IRAK-VENEZUELA:
LA MENTIRA COMO ARMA DE GUERRA
![]() |
| La intervención militar como recurrente método de dominación. De la destrucción de Irak en 2003, al asedio permanente a Venezuela. |
Uno de los mecanismos más eficaces y perversos usados por el
poder imperial contemporáneo consiste en presentar cada agresión como un hecho
aislado, como una respuesta excepcional ante una amenaza singular. Así ocurrió
con Irak en 2003 y así se intenta presentar hoy el caso venezolano. Sin
embargo, un análisis, histórico, económico y político mínimamente riguroso
revela exactamente lo contrario, que no estamos ante episodios desconectados,
sino frente a una doctrina de intervención sistemática, estructural y
recurrente, orientada al control de recursos estratégicos y ha disciplinar
Estados que se desvían del orden hegemónico dominante.
Irak no fue una anomalía ni un trágico error de cálculo. Fue
un punto de inflexión que consolidó un modelo de intervención directa sin
consecuencias reales para sus responsables políticos, militares y mediáticos. Venezuela,
por su parte, no es una crisis humanitaria espontánea ni un “Estado fallido”, como suele presentarse en el discurso
dominante. Es, en términos claros y sin eufemismos, el objetivo de una
intervención prolongada, multiforme (militar, diplomática, financiera,
comercial, mediática) y deliberada.
Recordemos que la invasión de Irak se justificó por una
supuesta existencia de armas de destrucción masiva y una presunta conexión del
gobierno iraquí con el terrorismo internacional. Ambas afirmaciones fueron
posteriormente desmentidas por organismos oficiales, comisiones de
investigación y por los propios protagonistas de la operación. Obvio que
reducir, como lo hicieron, aquel episodio a un simple fallo de inteligencia,
constituyó una mistificación interesada, y una abierta subestimación de la
inteligencia colectiva.
“Irak no fue una anomalía ni un trágico
error de cálculo. Fue un punto de
inflexión que consolidó un modelo
de intervención directa sin consecuencias
reales para sus responsables políticos,
militares y mediáticos”
Las armas inexistentes cumplieron una función política
precisa, la de fabricar consenso, neutralizar resistencias internas y legitimar
una guerra preventiva en flagrante violación del derecho internacional. Sin
paños fríos, Irak fue una construcción propagandística deliberada, amplificada
por los grandes medios hegemónicos de comunicación, que cumplieron fielmente la
labor de actores políticos orgánicos al poder y no como fiscalizadores críticos
del mismo. Aquí el imperialismo desplegó fuerza militar, pero también hegemonía
cultural y mediática, indispensable para hacer aceptable lo inaceptable.
El resultado fue la destrucción de un Estado soberano, la
fragmentación de su tejido social, el saqueo de su patrimonio cultural y la
restructuración de su economía bajo parámetros favorables a corporaciones
extranjeras. La industria petrolera iraquí, uno de los verdaderos objetivos
estratégicos de la intervención, fue reorganizada en un contexto de ocupación
militar. El costo humano fue incalculable y perverso; el beneficio geopolítico
y económico, perfectamente medible. O sea, el imperialismo mide en ganancias lo
que los pueblos pagan con vidas.
Desde la perspectiva del sistema dominante, Irak dejó una
enseñanza fundamental para las grandes potencias, que conviene no olvidar: la
intervención militar funciona. No porque genere estabilidad o democracia,
ninguna intervención extranjera a asuntos internos de un país hace eso -como se
afirma retóricamente-, sino porque garantiza control, acceso privilegiado a
recursos estratégicos y reafirmación del poder global.
“La intervención contra Venezuela comenzó
mucho antes de la actual crisis visible y
continua desarrollándose de manera
sistemática. Se expresa a través de
sanciones unilaterales, bloqueo financiero,
congelamiento de activos estatales y
confiscación de bienes en el extranjero”
A diferencia de Irak, Venezuela no ha sido invadida
militarmente de manera abierta. Sin embargo, esto no implica ausencia de
intervención. Venezuela, al igual que Cuba, constituye un ejemplo claro de la transformación de las formas de
la guerra en el siglo XXI, donde la violencia no siempre adopta la forma del
desembarco militar, pero resulta igualmente destructiva y en algunos casos casi
apocalípticos.
