Thursday, January 1, 2026

 SOMALILANDIA: 

¿ISRAEL CON UN PIE EN EL CUERNO DE ÁFRICA?

Por: Javier F. Miranda Prieto 

Los residentes de Somalilandia ondean su bandera nacional en el centro de Hargesai, su capital,
el pasado 26 de diciembre, cuando Israel reconoció a este país africano
como Estado independiente y soberano.

La proclamación de Israel de reconocer oficialmente a Somalilandia como un “Estado independiente y soberano” reactivo una discusión histórica sobre la legitimidad, el derecho internacional y el equilibrio geopolítico en el África oriental. Aunque para algunos observadores se trata de un paso estratégico, para otros representa una amenaza directa a la estabilidad regional y a la integridad territorial de Somalia.

Como recordamos, Somalilandia es una provincia rebelde ubicada al norte de Somalia, en el Cuerno de África, que se autoproclamó independiente en 1991, tras la caída del régimen dictatorial de Mohamed Siad Barre. Este territorio había sido previamente un Protectorado Británico hasta su independencia en 1960. Pero su autonomía le duro poco, ya que luego se fusionó con la Somalia italiana, también recién independizada.

Las diferencias de Somalilandia y el resto de las regiones de Somalia, comenzaron casi inmediatamente después de la fundación de la Republica de Somalia en 1961. Luego de décadas de una cruenta guerra civil en territorio somalí, en 1991 Somalilandia declara de manera unilateral su independencia, sin recibir hasta ahora, el reconocimiento de ningún país a nivel internacional.

                “La reciente decisión israelí de reconocer

               a Somalilandia no es un gesto diplomático

                 aislado, sino el último movimiento de

          una estrategia de control militar y geopolítico

                        sobre el Cuerno de África”

La reciente decisión israelí de reconocer a Somalilandia no es un gesto diplomático aislado, sino el último movimiento de una estrategia de control militar y geopolítico sobre el Cuerno de África. La reedición, en pleno siglo XXI, de la vieja lógica colonial.

Israel se ha convertido en el primer país del mundo en reconocer oficialmente a Somalilandia, la región separatista de Somalia. Todo apunta que Estados Unidos seguirá la misma senda. No estamos ante una casualidad ni ante un súbito interés por la autodeterminación africana. Este reconocimiento funciona como llave de acceso: un permiso para instalarse, influir y mandar en una de las zonas geo-estratégicas más importantes del mundo.

Somalilandia ocupa el vértice noreste del Cuerno de África.
Hargesai es su capital y Berbera su puerto estratégico. Su
relativa estabilidad, ha alimentado su aspiración de
ser reconocida internacionalmente.

 

Detrás de la neutralidad diplomática se esconde una jugada que huele a siglo XIX. La primera pieza del tablero es militar. Bases permanentes, tropas, misiles. Un enclave desde el que apuntar a Yemen y controlar el Golfo de Adén, paso obligado hacia el Mar Rojo. Convertir un corredor marítimo vial en un espacio vigilado. Controlar, condicionar, disciplinar. No se trata de “seguridad”, sino de hegemoníaLa segunda pieza es la competencia geopolítica. En Djibuti se ubica la única base militar china en África. La respuesta no es apostar por la cooperación civil, sino ampliar el despliegue armado. Somalilandia se convierte así en una ficha sacrificable en una disputa global que no le pertenece.

                     “Un enclave desde el que apuntar a

                     Yemen y controlar el Golfo de Adén,

                       paso obligado hacia el Mar Rojo.

                   Convertir un corredor marítimo vial

                             en un espacio vigilado” 

Y la tercera pieza de este tablero, la más oscura, es la externalización del problema palestino. La idea: deportaciones de gazatíes hacia el Cuerno de África mientras Gaza se “libera” para otros proyectos. Un traslado forzoso de población hacia un territorio empobrecido y sin voz internacional. Convertir una tragedia humana en un asunto logístico.

Nada de esto es nuevo. Somalia ya fue dividida por potencias coloniales europeas a fines del XIX. Aquella cartografía impuesta vuelve hoy reeditada. Despachos lejanos redibujan las fronteras, las vidas locales vuelven a ser prescindibles. Las élites globales deciden, los pueblos africanos pagan.

Reconocer a Somalilandia no equivale a apoyar la autodeterminación. Es abrir una plataforma militar y económica sobre tierra ajena. Es reactivar la lógica colonial: comprar lealtades, fragmentar Estados débiles, utilizar territorios enteros como lanzaderas de guerra.

Mientras tanto, la población local permanece al margen. Somalilandia convertida en moneda de cambio. Somalia, más debilitada. El Cuerno de África, reducido otra vez a “zona estratégica” en lugar de hogar de millones de personas.

La estrategia es transparente: militarizar, controlar rutas marítimas, expandir influencia y, de paso, exportar el problema palestino. Todo ello envuelto en fino lenguaje diplomático. Todo ello ignorando la soberanía africana y los derechos humanos.

                    “No estamos ante un asunto bilateral.

                   Está en juego el derecho internacional,

                 la integridad territorial africana y la vida

                 de miles de personas en una región frágil” 

Lo que se abre no es un horizonte de paz, sino el regreso al vocabulario imperial: zonas de influencia, intereses estratégicos, equilibrios regionales. Palabras que ya devastaron continentes. Y la pregunta es inevitable: ¿Permitirá la comunidad internacional que se repita en África el colonialismo más crudo?

Como vemos, no estamos ante un asunto bilateral. Está en juego el derecho internacional, la integridad territorial africana y la vida de miles de personas en una región frágil. Está en juego si el mundo camina hacia relaciones justas o hacia la ley del más fuerte.

Si los gobiernos vuelven a mirar hacia otro lado, el mensaje será claro: los países pobres siguen siendo terreno disponible para el uso estratégico de las potencias.

El reconocimiento de Somalilandia no es una formalidad. Es una alarma, que seguirá sonando durante toda el nuevo año que empieza. Conviene escucharla ahora antes que sea demasiado tarde, cuando Israel termine de poner su pie en el Cuerno de África.    

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