Saturday, October 19, 2013

¿QUÉ PASA EN YIBUTI?


Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Yibuti es el más pequeño territorio dentro del continente africano, con apenas 23,000 kilómetros cuadrados y una
población de medio millón de habitantes, tiene en su ubicación geográfica, su más preciado valor estratégico.

La grave crisis presupuestal que sumió a los Estados Unidos, las últimas dos semanas, en una parálisis parcial del gobierno federal, no ha sido óbice para el desembolso, de más de 170  millones de dólares destinados al mantenimiento de sus bases militares instaladas en Yibuti. Un pequeño país del África oriental, que es invisible para los radares de la prensa internacional, pero que se ha convertido, en los últimos años, en una pieza clave para los norteamericanos, en su estrategia antiterrorista contra los grupos islamistas que operan en el continente africano.

La República de Yibuti, un país con un paisaje lleno de desiertos, es el más reducido territorio continental del África, con apenas 23,000 kilómetros cuadrados y una población que bordea el medio millón de habitantes, tiene en su ubicación geográfica, su más preciado valor estratégico. Yibuti ocupa territorialmente la punta del Cuerno de África, compartiendo fronteras con tres países claves de la zona, por el sur con la inestable y temida Somalia, por el oeste con la potencia militar de la región: Etiopía, por el norte con la enigmática Eritrea, reciente santuario de grupos yihadistas y por el este Yibuti está situada en la entrada del Mar Rojo, frente al Golfo de Adén, la zona de mayor tráfico petrolífero del mundo.


Desde el atentado del 11S, EE.UU incluye a Yibuti en su estrategia global
contra el terrorismo, aumentando de 30 soldados en el 2002, a 12,500
efectivos destacados para este año.
Con estos pergaminos geoestratégicos, Yibuti se ha convertido en una de las más importantes bases militares de Estados Unidos en todo el mundo. Los norteamericanos, supervisan desde allí, las rutas del petróleo y las acciones de grupos terroristas en el Cuerno de África y el Medio Oriente, ya que está situada solamente a 50 kilómetros de la Península Arábiga y de Yemen.  Yibuti un país estable y pro-occidental, desde que dejó ser colonia francesa en 1977, cuenta también con una gran red de seguridad militar estadounidense en la región. No hay que olvidar, que esta nación también alberga en su territorio, dos bases de despegue de las naves no tripulas, los Drones, los cuales realizan operaciones de reconocimiento (espionaje) y de ataque con misiles de corto alcance, sobre los objetivos terroristas detectados en los países de la región.

La única base militar de los EE.UU en África, reconocida oficialmente por el Pentágono, es Camp Lemonnier, el antiguo campo de la Legión Extranjera instalado por Francia a principios del siglo XX, ubicado en la actual Yibuti, que desde el 2002 se estableció allí el CJTF-HOA, indescifrable conglomerado de siglas -muy al gusto de las Fuerzas Armadas norteamericanas- que esconde el nombre de “Fuerza de Tarea Combinada Conjunta del Cuerno de África”. Su área de operaciones alcanzaba desde las Islas Seychelles, en el Océano Índico, hasta Eritrea, en el Mar Rojo, pasando por Tanzania, Uganda y Etiopía, entre otros países. Pero la llamada área de interés (un subterfugio para ampliar su zona de influencia militar) abarca desde las islas Mauricio y Madagascar, Mozambique, la República Democrática del Congo, hasta alcanzar el Magreb y el centro de África, recientes escenarios de conflictos en vías de agravamiento.


   “Esa es la función de Yibuti, el rol del Estado vigía,
   que por su estratégica ubicación, vigila los intereses
    económicos y geopolíticos de las grandes potencias”


Como vemos, el valor geopolítico y estratégico del pequeño y casi desconocido Yibuti, está más que valorado, por la primera potencia militar del mundo. Pero no siempre fue así, Yibuti tiene una milenaria y rica cultura registrada en la poesía, la tradición oral y los cantos de sus pueblos nómadas, que se remontan miles de años atrás a un tiempo en que los habitantes de estas tierras comerciaban con pieles a base de trueques con perfumes y especias provenientes de China e India. Mientras la antigua Europa no salía de sus fronteras, los africanos yibutís ya surcaban el Océano Índico rumbo a oriente. A través de los contactos estrechos con la Península Arábiga por más de mil años, las tribus somalíes y afar -etnia originaria de Yibuti- se convirtieron en uno de los primeros pueblos del continente africano en aceptar el Islam.

Camp Lemonier, antiguo campo de la Legión Extranjera francesa, convertido
hoy en la única base militar norteamericana en el África, reconocida
por el Pentágono, ubicada en Yibuti.
Ya en el siglo XIX, la antigua Gran Somalia, que dominaba esta región, fue desmembrada por las potencias europeas; ingleses, italianos y franceses se repartieron este extenso territorio, creando artificiales fronteras. Yibuti es uno de los mejores ejemplos de Estados artificiales creados por el colonialismo.

En 1977 los franceses le conceden la independencia, pero Yibuti sigue dependiendo de la ayuda económica de la antigua metrópoli, a cambio de la presencia de bases militares francesas en su territorio, las cuales cuidaban sus intereses económicos reguardando las rutas del petróleo. Durante más de veinte años un solo partido político dirigido por su único líder Hassan Gouled Aptidon, un aliado incondicional de los franceses, gobierna con mano dura este pequeño país. 

Pero durante los años noventa, la estrella de Aptidon empieza apagarse, cuando se inicia una guerra civil entre los issas, de origen somalí los cuales siempre habían detentado el poder y los puestos claves en el gobierno y los afar, tribu oriunda de estas tierras, pero que se consideraban excluidas de toda participación en el poder. Ante la incapacidad del gobierno de poner fin a este conflicto, en 1999 los franceses obligan a Aptidon a renunciar, dejando el poder en manos del actual presidente Ismail Omar Guelleh, quien en el 2001 auspicia un Tratado de Paz entre ambas fracciones, a través de la conformación de un gobierno de coalición entre las dos comunidades tribales.

Luego del atentado del 11 de setiembre del 2001 en los EE.UU, los norteamericanos revalúan las condiciones geoestratégicas de Yibuti, incluyendo a este país en su estrategia global contra el terrorismo islamista. Al año siguiente, empiezan a desplazarse los primeros efectivos militares a este país, y los primeros desembolsos presupuestales para el equipamiento de sus bases militares. Solo habría que comparar, con los 30 soldados norteamericanos que llegaron el 2002 a Yibuti, con la actual dotación de efectivos que sobrepasan los 12,500 soldados. Así como el primer presupuesto del 2002 que no llegaba a los 200 millones de dólares, mientras que para este año, con el último desembolso, excede los 5,600 millones de dólares.

