ELECCIONES EN ISRAEL: ¿CAMBIARÁ ALGO?
Cada vez que se acercan elecciones para renovar el Knéset -parlamento unicameral israelí- buena parte del mundo parece contener la respiración. Se multiplican los análisis sobre las encuestas, las coaliciones posibles, la posibilidad de la caída de Netanyahu -quien ha gobernado 16 años-, y las posibilidades que aparezca una alternativa más moderada, centrista o incluso de una supuesta izquierda. Y, una vez más, se mira a las elecciones como si de sus urnas pudiera salir un futuro diferente para Palestina.
La verdad, es que para los palestinos esas elecciones les importa bastante menos de lo que parece deberían importarles. No porque todos los gobiernos sean exactamente iguales ni porque sus diferencias no puedan tener consecuencias concretas sobre sus vidas. Las tienen. Pero hay algo mucho más profundo que permanece cuando cambian los gobiernos y los nombres de los ministros. La experiencia histórica nos ha enseñado que el proyecto de colonización y sometimiento territorial de Palestina no comenzó con Netanyahu y tampoco terminará cuando Netanyahu desaparezca.
A veces parece que se ha olvidado quién llevó a cabo la Nakba -o "catástrofe" palestina, marcada por el éxodo forzoso de palestinos tras la creación del Estado de Israel en 1948-. No fue la extrema derecha israelí que hoy escandaliza a algunos gobiernos occidentales. El poder político que dirigió el nuevo Estado de Israel en 1948 estaba encabezado por David Ben-Gurión, el principal líder del sionismo laborista. Bajo aquel poder se produjo la expulsión masiva de palestinos, la destrucción y despoblación de centenares de localidades y la transformación de la mayoría del pueblo palestinos en refugiados.
"Pero desmontan una idea que reaparece una y otra vez:
que la violencia contra el pueblo palestino pertenece
exclusivamente a la derecha israelí y que bastaría un
cambio electoral para modificar una estructura de represión
construida mucho antes que Netanyahu"
Tampoco la infame colonización de los territorios ocupados desde 1967 nació con el Likud -el todopoderoso partido de Netanyahu-. Los primeros asentamientos fueron establecidos bajo gobiernos laboristas. En abril de 1996 gobernaba Shimon Peres cuando Israel lanzó la operación Uvas de la Ira contra Líbano. El 18 de abril, la artillería israelí alcanzó el recinto de Naciones Unidas en Qana, donde más de 800 civiles libaneses habían buscado refugio, al rededor de un centenar de personas fueron asesinadas. En octubre de 2000 gobernaba Ehud Barak, el laborista de tendencia más progresista, cuando la policía israelí mató a trece ciudadanos palestinos durante las protestas que acompañaron el comienzo de la segunda Intifada -valiente levantamiento popular contra la ocupación israelí en Cisjordania (1987-1993, 200-2003).
No son episodios idénticos. Pero desmontan una idea que reaparece una y otra vez: que la violencia contra el pueblo palestino pertenece exclusivamente a la derecha israelí y que bastaría un cambio electoral para modificar una estructura de represión construida mucho antes que Netanyahu.
En las campañas electorales israelíes, factores como: experiencia en las fuerzas armadas, en inteligencia estratégica o capacidad para enfrentarse al enemigo se convierten en argumentos de legitimidad política. Convirtiendo habilidades tácticas y éxitos en operaciones militares en credenciales electorales. En buena parte del electorado israelí es bien visto: la experiencia represiva que pueda ejercer el candidato contra la población palestina, es decir, esa imagen de fuerza puede proporcionarle respaldo electoral.
"Cuando hablan de "seguridad", escuchamos los
aviones sobre Gaza. Cuando exhiben su "experiencia
militar", recordamos Rafah. Cuando prometen "mano
dura", sabemos quienes estarán dejado de esa mano.
Todos los candidatos israelíes, saben que la demostración
de fuerza puede convertirse allí en capital electoral"
Pero también existe una gran responsabilidad de la sociedad civil que no podemos olvidar. Existen en la población de Israel sectores que se oponen a determinadas guerras y políticas contra los palestinos. Pero los gobiernos tampoco aparecen de la nada. Alguien los elige. Los candidatos conocen a su electorado y construyen sus campañas al rededor de aquello que creen que puede proporcionarles votos.
Si bombardear Gaza, atacar Líbano, destruir ciudades en Irán, presumir de un historial militar o prometer todavía más violencia contra los palestinos puede utilizarse como credencial política, tenemos derecho ha preguntarnos por qué quienes aspiran ha gobernar consideran que esa demostración de fuerza puede ser premiada en las urnas.
Pero nosotros sabemos la verdad de ese lenguaje. Cuando hablan de "seguridad", escuchamos los aviones sobre Gaza. Cuando exhiben su "experiencia militar", recordamos Rafah. Cuando prometen "mano dura", sabemos quienes estarán dejado de esa mano. Todos los candidatos israelíes, saben que la demostración de fuerza puede convertirse allí en capital electoral. Los palestinos pagan demasiadas veces esa competición electoral con su propia sangre.
"Los palestinos no son el decorado en estas
elecciones. No son cifras con las que un general
pueda construir su futuro político. Mientras en
Israel cuentan sus votos, los palestinos seguirán
contando sus muertos"
Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿Por qué el futuro de los palestinos tendría que depender de las elecciones en Israel? ¿Y por qué quienes disponen de capacidad económica, política y diplomática para presionar a Israel convierten su propia responsabilidad en una espera permanente? La libertad de los palestinos no puede quedar suspendida entre dos esferas: que la sociedad israelí vote de otra manera y que los gobiernos que sostienen a Israel decidan algún día dejar de hacerlo. Por eso estoy seguro que no habrá ningún cambio luego de estas elecciones.
Los palestinos no son el decorado en estas elecciones. No son cifras con las que un general pueda construir su futuro político. Mientras en Israel cuentan sus votos, los palestinos seguirán contando sus muertos. Mientras el mundo mira hacia las próximas elecciones israelíes buscando allí una respuesta, el pueblo palestino seguirá haciendo lo que ha hecho generación tras generación: permanecer, organizarse, resistir y luchar por su liberación y su retorno: desde el río hasta el mar.
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