sábado, 20 de septiembre de 2014

EL ÉBOLA:
OSCURO ORIGEN,
CLARAS CONSECUENCIAS

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto


Estos tres países fueron el epicentro de la actual crisis sanitaria, una región que vivió más de una década de violencia
y que ahora debe padecer la peor epidemia de El Ébola de los últimos tiempos.







Parece un relato de ciencia ficción, escuelas cerradas; pueblos enteros en cuarentena; hasta ahora, seis naciones en estado de emergencia; más de 2,400 muertos de un total de 5,500 casos comprobados y un brote epidémico de oscuro origen, podrían ser los ingredientes de una novela de ficción, pero son lamentablemente hechos reales que ocurren hoy en África.

El actual brote del Ébola, también llamada “fiebre hemorrágica”, apareció hace seis meses en Guinea Conakry y rápidamente se expandió a las vecinas Liberia y Sierra Leona, en la actualidad según la Organización Mundial de la Salud -OMS- se han confirmado casos de esta enfermedad en la República Democrática del Congo -RDC-, Nigeria y Senegal.

Todos países con enormes debilidades institucionales y desafíos de pobreza y exclusión más que evidentes. Los últimos reportes de Médicos Sin Fronteras -MSF-, la ONG humanitaria que está monitoreando esta crisis sanitaria desde el primer momento, menciona que las localidades más afectadas presentan situaciones de hacinamiento de infectados con poca o nula atención especializada, debido a la carencia de personal e instrumental médico. Este informe señala además, que varios médicos y enfermeras están entre las víctimas, precisamente por la falta de infraestructura de salud.

Toda una imagen de realismo mágico que en las novelas puede ser asimilado, pero que en la realidad debería generar horror. Pero el horror también es inequitativo. No se distribuye de forma equitativa por el mundo, más de dos millares de muertos en África ha generado tardía respuesta de las potencias y de los organismos de las Naciones Unidas. ¿Cuál sería la reacción si fuera un virus que se presenta en otro continente? Interrogante con respuesta aún más dolorosa, en un mundo que creemos está globalizado, pero aún está muy fragmentado.

En los países afectados por esta enfermedad, sus sistemas de salud son
precarios y no cuentan con capacidades reales para afrontar este
tipo de epidemias.
Sierra Leona, Liberia y Guinea están entre los 12 países en el mundo con peores índices de desarrollo humano. Sus sistemas de salud son precarios y no cuentas con capacidades reales para enfrentar este tipo de epidemias. No hay que olvidar que hace poco, fueron los mismos países impactados por el cólera, que fue controlado gracias al apoyo internacional. Porque el Ébola es un virus, en la mayoría de los casos,  incurable pero prevenible. Y prevenir supone inversión sostenible, con capacidad de acción rápida, con cobertura de profesionales y en algunos países con vinculación entre la medicina tradicional, siempre vigente en las sociedades africanas, y la medicina moderna. Pero nada de esto se encuentra hoy disponible en estos tres países africanos.

Paradójicamente, estos tres países vienen de traumáticas experiencias de violencia política, que los llevaron casi al borde de la extinción como Nación. Guinea Conakry recién en el 2010, logró salir de una larga dictadura militar, donde la represión y la continua violencia contra la población civil, generaron más de 100 mil refugiados en los países vecinos, de una población de 11 millones de habitantes. Hace apenas cuatro años, por primera vez en su historia, Guinea convocó a unas elecciones libres y democráticas.

      “Las localidades más afectadas presentan situaciones
           de hacinamiento de infectados con poca o nula
             atención especializada, debido a la carencia
                    de personal e instrumental médico” 

Por otra parte, Liberia y Sierra Leona durante más de una década, entre los años 1,990 al 2,002 tuvieron que enfrentar la llamada “guerra de los diamantes de sangre”. En donde un grupo de salteadores asesinos destruyeron las instituciones y el Estado de ambos países, a punta de masacres y matanzas colectivas contra la población, con el único fin de explotar los yacimientos de diamantes. Dejando pavorosas cifras de víctimas: cerca de un millón de muertos y decenas de miles de refugiados. En estos tres países, luego de mucho esfuerzo de parte de su clase política y principalmente de su población y cuando apenas alcanzaban una precaria estabilidad política y económica, ahora tienen que afrontar a otro enemigo mortal, el Ébola.

