Thursday, January 15, 2026

ACUERDO CONGO-RUANDA:

EL REGRESO DE EE.UU AL TABLERO AFRICANO 

Por: Javier F. Miranda Prieto 

A pocas semanas de cumplirse un año ( el 28 de diciembre) de la violenta toma de las ciudades de 
Bukavu y Goma, capitales de las provincias de Kivu ubicadas al este de la RDC, el Acuerdo de
Paz firmado entre el Congo y Ruanda no está cumpliendo los fines esperados.

A principios de diciembre, los presidentes de la República Democrática del Congo RDC Félix Tshisekedi y de Ruanda, Paul Kagame, ratificaron en Washington los Acuerdos para la Paz y Prosperidad entre ambos países. Un acto presidido por su principal negociador, Donald Trump. El trasfondo económico de este acuerdo revela un tablero geopolítico global mucho más complejo. Situando a la RDC, el segundo país más extenso y poblado de África, en un campo de batalla entre China y Estados Unidos disputándose el dominio de sus minerales críticos, imprescindibles para las nuevas tecnologías y la transición energética global. Una carrera cuya meta es controlar las cadenas de suministro y asegurar posiciones de influencia económica planetaria.

El pacto aspira a poner fin a décadas de violencia en el este del Congo, pero lo hace en un contexto en el que la seguridad, inversión y explotación de recursos forman parte de la misma ecuación. La RDC produce más del 70% del cobalto mundial, un mineral considerado el petróleo del siglo XXI, por ser indispensable para la fabricación de baterías de litio, la electrónica de consumo, defensa y todas las tecnologías vinculadas a las energías limpias. A ello se suma ser el principal país del globo en reservas de coltán y el segundo de cobre, además de poseer enormes yacimientos de germanio y litio, entre otros minerales críticos. Una fuente de riqueza a la que, a partir de ahora, deberían de tener acceso prioritariamente las empresas norteamericanas gracias a este tratado de paz.

Con esta iniciativa, Trump intenta corregir la escaza participación histórica de los Estados Unidos en el Congo, así como limitar la influencia de China en las inversiones mineras de este gigante país africano. Washington exhibe este interés mediante una diplomacia orientada a pacificar la región y abrir la puerta a inversiones millonarias de empresas estadounidenses. A ello se suma el impulso de proyectos como la Represa Gran Inga, megaproyecto hidroeléctrico instalado en el rio Congo, clave para abaratar el costo energético, o el corredor ferroviario al puerto angoleño de Lobito, concebido como alternativa a las rutas que ahora canalizan los minerales congoleños hacia China. Se trata de una estrategia que busca romper el monopolio de Pekín sobre la cadena de valor del cobalto, restándole capacidad para fijar precios y volúmenes en el mercado global de los minerales.

                  “Durante dos décadas, Pekín ha tejido una

                estrecha red de intereses económicos y políticos

               con Kinshasa; Trump intenta corregir la escasa

           participación histórica de EEUU en el país africano”

China por su parte, observa estos movimientos con preocupación. Durante dos décadas, Pekín ha tejido una estrecha red de intereses económicos y políticos con Kinshasa, a través de una combinación de inversiones masivas, diplomacia pragmática y acuerdos de infraestructuras a cambio de concesiones mineras. Sus empresas no solo extraen minerales, sino que también financian carreteras, represas y redes eléctricas cruciales tanto para el país como  para el propio sector minero.

El conflicto armado que se vive en la RDC tiene como telón
de fondo el control de un gran negocio: la explotación y
venta de minerales clave para la actual industria de alta 
 tecnología, que produce las grandes potencias. 

La planificación estratégica china le ha permitido controlar más de70% de la capacidad mundial de extracción y refinado de cobalto a través de la empresa CMOC (China Molybdenum Co. Ltd.), la principal firma mundial del sector. Este dominio le ha proporcionado a China, en los últimos años, una ventaja competitiva que inquieta principalmente a la Casa Blanca y que explica la voluntad de Trump de regresar al tablero africano.

La respuesta china a los planes de Washington no se ha hecho esperar en el ámbito económico. Empresas estatales del país asiático, como la China Nonferrous Mining Group CNMG o la Zijin Mining Group ZMG, están acelerando sus proyectos de modernización y expansión de refinerías para garantizar el flujo de los minerales congoleños hacia su industria. Al mismo tiempo, Pekín intenta convencer al gobierno de Kinshasa de las ventajas de su modelo de cooperación, basado en beneficios mutuos y la no injerencia política, ante los costos potenciales de una alienación excesiva con Washington en términos de autonomía económica, que ha beneficiado en especial al comercio norteamericano.

Por otro lado, Kinshasa aspira a dar un salto industrial que le permita refinar y procesar parte de su propia producción y reducir así su dependencia de los centros de procesamiento externos. Pero, si no juega bien sus cartas, corre el riesgo de quedar atrapado en el enfrentamiento entre las dos superpotencias y ver relegadas sus prioridades domesticas a un segundo plano. En este contexto, la competencia geopolítica y geoeconómica puede jugar a favor o en contra del Congo, si bien la rivalidad entre Pekín y Washington   amplía su margen de maniobra.

                 “El pulso entre China y EE.UU por dominar

                     el flujo de minerales congoleños forma

                  parte de la disputa por el control del nuevo

                    orden energético mundial del siglo XXI”

La realidad es que lo que está en juego trasciende la minería. El pulso entre China y EE.UU por dominar el flujo de minerales congoleños forma parte de la disputa por el control del nuevo orden energético mundial del siglo XXI. Para Washington, asegurar un suministro estable de minerales como el cobalto o el coltán es un objetivo estratégico que busca sostener sus avances industriales y reducir sus vulnerabilidades estratégicas. Para Pekín, mantener e incluso ampliar su ventaja en el control de las materias primas no es solo una cuestión económica, sino de protección estratégica. Su dominio en la extracción y el procesamiento le otorga una influencia directa sobre los mercados clave. Es una de sus principales vías hacia el liderazgo global.

En este contexto el Congo se convierte, una vez más, en el campo de batalla entre las grandes potencias por sus recursos minerales. El desenlace de este choque de titanes se anuncia largo y complejo. La incógnita es si esta vez el país africano logrará transformar su gran ventaja geológica en una estrategia económica propia o sí, una vez más, su riqueza seguirá siendo el motor del desarrollo ajeno. Pero lo cierto, es que este nuevo escenario significará el regreso de Estados Unidos al tablero africano.

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