![]() |
| Entre Irak y Venezuela median más de 11 mil kilómetros de distancia, pero son muy próximos en potencial petrolífero. Los EE.UU han estado vinculados a la búsqueda de fuentes energéticas estratégicas. |
La intervención contra Venezuela comenzó mucho antes de la
actual crisis visible y continua desarrollándose de manera sistemática. Se
expresa a través de sanciones unilaterales, bloqueo financiero, congelamiento
de activos estatales, persecución de su comercio petrolero y confiscación de
bienes en el extranjero, además de operaciones militares encubierta
justificadas bajo una supuesta guerra contra el narcotráfico, que han incluido
el asesinato de pescadores inocentes en
las aguas del Mar Caribe. Estas acciones son armas económicas y políticas
destinadas a provocar colapso interno, deterioro social y deslegitimación del
Estado. Con Cuba lo vienen haciendo desde hace más de sesenta años, demostrando
que el castigo imperial no prescribe.
Desde el punto de vista del Derecho Internacional, estas
medidas constituyen acciones coercitivas unilaterales ilegales, al no contar
con el aval del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Diversos relatores
especiales han advertido que este tipo de sanciones producen efectos
devastadores sobre la población civil y vulnera principios fundamentales de
soberanía, autodeterminación y derechos humanos. Sin embargo, Estados Unidos, a
lo largo de su historia, no ha sido jamás sentenciado ni juzgado por este tipo
de crímenes, razón por la cual los comete una y otra vez, lo único que cambia
es el nombre de la víctima.
“Irak y Venezuela comparten un rasgo
central, atractivo para los intereses
norteamericanos: poseen algunas
de las mayores reservas energéticas
del planeta”
A ello se suma un elemento particularmente explícito en el
caso venezolano: la intervención política directa. El reconocimiento de
autoridades paralelas como presidentes autoproclamados, las declaraciones
públicas sobre transiciones necesarias y la reiteración de que “todas las
opciones están sobre la mesa” no dejan margen a la ambigüedad. No se trata de
presión diplomática, se trata de una impertinente estrategia de cambio de
régimen claramente identificable. Es decir, el cambio de régimen que le
conviene al imperio para saquear los recursos naturales de los pueblos.
![]() |
| La campaña de presión militar contra Venezuela emprendida por Trump en el Mar Caribe, ha dejado un saldo de más de 30 lanchas bombardeadas y un centenar de muertos. |
Irak y Venezuela comparten un rasgo central, atractivo para
los intereses norteamericanos: poseen algunas de las mayores reservas
energéticas del planeta. Desde comienzos del siglo XX, la política exterior
norteamericana ha estado íntimamente vinculada al control de fuentes
energéticas estratégicas. El petróleo no es solo una mercancía muy valiosa, da
también poder geopolítico e independencia. La reiterada incautación de buques
petroleros vinculados a Venezuela, celebradas públicamente por autoridades
norteamericanas, incluyendo al propio presidente de ese país, constituye una
prueba empírica de esa lógica. No son simples procedimientos judiciales, se
trata de actos de fuerza que revelan una concepción patrimonial del poder; los
recursos ajenos se vuelven apropiables cuando el Estado propietario es
declarado ilegítimo. Y si lo perpetran los Estados Unidos el delito se hace
legítimo, o sea, la legitimidad es
secundaria frente a los intereses estratégicos.
Nada de lo anterior puede comprenderse sin atender al marco
ideológico que sustenta la política estadounidense hacia América Latina. La
Doctrina Monroe, lejos de haber sido abandonada, ha sido actualizada y adaptada
al lenguaje contemporáneo. Ya no se habla abiertamente de colonias, pero sí de
“zonas de influencia”, “seguridad hemisférica” y “responsabilidad de proteger”. Venezuela, por su desafío político y su peso
energético, se convierte en un caso intolerable dentro de ese esquema. Por
supuesto que no se castiga únicamente a un gobierno, se castiga el ejemplo que
representa, el de la posibilidad de ejercer soberanía efectiva sobre recursos
estratégicos fuera del control imperial.
“Irak debió haber servido como
advertencia histórica. Que hoy se repitan
los mismos mecanismos, con otros nombres
y nuevas excusas, es
un fallo de la
memoria colectiva”
La pregunta correcta no es si Estados Unidos intervendrá en
Venezuela, esa intervención ya existe, se desarrolla desde hace años y adopta
múltiples formas. La verdadera cuestión es hasta donde llegará, y cuanto más se
tolerará que la violencia imperial se disfrace de defensa a la democracia.
Irak debió haber servido como advertencia histórica. Que hoy
se repitan los mismos mecanismos, con otros nombres y nuevas excusas, es un
fallo de la memoria colectiva, y peor aún, una consecuencia directa de la
impunidad estructural.
Mientras el saqueo siga siendo rentable y la propaganda continúe funcionando, la historia no dejará de repetirse. Cambiaran los escenarios, pero el guion sigue siendo el mismo. En la medida que continúe este ilegal y nocivo intervencionismo, la mentira seguirá usándose como un arma de guerra.







