PATRICIO LUMUMBA
SÍMBOLO SILENTE DE ESTE MUNDIAL
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| El símbolo silente del futbol congoleño encarnado en la figura de su héroe más inmortal: Patricio Lumumba, quien acompaño a su selección hasta su último partido del mundial. |
En el estadio de Guadalajara, una hora antes de que la
selección de futbol de la República Democrática del Congo RDC saliera a la
cancha contra Colombia, un hombre ocupó su lugar tras el banquillo congoleño, y
no se movió más. Un ritual que repitió durante todas las presentaciones de la
selección congoleña. Saco y corbata roja, camisa amarilla y pantalón azul, los
colores de la bandera de la RDC, brazo derecho en alto con firmeza sepulcral,
inmóvil durante todo el partido, mirando al horizonte, a su patria.
Este peculiar personaje se llama Michel Kuka Mboladinga, pero
en redes y en las tribunas se le conoce como “LUMUMBA VEA” (Lumumba Vive). Solo rompe la
quietud para hacer un gesto preciso, repetido en cada partido: se tapa la boca
con una mano y se lleva dos dedos de la otra a la sien, imitando una pistola.
África transita por su espíritu. Es la reconstrucción corporal de un asesinato:
el de Patricio Lumumba, primer ministro congoleño asesinado en enero de 1961,
apenas siete meses después de haber proclamado la independencia de su país
frente al propio rey de Bélgica.
La FIFA, que había estado dándole cámara como curiosidad
folclórica del mundial, dejó de transmitir su imagen justo cuando hizo ese
gesto. No es un detalle menor: lo que el cuerpo de Mboladinga pone en escena no
solo es un homenaje a un héroe lejano,
sino una protesta deliberada, dirigida también al silencio internacional sobre
el conflicto que hoy sigue desangrando al este del Congo, un conflicto
silencioso para prensa mundial, que desde los años noventa acumula más de seis
millones de muertos sin que el mundo le preste demasiada atención. Es decir,
como todo conflicto en África es ignorado por la comunidad internacional.
“Con las independencias las banderas
cambiaron,
los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron,
la cartografía se modificó. Pero ese cambio
de bandera
y de autoridades significaba verdaderamente
una
liberación real”
¿Por qué, más de sesenta años después, alguien elige encarnar
a Lumumba en una tribuna durante el mundial de futbol, lejos de Kinshasa y
lejos también de cualquier conmemoración oficial? La pregunta no es anecdótica.
Que esa figura histórica y ese peculiar gesto sigan circulando como símbolo de lo
popular dice algo sobre lo que ese asesinato dejo pendiente, y sobre lo
históricamente irresuelto que sigue estando casi setenta años después.
UN POCO DE HISTORIA
Entre 1945 y 1975, decena de territorios coloniales en Asia y
África dejaron de serlo, al menos desde lo formal. El año 1960 concentró una
cifra particularmente alta: diecisiete países africanos alcanzaron la
independencia, tantos que se lo recuerda como el “año de África”. Las banderas
cambiaron, los himnos se escribieron, las embajadas se abrieron, aparecieron
nuevos nombres, la cartografía se había modificado. Pero la pregunta que
atravesaba el pensamiento anticolonial de la época y que aún sigue viva era si
ese cambio de bandera y de autoridades significaba realmente una liberación
real. Esa distinción entre independencia formal y liberación real es el puente
que permite pasar de lo general a lo particular, de lo formar y ceremonial a lo
auténtico y cotidiano. Porque si hay un caso en que esa distinción se jugó de
manera trágica y veloz, fue el del Congo.
EL CONGO UN TÍPICO
PAÍS COLONIAL:
Pocas colonias condensan tanta violencia como el Congo belga.
Bajo el régimen personal del rey Leopoldo II, a fines del siglo XIX, el
territorio fue sometido a un sistema de explotación del caucho que causo la
muerte de millones de personas, por trabajos forzados, mutilaciones punitivas y
hambrunas inducidas. Esa brutalidad fundacional no desapareció con la
administración estatal belga posterior: se transformó, se volvió más burocrático, hubo mayor control, es decir, el sistema de explotación se perfeccionó. Pero lo que continuaba fue un patrón de extracción
de recursos (caucho primero, minerales estratégicos después) como el centro de
la relación colonial.
