Tuesday, December 23, 2025

 IRAK-VENEZUELA:

LA MENTIRA COMO ARMA DE GUERRA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La intervención militar como recurrente método de dominación. De la destrucción de Irak en 2003, al asedio permanente a Venezuela.

Uno de los mecanismos más eficaces y perversos usados por el poder imperial contemporáneo consiste en presentar cada agresión como un hecho aislado, como una respuesta excepcional ante una amenaza singular. Así ocurrió con Irak en 2003 y así se intenta presentar hoy el caso venezolano. Sin embargo, un análisis, histórico, económico y político mínimamente riguroso revela exactamente lo contrario, que no estamos ante episodios desconectados, sino frente a una doctrina de intervención sistemática, estructural y recurrente, orientada al control de recursos estratégicos y ha disciplinar Estados que se desvían del orden hegemónico dominante.

Irak no fue una anomalía ni un trágico error de cálculo. Fue un punto de inflexión que consolidó un modelo de intervención directa sin consecuencias reales para sus responsables políticos, militares y mediáticos. Venezuela, por su parte, no es una crisis humanitaria espontánea ni un “Estado fallido”,  como suele presentarse en el discurso dominante. Es, en términos claros y sin eufemismos, el objetivo de una intervención prolongada, multiforme (militar, diplomática, financiera, comercial, mediática) y deliberada.

Recordemos que la invasión de Irak se justificó por una supuesta existencia de armas de destrucción masiva y una presunta conexión del gobierno iraquí con el terrorismo internacional. Ambas afirmaciones fueron posteriormente desmentidas por organismos oficiales, comisiones de investigación y por los propios protagonistas de la operación. Obvio que reducir, como lo hicieron, aquel episodio a un simple fallo de inteligencia, constituyó una mistificación interesada, y una abierta subestimación de la inteligencia colectiva.

                    “Irak no fue una anomalía ni un trágico

                          error de cálculo. Fue un punto de

                         inflexión que consolidó un modelo

                   de intervención directa sin consecuencias

                      reales para sus responsables políticos,

                                  militares y mediáticos”

Las armas inexistentes cumplieron una función política precisa, la de fabricar consenso, neutralizar resistencias internas y legitimar una guerra preventiva en flagrante violación del derecho internacional. Sin paños fríos, Irak fue una construcción propagandística deliberada, amplificada por los grandes medios hegemónicos de comunicación, que cumplieron fielmente la labor de actores políticos orgánicos al poder y no como fiscalizadores críticos del mismo. Aquí el imperialismo desplegó fuerza militar, pero también hegemonía cultural y mediática, indispensable para hacer aceptable  lo inaceptable.

El resultado fue la destrucción de un Estado soberano, la fragmentación de su tejido social, el saqueo de su patrimonio cultural y la restructuración de su economía bajo parámetros favorables a corporaciones extranjeras. La industria petrolera iraquí, uno de los verdaderos objetivos estratégicos de la intervención, fue reorganizada en un contexto de ocupación militar. El costo humano fue incalculable y perverso; el beneficio geopolítico y económico, perfectamente medible. O sea, el imperialismo mide en ganancias lo que los pueblos pagan con vidas.

Desde la perspectiva del sistema dominante, Irak dejó una enseñanza fundamental para las grandes potencias, que conviene no olvidar: la intervención militar funciona. No porque genere estabilidad o democracia, ninguna intervención extranjera a asuntos internos de un país hace eso -como se afirma retóricamente-, sino porque garantiza control, acceso privilegiado a recursos estratégicos y reafirmación del poder global.

                 “La intervención contra Venezuela comenzó

                     mucho antes de la actual crisis visible y

                       continua desarrollándose de manera

                         sistemática. Se expresa a través de

                  sanciones unilaterales, bloqueo financiero,

                       congelamiento de activos estatales y

                    confiscación de bienes en el extranjero”

A diferencia de Irak, Venezuela no ha sido invadida militarmente de manera abierta. Sin embargo, esto no implica ausencia de intervención. Venezuela, al igual que Cuba, constituye un ejemplo    claro de la transformación de las formas de la guerra en el siglo XXI, donde la violencia no siempre adopta la forma del desembarco militar, pero resulta igualmente destructiva y en algunos casos casi apocalípticos.