              “Yibuti tiene uno de los más bajos
         Índices de Desarrollo Humano del mundo
       ocupa el puesto 151 de 178 países estudiados”


  Pero esta omnipresente presencia militar norteamericana no parece tener ningún impacto positivo en el país, a pesar de los millones de dólares que los EE.UU destinan a su aliado, Yibuti tiene uno de los más bajos Índices de Desarrollo Humano del mundo, ocupa el puesto 151 de los 178 países estudiados. Más de la mitad de la población está desocupada y cerca de la mitad es analfabeta. La esperanza de vida promedio en Yibuti es de apenas 43 años, es un país con una de las tasas de mortalidad infantil mayores del mundo, donde muchas mujeres todavía sufren el horror de la mutilación genital. Pero a pesar de todos estos espantos, para los EE.UU es el lugar apropiado, es un buen aliado, es un buen Estado Cliente.

Las potencias occidentales desde Yibuti, controlan el Mar Rojo, están
alertas a cualquier acción subversiva en Somalia y Yemen, mantienen
la presión sobre Eritrea y vigilan a Etiopía.
Configurando en Yibuti, un mundo brutal, militarizado, agresivo y a pesar de su pasado cultural, este país no está en paz consigo mismo. Un pequeño país musulmán con poco más de medio millón de habitantes, que ha vivido durante años básicamente, de ser una especie de estación de servicio para legiones extranjeras y tropas de combate regulares. Lo único que le ha dado fama, como lo señalábamos líneas arriba, es que permite que las potencias occidentales controlen el Mar Rojo, que estén alertas a cualquier acción subversiva, ya que están en las puertas de Somalia y Yemen, que ayuda a mantener la presión sobre Eritrea y a vigilar Etiopía.  

Esa es la función de Yibuti, el rol del Estado vigía, que por su estratégica ubicación, vigila los intereses económicos y geopolíticos de las grandes potencias. Pero que a cambio, su población eternamente postergada, no recibe nada para su desarrollo, ni para mejorar sus condiciones de vida. Los EE.UU podrían invertir, tan solo el 0.5% -lo que significa 2,8 millones de dólares- del presupuesto anual que destinan para mantener su presencia militar en Yibuti, en cubrir las necesidades básicas de una población de medio millón de yibutís. 

Pero para los norteamericanos, estos gastos están fuera de sus cálculos presupuestales, porque lo más importante para ellos es defender sus intereses en África, sin pensar en otros gastos secundarios.

   




  

Wednesday, October 16, 2013

QUIEREN  ESTAR  POR  ENCIMA DE  LA  LEY


Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto


Violentas jornadas de protestas se vivieron en Kenia, tras las elecciones presidenciales del 2007.  La Corte Penal Internacional acusa al presidente Uhuru Kenyatta de organizar y azuzar esta ola de violencia tribal, que dejó 1,300 personas muertas y más de 500,000 desplazados.


El impresionante y moderno edificio, construido con financiamiento chino, que alberga la sede central de la Unión Africana -UA- en la ciudad de Addis Abeba, capital de Etiopía, fue el escenario de la Cumbre Extraordinaria de jefes de Estado y de gobierno de este organismo supranacional, que se reunió de emergencia el pasado fin de semana, el 11 y 12 de octubre, convocados a solicitud de los presidentes de las Repúblicas de Sudán y Kenia. 

Por la urgencia de la invitación y lo reservado de la agenda, parecía que se iban a tratar en esta asamblea, los apremiantes temas de la actual agenda política y social que agobian a los países africanos como: la pobreza que sufren millones de africanos en muchos países del continente; la crisis humanitaria que se vive en Sudán del Sur; la situación política y militar que sufren la República Democrática del Congo y Somalia, que han provocado miles de muertos, heridos y millones de desplazados; o dada la urgencia de esta sesión de la UA, podría tratarse de la reciente tragedia de la barcaza llena de cientos de somalíes y eritreos que murieron frente a la isla de Lampedusa.

El impresionante edificio de la UA en Etiopía, fue escenario de la asamblea
extraordinaria que tuvo como único tema de agenda: "salvarles el pellejo"
a los presidentes de Kenia y Sudán.
Pero no, ninguno de estos temas apremiantes y realmente urgentes, estuvieron en la agenda extraordinaria, de la Cumbre de la UA. El único tema en agenda de esta sesión fue tratar de lograr, de cualquier forma, "salvarles el pellejo" a los presidentes de Kenia y Sudán por las gravísimas acusaciones de genocidio y violaciones a los derechos humanos cometidos contra sus pueblos, crímenes que pesan sobre ellos y que se están investigado y juzgando en la Corte Penal Internacional -CPI- en la ciudad holandesa de La Haya.

Y cuando digo: “lograr, de cualquier forma”, me refiero literalmente, a que los jefes de Estado de algunos países africanos, plantearon denunciar el Estatuto de Roma -instrumento jurídico que crea la CPI- y retirar de facto, a los países africanos de esta única instancia internacional encargada de juzgar crímenes contra la humanidad. Si no hubiese primado, en la mayoría de los Estados africanos, la ética y la moral política y sobre todo el respeto a la vida y a los derechos humanos del pueblo del África, en solo dos días, algunos líderes africanos habrían podido deshacerse de una institución clave para el ordenamiento jurídico internacional, provocando que el mundo se hubiera convertido en un lugar más peligroso.


           “Retirarse de la Corte Penal Internacional,
       hubiera supuesto traicionar los principios básicos
                     que rigen la Unión Africana”


La Corte Penal Internacional, es el primer y único tribunal global capaz de investigar, juzgar y condenar a criminales que hayan cometido delitos de lesa humanidad. Pero los presidentes Omar Hassan Al Bachir de Sudán y Uhuru Kenyatta de Kenia, responsables de sembrar el terror en sus respectivos países, trataron de arrastrar a todo el continente africano fuera de la Corte, lo que les daría libertad a ellos y a otros dictadores, para matar, violar e incentivar al odio sin mayores consecuencias.

Pero lamentablemente, este peligro no se ha superado, si bien es cierto los países de la UA han abandonado la vergonzosa idea de retirarse de la CPI, en la asamblea de Addis Abeba han adoptado finalmente, una resolución defendiendo la impunidad de los gobernantes africanos mientras cumplan sus mandatos presidenciales frente a cualquier tribunal internacional. Se solicitará al Consejo de Seguridad de la ONU, a través de un grupo de contacto, para que se aplacen los juicios durante un año, posibilidad prevista en el artículo 16 del Estatuto de la CPI y que puede ser revocada por el Consejo de Seguridad en virtud del capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.