Lo que no se dice de esta crisis sanitaria africana, es que la comunidad internacional está perdiendo la carrera contra el Ébola. La enfermedad crece en el África occidental a un ritmo sin precedentes, pero la respuesta no solo, llegó con meses de atraso, sino que además, no fue suficiente. Poniendo en evidencia la precariedad asistencial, la falta de una reacción rápida y la existencia de un perverso burocratismo de las agencias humanitarios de la Organización de Naciones Unidas -ONU-.

En apenas quince días el número de victimas mortales se ha incrementado
de 2,105 a 2,400 y los casos comprobados de 3,967 a 5,500.
Mientras en la ONU se debatía sobre las medidas que debía adoptar, los casos comprobados de esta enfermedad y sus víctimas mortales, crecían en forma imparable. Como lo señalaba el periodista español José Naranjo, el único periodista europeo que se instaló, durante meses, en el mismo lugar de la emergencia: “Es imposible tratar a las personas que llegan a los centros buscando ayuda. Es el momento de incrementar la ayuda internacional”. “Pasado ya seis meses, de lo que se trata es ganar en los próximos tres”. Para ello, el periodista español, pedía el despliegue inmediato de equipos internacionales especializados. Porque la emergencia ya llegó a las capitales de los tres países más afectados, las ciudades como Monrovia, Conakry y Freetown, capitales de Liberia, Guinea y Sierra Leona respectivamente, han visto alterada radicalmente la forma de vida de sus habitantes.

Ahora, lo que nadie informó y hay que tenerlo en cuenta, es que desde un principio de la crisis, existió una ayuda inmediata de las propias organizaciones de base de algunos países africanos. Comunidades religiosas con experiencia en el tratamiento de esta enfermedad, ONG humanitarias, organizaciones de médicos de la RDC y de Uganda, se trasladaron a Liberia y Guinea a prestar ayuda. Porque hay que tener en cuenta, que existe un conocimiento de esta enfermedad en los países de la zona. Pero lamentablemente, la urgencia y la crisis sanitaria se desbordó.

            “Es imposible tratar a las personas que llegan
             a los centros buscando ayuda. Es el momento
                  de incrementar la ayuda internacional”. 

Esta ayuda proveniente de los mismos países africanos, en un primer momento cumplió su cometido de paliar la emergencia, pero por falta de recursos económicos, por limitaciones logísticas y en algunos casos por falta de liderazgo político y ante el avance de la enfermedad, era imprescindible contar con el auxilio de las agencias internacionales de ayuda humanitaria.

En vez de tropas militares, los países afectados requieren con urgencia
ayuda sanitaria de emergencia, ante una crisis epidémica
que está saliéndose de control.
Pero si hablamos de una verdadera ayuda, es una burla el tipo de asistencia que el presidente Barack Obama, ha prometido enviar a los países del África occidental para hacer frente a esta enfermedad. Destacar a 3,000 efectivos militares a los países afectados, empezando por Liberia, tiene que ver más con preservar los intereses económicos y estratégicos de los Estados Unidos en la zona, que con una verdadera y acertada política de emergencia sanitaria ante una crisis epidémica que está saliéndose de control.

Entre los muchos peligros que encierra el envió de este numeroso contingente militar a esta región africana, destaca el hecho de que la población de la zona, luego de haber vivido y sufrido en las últimas décadas, una violencia armada descarnada; de hacerse visto enfrentada a bandas criminales y al terrorismo de Estado impuesto por los soldados de los ejércitos regulares, estas poblaciones desconfían enormemente de las fuerzas militares, vistan el uniforme que sea.

