miércoles, 11 de marzo de 2015

SOMALIA – KENIA: ESA DELGADA LINEA DE FRONTERA

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Con la excusa de combatir a los yihadistas de Al Shabaab, el ejercito de Kenia decide invadir unilateralmente
y ocupar el sur de Somalia, para defender sus intereses estratégicos y económicos. 

Las imágenes que con frecuencia nos llegan de la remota Somalia, se componen de una violencia perpetua, hambruna, piratas y extremismo islámico, configurando la realidad de un “Estado fallido”.  Una idea que se refuerza con esas recurrentes visiones de jóvenes fuertemente armados y drogados en potentes vehículos, o de mujeres esqueléticas rodeadas de moscas y con niños muriéndose de hambre en los brazos.

Esta imagen acertada o errónea o quizás interesada, se ha sucedido en Somalia en las dos últimas décadas, cuando el gobierno corrupto e inestable del presidente Mohamed Said Barre, quien gobernó más de veinte años (1,9969-1,991) es derrocado por una anárquica coalición de grupos islamistas. La radicalización de estas formaciones fundamentalistas y la aparición de franquicias de Al Qaeda en territorio somalí, fue el argumento perfecto para promover una intervención extranjera en ese país. El paraguas propagandístico del discurso surgido tras el 11-S, también ha amparado ese discurso occidental, que presentaba a Somalia, de una manera sesgada como una realidad “muy peligrosa y explosiva”.

La volátil región del Cuerno de África, es escenario del enfrentamiento
del ejercito keniata y las huestes fanáticas de Al Shabaab. 
Es decir, el vacío de poder dejado por la dictadura de Said Barre, llenada casi de inmediato por los extremistas islámicos, sirvió de pretexto a las grandes potencias, para sustentar su presencia militar en Somalia, con el único fin de defender sus intereses en una región tan volátil como el Cuerno de África. Ahora, estos hechos no llegan a explicar por completo la compleja realidad somalí. Un lastre que todavía subsiste en la política de Somalia, es la idea del Gran Somalia. Si bien la estrella de cinco puntas de su bandera, hace referencia a las cinco regiones de mayoría somalí (Somalia, regiones de Etiopia, Yibuti y norte de Kenia), es un concepto que nunca se ha materializado como Estado-nación y que no cuenta con la mayoría del pueblo somalí. Pero también es un recurso dialectico utilizado por otros actores, como Kenia y Etiopia para justificar sus intervenciones.

Su vecino Kenia, es uno de los países de la región que ha sabido utilizar, para sus fines expansionistas, la vieja idea de la Gran Somalia. La afluencia de los refugiados, las acciones de piratas y los secuestros de extranjeros encendieron las alarmas kenianas. Sus dirigentes veían peligrar el negocio turístico y pesquero, claves para su economía. Por eso con la excusa de combatir a Al Shabaab, Kenia decide intervenir unilateralmente e invadir y ocupar el sur de Somalia, lo que ha empeorado la situación.

                “la aparición de franquicias de Al Qaeda
       en Somalia, fue el argumento perfecto para promover
                  una intervención extranjera en ese país

El objetivo de Kenia siempre ha sido defender sus propios intereses. A los ya citados cabría añadir el proyecto de oleoducto para transportar petróleo desde Sudán del Sur y Uganda hasta el puerto de Lamu, cerca de la frontera con Somalia y el control del negocio del carbón en el puerto somalí de Kismayo. Para ello, las autoridades kenianas estimaron oportuno crear una especie de territorio-tapón entre Somalia y Kenia ante la imposibilidad de controlar la enorme y porosa frontera que comparten. Por eso, tras su invasión tejieron alianzas con las milicias locales como Ras Kamboni (otra aliada de Al Shabaab) y permitieron la creación de una zona (Jumbaland) que reclaman su autonomía del gobierno central somalí. Eso le ha ocasionado serias disputas con Mogadiscio, que no quiere perder más territorio y con Al Shabaab, expulsada de su bastión.  

El Campo de refugiados de Daddad en Kenis, es el mayor campamento
de desplazados en el mundo, con medio millón de personas.
Pero además, en Kenia residen importantes comunidades somalíes. Un ejemplo extremo es Daddad, el mayor campamento de refugiados del mundo, instalado para acoger a 90,000 personas, pero que en la actualidad sobrepasa el medio millón de somalíes. Que viven hacinados en condiciones penosas y sujetos a todo tipo de arbitrariedades por parte de las corruptas fuerzas de seguridad keniatas.

               “Estados Unidos, ha repetido el mismo guión
           sobre su política hacia Somalia. Sus intervenciones
             directas o con apoyo de los estados vecinos han
                empeorado la situación, contribuyendo a la
                           radicalización de Al Shabaab”

Por su parte los Estados Unidos, ha repetido el mismo guión sobre su política hacia Somalia, bajo los mandatos de George W Bush y Barack Obama. Sus intervenciones directas o con apoyo de los estados vecinos han empeorado la situación, contribuyendo a la radicalización de Al Shabaab y amenazando con que el conflicto acabe extendiéndose más allá de las fronteras somalíes.

No es sencillo adivinar o predecir el devenir de este conflicto. Pero es evidente que la solución no llegará de la mano de las intervenciones extranjeras y si podría hacerlo de una combinación de formas tradicionales y modernas de gobierno y con una presencia del Estado más allá de los límites de la capital, un Estado presente en el resto del territorio, hoy en día inexistente.  Los “experimentos” que han tenido éxito en Somalia, como el breve gobierno del Consejo de ancianos en la década de los 90, antes de la intervención militar fallida de los Estados Unidos, han surgido desde abajo y nunca de imposiciones foráneas.

El pueblo somalí comparte en su mayor parte idioma, etnia, cultura y religión y sobre todo su lucha y deseo por mantener la región libre de influencias e imposiciones extranjeras. Por eso, las complejas relaciones de Somalia con Kenia, dominadas en la actualidad por las ambiciones expansionistas de su vecino sureño, demarcan una delgada línea de intereses, temores y confrontaciones entre ambos países.



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