Entre Irak y Venezuela median más de 11 mil kilómetros de 
distancia, pero son muy próximos en potencial petrolífero.
Los EE.UU han estado vinculados a la búsqueda
de fuentes energéticas estratégicas

La intervención contra Venezuela comenzó mucho antes de la actual crisis visible y continua desarrollándose de manera sistemática. Se expresa a través de sanciones unilaterales, bloqueo financiero, congelamiento de activos estatales, persecución de su comercio petrolero y confiscación de bienes en el extranjero, además de operaciones militares encubierta justificadas bajo una supuesta guerra contra el narcotráfico, que han incluido el asesinato  de pescadores inocentes en las aguas del Mar Caribe. Estas acciones son armas económicas y políticas destinadas a provocar colapso interno, deterioro social y deslegitimación del Estado. Con Cuba lo vienen haciendo desde hace más de sesenta años, demostrando que el castigo imperial no prescribe.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional, estas medidas constituyen acciones coercitivas unilaterales ilegales, al no contar con el aval del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Diversos relatores especiales han advertido que este tipo de sanciones producen efectos devastadores sobre la población civil y vulnera principios fundamentales de soberanía, autodeterminación y derechos humanos. Sin embargo, Estados Unidos, a lo largo de su historia, no ha sido jamás sentenciado ni juzgado por este tipo de crímenes, razón por la cual los comete una y otra vez, lo único que cambia es el nombre de la víctima.

                   “Irak y Venezuela comparten un rasgo

                      central, atractivo para los intereses

                       norteamericanos: poseen algunas

                     de las mayores reservas energéticas

                                          del planeta”

A ello se suma un elemento particularmente explícito en el caso venezolano: la intervención política directa. El reconocimiento de autoridades paralelas como presidentes autoproclamados, las declaraciones públicas sobre transiciones necesarias y la reiteración de que “todas las opciones están sobre la mesa” no dejan margen a la ambigüedad. No se trata de presión diplomática, se trata de una impertinente estrategia de cambio de régimen claramente identificable. Es decir, el cambio de régimen que le conviene al imperio para saquear los recursos naturales de los pueblos.

La campaña de presión militar contra Venezuela emprendida
por Trump en el Mar Caribe, ha dejado un saldo de más de
30 lanchas bombardeadas y un centenar de muertos.

Irak y Venezuela comparten un rasgo central, atractivo para los intereses norteamericanos: poseen algunas de las mayores reservas energéticas del planeta. Desde comienzos del siglo XX, la política exterior norteamericana ha estado íntimamente vinculada al control de fuentes energéticas estratégicas. El petróleo no es solo una mercancía muy valiosa, da también poder geopolítico e independencia. La reiterada incautación de buques petroleros vinculados a Venezuela, celebradas públicamente por autoridades norteamericanas, incluyendo al propio presidente de ese país, constituye una prueba empírica de esa lógica. No son simples procedimientos judiciales, se trata de actos de fuerza que revelan una concepción patrimonial del poder; los recursos ajenos se vuelven apropiables cuando el Estado propietario es declarado ilegítimo. Y si lo perpetran los Estados Unidos el delito se hace legítimo, o sea,  la legitimidad es secundaria frente a los intereses estratégicos.

Nada de lo anterior puede comprenderse sin atender al marco ideológico que sustenta la política estadounidense hacia América Latina. La Doctrina Monroe, lejos de haber sido abandonada, ha sido actualizada y adaptada al lenguaje contemporáneo. Ya no se habla abiertamente de colonias, pero sí de “zonas de influencia”, “seguridad hemisférica” y  “responsabilidad de proteger”.  Venezuela, por su desafío político y su peso energético, se convierte en un caso intolerable dentro de ese esquema. Por supuesto que no se castiga únicamente a un gobierno, se castiga el ejemplo que representa, el de la posibilidad de ejercer soberanía efectiva sobre recursos estratégicos fuera del control imperial.

                           “Irak debió haber servido como

                    advertencia histórica. Que hoy se repitan

                 los mismos mecanismos, con otros nombres

                        y nuevas excusas, es un fallo de la

                                    memoria colectiva”

La pregunta correcta no es si Estados Unidos intervendrá en Venezuela, esa intervención ya existe, se desarrolla desde hace años y adopta múltiples formas. La verdadera cuestión es hasta donde llegará, y cuanto más se tolerará que la violencia imperial se disfrace de defensa a la democracia.

Irak debió haber servido como advertencia histórica. Que hoy se repitan los mismos mecanismos, con otros nombres y nuevas excusas, es un fallo de la memoria colectiva, y peor aún, una consecuencia directa de la impunidad estructural.