Los casos de los presidentes de Sudán y Kenia, serian los primeros, en que un presidente en funciones es sometido a un juicio internacional ante la Corte. El Consejo de Seguridad será emplazado, por tanto, a decidir si en aras del mantenimiento de la paz y la reconciliación debe suspender los procedimientos en los casos de los presidentes Al Bachir y Kenyatta garantizando provisionalmente, la impunidad a gobernantes en funciones, frente a la actuación de la CPI. Lo cual podría ser revertido, si en el Consejo de Seguridad de la ONU, primara la razón y la cordura en las decisiones que adoptan, pero como sabemos, en este organismo decisorio de la ONU, las cinco potencias mundiales (EE.UU, Rusia, Inglaterra, Francia y China) gozan del anacrónico y antidemocrático derecho a veto.

El presidente keniano Uhuru Kenyatta
Recordemos que en el caso del presidente keniano Uhuru Kenyatta, la CPI lo acusa de organizar y azuzar la ola de violencia tribal y étnica que siguió a los comicios presidenciales del 2007 y que acabó con la vida de más de 1,300 personas y generó cerca de 500,000 desplazados de sus hogares, en un terrible episodio de violencia política y odio tribal.

No menos dramática y violenta fue la guerra civil, que el presidente Omar Hassan Al Bachir emprendiera en el 2003, contra la población de Darfur, provincia occidental de Sudán y rica en recursos energéticos; poblada por una minoría negra africana, dentro de una población del país mayoritariamente de origen árabe.  En el 2008 el fiscal de la CPI, presenta cargos contra el presidente Al Bachir, por crímenes de guerra, genocidio y de lesa humanidad, ordenando su captura internacional. Según cifras de las Naciones Unidas, más de 300,000 personas han muerto en Darfur, en los seis años de violencia y al menos 2,7 millones personas han sido forzadas a abandonar sus hogares, viviendo, hasta la actualidad, en inhumanos campos de refugiados.

Como vemos, estos dos casos que involucran a las máximas autoridades políticas de estos dos países, en gravísimos delitos contra los derechos humanos de su población, no pueden quedar impunes. Las organizaciones internacionales que luchan a favor de los derechos elementales de las personas, deben de batallar hasta el final, contra los que quieren estar por encima de la ley.


     “por qué no se dedicó, la cumbre extraordinaria    
     de la UA, a discutir temas mucho más esenciales                       para  los millones de africanos”


En una entrada anterior (Kenia: Un Presidente Bajo Sospecha) reconocía las graves limitaciones y presiones que tenia la CPI en su ejecutoria, principalmente por los intereses políticos, económicos y  geopolíticos de las grandes potencias. Asimismo, advertía que la mayor parte de los casos judiciales abiertos ante la CPI, provenían del continente africano. Lo cual es estrictamente cierto, basta hacer un breve resumen de las principales causas que ha visto la Corte hasta ahora, para comprobarlo.

No olvidemos que la primera sentencia dictada por este tribunal fue la condena del señor de la guerra congolés Thomas Lubanga y la segunda también tuvo que ver con ese país, en la persona de Germain  Katanga. En la actualidad, la CPI tiene abierta ocho casos y todos ellos tienen que ver con países africanos: Uganda (Joseph Kony), República Democrática del Congo (cinco casos), Darfur en Sudán, República Centroafricana, Libia, Costa de Marfil y Malí. Y de los siete casos que se encuentran en la fase de investigación, dos tienen que ver con Guinea y Nigeria. Es por ello que en el artículo anterior, mencionaba que la CPI era usada como un apéndice más del neocolonialismo que subyuga al continente africano.

Omar Hassan Al Bachir presidente de Sudán tiene orden de captura, por
los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad contra la población
de la provincia de Darfur.
Con el agravante, que pese a existir en otras partes del mundo, casos comprobados y denuncias documentadas de la ejecución de crímenes de lesa humanidad, las únicas ordenes de arrestos emitidas e investigaciones y procedimientos judiciales en curso, se centran solo en los países del África subsahariana. Esto en parte podría explicarse, porque en la actualidad el continente africano, no tiene un peso político gravitante en el mundo.

Pero de ahí, ha retirarse de la Corte Penal Internacional, hubiera supuesto traicionar los principios básicos que rigen la Unión Africana, que se basan en la lucha por la justicia y contra la impunidad en el continente. Y eso es lo que han defendido algunos líderes morales del continente como el ex Secretario General de las Naciones Unidas, el ghanés Kofi Annan o el arzobispo sudafricano Desmon Tutu. También, un grupo de 130 organizaciones procedentes de todas partes del mundo, lideradas por Human Right Watch, enviaron una carta a los líderes africanos pidiendo que no se retirasen de la CPI.

Es verdad que la Corte Penal Internacional puede ser sujeto de muchas críticas, por sus limitaciones y condicionalidades que le ponen algunos países, pero definitivamente no es una excusa para abandonarla.

Al final, se ha impuesto la cordura y la cumbre de la UA felizmente, no ha aprobado la propuesta de retirarse en bloque de la CPI, solo ha pedido que no se juzgue a los políticos que detentan un cargo. Obviamente, que es un pedido con nombres propios. Pero el solo hecho de plantearse el abandonar este organismo, ha puesto en duda  la capacidad de liderazgo en el continente.

Habría que preguntarles a los líderes africanos que estuvieron cómodamente instalados en el majestuoso edificio de la UA, por qué no se dedicó la famosa cumbre extraordinaria, a discutir temas muchos más esenciales para los millones de personas que viven en el continente, en vez de gastar el tiempo en ver cómo defender a un puñado de las personas más poderosas de África.

Uno de los campos de refugiados de las víctimas de la guerra
civil en Darfur, conflicto que dejó 300,000 muertos y 2,7 millones
de desplazados.
Si no lo recuerdan, en la actualidad hay bastantes temas que necesitan mucha atención de los líderes del África, como puede ser el de la pobreza que sufren millones de africanos en todo el continente y que mata a miles de niños y niñas por falta de acceso a servicios primarios como: el agua potable, alimentos básicos y cuidados médicos.

También, deberían de haber puesto en las agendas de sus asambleas extraordinarias, los motivos por los cuales los africanos huyen de sus países temerariamente, usando precarias barcazas arriesgando sus vidas, huyendo de los conflictos armados, la represión y la pobreza. Para ninguno de estos temas se convoca a una cumbre extraordinaria de la Unión Africana, pero sí para ver cómo otorgar impunidad contra el genocidio, los crímenes de guerra y los delitos contra la humanidad a los políticos del continente.

