpo de Mboladinga pone en escena no solo es un  homenaje a un héroe lejano, sino una protesta deliberada, dirigida también al silencio internacional sobre el conflicto que hoy sigue desangrando al este del Congo, un conflicto silencioso para prensa mundial, que desde los años noventa acumula más de seis millones de muertos sin que el mundo le preste demasiada atención. Es decir, como todo conflicto en África es ignorado por la comunidad internacional.

  “Con las independencias las banderas cambiaron,

   los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron,

   la cartografía se modificó. Pero ese cambio de bandera

   y de autoridades significaba verdaderamente una

   liberación real”

¿Por qué, más de sesenta años después, alguien elige encarnar a Lumumba en una tribuna durante el mundial de futbol, lejos de Kinshasa y lejos también de cualquier conmemoración oficial? La pregunta no es anecdótica. Que esa figura histórica y ese peculiar gesto sigan circulando como símbolo de lo popular dice algo sobre lo que ese asesinato dejo pendiente, y sobre lo históricamente irresuelto que sigue estando casi setenta años después.

UN POCO DE HISTORIA 

Entre 1945 y 1975, decena de territorios coloniales en Asia y África dejaron de serlo, al menos desde lo formal. El año 1960 concentró una cifra particularmente alta: diecisiete países africanos alcanzaron la independencia, tantos que se lo recuerda como el “año de África”. Las banderas cambiaron, los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron, aparecieron nuevos nombres, la cartografía se había modificado. Pero la pregunta que atravesaba el pensamiento anticolonial de la época y que aún sigue viva era si ese cambio de bandera y de autoridades significaba realmente una liberación real. Esa distinción entre independencia formal y liberación real es el puente que permite pasar de lo general a lo particular, de lo formar y ceremonial a lo auténtico y cotidiano. Porque si hay un caso en que esa distinción se jugó de manera trágica y veloz, fue el del Congo.

Actualmente las ciudades congoleñas de Goma y Kisangani, 
productoras de minerales, ubicadas cerca a sus vecinos Ruanda
y Uganda, son escenarios de una brutal violencia armada, 
promovidas por bandas provenientes de estos países.

EL CONGO UN TÍPICO PAÍS COLONIAL:

Pocas colonias condensan tanta violencia como el Congo belga. Bajo el régimen personal del rey Leopoldo II, a fines del siglo XIX, el territorio fue sometido a un sistema de explotación del caucho que causo la muerte de millones de personas, por trabajos forzados, mutilaciones punitivas y hambrunas inducidas. Esa brutalidad fundacional no desapareció con la administración estatal belga posterior: se transformó, se volvió más burocrático, hubo mayor control, es decir, el sistema de explotación se perfeccionó. Pero lo que continuaba fue un patrón de extracción de recursos (caucho primero, minerales estratégicos después) como el centro de la relación colonial.

  “El cobalto y otros minerales estratégicos

   del Congo eran codiciados tanto por las

   potencias occidentales como por la Unión Soviética,

  y ningún actor internacional estaba dispuesto a

  observar con indiferencia quién controlaría

  esos recursos una vez que Bélgica se retirara”

Esa riqueza minera fue, precisamente, lo que convirtió al Congo en un tablero caliente durante la Guerra Fría sobre todo al momento de su independencia. El cobalto y otros minerales estratégicos del Congo eran codiciados tanto por las potencias occidentales como por la Unión Soviética, y ningún actor internacional estaba dispuesto a observar con indiferencia quién controlaría esos recursos una vez que Bélgica se retirara.

En ese contexto se proclamó la independencia, el 30 de junio de 1960. Patricio Lumumba, primer ministro del nuevo Estado, pronunció un discurso que todavía resuena: frente al rey Balbuino, que había elogiado la “obra civilizadora” de Bélgica, Lumumba describió sin eufemismos las vejaciones del periodo colonial como el trabajo forzado, la segregación cotidiana, los castigos por una mirada o una palabra fuera de lugar. Fue un gesto de ruptura simbólica inmediata, y también una sentencia: a partir de ese discurso, Lumumba quedó marcado como una amenaza para quienes esperaban una transición ordenada, es decir, que no tocara los intereses coloniales.

Lo que siguió fue extraordinariamente rápido. En cuestión de semanas, el ejército se amotinó, la provincia minera de Katanga proclamó su secesión con apoyo belga, y Lumumba se vio obligado a recorrer capitales del mundo buscando apoyo internacional para sostener la unidad y la soberanía de su país, incluyendo un pedido de ayuda a la Unión Soviética que terminó de sellar su suerte ante Washington. A mediados de setiembre de 1960, apenas dos meses y medio de asumir el cargo, fue destituido por un golpe orquestado por el ejército y la CIA. Lumumba fue arrestado, trasladado a la hostil provincia de Katanga, torturado y finalmente asesinado el 17 de enero de 1961, junto con dos de sus compañeros.

   “Un conflicto en el este del Congo que ya

    lleva más de seis millones de muertos desde

   los años noventa, que involucra a sus vecinos

   Ruanda y Uganda, deseosos de robar y

   exportar sus reservas estratégicas de minerales.

   Un largo conflicto que ha generado millones de

   refugiados y desplazados y que rara vez ocupa

   portadas, mucho menos transmisiones de la FIFA”

Décadas de investigación, incluida una comisión parlamentaria belga que en 2001 reconoció la “responsabilidad moral” de Bélgica en el crimen, confirmaron la participación de oficiales belgas y la implicación directa de la CIA, que había recibido la orden de eliminarlo del propio presidente norteamericano Dwight Eisenhower.

Patricio Lumumba fue el primer ministro del Congo recién 
independizado, estuvo en el poder solo 10 semanas, pero 
fueron suficiente para marcar la historia de esta nación del
centro africano. Lumumba fue hecho prisionero por bandas 
de separatistas de Katanga y mercenarios belgas por ordenes
de la CIA, quienes lo ejecutaron en enero de 1961. 

LUMUMBA Y EL MUNDIAL: 

Pero volvamos al Mundial FIFA 2026. Michel Kuka Mboladinga no necesita un discurso académico para saber que algo de ese asesinato sigue abierto. Su gesto el tapar la boca, simular la pistola en la sien, no es un simple recuerdo histórico congelado en 1961: es, explícitamente, una protesta sobre el presente, sobre un conflicto en el este del Congo que ya lleva más de seis millones de muertos desde los años noventa, que involucra a sus vecinos Ruanda y Uganda, deseosos de robar y exportar sus reservas estratégicas de minerales. Un largo conflicto armado que ha generado millones de refugiados y desplazados y que rara vez ocupa portadas, mucho menos transmisiones de la FIFA.

Por eso ese personaje inmóvil, silente, vestido con los colores de la bandera congoleña, no es solamente un homenaje nostálgico. Es una forma de memoria que se rehúsa a dejar el caso cerrado en los archivos de una comisión parlamentaria belga o en la bibliografía especializada y que a la actualidad incomoda a la propia FIFA tan amiga de las grandes potencias y que por eso dejó de visualizarlo.

Mientras las independencias sin transformación real sigan  teniendo vigencia en cualquier rincón del mundo postcolonial, seguiremos esperando la llegada de nuevos Lumumba, y seguirá teniendo sentido que alguien, en medio de la tribuna, elija ponerse de pie, inmóvil, y encarnar con el cuerpo lo que el Congo todavía le debe a Lumumba, y lo que el mundo todavía le debe al Congo.     

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