Mientras el saqueo siga siendo rentable y la propaganda continúe funcionando, la historia no dejará de repetirse. Cambiaran los escenarios, pero el guion sigue siendo el mismo. En la medida que continúe este ilegal y nocivo intervencionismo, la mentira seguirá usándose como un arma de guerra.  

Tuesday, December 16, 2025

 

NAMIBIA: EL PRIMER GENOCIDIO EN ÁFRICA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El primer genocidio perpetrado en África, a principios del siglo XX, fue contra el pueblo herero en la actual Namibia, entre 1904 y 1908. La brutalidad de los alemanes se evidencia en esta fotografía de prisioneros hereros y namas,
los pueblos originarios más importante de Namibia. Foto: Archivo Der Spiegel.

Para una gran parte de los lectores el conocido “genocidio de Namibia”  resulta un episodio de la historia bastante desconocido. Pero lo cierto es que, entre los años 1904 y 1908 el Imperio alemán ejerció una brutal represión contra las etnias herero y nama originarias de aquel país, en lo que muchos consideran el primer genocidio en África y del siglo XX.

Hasta a mediados del siglo XIX África fue un continente prácticamente olvidado e inexplorado para los europeos. Si dejamos a parte el norte, los marinos y comerciantes se habían limitado a sus costas, cuya población nutría con esclavos el próspero comercio triangular (África, Europa y América) del Atlántico. Con los años misioneros y exploradores se adentraron en el África subsahariana y encontraron nuevas rutas, culturas y valiosos recursos naturales. Las riquezas que ofrecían estos territorios atrajeron a las potencias europeas.

El Canciller alemán Otto von Bismark se adelantó y organizó la famosa Conferencia de Berlín (15 noviembre 1884-26 febrero 1885) con el fin de resolver las disputas entre las potencias europeas que tenían intereses en África y crear pseudofronteras de propiedad, lo que permitió a diversas naciones de Europa reclamar casi todo el continente, inclusos sus recursos y población. Por ello, la Conferencia serviría para regular la conquista y la colonización del continente. Así, los representantes de Alemania, Bélgica, España, Francia, Reino Unido, Portugal, Italia, Dinamarca, Estados Unidos, Rusia, Suecia, Noruega y los Imperios otomano y astro-húngaros se reunieron en la capital del país germano y acordaron el llamado “reparto de África”, sin contar con representantes africanos.

                    “Con los años misioneros y exploradores

                     se adentraron en el África subsahariana

                      y encontraron nuevas rutas, culturas y

                    valiosos recursos naturales. Las riquezas

                      que ofrecían estos territorios atrajeron

                                   a las potencias europeas”

Paradójicamente, una de las cosas que se prohibieron en la Conferencia fue la esclavitud y el comercio de esclavos, lo que no impidió que se explotase y maltratase a la población local. Asimismo, establecieron el principio de ocupación efectiva, que los países debían demostrar para poder declararse soberanos de un  territorio. El reparto también buscaba que los imperios no tuvieran posesiones demasiadas extensas o contiguas, por lo que todas acabaron taponadas por las de otros.

Reino Unido y Francia fueron las potencias más beneficiadas, con zonas de influencia más amplias de norte a sur en el oriente del continente y en África occidental respectivamente. Alemania obtuvo territorios en los actuales Camerún, Tanzania o Togo, Portugal en Angola y Mozambique; Italia en parte de Libia, Somalia y Eritrea y España en el Sahara Occidental y parte de Marruecos. Por su parte, el rey de Bélgica, Leopoldo II, se reafirmó como propietario a título personal del Congo. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, excepto Libia y Etiopía, todo África ya pertenecían a las metrópolis europeas.

En este contexto de colonización y dominio europeo de vastos territorios africanos, Namibia, un país del sur de África, estaba habitado por diversos grupos étnicos: san, damara, ovambo, nama y los hereros. Los nama y los hereros, eran los dos pueblos originarios más importantes del país. Entre 1904 y 1908 más del 80% de la población herero y más del 50% del pueblo nama de Namibia fueron asesinados por soldados alemanes.

En 1884, en el marco del inicio del reparto africano, Alemania invadió el territorio namibio y fundó la colonia alemana del África sudoccidental. El interés de los colonizadores aumentó tras el descubrimiento de diamantes en 1894. El 12 de enero de 1904, los hereros se rebelaron contra el brutal régimen represivo alemán. Guiados por líder, Samuel Maherero, atacaron una guarnición alemana en Okahandja. En junio de 1904, el general alemán Lothan Von Trotha fue enviado a Namibia con 10 mil soldados y un plan de guerra.

