EL GENOCIDIO EN SUDÁN Y LA COBARDÍA
DE ESTADOS UNIDOS
El pasado 25 de octubre, el mundo pareció despertar por fin
ante el genocidio que se estaba produciendo en Sudán, cuando los satélites captaron
imágenes de las arenas ensangrentadas que rodeaban la ciudad de El Fashir, la
urbe más grande de Darfur. Tras un asedio de siete meses las temibles RSF -Fuerzas
de Apoyo Rápido- paramilitares mercenarios, tomaron esta ciudad para poner toda
la región de Darfur bajo su control.
Las milicias de las RSF, respaldadas por los Emiratos Árabes
Unidos EAU, se grabaron matando a miles de personas: enterrando vivas a
algunas, torturando y ahorcando a otras. Los videos de las redes sociales
mostraban a las RSF asaltando un hospital para masacrar a los pacientes y sus
familias.
Sudán se enfrenta a una guerra mortal de poder, librada por naciones
extranjeras que buscan colonizar las vastas reservas de oro, las ricas tierras
cultivables y los estratégicos puertos marítimos del Mar Rojo.
“Las milicias de las RSF, respaldadas
por los Emiratos Árabes Unidos EAU,
se grabaron matando a miles de personas:
enterrando vivas a algunas, torturando
y ahorcando a otras”
Después de que la revolución de abril de 2019 derrocara pacíficamente
30 años de dictadura violenta de Omar Al-Bashir, dos líderes militares dieron un
golpe de Estado. En 2023, el general Addel Fattah Al-Burhan, jefe de las
Fuerzas Armadas Sudanesas SAF y Mohamed Hamdan Dagalo, comandante de las RSF,
se enfrentaron entre sí, librando una guerra devastadora que hasta la fecha ha
causado cientos de miles de muertos, más de 10 millones de desplazados y ha
sumido a Sudán en la mayor crisis humanitaria del mundo.
Según información de la ONU, 24,9 millones de personas se
enfrentan a una hambruna aguda; otros 2 millones están sufriendo o corren el
riesgo de sufrir una hambruna (la más alta del mundo), uno de cada tres niños
sudaneses sufre malnutrición aguda y 11 millones de personas necesitan atención
sanitaria urgente.
La RSF, el grupo paramilitar renombrado -antes conocido como
Janjaweed- responsables del brutal genocidio de Darfur en la década del 2000,
cuenta con respaldo financiero y militar de los EAU. Este aliado de los Estados
Unidos ha estado inundando Sudán de armas, en violación de la legislación
norteamericana e internacional, tal y como confirma un informe independiente del
panel de la ONU, la inteligencia estadounidense y el Laboratorio de
Investigación Humanitaria de Yale. Los EAU quieren convertir Sudán en un estado
satélite, utilizarlo para controlar rutas comerciales esenciales, como trampolín
para extender su influencia militar por África y como medio para enriquecerse
con el oro de Sudán. Este país busca expandir su imperio, tras haber
desestabilizado ya Libia y Yemen.
“Según información de la ONU,
24,9 millones de personas se enfrentan
a una hambruna aguda; otros 2 millones
están sufriendo o corren el riesgo de sufrir
una hambruna, uno de cada tres niños
sudaneses sufre malnutrición aguda”
Cabría pensar que, después que los Estados Unidos
reconocieran oficialmente el primer genocidio de Darfur en 2003, dejaría de
armar a los autores de esa crisis humanitaria. Al fin y al cabo, toda la
Administración Biden como la de Trump han determinado formalmente que el RSF está
cometiendo actualmente un genocidio en Sudán. Y, sin embargo, EEUU sigue
vendiendo armas a los EAU.
Las Administraciones de Biden y Trump han aprobado conjuntamente
la venta de más de 23 mil millones de dólares en armas a los EAU como condición
para su compromiso con los Acuerdos de Abraham, que normalizaron las relaciones
entre los principales Estados árabes e Israel. Esto se produce a pesar que EEUU
es consciente de que los EAU han enviado anteriormente armas norteamericanas a
Yemen y Sudán, violando flagrantemente la Ley de Control de Exportación de
Armas.
Lo peor es que la mayoría de los miembros del Congreso ni
siguiera han reconocido la crisis humanitaria de Sudán. El gobierno de Estados
Unidos tiene el poder de bloquear estas ventas de armas y detener el genocidio
en Sudán. En marzo, la diputada Sara Jacob y el senador Chris Van Holler, ambos
demócratas, presentaron la Ley Stand Up for Sudán (Defiende a Sudán) para aumentar
la supervisión y rendición de cuentas sobre las ventas de armas estadounidenses a los EAU. Pero, hasta ahora,
el proyecto de ley no prohíbe explícitamente la venta de armas a los EAU, ni
impone consecuencias significativas por su incumplimiento.
“Lo peor es que la mayoría de
los miembros del Congreso ni siguiera
han reconocido la crisis humanitaria de Sudán.
El gobierno de Estados Unidos tiene el poder
de bloquear estas ventas de armas
y detener el genocidio en Sudán”
Si los EAU y otras potencias regionales dejaran de
suministrar armas, la máquina de matar de la RSF se derrumbaría. La ayuda
humanitaria podría llegar a la región y se podría salvar millones de vida. Hoy
en día, los Estados Unidos están financiando dos genocidios distintos, incluso
cuando los norteamericanos en su país se ven incapaces de costearse las
necesidades básicas: alimentos, seguro médico, vivienda y cuidados a los niños.
Lo que está ocurriendo en Sudán no es un “conflicto”, no es
una “guerra civil” y, desde luego, no es una crisis lejana que podamos permitirnos
ignorar. Es un genocidio alimentado por el poder global, el lucro y la cobardía
política de los Estados Unidos.

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