Wednesday, October 28, 2026

SENEGAL: ENTRE LA FRUSTRACIÓN Y LA MOVILIZACIÓN

Por: Javier F. Miranda Prieto

El presidente de Senegal Bassirou Diomaye Faye (izquierda) y el ex-primer ministro Ousmane Sonko (derecha), antiguos aliados convertidos hoy en irreconciliables rivales y enemigos políticos. 
Un enfrentamiento que puede derivar en una gran movilización popular sin precedentes.

Dos años después de las protestas civiles que impulsaron un cambio de gobierno, la sociedad senegalesa se prepara para volver a salir a las calles ante el retraso de la convocatoria a elecciones municipales programadas inicialmente para el próximo año.  

Senegal, el país con mayor tradición democrática del África subsahariana, vivió del 2021 al 2024 históricas movilizaciones ciudadanas que luchaban por garantizar la continuación de la democracia y forzar las elecciones que pudieran traer un cambio de gobierno y una alternancia en el poder ante las intenciones del presidente Macky Sall de intentar una ilegal y fraudulenta tercera elección. Ahora, en el 2026, con un nuevo gobierno en el poder, esa situación se puede repetir.

El país confía en celebrar elecciones locales democráticas en enero de 2027, pero el presidente actual, Bassirou Diomaye Faye, aún no las ha convocado. Los partidos políticos y la sociedad civil temen que se retrasen o se posterguen ante el temor de una victoria masiva de los partidos de la oposición. Una nueva situación de inestabilidad política podría tener un gran impacto en una región como la noroccidental africana, ya de por sí frágil y agravada por los constantes flujos migratorios hacia Europa.  

          "A lo largo de esos años a manos de las fuerzas de 

           seguridad hubo desapariciones, torturas, detenciones 

           arbitrarias y más de 85 fallecidos, según los datos 

           recopilados por organismos humanitarios instalados 

           en ese país, como Amnistía Internacional" 

Las movilizaciones populares de los últimos años consiguieron su propósito de cambiar el régimen político, aunque tuvieron un costo humano muy elevado. A lo largo de esos años a manos de las fuerzas de seguridad hubo desapariciones, torturas, detenciones arbitrarias y más de 85 fallecidos, según los datos recopilados por organismos humanitarios instalados en el país, como Amnistía Internacional. Esta brutal represión fue posible gracias al apoyo asolapado al gobierno de Sall por parte de países europeos, como Francia y España que temían un cambio del statu quo del poder colonial.

Hay que recordar que la militarizada policía senegalesa reprimió las pacíficas manifestaciones usando equipamiento anti migratorio suministrado por los gobiernos de París y Madrid, como lo denunció en su momento la agencia Al Jazeera. Esta cooperación a favor de la brutal represión contra el pueblo senegalés se enmarcaba dentro del Proyecto GAR-SI Sahel financiado por la Comisión Europea, aún en vigor.

Las elecciones generales de marzo de 2024 dieron el triunfo al Partido de los Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad PASTEF, partido liderado por el carismático y popular Ousmane Sonko, apoyado por una amplia mayoría social. Sonko se convirtió en Primer Ministro, pero no en presidente, porque se presentaron acusaciones falsas en los tribunales de la época por parte de su rival y enemigo político Macky Sall. 

         "El próximo reto son las elecciones municipales y 

          locales previstas para enero de 2027, aunque no hay

          una convocatoria oficial hasta hoy. Este retraso, unido a 

          una campaña de búsqueda de apoyos entre militantes 

          del PASTEF por parte del partido recientemente creado 

          por el presidente Faye, han generado un ambiente de 

          desconfianza y tensión entre los rivales" 

Sonko sorteó este impedimento nombrando como presidente a Bassirou Diomaye Faye, un colaborador de su absoluta confianza aunque no gozaba de su popularidad. El ambicioso programa del PASTEF, apoyado masivamente por una diáspora amplia y muy comprometida, postulaba resituar a Senegal en el ámbito económico y de desarrollo social que le correspondería por sus ingentes recursos naturales y humanos y por la ubicación geopolítica de la región. 

La sociedad civil senegalesa que llenaron las calles en 2024,
no está dispuesta ni a dejarse llevar por un presidente que le 
debe el cargo a Sonko, ni a renunciar a las reformas que
necesita el país. Los acuerdos con el FMI y la destitución
de Sonko como primer ministro están activando una
 fuerte movilización popular en todo el país.

La sociedad civil senegalesa que salió a las calles en 2024 para pedir un cambio de gobierno, no está dispuesta ni a dejarse llevar por un presidente que le debe el cargo a Sonko, el líder indiscutible de los jóvenes y de la diáspora, ni a renunciar a los cambios estructurales que necesita el país. Los acuerdos firmados con el FMI en setiembre y la destitución de Sonko como primer ministro activaron una fuerte movilización de protesta. 

El próximo reto son las elecciones municipales y locales previstas para enero de 2027, aunque no hay una convocatoria oficial hasta hoy. Este retraso, unido a una campaña de búsqueda de apoyos entre militantes del PASTEF por parte del partido recientemente creado por el presidente Faye, el KIRAAY (Patriotas Republicanos), han generado un ambiente de desconfianza y tensión entre los rivales. 

Como vemos, los próximos meses serán decisivos para el futuro de Senegal. En las próximas elecciones locales convergen muchos factores desestabilizadores que al mismo tiempo pueden ser el germen de la construcción del país que los senegaleses demandan. La creciente impopularidad del presidente Faye, el descontento ciudadano, la presión social y el papel de las instituciones y países occidentales que siguen reacios a perder el poder en ciertas regiones de África, van a ser factores fundamentales durante la campaña electoral. Un retraso de las mismas o su anulación podrían suponer la vuelta a las revueltas y movilizaciones en las calles, pero la victoria muy probable del PASTEF en la mayoría de ciudades y pueblos marcarían el inicio del cambio y un nuevo despertar del sueño de un país que aspira tercamente a adueñarse de su futuro. 

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