                 “Se reunieron en la capital del país germano

                   y acordaron el llamado “reparto de África”,

                      sin contar con representantes africanos.

                         Una de las cosas que se prohibieron

                           en la Conferencia fue la esclavitud

                     y el comercio de esclavos, lo que no impidió

                           que se explotase a la población local”

El 11 de agosto de 1904, en la batalla de Waterberg, los soldados alemanes rodearon a los hereros y recibieron órdenes de no tomar prisioneros. Sin embargo, unos pocos miles de hereros lograron huir al desierto de Kalahari. Las milicias alemanas envenenaron los pocos depósitos de agua y recibieron órdenes de disparar contra cualquier herero que intentara regresar a sus tierras. En tan solo unas semanas, miles de hereros murieron de hambre y sed. Sus diversas propiedades agrícolas, muchas de ellas de extensas dimensiones, fueron arrebatadas por los soldados y colonos alemanes. La orden de exterminar a todos los hereros fue firmada el 2 de octubre de 1904 por Von Trotha: “Los hereros ya no son súbditos alemanes (…) Cualquier herero avistado dentro de las fronteras alemanas (namibianas), con o sin armas, con o sin ganado, será fusilado. Ya no aceptaré mujeres ni niños, sino que los devolveré a su pueblo o permitiré que los masacren”.

Los hereros que sobrevivieron al desierto fueron encarcelados en campos de concentración y esclavizados. Miles de mujeres fueron víctimas de violencia sexual a manos de soldados alemanes. El médico alemán Eugene Fisher realizó experimentos médicos con niños nacidos de estas violaciones. Su conclusión fue que los niños nacidos de uniones birraciales eran “inferiores” a sus padres alemanes. Su investigación inspiró a Adolf Hitler y, en la década de 1930, Fisher enseñó sus teorías racistas a médicos nazis. Uno de sus estudiantes, Joseph Mengele, fue responsable de los atroces experimentos médicos en el campo de Auschwitz.

Tras la Primer Guerra Mundial, el África Sudoccidental quedó bajo la administración de Sudáfrica, instaurando el sistema de apartheid. A fines de la década de 1940, diferentes grupos lucharon por la independencia de esos territorios. En 1968, las Naciones Unidas reconocieron el nombre de Namibia y, en 1990, el país finalmente obtuvo su independencia tras la retirada de Sudáfrica.

                 “Los hereros ya no son súbditos alemanes…

                     Cualquier herero avistado dentro de las

                          fronteras alemanas (namibianas),

                         con o sin armas, con o sin ganado,

                                            será fusilado”

Pero, no fue hasta después de años de deliberaciones, en 2004, cuando Alemania pidió perdón oficialmente por estos brutales crímenes, en 2019 el Parlamento alemán usó el término “genocidio” para referirse a ellos y, finalmente, un primaveral 28 de mayo de 2021 Alemania reconoció de forma oficial que las barbaridades y carnicerías perpetradas por su ejército imperial contra las etnias herero y nama entre 1904 y 1908 fueron un genocidio. El acuerdo convino destinar más de mil cien millones de euros para el desarrollo de la actual Namibia.

Pero la realidad es tozuda y a menudo perversa: la impunidad en que se ha mantenido este genocidio, desapareció de los libros de texto escolares en Alemania y Namibia, sin un monumento o estatua que los recuerde, es lo que permite, aun hoy, que haya muchos alemanes  que mantengan la propiedad de muchas tierras y fincas robadas a sus verdaderos propietarios: el pueblo herero.

Así, los namibios alemanes forman en la actualidad el grupo más grande entre los agricultores blancos; estos poseen alrededor del 70% de las tierras agrícolas del país, y alguna de sus propiedades son inmensas, pudiendo alcanzar 400 millas cuadradas de extensión. Mientras la mayoría de los hereros y namas viven en pequeñas áreas superpobladas de tierras comunales que le fueron asignadas posteriormente, o en asentamientos informales que albergan al 40% de la población de Namibia. Una gran infamia e injusticia para las víctimas del primer genocidio perpetrado en África.

Thursday, December 11, 2025

KISSINGER, ANGOLA Y “EL APARTHEID”

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Durante más de 50 años de convulsiones políticas, sociales y militares en el mundo, Henry Kissinger
fue el artífice de las relaciones internacionales de la Casa Blanca: entre fracasos estrépitos, 
matanzas indiscriminadas, invasiones y guerras injustas, a Kissinger se le considera
como el más impune de los criminales de guerra en el mundo. 

