¿EL MUNDO SE DIRIGE HACIA UNA INTIFADA GLOBAL?
La violencia que se está viviendo en varias ciudades de Europa, evidencian el carácter bananero de la sociedad europea que se militariza y reprime a sus población por orden de Washington. Y para hacerlo debe de desfinanciar su Estado de Bienestar, los servicios sociales que está obligado a brindar. Como en los países de Latinoamérica, que cada vez que en las calles de Francia, Roma o Berlín arde un contenedor o se rompe una vitrina, por acción de una juventud indignada, los medios mercenarios recién descubren la violencia. Hablan de vandalismo, de radicales, de amenaza al orden democrático. Nunca la descubren cuando un gobierno elimina derechos laborales conquistados por generaciones; cuando una reforma, decidida en despachos lejanos, obliga a millones a trabajar más por menos; ni cuando sus jubilaciones se invierten en la industria de la muerte. Esa violencia no rompe vidrieras. Rompe vidas, y a eso llaman "democracia liberal", la estafa maestra del capitalismo.
Solo en los últimos 30 años, las potencias occidentales han bombardeado, invadido, financiado masacres que dejaron millones de muertos, desde Irak hasta Libia, desde el Sahel en África hasta Palestina. ¿Cuántos responsables rindieron cuentas ante algún tribunal? Ninguno. Los mismos que exigen orden en las calles de París han decretado el caos, la esclavitud (en Libia, Congo), el hambre y la muerte en decenas de países.
"Estamos en camino hacia una intifada global
-levantamiento popular palestino contra la
ocupación israelí-. Hoy las élites del poder
mundial invierten fortunas en represión, propaganda
y elecciones para retrasarla"
En comparación, la violencia en las protestas populares es mínima. Es la respuesta de quienes han agotado las urnas, los reclamos de justicia y las marchas contra las interminables guerras y genocidios. La historia lo confirma con una regularidad irrefutable: ningún derecho fue concedido por la generosidad de los poderosos. Todos fueron arrancados por la presión y la violencia de los de abajo.
Mientras la periferia aprende la lección que los imperios olvidan. Los pueblos dispersos, humillados por la fuerza organizada de unos pocos, comienzan a reconocerse en una misma causa. El catalizador ha sido Gaza. Estamos en camino hacia una intifada global -levantamiento popular palestino contra la ocupación israelí-. Hoy las élites del poder mundial invierten fortunas en represión, propaganda y elecciones para retrasarla. Podrán postergarla algunos años. Pero no podrán evitarla. El polvorín se seguirá secando y la chispa hará el resto.

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