Es muy probable que los efectivos norteamericanos vayan a encontrar en estos países un rechazo y un repudio de parte de la población civil, con el peligro que su presencia pueda generar mayor violencia y dañar el tejido social, que durante estos años con mucha dificultad, se ha estado tratando de reconstruir.

                   “Destacar a 3,000 efectivos militares
                a los países afectados, tiene que ver más
                 con preservar los intereses económicos
                  y estratégicos de los Estados Unidos”

Por otra parte, los países desarrollados y los medios de prensa mundiales, no solo deben de preocuparse de las victimas europeas o norteamericanas que lamentablemente, han contraído esta enfermedad, como lo hemos visto en los despliegues informativos que han cubierto la repatriación de estos ciudadanos a sus países de origen; sino que deben de informar prioritariamente, sobre las principales víctimas de esta crisis epidémica, es decir, la propia población de estos países africanos. Pero sin caer en la demonización de la población afectada.

Es injustificable e injusto que se etiquete al Ébola  como la enfermedad de África, siendo realmente una amenaza global. Esta estigmatización además, crea una situación de aislamiento que dificulta, como se está comprobando, la respuesta de las agencias humanitarias. El nivel de miedo y ansiedad de la población es alto. Las medidas extremas como las cuarentenas han criminalizado a los infectados y las prohibiciones de vuelo a los países afectados han complicado las labores de ayuda en la zona. Hay que tomar medidas acertadas sobre la base de datos científicos, no sobre la base del miedo.

El Ébola, no tiene vacuna, lo único que se puede hacer es prevenirlo,
pero muchos países africanos no tienen noción de un sistema
eficiente de prevención. 
Ante esta emergencia epidémica, pocos se han puesto a pensar sobre el verdadero origen de este brote del Ébola, para muchos un oscuro origen que todavía no se ha develado plenamente. Como lo señalaba acertadamente, un editorial del diario The New York Time, hace tres semanas; existen cuatro variantes del Ébola, científicamente reconocidos y la cepa actual es la más agresiva y virulenta, curiosamente esta cepa solo se ha dado anteriormente en la RDC en la década de los años setenta y aparecía esporádicamente en aldeas, lo que no se entiende es como a podido saltar del centro de África a la costa oeste del continente. Como se ha trasladado 4,000 kilómetros hasta el África occidental sin dejar un rastro de enfermos en su recorrido.

Cuando hablamos de los orígenes oscuros de una catástrofe, es inevitable asociarlo a las novelas de ficción, y en toda novela para hallar al culpable de un crimen, debemos preguntarnos ¿Quién se beneficia con estas muertes? 

      “El Ébola ha engordado los bolsillos de unas cuantas
          empresas farmacéuticas. El valor de las acciones
    de la compañía canadiense Tekmira se han incrementado
                  notablemente desde comienzos del 2014”
      
Luego de seis meses del brote de una epidemia que no tiene fin, El Ébola ha engordado los bolsillos de unas cuantas empresas farmacéuticas. El valor de las acciones de la compañía canadiense Tekmira se han incrementado notablemente desde comienzos del 2014, con dos grandes subidas hasta el momento: la primera a inicios de marzo y la segunda, a principios de agosto, según reporta el portal financiero Investig sobre dicha corporación tanto en el mercado canadiense, como en la bolsa de valores de Nueva York.