Hace dos año, el 29 de noviembre de 2023 moría el sátrapa que fungió por años como Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissiger, aunque fue galardonado con el Premio Nobel de Paz en 1973, una distinción internacional que ha venido a menos, solo recordar que este año fue premiada la belicista y amiga de genocidas María Corina Machado, este criminal de guerra nunca descansará en paz.

A Kissinger se le recuerda, por proponer en 1976 bombardear la ciudad de La Habana y someter a la capital cubana a un bloqueo naval a través del minado de sus puertos. Fantaseo con esta delirante idea durante muchos años. ¿El pretexto? La participación cubana en la contienda internacionalista en Angola. Pero el motivo real, era la sórdida diplomacia norteamericana aplicada en África y el apoyo al régimen del apartheid que se perpetraba en Sudáfrica.

Kissinger fue el primer Secretario de Estado norteamericano en visitar Sudáfrica en tres décadas, lo que legitimó y envalentonó al gobierno racista tras la masacre de Soweto en 1976, cuando decenas de estudiantes y pobladores de ese barrio de Johannesburgo, fueron brutalmente asesinados a tiros por la policía (cualquier parecido con el papel que viene desempeñando los Estados Unidos en el genocidio que ejecuta Israel en Gaza no es pura coincidencia).

                 “Kissinger fue el primer Secretario de

             Estado norteamericano en visitar Sudáfrica

           en tres décadas, lo que legitimó y envalentonó

                    al gobierno racista tras la masacre

                                  de Soweto en 1976” 

Kissinger tenía fama de ser un genio estratégico, pero si se estudia lo que este sátrapa hizo en Angola y Rhodesia, se arroja luz sobre la debilidad de toda su política y diplomacia implementada en África, Medio Oriente y Vietnam. Kissinger interpreto mal la situación en Angola desde un principio. Nunca espero que los cubanos ayudaran a los angoleños.

Hay que recordar que Cuba desplegó en 1975 miles de soldados en Angola para ayudar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola -MPLA- contra los ataques de grupos insurgentes que contaban con el apoyo encubierto de los Estados Unidos y directo del gobierno racista de Pretoria. Mientras fantaseaba con el bombardeo a Cuba, Kissinger impulsaba a la par reuniones furtivas en Nueva York para normalizar las relaciones con la isla y planificaba su gira por Sudáfrica, que en la práctica sirvió para prolongar la vida del régimen racista.

No es casualidad que, además de ponerse en duda su sobreestimada inteligencia, se identifique a Kissinger con la inmoralidad, el cinismo, la impunidad y la bajeza humana, derivados de su papel criminal en las guerras coloniales y el sometimiento de las dictaduras militares Latinoamericanas, con actuación principalísima en Chile.

                       “Lo que impulsó a Kissinger fue la

                        conflictiva situación en Indochina.

                 En abril de 1975, Vietnam del Sur se había

                 derrumbado y para el Secretario de Estado

          fue una humillación tanto nacional como personal”

¿Por qué Kissinger planearía una operación encubierta en Angola, contra el consejo de sus asistentes?, se sabe que no era para contrarrestar al Klemlin. Los soviéticos se estaban comportando con gran moderación, porque no querían poner en peligro las negociaciones SALT II con los Estados Unidos (sobre limitación de armas nucleares). Kissinger tampoco argumentó que los intereses económicos estadounidenses (petroleros, mineros y marítimos) en Angola estuvieran amenazados.

Lo que impulsó a Kissinger fue la conflictiva situación en Indochina. En abril de 1975, Vietnam del Sur (aliado norteamericano) se había derrumbado y para el Secretario de Estado fue una humillación tanto nacional como personal. Él calculó que demostrar determinación en Angola exorcizaría el fantasma de Vietnam, y la instalación de un régimen clientelista en Luanda proporcionaría un impulso barato al prestigio estadounidense y a su propia reputación.

En febrero de 1976, poco antes de que Kissinger propusiera bombardear La Habana, las tropas cubanas expulsaron, a sangre y fuego, al ejército de Pretoria de suelo angoleño. Un analista de inteligencia militar sudafricana escribió entonces a sus jefes: “En Angola las tropas negras -cubanas y angoleñas- han derrotado a las tropas blancas en intercambios militares….y esa ventaja sicológica y esa ventaja que el hombre blanco siempre ha disfrutado y explotado durante 300 años de colonialismo e imperio, se está desvaneciendo. El elitismo blanco ha sufrido un golpe irreversible en Angola y los blancos que han estado allí lo saben”.