Solo por ese hecho cabe sospechar que ahora mismo existe una falta de verdadero liderazgo en el continente, los políticos piensan más en sí mismos, en mantener sus privilegios, en enriquecerse, en querer estar por encima de la ley, que en el bien común y las necesidades de sus ciudadanos.







Saturday, October 12, 2013

LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO:
UNA GUERRA SIN FIN

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

La República Democrática del Congo, ex colonia de Bélgica hasta 1960 ha tenido una historia de inestabilidad
política, porque sus ingentes riquesas naturales, han sido ambicionadas por empresas transnacionales
y por sus propios países vecinos.



En el año 2003, a las pocas semanas del inicio de los bombardeos de la aviación norteamericana sobre las ciudades iraquíes, ocurrió un hecho que hasta el día de hoy no he podido olvidar. Un reportero de la televisión española entrevistó en un hospital de Bagdad, a una víctima de estos despiadados ataques aéreos, era una niña de ocho años, con el brazo destrozado que ya había sufrido once operaciones, la pequeña le dijo al reportero mirando la cámara: “ojala no tuviéramos petróleo”.

Recordando este impactante hecho, se me ocurre que en el Corán o en la Biblia, podrían estar, aunque no estén, profecías como esta: “Las riquezas naturales serán la maldición de las gentes”. Eso es lo que pienso, cada vez que leo sobre la siempre inestable y conflictiva situación política y humanitaria, que recurrentemente padece la República Democrática del Congo -RDC-.

Un país que atesora en su suelo, una inmensa riqueza de recursos naturales (diamantes, oro, cobre, coltán) pero que a través de su historia, estas riquezas se han convertido en una maldición, en el origen de todos sus males. Porque lejos de ofrecerle estabilidad, desarrollo económico o bienestar a su población, estos recursos naturales fueron el origen de su crónica inestabilidad política, de la cruda violencia vivida, una violencia que trajo muerte, destrucción, invasiones, guerras y el atraso y la pobreza lacerante en que vive su gente.

Tanques del ejército congoleño ingresan a la ciudad de Goma, capital de
Kivu, para tratar de desalojar a la guerrilla del M 23.
La historia de la República Democrática del Congo, desde su independencia del dominio belga en 1960, estuvo signada por esa maldición. El asesinato de Patricio Lumunba,  el único presidente que tuvo una visión nacionalista y defensora de sus recursos naturales y que pagó con su vida la osadía de enfrentarse a las grandes potencias y la Central de Inteligencia Americana -CIA-, marco desde un inicio esa abominación.  Luego vino la larga dictadura de un aliado de los europeos y norteamericanos, el sanguinario Mobutu Sese Seko, quien gobernó por más de 30 años, bajo un régimen de terror y autoritarismo, hasta su destitución en 1997.

El genocidio entre las etnias de los Hutus y Tutsis, en las vecinas Ruanda y Burundi en 1994, produjo una estampida de millones de exiliados hacia el este del territorio de la RDC, una región rica en yacimientos minerales, generando la ambición de las empresas mineras transnacionales y de otros países africanos. Lo cual produjo una larga guerra de cinco años (1998-2003) entre los países de la zona, por el control de esos recursos minerales. Guerra que terminó gracias a las negociaciones de paz auspiciadas por el presidente sudafricano Nelson Mandela y por el mismo presidente Congoleño, de ese entonces, Laurent Kabila.

El presidente Kabila muere asesinado brutalmente, dos años antes que finalice la guerra, en el 2001, por sectores del ejército congoleño empeñados en continuar con el conflicto y vinculados fuertemente con los intereses de la vecina Ruanda.

El presidente Josehk Kabila ha tenido que enfrentar asonadas golpistas,
rebeliones e incursiones en su territorio de los ejércitos de Ruanda y Uganda.
En los últimos diez años, el presidente Josehk Kabila, hijo del ex presidente asesinado, ha tenido que enfrentar insurgencias rebeldes, asonadas golpistas y la presencia, cada vez menos disimuladas, de los ejércitos de sus vecinos Uganda y Ruanda. Así como, continuos enfrentamientos entre los señores de la guerra y el cada vez más débil, ejército congoleño. De estos señores de la guerra, el más importante es Bosco Ntaganda el mandamás de la guerrilla M 23 -Movimiento 23 de marzo- quienes controlan una importante zona en la provincia de Kivu, en la región de los grandes lagos, donde se almacenan ingentes riquezas minerales, al este del país.

Configurando una crónica situación de inestabilidad política, la cual ha generado en las últimas décadas, cerca de cinco millones de muertos y desaparecidos, lo que ha significado para la RDC, vivir en una guerra sin fin.

El último capítulo de esta guerra interminable, comenzó a escribirse a principios de este año, cuando el general disidente del ejército congoleño Ntaganda – buscado por la Corte Penal Internacional, acusado por crímenes de lesa humanidad- volvió a iniciar una enésima guerra, después de un tiempo de tensa calma. Este tutsi congoleño fue seguido por sus huestes del M 23, sembrando el terror en la región de Kivu, ante la mirada pasiva de los Cascos Azules de las Naciones Unidas.

El desencadenamiento de esta última guerra fue el intento del presidente Josehk Kabila de restablecer la autoridad del Estado en el este del Congo, convertido, de facto, en un protectorado de Ruanda. El presidente, sin embargo, o no debió calcular bien la capacidad de sus fuerzas armadas o no las conocía realmente para semejante aventura, porque las fuerzas armadas regulares son prácticamente inexistentes. No constituyen más que una “cohabitación” forzosa de diversas milicias, entre las que destaca el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo -CNDP- un movimiento compuesto por tutsis congoleños, integrado al ejército nacional en el 2009 y que, con cerca de cinco mil hombres bien entrenados, forma un ejército, dentro del ejército.

En la región de los grandes lagos, entre el Congo y Ruanda, está Kivu
provincia congoleña rica en recursos mineros.
El intento del gobierno congoleño en profundizar en la integración del ejército, se ha topado continuamente con la oposición frontal de este grupo, que no quiere que sus miembros se dispersen en todo el país. Exigen que sean destinados únicamente en el este, donde reina la convivencia con los rebeldes pro ruandés. De ahí que se pueda entender porqué, en el último levantamiento de un puñado de rebeldes en esa región, las fuerzas armadas miraran para otro lado. De hecho, son los mismos.

En cuanto a la guerra en la provincia de kivu, la solución está en Ruanda, aunque lo nieguen una y mil veces las autoridades de aquel país. Además, los expertos de la ONU han reiterado en varios informes que los rebeldes que desestabilizan el este del Congo, cuentan definitivamente con el apoyo de Ruanda, que les suministran armamento y apoyo logístico.