En el mismo portal se analiza, que esta alza puede explicarse dado que “los principales movimientos en volumen pueden ser señal de una actividad inusual, tales como la compra o venta de información privilegiada”. Y precisamente la empresa Tekmira, como informa el mismo porta, a principios de año anunció que tenia la primera prueba en seres humanos de su antídoto contra El Ébola y el pasado mes de marzo, para acelerar las investigaciones, hizo publico la firma de un contrato de 140 millones de dólares, proveniente del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Indice bursátil de las ingentes ganancias de la empresa farmacéutica
canadiense Tekmira. El Ébola ha engordado los bolsillos de
algunas empresas.
La pregunta cae por si sola: ¿Por qué a la cúpula militar norteamericana le interesaría invertir en investigación sobre El Ébola? Una respuesta a esta interrogante, podríamos encontrarla en las propias características del virus, que ha llevado a que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades -CDC- de Estados Unidos considere al Ébola como un “agente de bioterrorismo categoría A”. 

Según el informe de la CDC del mes de enero de este año, las enfermedades que presentan esta clasificación, son aquellas que: “que representan un riesgo para la seguridad nacional ya que: primero, se pueden propagar o transmitir fácilmente de persona a persona; segundo, dan lugar a altas tasas de mortalidad y tienen el potencial de mayor impacto en la salud pública; tercero, podrían causas pánico entre el público y trastornos sociales; y cuarto, requieren medidas especiales de preparación de la salud pública”.  

De ahí, que el periodista norteamericano Rick Noak en un artículo publicado la semana pasada en el diario The Washington Post confirma esta información, aludiendo que El Ébola ha despertado “temor temor en las agencias antiterroristas” estadounidenses, ya que “pudiera ser utilizado como arma biológica por grupos terroristas cercanos a la región donde hay un brote de la enfermedad”.

               “El Ébola ha despertado “temor en las
        agencias antiterroristas” estadounidenses, ya que
             pudiera ser utilizado como arma biológica
                             por grupos terroristas”

Lo que toda esta información nos está señalando, es que El Ébola estaría reflejando los estrechos lazos existentes entre la industria farmacéutica y el Complejo Industrial Militar de los Estados Unidos. Aunque, la versión norteamericana hable de la tan manoseada cuestión de la “seguridad nacional”. 

La población de los países afectados, desconfían enormemente de las
fuerzas militares, vistan el uniforme que sea.
Al margen de las especulaciones o tesis conspirativas, lo cierto es que al Departamento de Defensa norteamericano, le conviene invertir en tratamientos y medicinas que pudieran o no curar El Ébola, pues la especulación y las campañas de propaganda de por sí generan cuantiosos beneficios. El dinero al final circula y de paso reparte cuantiosos dividendos para la industria mediática. 

Aunque también a Washington le convendría descubrir el antídoto de esta enfermedad, ya que en el mercado mundial la monopolización de patentes resulta uno de los mayores negocios y arma política que puede tener una nación. 

¿Para qué otro propósito le serviría El Ébola al gobierno de Estados Unidos? Es posible que la Casa Blanca haya reavivado esta enfermedad para mover el foco de atención mediática mientras bombardeaba Irak y perseguía a los inubicables miembros del Estado Islámico -EI- o mientras entregaba armamento y logística militar a su aliado Israel, durante la última ofensiva militar contra la población civil palestina en Gaza. Eso lo han hecho antes y lo podrían haber vuelto hacer. Dentro de esta argumentación, se vería lógico el reciente anuncio, de enviar un contingente militar norteamericano al África Occidental.

           “Es posible que la Casa Blanca haya revivido
                esta enfermedad para mover el foco de
           atención mediática mientras bombardea Irak”           

Todo lo anterior debe de entenderse en los marcos del programa de armas biológicas y los experimentos que el gobierno de Estados Unidos ha diseñado y puesto en práctica a lo largo de su historia de manera secreta, pero que sus efectos se han llegado a conocer de manera traumática, como traumáticos son los efectos que está generando esta crisis epidémica africana.

Entonces, no debe extrañarnos si conocemos en el futuro que este brote de Ébola es consecuencia de los planes siniestros de una guerra biológica contra África, solo con la finalidad de defender intereses estratégicos particulares. Una epidemia de oscuro origen, pero de claras consecuencias, que revela los ocultos objetivos de conquista de la primera potencia mundial.








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