Friday, January 9, 2026

UCRANIA, TRUMP Y LA HIPOCRESÍA SOBRE VENEZUELA

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Helicóptero norteamericano en donde fue trasladado el presidente venezolano Nicolás Maduro,
el pasado sábado 3 de diciembre, al helipuerto Westside en Nueva York, luego
que fuera derrocado después de una brutal intervención militar. 

Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, la indignación occidental fue absoluta. Sin embargo, hoy reina un silencio sepulcral ante la agresión de Estados Unidos frente a Venezuela. La forma en que los medios y politos encuadran esta invasión revela una profunda y cínica vara de medir.

Eran las dos de la madrugada del pasado sábado 3 de enero cuando los habitantes de Caracas fueron despertados por el rugido de cazas de combate y el estallido de misiles. Puntos estratégicos como la base militar Fuerte Tiuna y el aeropuerto de La Carlota fueron bombardeados sin piedad. Gran parte de la ciudad quedo a oscuras mientras densas columnas de humo teñían el horizonte de negro.

Mientras las familias huían a la calle presas de pánico, las redes sociales difundían la noticia: unidades de élite norteamericanas habían ejecutado una operación brutal. El presiente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron secuestrados por comandos de estados Unidos y trasladados fuera del país. Se trataba de una violación inaudita de la soberanía de un Estado independiente.

Donald Trump se atribuyó la victoria a través de su plataforma Truth Social. Calificó el ataque de “éxito” y anunció que Estados Unidos asumirá provisionalmente el gobierno del país. Este episodio evoca inevitablemente los tiempos más oscuros, cuando Washington derrocaba o secuestraba a líderes latinoamericanos a su antojo.

                    “Mientras Putin era presentado como

                 un peligro existencial para la humanidad,

                 Trump es tratado como un jefe de Estado

                        que toma “una audaz decisión”

                                de política exterior”

El contraste con la cobertura de la invasión de Ucrania en 2022 no podía ser mayor. En aquel entonces, Vladimir Putin fue retratado en cada diario como el “diablo en persona”. El foco se centró obsesivamente en su persona, su supuesta locura, sus perversas intenciones. Se le dio al agresor un rostro diseñado para su odio.

Hoy, con Trump, los medios de comunicación adoptan un enfoque radicalmente distinto. A penas se menciona una condena moral hacia su figura como criminal de guerra. Se le presenta como un líder pragmático -aunque brutal- que simplemente “pone orden”. La agresión se describe de forma casi clínica, despojada de la carga emocional que inundó la invasión rusa.  

Mientras Putin era presentado como un peligro existencial para la humanidad, Trump es tratado como un jefe de Estado que toma “una audaz decisión” de política exterior. Esta personificación del mal por un lado, y la normalización de la agresión por el otro, manipula de forma extrema la opinión pública.   

La forma de tratar a los líderes atacados también evidencia una selectividad repugnante. Durante la invasión a Ucrania, Volodímir Zelenski fue coronado de inmediato como paladín definitivo de la democracia. Cualquier crítica a su gestión previa a la guerra fue borrada de la prensa occidental como si nunca hubiera existido.

                  “La forma de tratar a los líderes atacados

             también evidencia una selectividad repugnante.

          Durante la invasión a Ucrania, Volodímir Zelenski

                 fue coronado de inmediato como paladín

                           definitivo de la democracia”

Se silenció la prohibición de los partidos de la oposición y la cruenta guerra en el Donbás, que entre 2014 y 2022 costó la vida de 14 mil personas. Tampoco el drama de Odesa, donde unos 40 sindicalistas fueron quemados vivos, encajaba en la narrativa heroica. Simplemente se eliminó de la cobertura mediática.

En el caso de Venezuela ocurre lo contrario. El foco mediático recae exclusivamente en lo “malo” que es Maduro. Cada noticia sobre la invasión viene acompañada de un inventario de supuestas deficiencias basándose en interpretaciones sesgadas y exageraciones (masacres, asesinatos en serie) nunca probadas.

La Casa Blanca justifica el secuestro vinculando a Maduro con cárteles de la droga. Es un argumento que no se sostiene: las principales rutas de la cocaína pasan por Ecuador y Colombia. Aun así, los medios olvidan mencionarlo, legitimando así la agresión militar ante la audiencia. En la actualidad, el mismo Departamento de Justicia de Estados Unidos se ha visto obligado ha eliminar las alusiones al llamado Cartel de Los Soles en la imputación penal contra el ex-presidente venezolano ante la falta de pruebas sobre esta acusación.

                “El foco mediático recae exclusivamente

               en lo “malo” que es Maduro. Cada noticia

                   sobre la invasión viene acompañada

                       de un inventario de supuestas

             deficiencias basándose en interpretaciones

             sesgadas y exageraciones nunca probadas”

El parangón con Ucrania es evidente y elocuente, así como con otros países que han padecido brutales intervenciones militares por parte de los Estados Unidos. El caso Libia es muy revelador. En el 2011, senadores norteamericanos como Marco Rubio, Lindsey Graham y John McCain, abonaban a la narrativa dominante de esa época, con justificaciones como: occidente derrocó a Gadafi por “razones humanitarias” para liberar al país de un dictador asesino. Convenientemente, olvidaron mencionar que Libia tenía las mayores reservas de petróleo en África.

Libia era una de las naciones más ricas, prosperas y relativamente seguras del continente africano; tras el derrocamiento de Gadafi, se convirtió en uno de los países más pobres, inseguros y devastados, debido a las continuas guerras civiles y a las numerosas fracciones integristas que se disputan el control de esta nación, los mismos grupos yihadistas que occidente, liderado por los Estados Unidos, financió para derrocar al líder libio.

Ahora, Marco Rubio y Lindsey Graham han sido los principales promotores y defensores de la intervención militar estadounidense en Venezuela, y hoy tienen la mirada puesta en Irán. No son “libertadores”, son saqueadores. Estos personajes siguen usando la misma narrativa, el mismo discurso, la misma prepotencia militar y la misma hipocresía de siempre.       

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