Lo que ocurrió después es conocido: el fin del régimen del apartheid; la independencia de Rhodesia, que cambio de nombre por Zimbabue; independencia de Namibia; la consolidación y reconocimiento de Angola; la liberación de Nelson Mandela. Del otro lado, Kissinger coronado con el Premio Nobel de la Paz y como el criminal de guerra suelto más peligroso del mundo, durante casi cincuenta años.

Tuesday, December 9, 2025

EL GENOCIDIO EN SUDÁN Y LA COBARDÍA DE ESTADOS UNIDOS

Por: Javier F. Miranda Prieto 

La martirizada región de Darfur, al suroeste de Sudán, tiene una larga historia marcada por violencia étnica 
y crisis humanitaria, pero en la actualidad está viviendo un brutal genocidio a manos
de los mercenarios del RSF.

El pasado 25 de octubre, el mundo pareció despertar por fin ante el genocidio que se estaba produciendo en Sudán, cuando los satélites captaron imágenes de las arenas ensangrentadas que rodeaban la ciudad de El Fashir, la urbe más grande de Darfur. Tras un asedio de siete meses las temibles RSF -Fuerzas de Apoyo Rápido- paramilitares mercenarios, tomaron esta ciudad para poner toda la región de Darfur bajo su control.

Las milicias de las RSF, respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos EAU, se grabaron matando a miles de personas: enterrando vivas a algunas, torturando y ahorcando a otras. Los videos de las redes sociales mostraban a las RSF asaltando un hospital para masacrar a los pacientes y sus familias.

Sudán se enfrenta a una guerra mortal de poder, librada por naciones extranjeras que buscan colonizar las vastas reservas de oro, las ricas tierras cultivables y los estratégicos puertos marítimos del Mar Rojo.

                   “Las milicias de las RSF, respaldadas

                    por los Emiratos Árabes Unidos EAU,

                se grabaron matando a miles de personas:

                   enterrando vivas a algunas, torturando

                                    y ahorcando a otras”

Después de que la revolución de abril de 2019 derrocara pacíficamente 30 años de dictadura violenta de Omar Al-Bashir, dos líderes militares dieron un golpe de Estado. En 2023, el general Addel Fattah Al-Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas Sudanesas SAF y Mohamed Hamdan Dagalo, comandante de las RSF, se enfrentaron entre sí, librando una guerra devastadora que hasta la fecha ha causado cientos de miles de muertos, más de 10 millones de desplazados y ha sumido a Sudán en la mayor crisis humanitaria del mundo.

Según información de la ONU, 24,9 millones de personas se enfrentan a una hambruna aguda; otros 2 millones están sufriendo o corren el riesgo de sufrir una hambruna (la más alta del mundo), uno de cada tres niños sudaneses sufre malnutrición aguda y 11 millones de personas necesitan atención sanitaria urgente.

La RSF, el grupo paramilitar renombrado -antes conocido como Janjaweed- responsables del brutal genocidio de Darfur en la década del 2000, cuenta con respaldo financiero y militar de los EAU. Este aliado de los Estados Unidos ha estado inundando Sudán de armas, en violación de la legislación norteamericana e internacional, tal y como confirma un informe independiente del panel de la ONU, la inteligencia estadounidense y el Laboratorio de Investigación Humanitaria de Yale. Los EAU quieren convertir Sudán en un estado satélite, utilizarlo para controlar rutas comerciales esenciales, como trampolín para extender su influencia militar por África y como medio para enriquecerse con el oro de Sudán. Este país busca expandir su imperio, tras haber desestabilizado ya Libia y Yemen.

                      “Según información de la ONU,

                 24,9 millones de personas se enfrentan

               a una hambruna aguda; otros 2 millones

              están sufriendo o corren el riesgo de sufrir

                 una hambruna, uno de cada tres niños

                  sudaneses sufre malnutrición aguda” 

Cabría pensar que, después que los Estados Unidos reconocieran oficialmente el primer genocidio de Darfur en 2003, dejaría de armar a los autores de esa crisis humanitaria. Al fin y al cabo, toda la Administración Biden como la de Trump han determinado formalmente que el RSF está cometiendo actualmente un genocidio en Sudán. Y, sin embargo, EEUU sigue vendiendo armas a los EAU.