Ruanda y su presidente Paul Kagame, actúan de esta manera, por dos evidencias: Una, por la presión demográfica: La densidad de población de Ruanda está entre las más altas del África subsahariana, con 230 hab/km (mientras que la del Congo es 54 hab/km). Y para evitar el colapso, sueña con extenderse hacia las regiones menos pobladas del este del Congo, como es la región de Kivu. Además, los ruandeses creen que desestabilizando esta parte del país vecino, poco a poco Ruanda podría colonizarla.

Paul Kagame presidente de Ruanda, por motivos económicos y demográficos
ambiciona los territorios orientales de la RDC.
La otra evidencia, es el provecho económico: El crecimiento económico, del que a todas luces, disfruta Ruanda en la actualidad se basa en el pillaje de los recursos del Congo. Según reportes de la ONU, Ruanda es el punto nodal del comercio ilegal de las piedras preciosas robadas al país vecino. Llama poderosamente la atención que Ruanda se haya convertido en exportador de minerales como el muy importante coltán que no produce, mineral que es requerido por la pujante y tecnificada industria de las comunicaciones.

Estas serian, entre otras, las razones fundamentales que explican el permanente estado de inestabilidad en la región de los grandes lagos y que ha llevado a la República Democrática del Congo a mantener una guerra sin fin. Asimismo, explicaría el apoyo explicito de Ruanda a las diferentes rebeliones que se suceden periódicamente al este del Congo. Todo ello, desde luego, con la complicidad de muchos congoleños y el apoyo internacional de las transnacionales mineras. Hasta que la comunidad internacional no pare en seco a Paul Kagame, presidente de Ruanda, la paz no volverá nunca a la RDC.


Wednesday, October 9, 2013

HESSÉNE  HABRÉ:
EL  PINOCHET  DE  ÁFRICA

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Hesséne Habré el ex dictador de Chad, llamado el Pinochet de África, luego de 23 años de impunidad, fue detenido el pasado mes de julio, para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad, perpetrados durante sus ocho años (1982-1990) de gobierno autoritario.

El 16 de octubre de 1998, hace quince años, el ex dictador chileno Augusto Pinochet Ugarte, era detenido por la policía en la ciudad de Londres, obedeciendo una solicitud de extradición presentada por el juez español Baltasar Garzón. Pinochet era formalmente acusado por los delitos de genocidio, secuestro y ejecución extrajudicial. Su arresto domiciliario fue motivo de primeras planas en la prensa mundial, debido tanto al hecho que Pinochet había encabezado por largos diecisiete años una férrea dictadura en su país, como por la novedad de la aplicación del principio de la Jurisdicción universal para los delitos contra los derechos humanos. 

Pero lamentablemente, tras un largo proceso relativo a la procedencia de la extradición, el sátrapa chileno fue finalmente liberado por el gobierno británico en marzo del año 2000, siendo autorizado a regresar a Chile. Pinochet muere seis años después, sin pasar un solo día en prisión por las graves violaciones contra los derechos humanos cometidas durante su largo gobierno, ni por los delitos económicos vinculados a millonarias cuentas secretas que se le imputaban.


                  “La detención de Pinochet en Londres,
      creó una jurisprudencia internacional sin precedentes,
             para los delitos contra los derechos humanos”


Pero a pesar de ello, la detención de Pinochet en Londres creó una jurisprudencia internacional sin precedentes: ante la posibilidad de que una persona, aunque haya ocupado un alto cargo político, y sea acusada por crímenes de lesa humanidad, esta pueda ser juzgada en cualquier parte del mundo y sin el temor que estos graves delitos prescriban.

El joven Hesséne Habré a fines de los años 70, cuando jefaturaba el Ejército
del Norte, organización musulmana que se enfrenraba a los cristianos y
animistas del sur.
A los pocos meses de iniciado el proceso judicial contra Pinochet, las organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos como: Amnistía Internacional y Human Rights Watch activaron los procedimientos jurídicos internacionales, para solicitar la detención y juzgamiento de otro dictador, el ex presidente chadiano Hesséne Habré autoexiliado en Senegal, por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante sus ocho años (1982-1990) de gobierno dictatorial.

Es por ello, que desde entonces, la prensa internacional lo llama: el Pinochet del África. Sin embargo el caso de Hesséne Habré se parece más al de Jorge Rafael Videla, figura emblemática de la dictadura argentina, juzgado y condenado por sus crímenes de lesa humanidad, o al del ex presidente guatemalteco Efraín Ríos Montt, procesado por genocidio en su país, que al de Augusto Pinochet, quien murió sin ser juzgado por este tipo de delitos.

Hesséne Habré podría convertirse en el primer líder africano acusado de atrocidades en ser juzgado en África y no en un tribunal internacional, como se está ejecutando ahora con otros dictadores africanos, lo que convertiría a su juicio en un hecho histórico.


       “Habré podría convertirse en el primer líder africano
           acusado de atrocidades. en ser juzgado en África,
         lo que convertiría a su juicio en un hecho histórico”


El sanguinario dictador chadiano, bajo cuyo mandato fueron asesinadas unas 40,000 personas y torturadas de manera cruel más de 200,000, vive desde hace 23 años en la ciudad de Dakar, capital de Senegal, aparentemente sin demasiados sobresaltos. Hasta ahora, los intentos de que fuera llevado ante la justicia por parte de las asociaciones de víctimas y de las organizaciones de Derechos Humanos, siempre tropezaron con el muro de protección que el presidente senegalés, de ese entonces, Abdoulaye Wade había construido entorno a Habré. La ciada de Wade, a fines del año pasado, ha cambiado el escenario y todo apunta a que el dictador chadiano, con más de setenta años, será juzgado en Senegal este mismo año.

La República de Chad, antigua colonia francesa independizada en 1960,
país mediterrámeo, que tuvo que afrontar una nefasta herencia colonial.
La Republica del Chad, país centroafricano sin salida al mar, tuvo que hacer frente, desde su independencia de Francia en 1960, a una crónica inestabilidad política, generada por rivalidades étnicas y tribales, pugnas confesionales entre musulmanes y cristianos y enfrentamientos regionales entre el norte y el sur del país, dramático cuadro originado por la nefasta herencia colonial dejada por los franceses. Hesséne Habré tras su participación desde muy joven, en varios grupos guerrilleros y haber alcanzado el puesto jefe del Ejercito del Norte, organización musulmana que se enfrentaba a los cristianos y animistas del sur, en 1982 se aúpa a la presidencia de su país, tras liderar un golpe de Estado que contó con el decisivo apoyo francés y norteamericano.

