SOMALILANDIA:
¿ISRAEL CON UN PIE EN EL CUERNO DE ÁFRICA?
La proclamación de Israel de reconocer oficialmente a
Somalilandia como un “Estado independiente y soberano” reactivo una discusión
histórica sobre la legitimidad, el derecho internacional y el equilibrio
geopolítico en el África oriental. Aunque para algunos observadores se trata de
un paso estratégico, para otros representa una amenaza directa a la estabilidad
regional y a la integridad territorial de Somalia.
Como recordamos, Somalilandia es una provincia rebelde
ubicada al norte de Somalia, en el Cuerno de África, que se autoproclamó
independiente en 1991, tras la caída del régimen dictatorial de Mohamed Siad
Barre. Este territorio había sido previamente un Protectorado Británico hasta
su independencia en 1960. Pero su autonomía le duro poco, ya que luego se
fusionó con la Somalia italiana, también recién independizada.
Las diferencias de Somalilandia y el resto de las regiones de
Somalia, comenzaron casi inmediatamente después de la fundación de la Republica
de Somalia en 1961. Luego de décadas de una cruenta guerra civil en territorio
somalí, en 1991 Somalilandia declara de manera unilateral su independencia, sin
recibir hasta ahora, el reconocimiento de ningún país a nivel internacional.
“La reciente decisión israelí de reconocer
a Somalilandia no es un gesto diplomático
aislado, sino el último movimiento de
una estrategia de control militar y geopolítico
sobre el Cuerno de África”
La reciente decisión israelí de reconocer a Somalilandia no
es un gesto diplomático aislado, sino el último movimiento de una estrategia de
control militar y geopolítico sobre el Cuerno de África. La reedición, en pleno
siglo XXI, de la vieja lógica colonial.
Israel se ha convertido en el primer país del mundo en reconocer
oficialmente a Somalilandia, la región separatista de Somalia. Todo apunta que
Estados Unidos seguirá la misma senda. No estamos ante una casualidad ni ante
un súbito interés por la autodeterminación africana. Este reconocimiento
funciona como llave de acceso: un permiso para instalarse, influir y mandar en
una de las zonas geo-estratégicas más importantes del mundo.
Detrás de la neutralidad diplomática se esconde una jugada que huele a siglo XIX. La primera pieza del tablero es militar. Bases permanentes, tropas, misiles. Un enclave desde el que apuntar a Yemen y controlar el Golfo de Adén, paso obligado hacia el Mar Rojo. Convertir un corredor marítimo vial en un espacio vigilado. Controlar, condicionar, disciplinar. No se trata de “seguridad”, sino de hegemonía. La segunda pieza es la competencia geopolítica. En Djibuti se ubica la única base militar china en África. La respuesta no es apostar por la cooperación civil, sino ampliar el despliegue armado. Somalilandia se convierte así en una ficha sacrificable en una disputa global que no le pertenece.
“Un enclave desde el
que apuntar a
Yemen y controlar el
Golfo de Adén,
paso obligado hacia el
Mar Rojo.
Convertir un corredor
marítimo vial
en un espacio vigilado”
Y la tercera pieza de este tablero, la más oscura, es la
externalización del problema palestino. La idea: deportaciones de gazatíes
hacia el Cuerno de África mientras Gaza se “libera” para otros proyectos. Un
traslado forzoso de población hacia un territorio empobrecido y sin voz
internacional. Convertir una tragedia humana en un asunto logístico.
Nada de esto es nuevo. Somalia ya fue dividida por potencias
coloniales europeas a fines del XIX. Aquella cartografía impuesta vuelve hoy
reeditada. Despachos lejanos redibujan las fronteras, las vidas locales vuelven
a ser prescindibles. Las élites globales deciden, los pueblos africanos pagan.
Reconocer a Somalilandia no equivale a apoyar la
autodeterminación. Es abrir una plataforma militar y económica sobre tierra
ajena. Es reactivar la lógica colonial: comprar lealtades, fragmentar Estados
débiles, utilizar territorios enteros como lanzaderas de guerra.
Mientras tanto, la población local permanece al margen. Somalilandia
convertida en moneda de cambio. Somalia, más debilitada. El Cuerno de África,
reducido otra vez a “zona estratégica” en lugar de hogar de millones de
personas.
La estrategia es transparente: militarizar, controlar rutas
marítimas, expandir influencia y, de paso, exportar el problema palestino. Todo
ello envuelto en fino lenguaje diplomático. Todo ello ignorando la soberanía
africana y los derechos humanos.
“No estamos ante un
asunto bilateral.
Está en juego el
derecho internacional,
la integridad
territorial africana y la vida
de miles de personas en una región frágil”
Lo que se abre no es un horizonte de paz, sino el regreso al vocabulario imperial: zonas de influencia, intereses estratégicos, equilibrios regionales. Palabras que ya devastaron continentes. Y la pregunta es inevitable: ¿Permitirá la comunidad internacional que se repita en África el colonialismo más crudo?
Como vemos, no estamos ante un asunto bilateral. Está en
juego el derecho internacional, la integridad territorial africana y la vida de
miles de personas en una región frágil. Está en juego si el mundo camina hacia
relaciones justas o hacia la ley del más fuerte.
Si los gobiernos vuelven a mirar hacia otro lado, el mensaje
será claro: los países pobres siguen siendo terreno disponible para el uso
estratégico de las potencias.


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