lunes, 23 de marzo de 2015

RDC–M 23:
UNA  PAZ  ESQUIVA

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Blindados del ejército congolés ingresan a la provincia de Kivu, al este del país, ante la estampida de los rebeldes
del M 23, era el mes de noviembre del 2,013, se vislumbraba la llegada de la paz, una paz ahora esquiva.

En el mes de noviembre del año 2,013, nos llegaba una alentadora noticia que podría posibilitar el fin de la interminable guerra civil en la República Democrática del Congo -RDC-. En apenas cinco días, las Fuerzas Armadas de la RDC -FARDC- habían logrado derrotar y desalojar de sus bastiones, conquistados y controlados desde el año 2,012, al grupo rebelde M 23. Las ciudades en las que el gobierno congoleño volvió a imponer su autoridad, fueron las estratégicas: Goma, Kisangani y las provincias de Kivu, localidades ubicadas al este del país y que tienen un gran valor económico y geopolítico.

Han pasado más de quince meses desde que se derrotó al M 23, por aquel entonces, el grupo armado congolés más peligroso y mejor armado. Fue un momento simbólicamente crucial: fue una victoria militar insólita para las FARDC y la primera vez desde el año 1,998, que el gobierno ruandés no tuvo un aliado militar en territorio congolés. Recordemos que el primer aniversario de esta derrota militar, en noviembre del año pasado, estuvo marcado por protestas de ambas partes. El jefe actual del M 23 Bertrand Bisimwa, acusaba a Kinshasa de no haber cumplido su parte del Tratado, mientras que el gobierno congolés se quejaba que el M 23 no había participado en las reuniones de seguimiento de Kinshasa y Nairobi y adelantaban la deserción del grupo rebelde de la ejecución del Tratado de Paz.

Este ambiente de desconfianza mutua, persiste hasta la actualidad, mientras el gobierno de Kinshasa, no va claudicar en su posición de poner límites al número de antiguos guerrilleros que serán integrados al ejército regular congolés y además, no va a facilitarles ninguna amnistía a los ex-rebeldes acusados de crímenes de lesa humanidad; los jefes del M 23 apuestan por el regreso, sin condiciones, de todos sus combatientes al territorio congoleño y por una amplia amnistía por los delitos cometidos durante, lo que ellos llaman, “el conflicto interno”.

Los milicianos del M 23 son desalojados de sus antiguos bastiones en la
ciudad de Goma, al mes siguiente firmarían un Acuerdo de Paz.
Para entender este desencuentro, habría que recordar, que el M 23, durante el conflicto armado, se dispersó en tres fracciones. En marzo del 2,013 surgieron en el grupo disputas internas, pero la fracción más importante, liderada por Bosco Ntaganda –quien luego se entregó a la Corte Penal Internacional- huyó a Ruanda. Ante el vacío de liderazgo, se capturaron e internaron a 680 rebeldes a un campamento militar en Kibungo al este del Congo. En noviembre del 2,013, las FARDC y fuerzas de mantenimiento de la paz de las NN.UU derrotaron al M 23. La mayoría, incluyendo a su comandante Sultani Makenga y a su jefe máximo Bertrand Bisimwa, huyeron a Uganda, mientras algunos milicianos rasos se rindieron en el Congo.

Las autoridades ugandesas informaron que recibieron a unos 1,665 refugiados rebeldes en su territorio, una cifra que sorprendió a muchos, puesto que por aquel entonces las NN.UU habían calculado que se tratarían de 400 milicianos, con un máximo que podría alcanzar los 1,200 soldados del M 23. Con la difusión de estos datos falsos, la intención del gobierno ugandés, era sobredimensionar la capacidad militar del derrotado grupo rebelde, para que puedan ser considerados un grupo deliberante y con ello tener una mayor capacidad de negociación en la mesa de diálogo.

Para ese entonces ya se sabía que tanto Ruanda, como Uganda habían financiado, armado e implementado todo el apoyo logístico al M 23, con el fin de invadir territorio congolés y desestabilizar su gobierno, para lograr apropiarse de sus ingentes recursos naturales.

                   “Las FARDC habían logrado derrotar
                  y desalojar de sus bastiones, conquistados
          y controlados desde el 2,012, al grupo rebelde M 23”

Bajo la presión de la comunidad internacional, para firmar un Tratado de Paz que facilite el regreso de los combatientes, el 12 de diciembre del 2,013 se llegó a un mutuo acuerdo en la ciudad de Nairobi. Ambas partes firmaron declaraciones similares que comprometían al M 23 a un regreso pacífico, a la desmovilización y a la conversión en un partido político; mientras el gobierno aseguraba una relativa amnistía condicional, un programa de desmovilización y una reconciliación nacional.

Como lo señalamos líneas arriba, a pesar que el acuerdo firmado tiene problemas en la ejecución por ambas partes; a la fecha ya se han logrado algunos avances moderados: el gobierno congolés promulgó, en febrero del año pasado, una amnistía condicionada, que involucra solo a una pequeña lista de ex combatientes que no hayan sido ejecutores directos, ni mediatos de crímenes contra los derechos humanos, habiendo publicado hasta la fecha, cinco listas de beneficiados con este tipo de amnistía, que suman 244 miembros del M 23, de un total de más de 2,200 peticiones de amnistías notificadas.