Por aquel entonces, Libia había ocupado militarmente el norte de Chad, apoyando a las guerrillas sureñas, ante ello las potencias occidentales temiendo el expansionismo del coronel Gadafi, apuestan por Habré, quien pretendía expulsar al ejercito libio del suelo  chadiano.

Sin embargo, Habré no solo arremetió a fondo contra el ejército libio, al que acabó de echar de Chad en 1987, sino que destinó buena parte de sus energías en una brutal campaña contra sus opositores y miembros de otras etnias del país. Organizaciones internacionales, aseguran que durante sus ocho años de mandato –en 1990 fue derrocado por un golpe de Estado tras perder el apoyo de occidente- el régimen asesinó a unas 40,000 personas y torturó salvajemente a otras 200,000.

En el último mes de julio, luego de 23 años de impunidad,
Habré fue detenido para ser juzgado por un tribunal
africano, convirtiendo a su juicio en un
 hecho histórico.
La represión que alcanzó a todos los rincones de Chad era dirigida por la policía secreta de Habré, la temida Dirección de Documentación y Seguridad conocida como la DDS, que se hizo tristemente famosa por su crueldad. Numerosas pruebas y testimonios de lo ocurrido en Chad durante esos años, han sido documentadas por diversas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos. Asimismo, las diferentes formas de tortura como: ahogamiento, uso de corriente eléctrica, mutilaciones y otras técnicas de suplicio, han sido debidamente probadas y presentadas como pruebas ante la justicia, por Amnistia Internacional y Human Rights Watch.

Tras ser derrocado con la ayuda de los servicios secretos franceses, por el que fuera su jefe de Estado Mayor y actual presidente chadiano Idriss Déby, el dictador Habré huyó a Camerún y se exilió, poco después, en Senegal.

En el año 2000, asociaciones de víctimas de la dictadura chadiana, hicieron una petición a Senegal, para que el ex dictador sea juzgado por los crímenes cometidos, pero en aquella ocasión los tribunales de justicia Senegaleses declararon su falta de jurisdicción en este caso. Pero los familiares de las victimas de Habré, no desmayaron en su intento de buscar justicia, acudieron a un  tribunal de Bélgica, que en el año 2005, aplicando el principio de justicia universal, pidió a Senegal que entregue al ex dictador para ser juzgado en el país europeo, Senegal fue requerido cuatro veces y en las cuatro oportunidades se negó a la extradición.

Mientras tanto, en el año 2008 un tribunal chadiano juzgó a Habré en ausencia, condenándolo a la pena capital. Pero Habré, seguía gozando de la protección del gobierno senegalés.  Hasta que su buena suerte se acabó en diciembre del año pasado, cuando la Corte Internacional de Justicia, organismo de las Naciones Unidas, dictaminó que Senegal debía de elegir entre, juzgar al ex dictador en su territorio o enviarlo a que lo juzguen en otro país.  Ante ello, Senegal y la Unión Africana firman un Acuerdo, por el cual Senegal, tras modificar su legislación, establecería un tribunal mixto compuesto de jueces senegaleses y de otros países de África, con el objetivo de investigar y juzgar al ex líder chadiano por los crímenes de lesa humanidad que se le imputan.

Como vemos, este largo y complejo recorrido que han tenido que atravesar los familiares de las víctimas del sanguinario Hesséne Habré, para encontrar justicia, ha sido coronado con los festejos y estallido de alegría, que se vivió en Senegal y Chad, al saber de la detención e inicio del proceso penal contra el ex dictador chadiano.

Por fin todo está listo para que Habré se vea las caras con la justicia y por otro lado, las victimas chadianas, por fin, ven una luz al final de este largo túnel con el que será sin duda, uno de los juicios más importantes que se haya celebrado nunca antes, en suelo africano.



Saturday, October 5, 2013

LOS  DRONES  TAMBIÉN  SOBREVUELAN  ÁFRICA:

EJECUCIONES A CONTROL
REMOTO

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

El Africom -El comando Militar de los EE.UU. en el África- tiene instalado en sus bases militares ubicadas en Níger, Nigeria, Etiopía, Somalia, Malí, las famosas naves no tripuladas de reconocimiento y ataque, llamadas: Drones,
para la defensa de los interes de los norteamericanos en el continente africano.























El presidente de los Estados Unidos, el Premio Nobel de la Paz del 2009, ha abrazado con entusiasmo una política que, con timidez, inició su antecesor. Se trata de un programa gubernamental para exterminar a sus enemigos a control remoto. Es decir, el asesinato como política pública.  Ejecuciones extrajudiciales reconocidas abiertamente por el presidente Obama y defendidas como formas legítimas de acción gubernamental.

Me estoy refiriendo, al uso indiscriminado de los aviones no tripulados de reconocimiento y ataque, provistos de poderosos misiles aire-tierra, los tristemente celebres: drones. Los cuales ya han sido instalados, en gran número, en las bases militares que tienen ubicadas los Estados Unidos en territorio africano.

La forma de operar de estos drones, como lo hemos visto en el Medio Oriente, es espeluznante. A la distancia, el ejecutor monitorea la nave cuya misión es hacer volar al enemigo, el operador no corre ningún riesgo, observa una pantalla, ubicada a miles de kilómetros, mientras oprime botones y mueve palancas. Alguien podría pensar que juega en una computadora, pero no es tan trivial el efecto de sus movimientos. Detrás de la pantalla está la muerte. La muerte de un terrorista, la muerte de un supuesto cómplice del terrorismo, la muerte de un niño inocente, la muerte de una población civil entera, no importa quien sea, la distancia del objetivo puede producir un error, un simple efecto colateral, cínicamente hablando: son los inevitables costos de la lucha contra el terrorismo.

Los drones son operados a distancia, cuya misión es hacer volar al enemigo
su operador, ubicado a miles de kilometros, no corre ningún riesgo.
Bueno, este macabro videojuego, convertido en el centro de la política antiterrorista del gobierno norteamericano, ya aterrizó en suelo africano. Desde hace un año, como lo reportan diversas publicaciones especializadas en armamento militar, el Africom –el comando militar de los EE.UU en el África- está usando estas naves no tripuladas, equipadas con misiles de mediano alcance, desde las bases militares instaladas en Níger, Malí, Nigeria, Somalia y en especial desde el pequeño país de Yibuti, y cuyo objetivo militar son los terroristas, miembros de las bandas de yihadistas o fundamentalistas islámicos que han hecho del Magreb, del Cuerno Africano o de la costa occidental del África sus santuarios o bases de operaciones.