“El cobalto y otros minerales estratégicos
del Congo eran codiciados tanto por las
potencias occidentales como por la Unión
Soviética,
y ningún actor internacional estaba dispuesto
a
observar con indiferencia quién controlaría
esos recursos una vez que Bélgica se retirara”
Esa riqueza minera fue, precisamente, lo que convirtió al
Congo en un tablero caliente durante la Guerra Fría sobre todo al momento de su
independencia. El cobalto y otros minerales estratégicos del Congo eran
codiciados tanto por las potencias occidentales como por la Unión Soviética, y
ningún actor internacional estaba dispuesto a observar con indiferencia quién
controlaría esos recursos una vez que Bélgica se retirara.
En ese contexto se proclamó la independencia, el 30 de junio
de 1960. Patricio Lumumba, primer ministro del nuevo Estado, pronunció un
discurso que todavía resuena: frente al rey Balbuino, que había elogiado la
“obra civilizadora” de Bélgica, Lumumba describió sin eufemismos las vejaciones
del periodo colonial como el trabajo forzado, la segregación cotidiana, los
castigos por una mirada o una palabra fuera de lugar. Fue un gesto de ruptura
simbólica inmediata, y también una sentencia: a partir de ese discurso, Lumumba
quedó marcado como una amenaza para quienes esperaban una transición ordenada,
es decir, que no tocara los intereses coloniales.
Lo que siguió fue extraordinariamente rápido. En cuestión de
semanas, el ejército se amotinó, la provincia minera de Katanga proclamó su
secesión con apoyo belga, y Lumumba se vio obligado a recorrer capitales del
mundo buscando apoyo internacional para sostener la unidad y la soberanía de su
país, incluyendo un pedido de ayuda a la Unión Soviética que terminó de sellar
su suerte ante Washington. A mediados de setiembre de 1960, apenas dos meses y
medio de asumir el cargo, fue destituido por un golpe orquestado por el
ejército y la CIA. Lumumba fue arrestado, trasladado a la hostil provincia de
Katanga, torturado y finalmente asesinado el 17 de enero de 1961, junto con dos
de sus compañeros.
“Un conflicto en el este del Congo que ya
lleva más de seis millones de muertos desde
los años noventa, que involucra a sus vecinos
Ruanda y Uganda, deseosos de robar y
exportar sus reservas estratégicas de minerales.
Un largo conflicto que ha generado millones
de
refugiados y desplazados y que rara vez ocupa
portadas, mucho menos transmisiones de la
FIFA”
Décadas de investigación, incluida una comisión parlamentaria
belga que en 2001 reconoció la “responsabilidad moral” de Bélgica en el crimen,
confirmaron la participación de oficiales belgas y la implicación directa de la
CIA, que había recibido la orden de eliminarlo del propio presidente
norteamericano Dwight Eisenhower.
LUMUMBA Y EL MUNDIAL:
Pero volvamos al Mundial FIFA 2026. Michel Kuka Mboladinga no
necesita un discurso académico para saber que algo de ese asesinato sigue
abierto. Su gesto el tapar la boca, simular la pistola en la sien, no es un
simple recuerdo histórico congelado en 1961: es, explícitamente, una protesta
sobre el presente, sobre un conflicto en el este del Congo que ya lleva más de
seis millones de muertos desde los años noventa, que involucra a sus vecinos
Ruanda y Uganda, deseosos de robar y exportar sus reservas estratégicas de minerales.
Un largo conflicto armado que ha generado millones de refugiados y desplazados y
que rara vez ocupa portadas, mucho menos transmisiones de la FIFA.
Por eso ese personaje inmóvil, silente, vestido con los colores de la
bandera congoleña, no es solamente un homenaje nostálgico. Es una forma de
memoria que se rehúsa a dejar el caso
cerrado en los archivos de una comisión parlamentaria belga o en la
bibliografía especializada y que a la actualidad incomoda a la propia FIFA tan
amiga de las grandes potencias y que por eso dejó de visualizarlo.
Mientras las independencias sin transformación real
sigan teniendo vigencia en cualquier
rincón del mundo postcolonial, seguiremos esperando la llegada de nuevos
Lumumba, y seguirá teniendo sentido que alguien, en medio de la tribuna, elija
ponerse de pie, inmóvil, y encarnar con el cuerpo lo que el Congo todavía le
debe a Lumumba, y lo que el mundo todavía le debe al Congo.
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