Las Administraciones de Biden y Trump han aprobado conjuntamente la venta de más de 23 mil millones de dólares en armas a los EAU como condición para su compromiso con los Acuerdos de Abraham, que normalizaron las relaciones entre los principales Estados árabes e Israel. Esto se produce a pesar que EEUU es consciente de que los EAU han enviado anteriormente armas norteamericanas a Yemen y Sudán, violando flagrantemente la Ley de Control de Exportación de Armas.

Lo peor es que la mayoría de los miembros del Congreso ni siguiera han reconocido la crisis humanitaria de Sudán. El gobierno de Estados Unidos tiene el poder de bloquear estas ventas de armas y detener el genocidio en Sudán. En marzo, la diputada Sara Jacob y el senador Chris Van Holler, ambos demócratas, presentaron la Ley Stand Up for Sudán (Defiende a Sudán) para aumentar la supervisión y rendición de cuentas sobre las ventas de armas  estadounidenses a los EAU. Pero, hasta ahora, el proyecto de ley no prohíbe explícitamente la venta de armas a los EAU, ni impone consecuencias significativas por su incumplimiento.

                        “Lo peor es que la mayoría de

                 los miembros del Congreso ni siguiera

          han reconocido la crisis humanitaria de Sudán.

            El gobierno de Estados Unidos tiene el poder

                     de bloquear estas ventas de armas

                       y detener el genocidio en Sudán”

Si los EAU y otras potencias regionales dejaran de suministrar armas, la máquina de matar de la RSF se derrumbaría. La ayuda humanitaria podría llegar a la región y se podría salvar millones de vida. Hoy en día, los Estados Unidos están financiando dos genocidios distintos, incluso cuando los norteamericanos en su país se ven incapaces de costearse las necesidades básicas: alimentos, seguro médico, vivienda y cuidados a los niños.

Lo que está ocurriendo en Sudán no es un “conflicto”, no es una “guerra civil” y, desde luego, no es una crisis lejana que podamos permitirnos ignorar. Es un genocidio alimentado por el poder global, el lucro y la cobardía política de los Estados Unidos.  

Tuesday, December 2, 2025

 

GUINEA BISSAU: ENTRE EL NARCOTRÁFICO Y LOS GOLPES DE ESTADO

Por: Javier F. Miranda Prieto 

El último golpe de Estado en Guinea Bissau, nos confirma que las Fuerzas Armadas son un factor fáctico en este país. 
Atravesado por la inestabilidad política y la fragilidad económica.

Mientras la población de Guinea Bissau esperaba expectante la publicación de los resultados oficiales de las elecciones del pasado domingo 23 de noviembre,  pocos esperaban acabar el día con la detención del presidente y la consecución de un nuevo golpe de Estado en este pequeño país del occidente africano. Los reportes de esa mañana sobre disparos en las inmediaciones del palacio presidencial, Ministerio del Interior y Comisión Electoral, ya anunciaban que no iba ser un día normal. Como no ha sido normal la historia de esta ex-colonia portuguesa, que ha vivido al borde de una crónica inestabilidad política y la amenaza recurrente de convertirse en un Narco-Estado.

El presidente depuesto Umaro Sissoco Embaló, elegido en 2019, confirmó que había sido derrocado por el Jefe del Ejecito de Tierra. Ya por la tarde, un grupo de militares aparecían en la televisión para informar  que habían tomado “el control del país”. El grupo se ha autodenominado Alto Mando Militar para la Restauración del Orden, y entre sus primeras medidas se encuentran: la instauración del toque de queda, el cierre de todas las fronteras y la suspensión del proceso electoral. Al día siguiente, el general Orta Inta-A juraba al cargo como nuevo presidente para un periodo de, por lo menos, un año.

                   “Como no ha sido normal la historia de

                  esta ex-colonia portuguesa, que ha vivido

               al borde de una crónica inestabilidad política

                    y la amenaza recurrente de convertirse

                                 en un Narco-Estado”

De este modo quedó consumada una nueva toma del poder por los militares, tratándose de un país ya bastante acostumbrado a hablar de golpes de Estado. El día antes de iniciarse la campaña electoral, el gobierno anunció haber desmantelado “un nuevo intento de subvertir el orden constitucional”, deteniendo a varios militares que, presuntamente, estarían planeando un golpe. En 2023, otro intento de golpe fue la excusa utilizada por Embaló para disolver el Parlamento, recientemente constituido con una mayoría de la oposición. A continuación, destituyo al primer ministro y nombró un nuevo gobierno por decreto, lo que la oposición denunció como un “golpe institucional”.