La lógica de los Estados Unidos, para el uso de estas naves, tanto en el África, como en el Medio Oriente, se basa en la idea de que es mejor matar que procesar; que es preferible asesinar al enemigo que apresarlo. Obama rompió con la política belicista de Bush. Que era una política cara, inútil, contraproducente, las intervenciones militares en Afganistán e Irak le generó muchos problemas, que hasta ahora, no los puede superar.

  “Si queremos definir con una sola palabra
        el interés de los EE.UU en el África 
               esa palabra es: seguridad”

Ahora, el presidente norteamericano sabe que las guerras son impopulares, que cuestan mucho dinero, que son mala publicidad y que conllevan enorme responsabilidades posteriores. Por eso ha variado su estrategia: en lugar de ocupar territorialmente el país que amenaza, ha puesto en marcha un programa de exterminio selectivo contra sus enemigos, a través del uso de los drones. Miles de personas han sido asesinadas por este programa eufemísticamente descrito como: operaciones de contingencia en el extranjero. Es decir, el blanco ya no es el Estado que apadrina terroristas, ahora el blanco es, literalmente, el terrorista.
Una de las zonas estrategicas del África
para los norteamericanos, es el Cuerno del
continente, donde hay una base de drones.

Como lo señalábamos, en una entrada anterior (¿Qué buscan los Estados Unidos en el África?) si queremos definir con una sola palabra el interés que tiene en la actualidad, la primera potencia económica mundial en el continente africano, esa palabra sería: seguridad. Una seguridad económica, referida al control de las materias primas que produce el África, en especial, los recursos energéticos. Una seguridad de dominio comercial, referente al control del mercado africano,  ante la fuerte competencia de las potencias emergentes. Y lo que es más importante, una seguridad geopolítica-estratégica, ante el peligro, cada vez mayor, de la presencia de organizaciones islamistas radicales en varias zonas del continente.

Para hacer frente a esta amenaza, los Estados Unidos han empezado a utilizar, en el territorio africano, estas naves no tripuladas, como anteriormente, las hemos visto actuar en territorio iraquí, afgano y pakistaní contra los Talibanes, contra los miembros de los grupos vinculados a la red de Al Qaeda e inevitablemente, contra la población civil.

Se sabe que los norteamericanos apoyaron con una flota de drones a la aviación francesa en su intervención, a principios de año, en territorio de Malí en su lucha contra las organizaciones yihadistas e independentistas en el norte del país africano. Pero también trascendió, que estos ataques produjeron numerosas bajas entre la población civil, la envestida de los drones no hizo distingo, otra vez, entre los terrorista y los inocentes aldeanos de la zona.


    “Bush fue el presidente de Guantánamo,
     Obama será el presidente de los drones”


Luego del desalojo de los fundamentalistas islámicos, de la ciudad de Kidal, la más septentrional de las ciudades Malienses y último bastión de Ansar Dine y del Muyao -Movimiento de Unificación Yihadista del África Occidental-, los rezagos de estas organizaciones terroristas huyeron a la vecina Níger, en donde fueron atacadas indiscriminadamente por los misiles disparados por estos “pájaros de la muerte”, produciéndose numerosas bajas entre los terroristas y entre la anónima población de la región.

La fuerte e inexplicable restricción al trabajo periodístico de las autoridades militares de Malí, serviría para ocultar el exterminio ocasionado por el accionar criminal de estas naves.  Este estricto control a los periodistas acreditados tanto en Malí, como en los conflictos que se dan en Somalia contra las milicias de Al Shabab o en Nigeria, país que lucha contra las acciones del grupo integrista Boko Haran, solo pude significar una cosa: no quieren testigos, ni imágenes, ni testimonios del accionar de estos drones asesinos.

El presidente que espió a casi medio mundo, incluyendo a sus aliados,
también es el presidente del ocultamiento más efectivo.
 
No se han preguntado, ¿Por qué no sean visto imágenes de lo que pasa en estos países? ¿Dónde están las victimas y los heridos? ¿Qué están bombardeando los drones en las ciudades malienses, somalíes y nigerianas? A diario la prensa internacional se solaza mostrándonos imágenes del conflicto en Siria, pero de los otros países, ni una sola vista.

Lo que Obama pretende con esta práctica, no es terminar con estos conflictos, sino ocultarlos. Sigamos con estos ataques, pero que a nadie incomode. Continuemos con estas guerras contra el terrorismo en territorio africano, pero que no salgan en televisión. Prosigamos en la batalla, pero que no penetre en la conciencia del ciudadano norteamericano.

El presidente que espió a casi medio mundo, incluyendo a sus aliados, a través de un vastísimo programa de espionaje, también es el presidente del ocultamiento más efectivo. Los ataques a control remoto son en efecto, por su propia naturaleza, secretos. Podrán devastar una comunidad remota, aniquilar civiles que no tienen nada que ver con el terrorismo, como ha pasado en Malí o Somalia, pero esto no sale en las noticias de la noche.


        “El centro de la política antiterrorista
             del gobierno norteamericano,
                          es un videojuego”


Bush fue el presidente de Guantánamo, Obama será el presidente de los drones. No se trata de una mejora sino, en el fondo, del agravamiento de una política que desprecia la ley y anula los derechos. El presidente de un país decide por sí y ante sí quien merece la muerte en cualquier rincón del planeta, puede ser en el Medio Oriente o en el África.

El presidente Obama, con esta nueva estrategia, sigue –y tal vez profundiza- la convicción de su nefasto antecesor, de que los sospechosos de terrorismo no merecen procesos justos e imparciales, quizás por el temor a sus confesiones, a sus delaciones, a sus antiguos vínculos con las potencias occidentales. No deben de ser condenados a prisión de por vida y sin derecho a defenderse: solo merecen ser exterminados, ejecutados, pero ahora, a control remoto.




Thursday, October 3, 2013

LA  UNION  AFRICANA:  
UN SUEÑO POR ALCANZAR

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto


Escudo de la Unión Africana -UA- la antigua Organización de Unidad Africana -OUA- conmemorando los 50 años de su fundación en 1,963 en la ciudad de Adís Abeba, capital de Etiopía.



El presente año es el año de África, no por un deseo voluntarista personal, sino por el recuerdo de un hecho histórico trascendente para los países del continente africano. Este año 2013 se conmemora el cincuenta aniversario del inicio de lo que parecía, para ese entonces, un sueño inalcanzable, la construcción de un proceso de integración y cooperación política y económica entre los nacientes países africanos, que luego de muchas vicisitudes, si bien es cierto, han logrado algunas metas para su desarrollo, el gran sueño integrador de la primera hora, aún está por alcanzar.