Bosco Ntaganda líder del M 23, fue juzgado por la CPI por crímenes de
lesa humanidad. El gobierno congolés quiere ver a todos los
comandantes rebeldes ante la misma Corte.
Por otra parte, en marzo del año pasado, se creó una Comisión de Desmovilización, para la entrega de las armas del grupo rebelde –desde entonces su estructura y presupuesto han cambiado- aunque la financiación (US $ 84 millones) todavía sigue pendiente y existen informes recientes de más de cien muertes en los Campos DDR (Desarme, Desmovilización y Reintegración) establecidos recientemente.

No obstante estos moderados avances, los progresos son extremadamente limitados: gran parte de los milicianos del M 23 todavía están en el extranjero y el gobierno congolés no amnistiará a la mayoría de los comandantes del grupo rebelde, a quienes consideran criminales. Por su parte, es poco probable que los gobiernos de Ruanda y Uganda arresten y extraditen a los líderes de un grupo armado al que prestaron su pleno apoyo militar, político y diplomático.

Mientras tanto, muchos de los miembros del grupo rebelde que se encontraban en los campamentos parece que han llevado a cabo una “auto-desmovilización”: cansados de vivir allí, han vuelto a sus casas en el Congo o en Ruanda, recordemos que muchos fueron reclutados en campamento de refugiados congoleses o eran ruandeses. De acuerdo con los diplomáticos que visitaron, la semana pasada, el campamento de Ngoma en Ruanda, la mitad de los ex rebeldes podrían haberse ido, el año pasado, de estos campamentos, a sus países de origen; observándose un desalojo similar, de los campamentos instalados en la vecina Uganda.

         “Tanto Ruanda, como Uganda habían financiado,
           y armado al M 23, con el fin de invadir territorio
        congolés y desestabilizar a su gobierno, para lograr
            apropiarse de sus ingentes recursos naturales”

Sin embargo, durante los últimos tres meses también ha crecido el número de informes sobre una posible “re-movilización” de los milicianos del M 23, como preparación para un nuevo ataque; se han intentado reiteradamente reconciliar las tendencias políticas-militares de Bosco y Makenga. Las autoridades ruandesas han pedido a los miembros del M 23, alojados en sus campamentos, que se retires a partir del mes de julio y varios de ellos, por información de periodistas locales, han contado a sus familias que están preparando una operación militar.

Por otra parte, según un ex rebelde del campamento militar de Bihanda en Uganda, el líder Makenga pudo haber dado ahí un discurso a los milicianos del M 23 recientemente, en el que les dijo: “los soldados deberían estar preparados para una operación”. Incluso su líder Bertrand Bisimwa, dice que si Kinshasa no cumple su parte de la Declaración de Nairobi, “no se puede ofrecer garantías para mañana”.

La Misión de Estabilización de las NN.UU para el Congo, tuvieron en
un principio un rol importante durante la desmovilización de
los ex-rebeldes del M 23.
Pocos detalles sobre la naturaleza de estas operaciones no han quedado claros. Diversas fuentes militares, parecen indicar que habrá un grupo de combatientes que viajaran, a través de Sudán del Sur hasta Ituri, provincia oriental del Congo. En ese lugar, el M 23 intentó llevar a cabo su movilización en el 2,012 y fracasó, pero algunos de los oficiales que antes vivían en Ituri están ahora en Ruanda y todavía tienen contactos allí. Asimismo, otro líder del M 23 insinúa que realizaran que realizaran desplazamientos militares en el área de Kasindi, en la región congolesa de Kivu del Norte. También existen informes sobre la movilización del M 23, en los últimos meses, en el territorio de Masisi, ubicado al norte de la ciudad de Goma, documentado por los trabajadores de organizaciones defensoras de derechos humanos de la zona.

                   “Los ex rebeldes estarían esperando
            una crisis política, relacionada con las próximas
          elecciones presidenciales o con un endurecimiento
          del régimen, para dar el zarpazo armado otra vez”

Ante todos estos trascendidos, testimonios o indicios de un posible reagrupamiento e inicio de acciones armadas de parte del M 23, lo más probable es que no se llegue a producir. Ante la desarticulación y fragilidad de este grupo armado, sería difícil que organicen un ataque a gran escala sin el apoyo esencial de los gobiernos de Ruanda y Uganda, quienes no se arriesgarían a desencadenar otra ola de oprobio internacional.

Es más probable que intenten desestabilizar al gobierno congolés y avergonzar a su ejército y a las Naciones Unidas con ataques pequeños y esporádicos, posiblemente haciéndose pasar por otros grupos rebeldes, con lo que se agravarían las precarias condiciones de seguridad ya frágiles de por sí. Muy probablemente estarían esperando que ocurra una crisis política, posiblemente relacionada con las próximas elecciones presidenciales o con un endurecimiento del régimen, para dar el zarpazo armado otra vez.

Lo cierto es que, luego de un año y cuatro meses del Acuerdo entre el M 23 y el gobierno congoleño, todavía deben de trabajar mucho, ambas partes, para que se patenticen plenamente todos los compromisos firmados. Mientras tanto el pueblo de la RD del Congo, seguirá conviviendo entre una guerra latente y una paz esquiva.   


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