Este antecedente no hace más que acrecentar las dudas sobre la última asonada militar en Guinea Bissau, siendo muchos los que ya lo calificaban de “autogolpe”. Incluso en algunos medios se menciona una reunión de Embaló con algunos militares involucrados en este golpe. A falta de que esto se confirme, lo cierto es que el principal candidato opositor Fernando Dias Da Costa, ya se había proclamado vencedor de las elecciones, lo que hacía prever que la victoria del candidato-presidente no estaba tan asegurada como pretendía.

            “Guinea Bissau se ha consolidado como uno de

             los mayores puntos de transito del narcotráfico

              en el continente, apoyándose en su debilidad  

                     institucional y fragilidad económica”

Lo que si se produjo fue una dura represión, que dura hasta estos días, contra otra figura de la oposición, Domingo Somies Pereira, ex-primer ministro y líder del histórico Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde PAIGCV. A este se le había impedido presentarse a las elecciones aduciendo retrasos en la presentación de su candidatura, por lo que había optado por apoyar a Dias.

Un país con 400 kilómetros de litoral, se ha convertido en
la ruta obligada del trafico de cocaína procedente de 
Latinoamérica con rumbo a Europa.

Para tratar de justificar este último ataque a la voluntad democrática de los guineanos, los militares golpistas argumentaron que el objetivo de la asonada fue frustrar un complot de políticos anónimos que, según aseguraron, contarían con el apoyo de un conocido “barón de la droga”. En Guinea Bissau, la acusación de colaborar con el narcotráfico no es nueva, sino que se utiliza a menudo para desacreditar a adversarios políticos. Con menos de dos millones de habitantes, este pequeño país africano y sus decenas de pequeñas islas e islotes, se han convertido en una escala ideal para el tráfico de cocaína procedente de Latinoamérica y con destino a Europa, lo que ha llevado incluso a organizaciones de las NN.UU a calificarlo de Narcoestado.

Desde principios de siglo, Guinea Bissau se ha ido consolidando como uno de los mayores puntos de tránsito para el narcotráfico de todo el continente, apoyándose en la debilidad institucional y la precariedad económica. Esto ha permeado todas las estructuras del Estado, lo que incluye a políticos, empresarios y miembros del ejército. De este modo, el acceso al poder político se ha convertido en una vía de entrada al lucrativo negocio del narcotráfico, alimentando una dinámica imparable de luchas internas, rivalidades y persecuciones políticas y golpes de Estado.

               “La situación actual del país refleja como

            los intereses económicos, militares y políticos

                    se entremezclan y condicionan las

                                dinámicas de poder”

Embaló llega al poder en 2019 vendiéndose como un reformador, cuyo objetivo era transformar un país marcado por el tráfico de drogas y el intervencionismo militar. Sin embargo, pronto cayó en los mismos patrones que han marcado la historia reciente de este país, concentrando cada vez más poder, purgando la administración de los mejores funcionarios, colocando a personas afines a él e interviniendo el sistema judicial. El año 2023 marcaría un punto de inflexión en la deriva autoritaria de Embaló, gobernando desde entonces de forma unilateral apoyándose en un reducido grupo de incondicionales y manipulando a su antojo el calendario electoral.

Esta nueva crisis política en Guinea Bissau también cabe entenderla en un contexto regional convulso. En los últimos años, han proliferado los golpes de Estado en los países vecinos, con Mali, Burkina Faso, Níger y Guinea Conakry gobernados ya por juntas militares. En todos ellos, la erosión institucional y el descontento social jugaron un papel crucial en el éxito de los golpes. A su vez, la otrora poderosa CEDEAO ha visto enormemente reducida su capacidad de presión y es percibida cada vez más como una herramienta para los intereses neocoloniales, lo que ha contribuido a su falta de legitimidad y ha creado un clima propicio para la toma del poder a través de un discurso nacionalista y panafricanista en los países del sahel.

La situación actual en Guinea Bissau, refleja una vez más como los intereses económicos, militares y políticos se entremezclan y condicionan las dinámicas del poder, exacerbando a su vez la precariedad estatal. En un país en donde el acceso al poder permite la construcción de un sistema clientelar que incluye el control de los recursos estratégicos y el suculento negocio de la drogas, el continuo recurso al golpe de Estado parece un hecho inevitable, sea para tomar el poder o para consolidarlo. Este pequeño país del occidente africano, se encamina ahora a un periodo incierto, donde, de nuevo, las aspiraciones de su pueblo vuelven a ser completamente ajenas a las luchas del poder.