Fue un 25 de mayo de 1963, que un puñado de líderes africanos, venidos de las luchas independentistas, organizan en la ciudad de Adís Abeba, capital de Etiopía la primera cumbre de la Organización para la Unidad Africana -OUA- organismo precursor de la actual Unión Africana -UA- cuyo primer presidente fue el monarca etíope Haile Selassie I, un controvertido personaje que para muchos, fue un oscuro dictador, que fue derrocado en 1974 por una revuelta popular, mientras que para otros lo recuerdan como un gran estadista, un tenaz luchador contra el colonialismo y el sistema esclavista en África.

El controvertido emperador de Etiopía Haile Selassie
fundador y primer presidente de la OUA
Pero no fue el único, desde luego. Si algo no faltaba en la cumbre de 1963, era el panafricanismo y los líderes africanos convencidos del sueño de caminar juntos para lograr el desarrollo del continente. Entre ellos destacaban dos corrientes. Por un lado, la liderada por Kwame Nkrumah, el presidente de Ghana y Sékou Touré el presidente socialista de la República de Guinea, quienes apostaban por la integración, por el federalismo, por el sueño de crear los Estados Unidos de África.

Y por el otro lado una corriente que apostaba por la cooperación entre los estados, preconizaban una África de los estados, esta corriente más conservadora, que seguía los dictados de las antiguas metrópolis, estaba representada por figuras como los presidentes de Senegal, Léopold Sédar Senghor  y de Costa de Marfil, Félix Houphouet-Boigny, ambos muy serviles a los interese de Francia.

En esta primera cumbre de jefes de Estado del África, participaron treinta países, que en muchos casos recién habían alcanzado su independencia. Asimismo, seis territorios aún colonizados mandaron observadores como: Angola, Mozambique, Kenia, Malaui, Rhodesia del Sur (la actual Zimbabue) y Suazilandia, que hasta cinco años después no alcanzó su independencia.

En su primera carta fundacional de la OUA, había tres ideas claves: en primer lugar una condena explícita al colonialismo, expresando el apoyo del nuevo organismo integrador, a las luchas de emancipación de los pueblos africanos. En aquel entonces, una buena parte del continente no era aún independiente, sobre todo las provincias portuguesas y buena parte del África austral. En los años siguientes todos los nuevos países que iban surgiendo se sumaron a la OUA, hasta llegar a contar en el 2002, año en que se convirtió en Unión Africana -UA-, con 54 miembros.

El historico líder de Ghana Kwame Nkrumah, quien apostaba por el federalismo
y por la creación de los Estados Unidos de África.
Sin embargo, además de las descolonizaciones pendientes, en 1963 había otro gran problema que sacudía a África: las tensiones fronterizas y territoriales de estos Estados recién nacidos. Entre Guinea y Costa de Marfil, entre Marruecos y Mauritania, entre Ghana y Togo, entre Senegal y Malí, entre Congo Brazzaville y Gabón y sin olvidar las diferentes pugnas y rivalidades internas que se daban en cada país, por diferencias étnicas y confesionales. Para poner fin a esta agitación, la carta de la OUA estableció el respeto a las fronteras heredadas de la época colonial.

Asimismo, un tercer principio básico de la organización recién fundada, principio que fue objeto de una de sus primeras resoluciones, fue la lucha contra toda forma de racismo y en especial contra el apartheid que imperaba en Sudáfrica y en la actual Namibia, entonces provincia sudafricana.

En definitiva, los tres ejes sobre los que se construyeron los principios de la OUA fueron: apoyo a las luchas de liberación en África, respeto a las fronteras heredadas de la época colonial y combate frontal contra el apartheid, pero al mismo tiempo respeto a la soberanía nacional de cada uno de los Estados miembros, con el compromiso de no injerencia en los asuntos internos. Este último punto pone de relieve, hasta qué punto las tesis de Senghor y Houpohouet-Boigny (un África de estados que cooperan entre sí) se impusieron frente a las de Nkrumah y Touré (unos Estados Unidos de África que caminan hacia un gobierno continental). En todo caso, era la primera vez, que los líderes africanos entonces libres, se sentaban en torno a una mesa para sentar unas bases de colaboración y crear una estructura que los representara en el mundo. Un sueño por realizar, que llega hasta nuestros días.

El camino, claro está, no estuvo  exento de dificultades. A la OUA se le acusa de debilidad a la hora de defender los Derechos Humanos de los africanos o de laxitud al momento de plantarse frente a regímenes claramente antidemocráticos, incluso colaborando o respaldando a reconocidos dictadores.

Pero su punto fuerte fue, sin duda, su contribución a la descolonización casi completa de África, a través de su apoyo a los movimientos de liberación.

Los ex presidentes Léopolod Sédard Senghor de Senagal y Félix Houpohouet
Boigny de Costa de Marfil, ambos serviles defensores de los intereses de
Francia y de occidente en el África.
La pugna que en 1963 protagonizaron los padres fundadores, entre federalistas y soberanistas. Se ha mantenido intacta con el paso de los años. En 1991, el Tratado de Abuya marca un hito al acordar la creación de un mercado económico común para el año 2025, algo que en la actualidad parece tan lejano como entonces. La integración política tampoco ha vivido avances tan significativos. Quien recoge la bandera de Nkrumah y Touré, fue el líder libio Muammar Gadafi, que logra que la transformación del organismo africano y la creación en el 2002 de la actual Unión Africana. Desde el primer momento, al menos en el papel, la UA intentó cubrir los déficits de su antecesora, con una especial dedicación de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo continental.

En los últimos años, luego del derrocamiento y asesinato de Gadafi, la UA se ha convertido en el escenario de una pugna sorda entre dos de las naciones con más peso en África, Nigeria y Sudáfrica; dos países productores de petróleo y de minerales, ambas potencias regionales, en el sur del continente, Sudáfrica y en el norte, Nigeria y las dos con una fuerte presencia e influencia diplomática, creando en el continente zonas de influencia antagónicas.

Para terminar, quisiera recordar a uno de los padres de la integración africana y fundador de la OUA, Kwame Nkrumah, quien tenía el sueño de crear un África sin fronteras, ni barreras para la circulación de mercancías, capitales o personas, sueño tan vigente como entonces. En la conferencia inauguran de la OUA, el ex presidente de Ghana decía: “si nosotros conseguimos erigir en África, el ejemplo de un continente unido, con una política y objetivos comunes, habremos realizado la mejor contribución posible a esa paz que hoy anhelan todos los hombres y mujeres del continente”.

Estas palabras, dichas hace cincuenta años, cuando otros procesos de integración en el mundo, como la Unión Europea, no eran más que un embrión, este discurso de Kwame Nkrumah suena aún como un sueño, como un reto para los africanos de toda condición. Pero lo que está claro, es que el camino sólo se puede recorrer andando.